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jueves, 25 de junio de 2026

Esta semana...

Colección de casetes

Siento transcurrir el tiempo de forma extraña. Los días son largos pero cortos también.

Esta semana he leído poco, no puedo comentar un nuevo libro.

He cambiado cuadros de sitio. He comprado una alfombra. Tengo pendiente reparar la gotera del baño.

Nadie me arregla ya el reproductor de casetes (sigo prefiriendo las cosas a las «no cosas»). ¿Deberé resignarme a que adornen como naturalezas muertas la pared?

«Tío, jugar». Me perdí los goles de España porque mi sobrino de dos años dijo palabras de mago.

He visto dos películas documentales, Orwell, 2+2=5 y 2073. Al poco, el descodificador de la televisión comenzó a bloquearse intermitentemente, el procesador de textos con que escribo dejó de funcionar y cuento docenas de llamadas desde números extraños.

Por cierto, Google me indexa una de cada diez entradas en el blog, no importa lo que intente para corregirlo (no os preocupéis ahí arriba, de verdad, 2+2=¿?).

Terremotos en Venezuela, bombas en el Líbano, talibanes de charla por Europa, ministros en Soto del Real. Joyas, dineros, el poder...

Esta semana hace calor.


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lunes, 15 de junio de 2026

Poco eficiente

Ruinas en Ammán

Alma... La Inteligencia luce vena poética —o quizá divina, ¿quién sabe?—, no me lo esperaba.

Un amable lector me hace llegar la respuesta de la Inteligencia tras pedirle que evaluara este blog. Comienza precisamente así: «Tiene alma».

Añade que «no es una mala página, honesta, personal, muy viva. No parece hecha para agradar al algoritmo». Me derrito.

«Presencia digital sostenida durante años, casi arqueología». Decido poner una imagen de carrete y música sobre arqueólogos en la entrada.

«Hay una idea fuerte de Internet como red cultural y no solo como escaparate. Esto hoy es meritorio, porque casi todo ha degenerado en promoción, marca personal o contenido triturado por plataformas».

Aunque luego saca una retahíla de defectos que, si la transcribo entera, del derretimiento paso a la licuefacción. «Mucha identidad y poca jerarquía visual». «Arquitectura que trabaja en su contra». «Los widgets generan ruido semántico». «Como una pieza de cámara en mitad de una feria»...

Un largo etcétera. Veredicto definitivo: «Muy humano. Muy poco eficiente».

Nunca aportaré el grano de arena para mejorar el mundo, se ve. Ni tampoco me haré millonario.

Pero al final me va a caer bien la Inteligencia.


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lunes, 8 de junio de 2026

Nuestro mundo (XXVIII)

Ruinas del Partenón

Lo que me cuenta la profesora tampoco hace que eleve los brazos en gesto de súplica. Se trata de detalles sobre una historia conocida.

Sus alumnos niegan la existencia de palabras como «colindante» o «alicatado» y se amotinan cuando les exige no obtener la solución a un problema de una inteligencia artificial.

En los exámenes de acceso a la universidad escucha protestas porque ¡no saben calcular porcentajes!

Por otra parte, el planteamiento erróneo de algún ejercicio, así como las respuestas aceptadas como válidas, lleva a que estudiantes de sobresaliente se queden sin él.

Las últimas ruinas peligran. El sistema premia a los que no dan un palo al agua en espera de que la vida les venga cocinada y castiga a los que intentan aprender algo diferente a las consignas de redes sociales.

Aprender implica actividad. Denota deseo de demostrarse a sí mismo que no somos —no únicamente— marionetas. Si tantos hilos nos atan a la ignorancia, lo imperdonable es conformarse o incluso preferirlo.

La profesora me cuenta que, de aquí a poco, estos alumnos ocuparán un lugar en el ámbito político, cultural, económico... Sus creencias y carencias definirán qué palabras existen y cuáles no.

Palabras y conceptos a extinguir, ideas que obedecer, retos sobre los que vociferar.

¿Elevo ya los brazos? Quizá debería.


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lunes, 1 de junio de 2026

Nuestro mundo (XXVII)

Carteles de bicicleta y ruta 66

Pasa a centímetros de mí. En el último segundo, no sé cómo, consigo evitar que me arrolle.

Alarmado, giro la cabeza y encuentro un gesto de inequívoco desprecio, de «fuera de mi camino».

Compruebo a continuación el semáforo por si me hubiera distraído: confirma el color correcto para cruzar. La bicicleta se lo ha saltado.

No hay motivo en realidad de sorpresa, jamás he visto una bici rodar según las normas. Lo que me da rabia no es el incumplimiento, sino la cara prepotente que lo acompaña. ¿Arrepentido? ¡Al contrario!, esas normas no van con él y si acabo sobre el asfalto es mi culpa.

Lo que me da rabia es la ignorancia para distinguir entre «poder» y «deber», como señalaban los viejos manuales de filosofía. ¿Puedo ignorar el muñeco verde? ¿Debo ignorar el muñeco verde?

Creer que, en una sociedad enseñada a que aquellos que pueden, hagan, el ciclista va a dejar de lado el «yo primero» por razón moral si no hay un policía observando... Quizá soy un estúpido.

Confiar en que, pese a los ámbitos que demuestran cada día lo contrario —política en portada, muchos otros por detrás—, vamos a evitar un mundo distópico solo porque es lo correcto, lo que está bien...

Ya, ya, se me ha ido un poco la cabeza, perdón.


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lunes, 2 de marzo de 2026

A modo de diario (X)

Ordenador apagado

El día de hoy tiene un significado especial. De curva en el camino. Quizá sea cierto, como dicen, que una IA hará mejor mi trabajo: imaginar, buscar, analizar, deducir, entender…

O, si no mejor, al menos más rápido. No necesitará un pasillo por el que dar vueltas socráticas con las manos enlazadas a la espalda: «examinemos ahora la cuestión desde otro punto de vista».

Y más barato, además. Las lentejas no tendrán que ver con sus motivaciones (¿sueñan las IAs con lentejas eléctricas?).

En fin, tempus fugit. Si hay algo que he aprendido en los últimos treinta años, es que ayudar hace a dos seres felices.

Marzo del año de gracia de 2026. Fundido a negro en pantalla. Vacíos que han de ser rellenados.

Hola, primer día.


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lunes, 23 de febrero de 2026

Los seiscientos (más o menos)

Paella

Seiscientas personas se reúnen en el gran salón de actos. Apenas falta una semana para algo excepcional.

Seiscientos cofrades, docena arriba, docena abajo, se contemplan curiosos. ¡Anda!, no te veía desde... ¿Te acuerdas de...? ¿Y también cuando...?

Seiscientos cincuentañeros escuchan que están en el mejor momento, que no han de tener miedo, que la vida es la vida y las cigalas, las cigalas.

Seiscientos hermanos de armas aplauden esta verdad. Aquellos instintos sobre los que descansa su pirámide de necesidades acuden sin demora.

Seiscientos seres sintientes, como las aves del cielo y los lobos del monte, no pueden dejar de notarlo: los jugos gástricos se desperezan.

Seiscientas bocas, multiplicadas por un número indeterminado de muelas (no nos paremos en detalle), continúan la conversación entre chorizo, queso, lomo y copas de vino español.

Seiscientos colegas, comilitones, licenciados en supervivencia, másteres en conocimiento del medio, se dirigen al centro del nuevo mundo. Quizá no volverán a encontrarse así.

Seiscientos... ¡Paella! ¡Hay paella! ¡Gratis!

Perdonadme, luego sigo contando de qué va el tema. Ya si eso.


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lunes, 16 de febrero de 2026

Los de sueco

Bandera de Suecia

Los jueves por la noche, después de la clase de sueco, vamos al bar escandinavo.

En pocas horas hay que madrugar, pero, ¿qué más da? Somos jóvenes y somos los de sueco. Nos hemos saludado con un hej y nos despediremos con un hej då.

Leemos el Dagens Nyheter, vemos pelis de Bergman (quizá aprovechemos para una cabezada), tarareamos canciones de Eva Dahlgren o de Eldkvarn...

Conocemos palabras como köttbullar, que suenan más misteriosas que albóndigas. Y, a semejanza de Thor, tenemos mucha sed.

¡Öl, öl, öl!, golpeamos con las jarras sobre la mesa. Nos beberíamos la espuma del Báltico.

Ay, los jueves por la noche. O, mejor dicho, aquellos jueves por la noche de hace… ¡¿Qué?! ¡¿Cuánto?!

Ya ni siquiera existe el bar escandinavo.


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lunes, 15 de diciembre de 2025

No me montes una escena

Corazón grabado en blanco y negro

Van cogidos de la mano. Detrás de ellos, me preparo para abandonar el vagón.

Se abren las puertas y caminan unos pasos.

De improviso, ella se arroja al suelo y se aferra a las piernas de él. Amagos inmediatos de auxiliarla, pero...

Él hace un gesto de hastío y le recrimina en voz alta: No me montes una escena, ¿eh? ¡No me montes una escena!

Los labios de ella permanecen mudos. Apretados.

Él insiste, intentando zafarse: ¡Que no me montes una escena!

Los demás pasajeros formamos un dique. Ninguno sabemos qué... Ninguno sabemos por qué...

¿Podemos decirle que, sea lo que sea, no merece la pena? ¿Querrá escucharnos?

Quizá un ya no te amo, quizá un no me abandones, quizá un dame otra oportunidad.

Quizá un mira cómo me humillo, tú lo eres todo.

El dique se deshace. Seguimos nuestro camino como la corriente rodea a una isla.

Al final de la escalera, aún conmocionado, me giro para contemplar el vasallaje.

No me montes una escena, ¿eh? No me montes una escena...


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lunes, 8 de diciembre de 2025

Manifiesto cívico (XV)

Abuelo y nieto

¿En qué momento comenzaron las dudas bajo el peso de los golpes?

¿Qué día aceptamos sustituir miradas abiertas por recelosas, palabras por gritos, libros por vídeos de un minuto…?

¿Desde cuándo medimos cuidadosamente, con miedo a caer, cada paso y cada sueño?

Hastío del mundo. De cierto mundo al menos, hasta que la locura también se agote y retornemos a nuestro camino en paz.

Viva la Constitución Española.


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lunes, 13 de octubre de 2025

Patriotismo

Motocicletas multicolores

El protagonista de la película Senderos de gloria cita una frase de Samuel Johnson cuando le exigen atacar, a mayor fama de la nación (y del general que da la orden), la colina de las hormigas: «El patriotismo es el último refugio de los canallas».

¿Es así? ¿Han de considerarse sus aspavientos una gran hipocresía, disfraz de quienes claman por la moralidad pública sin preocuparse de la propia?

¿Aquellos que por ejemplo rezan a un dios compasivo (golpes de pecho e inclinaciones ceremoniales) antes de masacrar a sus criaturas?

¿O los que componen discursos para atraer la moneda más baja del espectador? ¡La colina de las hormigas es nuestra por nacimiento! ¡Solo nuestra!

Patriotismo... ¿Ocupan desprecio y arrogancia el lugar de esta golpeada palabra? ¿Y respeto, nobleza o virtud? ¿Son acaso valores proscritos?

¿Dónde se hallan? ¿Celebraremos su incruento retorno algún día?

Muchas preguntas... La respuesta, si es que existe, quizá resida lejos de ningún auto de fe:

En el corazón de cada persona.


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lunes, 6 de octubre de 2025

Muro de las Lamentaciones

Muro de las Lamentaciones en Jerusalén

El cuaderno de Rutka, Ganarle a Dios, El canto del pueblo judío asesinado... Son los títulos de algunos libros comentados en los años de andadura del blog.

Al principio de la despiadada matanza de inocentes para vengar una despiadada matanza terrorista (la cadena de odio se extiende, eslabón a eslabón, más atrás de lo que dura la vida en Gaza), me engañé a mí mismo.

Tuve fe en que un rastro de humanidad detendría la sed de sangre. ¡Un pequeño rastro! ¡Después de los pogromos! ¡Y del Holocausto! ¡No podía estar repitiéndose con las víctimas adoptando el papel de verdugos!

El pueblo de una democracia se negaría. Los soldados se negarían. Jefes de Gobierno, ministros y generales habrían de escuchar a una marea de personas horrorizadas exigiendo la paz.

Exigiendo, no pidiendo. Qué iluso.

¿Paz? Aunque llegasen a descansar las bombas, se alza un nuevo Muro de las Lamentaciones y es sordo a voces desnudas.

Jefes de Gobierno, ministros, generales... Y quienes prefieren ignorar, hoy como ayer, la lluvia de cenizas de los hornos.

Obedecen a un ídolo, no ya de oro, sino fundido de cicatrices.

En su nombre, Dolor, estamos todos malditos.


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viernes, 5 de septiembre de 2025

¿Por qué?

Zapatos en Auschwitz

Los dos parecen muy jóvenes. Dieciocho años, no creo que mucho más.

Con aire bohemio, despreocupado, alegre, lleno de ganas de vivir el mundo.

Ella pregunta por la carta, pero el inglés no es el fuerte del camarero, así que me ofrezco a ayudarlos.

Después de un rato de descripciones, se deciden por el tartar vegetal y el atún en salsa, «receta de la abuela».

Entonces, el camarero les pregunta su lugar de procedencia. Contestan: Israel. Y yo...

Quisiera mirar en lo más profundo de sus ojos sin pasar por loco. Quisiera preguntar algo a mi vez: ¿por qué?

¿Por qué alguien de dieciocho años cargaría un arma y apretaría a ciegas el gatillo?

¿Por qué conduciría una excavadora para tirar abajo refugios?

¿Por qué estrangularía las aguas? ¿Por qué sembraría de sal los campos? ¿Por qué empuñaría un hacha y talaría troncos de olivo centenarios?

¡Si no estás con nosotros, estás contra nosotros: mata, mata, mata, es tu deber!

¿Por qué?

Los dos parecen muy jóvenes, llenos de ganas de vivir el mundo. ¿Podrán devolver la misma vida a otros?


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domingo, 17 de agosto de 2025

Nuestro mundo (XXVI)

Sombra en rojo sobre cenizas

Al día siguiente, silencio.

Silencio. Restos de pavesas. Borrones esparcidos por el viento.

Grises las plantas que riego, gris la calle que barro, cenicienta la silla desde donde saludo a vecinos y extraños mientras humea el café...

Y pajarillos caídos bajo los aleros, inmóviles para siempre. Quizá sabían algo que nosotros preferimos ignorar.

Nosotros, los dueños y señores de este mundo.


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