sábado, 22 de diciembre de 2018

Reflexiones de diciembre

Nuevo día. Me preparo para lo que pueda ofrecer el mundo.

Aunque nunca se está realmente preparado si solo pensamos en cosas buenas.

Las noticias abren con una mujer asesinada en Huelva. Laura. Nos mira desde su fotografía en la pantalla del televisor. Nos habla antes de convertirse en parte de una estadística.

Y continúan en una universidad catalana, donde alguien que aspira a estar en el otro lado, en el de quienes arrancan vidas, amenaza a estudiantes constitucionalistas con coger una pistola y pegarles un tiro en la cabeza.

Una única palabra.

Odio.

Un odio que no tiene explicación. Puro mal.

A las mujeres, al color de la piel, a quienes han nacido aquí o allá, a los que no piensan lo mismo, a los que no quieren perder su libertad...

Odio a todo y a todos.

Y aquellos que vomitan odio acabarán en algún momento su existencia, corrompidos por su propio veneno. Y al mirar atrás sabrán que han desperdiciado miserablemente cada minuto.

Pero hasta entonces, debemos luchar contra ellos. Hacer que paguen aunque sea una fracción de lo que nos arrebatan.

Con la justicia, pero también con lo que más detestan: una sociedad de respeto, donde mujeres y hombres, mujeres y mujeres, hombres y hombres están juntos porque lo desean. Sin violencia ni imposición ni miedo.

Una sociedad donde se convive. Donde ese de ahí, el que habla otra lengua, no es un enemigo. Ni el que viste o se corta el pelo de tal o cual manera. Y ese otro, al que le gusta una forma de gobierno distinta a la tuya, tiene derecho a decirlo. Y obligación de escuchar tu respuesta.

Y sobre todo, por encima de todo...

Donde cada uno, al ir de nuevo a dormir, nos sintamos decentes con nosotros mismos.

Adelante.

Adelante.



viernes, 14 de diciembre de 2018

Día 13

Debe de ser que la vida
nos da momentos para no pasar de largo
y otros para rememorar
el eco mientras nos alejamos.



jueves, 6 de diciembre de 2018

Manifiesto cívico (VIII)

Cuando redactamos la primera, allá por 1812, supuso un avance impresionante. Y digo redactamos, en vez de redactaron, porque es un acervo del que sentirse orgullosos, como si hubiéramos estado allí.

De repente, la voluntad o el simple capricho de un rey "por gracia divina" no resultaban la última palabra. Aparecieron otras como Nación, ciudadanos, electores y derechos.

Y si hoy en día nos parece lógicamente anticuada, no debemos olvidar su época y su propósito. ¡Qué historia tan diferente si los absolutistas enemigos de sus ideas no hubieran prevalecido!

De la misma manera, la Constitución de 1978 nació con un propósito: nunca más sujetos, no ya a la voluntad o simple capricho de un rey, sino a cualquier tiranuelo con espuelas.

Pero es que ni siquiera nuestros representantes, con toda la legitimidad de sus cargos, pueden promulgar leyes partidistas que vayan en contra de la norma fundamental.

Por eso conviene tener muy claro qué es la Constitución. Y también qué no es.

Su raíz, principio y origen es la soberanía del pueblo español, del que emanan, como señala el artículo segundo, los poderes del Estado.

Es decir, muchos millones de conciencias individuales, voluntades, formas de pensar y sentir. Muchos millones que, en sociedad, compartimos nuestras vidas.

La Constitución es un acuerdo. De mínimos, si se quiere, pero un acuerdo. Hay renuncias particulares para obtener a cambio un bien común. Quizá no el soñado por todos, pero uno que no aparta a nadie.

Ni siquiera a quienes quisieran apartarse por sí mismos, por no aceptar otra cosa que su propia e "iluminada" visión del mundo. Absolutistas de nuestra era. Incluso a ellos la Constitución les protege.

Por otro lado, la Constitución no es una panacea. La desigualdad, la injusticia, la violencia –la lista sería larguísima–, no se resuelven solo con un libro en la mano. Hay que remangarse con pico y pala.

Aunque si no tuviéramos ese libro, tampoco tendríamos los materiales con que fabricar las herramientas.

Acuerdo no excluyente y un fin que requiere poner los medios para cumplirse. Así lo entiendo yo, ciudadano de a pie nada más. Pero tampoco nada menos.

¿Nos hace entonces la Constitución más fuertes? ¿Seguiremos celebrándola? ¿Defenderemos con fe sus valores? ¿Merece de verdad la pena?
La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:
Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.
Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.
Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.
Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.
Establecer una sociedad democrática avanzada, y
Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.


Sí, definitivamente la merece.

¡Viva la Constitución Española!



jueves, 29 de noviembre de 2018

Ñam, ñam, ñam

Recuerdo un pub de Edimburgo donde solía pedir patatas rellenas.
Recuerdo un sitio en Shuhe con un hot pot bastante bueno.
Recuerdo el pescado a la parrilla en una terraza turca, frente al mar.
Recuerdo una fuente de chipirones en Lastres y una de tigres en Llanes.
Aquella langosta en Livingston, vaya, también se me ha quedado en la memoria.
Recuerdo los arenques en vinagre que me gustaba cenar en Berlín.
Y las salchichas de Viena, con cerveza de trigo para empujar.
Recuerdo cuando me invitaron al restaurante de la Ópera en Estocolmo: crevettes géantes á la ciboulette aux oeufs d’ablette accompagnées d’une salade printanière.
Recuerdo unas tortas de pan armenias, del horno al buche.
Recuerdo un arroz caldoso en una tabernilla medio escondida de Nazaré.
Un codillo en Cracovia, pizza por la Piazza Nabona, una fondue en Zúrich, la paella de mi primo en Oslo...
Y algún que otro bocata de calamares madrileño.
Pero nada hay que mínimamente se le parezca. Nada.
El olorcillo que sale del microondas mientras caliento la tartera de cocido que me ha dado mami...
Ñam, ñam, ñam.



martes, 20 de noviembre de 2018

Atardecer en Samarcanda

Clic.
Atardecer en Samarcanda.
El guardia de la porra empieza a tocar el silbato.
Después viene corriendo hacia mí y me echa una parrafada.
Creo entenderle que para usar la cámara en esa plaza tengo que pagar no sé qué.
Pero al preguntar en la única taquilla cercana, solo me cobran por entrar a los edificios, y resulta que yo ya vengo de dentro, así que...
Sigo a mi rollo.
El guardia de la porra no me quita ojo. Viene otra vez y me enseña el camino de su garita.
Viajero español de las Españas, ¿eh? Ya, ya.
Despliega un periódico con foto deportiva a tres columnas.
Señala: ¿Real Madrid?
Yo miro y le respondo: Nooooooooooo. Atlético de Madrid.
¿Atlético? –tono de duda–.
No me apeo del burro: Atlético.
Llega un coche con sirena. Cambio de turno. El guardia de la porra se va y el nuevo me hace un gesto: ¿Y tú qué quieres?
No, nada, si ya me iba. Tralaralara...



martes, 13 de noviembre de 2018

A la escucha (XI)

Cuando no sabes qué contar. Ni siquiera qué decirte a ti mismo.
Cuando todo parece un círculo, sin un lejos, sin un cerca, sin un quizá liberador jamás.
Cuando no puedes distinguir, un día y otro día, cuál es la pregunta y cuál es la respuesta.
Aún te queda el silencio. Calla. Escucha. Solo escucha…



martes, 6 de noviembre de 2018

A tope

¡A tope!

Ceja en forma de arco peraltado. ¿A tope? ¿Cómo que a tope?

¡A tope!

Dos pares de ojos me miran, brillantes. Otros brazos tiran de los míos, a derecha e izquierda.

¡A tope!

Empiezo a comprender. Esto va de aumentar la energía cinética a costa de la potencial, pero claro, habrá que tener en cuenta el rozamiento del aire y las suelas sobre el pavimento para determinar el efecto sobre la energía mecánica total, y entonces… Uf, muy complicado.

¡A tope!

Nooooo, despacio, que la acera es estrecha y pasa gente.

¡A tope!

Despacio, que vuestro tío está viejuno, que no he calentado, a ver si me va a dar un tirón.

¡A tope!

Nada, nada, despacio, de paseo. Tralaralaralaraaaaa…

(…)

Aunque, hum, la cosa es que… Je, je, je, ¿a tope?

¡A tope!

Y es en ese momento cuando se me puede ver galopando por la calle, esquivando viandantes, con dos canijos al lado deshaciéndose en carcajadas, sin que quede claro quién lleva a quién de la mano.



miércoles, 31 de octubre de 2018

La palabra...

La palabra que emociona.

Que trae a nuestro cuerpo paz.

Que consigue hacernos soñar, ignorando el frío, el oscuro aliento, de un octubre sin piedad.

La palabra apenas audible, pronunciada al alba con los labios entreabiertos.

Zzzzzzzzzzzzzz, puenteeeeeeeee, zzzzzzzzzzzzz…

Sí, esa palabra.

Puente.

¡Puente! ¡Que no hay que madrugar! ¡Toma!



lunes, 29 de octubre de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XX)

Fluidez. Esa es la palabra que andaba buscando para comenzar.

Fluidez narrativa. Naturalidad. Cada frase, cada escena, tiene su porqué en el transcurrir de la historia de Tierra de campos.

Una historia que son los recuerdos de Dani, el protagonista, alternados con el viaje que hace en el presente al pueblo de su padre para enterrarlo.

Una retrospectiva, ya bien pasados los cuarenta, hacia el viejo barrio madrileño de Estrecho, el colegio, los amigos, los inicios en el mundo de la música, el amor...

Hacia el rebelde y provocador Gus. Hacia el padre, la madre, Animal, Oliva, Keiko, todos quienes han jugado algún papel para convertido en la persona que es.

Fama. Caída. Resiliencia.

Y cuyo resultado supone también la memoria de una época.

Mi rendida enhorabuena a David Trueba.




martes, 23 de octubre de 2018

Nuestro mundo (XV)

Al abrir la ventana, está simplemente ahí.

No necesita palabras. Pobres palabras.

Es nuestro mundo.



lunes, 15 de octubre de 2018

¡Aleluya!

¡Hermanos, os traigo un mensaje!
¡Aleluya!
¡Yo lo he visto! ¡Yo, con estos ojos! Iba caminando, ¿sabéis? Iba caminando...
¡Aleluya!
¡Y de repente le vi venir! ¡Venía hacia mí!
¡Oh, sí!
¿Y que ocurrió, hermanos, qué luz creéis que iluminó esta tierra de pecadores?
¡Cuéntanos, por favor!
¡La luz roja!
¡Roja!
¡Cuando la luz se puso roja, él, él, él... se paró en el semáforo!
¡Milagro!
¡La bicicleta paró en el semáforo! ¡No se lo saltó!
¡Loor!
¡Hermanos, cantemos! ¡Nunca ocurrió cosa igual! ¡Uooooooooooh!
¡Uooooooooooh! ¡Uooooooooooh!




lunes, 8 de octubre de 2018

Nuestro mundo (XIV)

Paso tras paso.
Cada paso sigue
a los otros.
No existe nada más.



jueves, 4 de octubre de 2018

Instancia

Muy reverendísimo y estupendísimo... hum... quien maneje estos temas en el negociado astral:

Por la presente, quisiera que considerase mi candidatura a determinado puesto en el orden de las cosas, con vistas a una próxima vida.

Desearía, cuando me reencarne, ganarme el derecho a ser jugadora de la selección española femenina de baloncesto.

O entrenador, o botijero, cualquier trabajo para el que haya disponible una vacante.

Porque todo lo que significan las palabras deporte, compromiso, emoción o esfuerzo se aprende con ellas.

Y si eso no es juego bonito, no se me ocurre de qué otra forma llamarlo.

Quedo de tal manera a su distinguida (aunque lo más futura posible) disposición. Atentamente,

Yo.



lunes, 1 de octubre de 2018

1 de octubre

Me dijeron que el famoso 1 de octubre los había convertido a la "causa" independentista, e iniciamos la discusión.

A mí, les expliqué, lo que hizo el infame 1 de octubre fue abrirme los ojos sobre el peligro que corrían las libertades constitucionales.

Intentaron argumentarme con los Borbones, el franquismo, la policía, los jueces y hasta con la ley d'Hondt.

Resultaba todo tan inconsistente, tan manipulado, tan fácil de rebatir...

La discusión llegó al punto previsible: querían separarse porque sí, porque les daba la gana. De hecho, "ya hacía tiempo que se habían ido".

Mi última palabra fue que, al igual que en los tiempos de nuestros abuelos hubo que luchar contra las ideas totalitarias, que era lo que ellos defendían, suponía mi deber ético como ciudadano continuar esa lucha.

Después de lo cual...

Nos fuimos a tomar unas cervezas juntos, porque aparte del gran abismo nos caíamos bien.

Qué curioso resulta eso de convivir.




martes, 25 de septiembre de 2018

Por poco

A punto estuve de no levantar la cámara cuando pasé a su lado. Ya puede verse por qué.

¿Camisa con cuello de botones con un traje? ¿Y además desabrochados? No, hombre, no…



jueves, 20 de septiembre de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XIX)

La hora pegada. Me subo a un brazo del sofá para alcanzar las filas altas. Sin entretenerme, el primero que pille. Pillo uno. Salgo de casa. Un nuevo día.

Así es como empiezo a leer Tan cerca del aire, de Gustavo Martín Garzo.

Y debo detenerme un momento. No quisiera que esta brevísima y elogiosa nota tuviera un trasfondo de prisa.

Porque la belleza lírica de la obra, intensa, que abraza los sentidos, merece que pasemos sus páginas con otro estado de ánimo.

Como si aún no hubiéramos despertado, casi como en un sueño.

Uno en el que Jonás, un adolescente que ha heredado el puesto de cartero del pueblo, entrega la correspondencia a doña Julia y ella le relata quién fue su madre.

Esa misteriosa mujer a quien el padre encontró en el bosque, perseguida por los lobos. De quien se enamoró sin medida.

Y quizá su historia pueda explicar por qué las garzas, cuando vuelven cada año del frío norte, se acercan sin temor al muchacho mientras él las observa en la laguna.

Un poema que es una novela. Una novela que es un poema.



viernes, 14 de septiembre de 2018

Día 12

Día doce,
distancia,
espejo callado
del recuerdo.



jueves, 13 de septiembre de 2018

Día 11

Brindemos todavía,
una vez más,
mientras el tiempo se aproxima
con la palabra adiós.



miércoles, 12 de septiembre de 2018

Día 10

Aunque fueras solo un sueño,
por soñarte cruzaría
el velo de los abismos,
inundándolos de luz.



martes, 11 de septiembre de 2018

Día 9

Llueve.
Recorren gotas de lluvia,
caricias,
el contorno de tu rostro.



lunes, 10 de septiembre de 2018

Día 8

Manantial
del sonido más hermoso
cuando te oigo
reír.



domingo, 9 de septiembre de 2018

Día 7

Palabras llenas
de silencio.
Silencios llenos
de palabras.



sábado, 8 de septiembre de 2018

Día 6

Leyenda
latiendo,
reflejada en tu mirada
de luna y ámbar.



viernes, 7 de septiembre de 2018

Día 5

Raíz, tallo, flor,
roce
levísimo
de tu piel.



jueves, 6 de septiembre de 2018

Día 4

Una canción
jamás escrita
rodea siempre
tu cintura.



miércoles, 5 de septiembre de 2018

Día 3

En la plaza, de noche,
alguien pide Pagliacci.
La voz se me rompe.
Premonición.



martes, 4 de septiembre de 2018

Día 2

Alba, atardecer, crepúsculo,
estrella, espacio,
hierba, vereda, bosque,
azar, tú.



lunes, 3 de septiembre de 2018

Día 1

Al sur del cielo
dices mi nombre,
encuentro tus ojos,
súbita luz.



domingo, 5 de agosto de 2018

A la escucha (X)

La Orquesta Sinfónica Nacional Danesa.

Un coro mixto, una soprano, una mezzo multitarea.

Un piano, una ocarina.

Guitarras eléctricas.

Un par de tablas de madera que no sé cómo se llaman.

¿Que de qué va la cosa?

Bueno, pues la directora empieza a agitar la batuta...

Suenan el tambor y una flauta dulce.

La mezzo ataca un ua ua uaaa que eriza la nuca.

Y ya, cuando se pone a silbar...

¡Yo, yo, eco!



lunes, 30 de julio de 2018

Pimiango (XII)

En Pimiango hay playa, vaya, vaya.

Playas, debería precisar.

El Regolguero, La Franca, Mendía, La Robla, Las Cuevas Coloradas...

Lo más fácil es ir a La Franca. Cuarenta minutillos de paseo por el monte, respirando oxígeno para todo el año, y allá que apareces. O cinco en coche, cuando tienes prisa por el chapuzón.

Aunque si te entran ganas de una buena caminata, llegando hasta el fondo del acantilado, y siempre con bajamar, puedes acercarte a alguna de las otras. Tus compañeros de baño van a ser llámparas y oricios.

Y un último consejo: recuerda que esto es el Cantábrico, ¿eh? No una piscina caldosa para finolis. Comprueba tus registros vocales antes de meterte en el agua, porque a la primera ola, si eres barítono te vas a convertir en contratenooooooooor.



lunes, 23 de julio de 2018

Pimiango (XI)

¿El Pico del Cañón?

Sí, claro. Tira hacia la Garita, tuerce a la derecha y luego a la izquierda. A lo mejor encuentras moras por el camino.

¿Por qué lo del cañón?

Pues resulta que ahí colocaron un bicho de los de avancarga y botafuego. Para batir la ría, el Curtido, las Bajuras...

Vamos, a ver si paraban al corso, que venía todo chulo con sus dragones, sus granaderos y sus voltigeurs.

Y es que al Bonaparte ese no se le ocurrió otra cosa que mandar a los suyos a tocarles la boina a los de Pimiango. Oh là là.



martes, 17 de julio de 2018

Colores

No pasa un día sin que intente juntar todos los colores del mundo en una sola palabra.
Y susurrarla.
Pero no la encuentro.
Me siento por ello tan inútil…



martes, 10 de julio de 2018

Pimiango (X)

Las instalaciones olímpicas de Pimiango son:

El prau. Deportes de balón y triple salto de gamusinos.

El Patatal Stadium. O bolera.

La cuesta arriba desde el Regolgueru. Pruebas de ironman.

La plaza. Ciclismo y carreras de sacos por San Roque.

Después de la espicha, claro.

Una canasta de baloncesto. Solo para turistas.

Y el camino al Pico del Cañón. Por ahí vi alguna vez a los bueyes entrenando.

¿Cómo? ¿Que el arrastre de piedra por buey todavía no es olímpico?

Vaya, pues entonces hay una menos.



sábado, 7 de julio de 2018

Nuestro mundo (XIII)

Hay miles de ellos, el enrejado está cubierto.

¿Por qué este, entonces, me atrae tanto?

¿Quiénes eran?

¿Quiénes son?

¿Qué historia querían contar?

Los trenes hacen retemblar el puente.

Aaron y Anna estuvieron aquí.



lunes, 2 de julio de 2018

Buen rollo

A poco que uno haya desplegado hoy los orejones por la calle, las palabras que más veces habrá escuchado serán rollo, penaltis y de Gea.

Rollo, en cualquiera de sus variantes: aburrido, tostón, muermo, peñazo…

Pero en fin, ea, ea, ya pasó. Otra vez vendrán mejor dadas.

Paz y amor.

Y buen rollo.



viernes, 29 de junio de 2018

Manifiesto cívico (VII)

La penúltima entrada en esta sección de manifiestos cívicos la cerré con unas palabras a modo de promesa:

Nunca vencerán.

Y me gustaría repetirlas todas las veces que sean necesarias, sin descanso.

Porque es obvio que, cualquiera que sea el color predominante de gobiernos y escaños parlamentarios, la legitimidad de sus acciones descansa en la soberanía del pueblo.

De TODO el pueblo, no de una fracción.

No puede llegar un representante exigiendo deshacerse de quienes no le hayan votado, de los pelirrojos, los que tengan nariz aguileña o los que no sepan hablar latín saltando a la comba. Aquellos, en fin, que en sus particulares delirios nazionalistas no le caigan bien o no los considere suficientemente "arios".

No tiene ese derecho.

Sabemos a quién describo, ¿verdad?

Y sabemos también lo que nos harían si bajásemos la cabeza, desesperanzados, llenos de hastío por sus planes y provocaciones.

Así que…

Nunca vencerán.



lunes, 25 de junio de 2018

De curso (II)

El profe dice: Ahora vais a hacer esto, esto y esto, y el resultado tiene que ser aquello. Empezad.

A los cinco minutos: ¿Cómo vamos?

A los diez minutos: Ya tendría que estar, ¿quiénes han terminado?

Y mis compañeros de curso levantan la mano: ¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!

¿Y tú? El profe me mira, compasivo.

Eso me hace volver. Es que llevaba flipando diez minutos, la mirada perdida en algún punto de las estrellas lleno de colorines.

Había oído no sé qué de series de Fibonazzi, objetos booleanos, triángulos de Pascal, matrices cofenéticas, arrays multidimensionales y tal, y empecé a tener un viaje psicodélico, uuuuuuh...


jueves, 21 de junio de 2018

De curso

Estaba perdido. No entendía lo que me preguntaban.

Ni tampoco ahora comprendo lo que respondí.

Marqué una casilla en contra de mis deseos.

Avergonzado, renegando de todos mis principios.

Porque, vamos a ver, que alguien me argumente...

¿Cuál es el problema de que los centroides de los clusters estén juntos? Si se gustan, oye, ¿a quién le va a molestar?

Pero me dio el pálpito de que había gato encerrado.


martes, 19 de junio de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XVIII)

Tengo que reconocerlo, aunque parezca paradójico: si algo tiene útil la ponzoña nazionalista, es haberme hecho descubrir últimamente unos cuantos libros de altura intelectual.

Por ejemplo, en mi imaginario yo tenía a Albert Boadella como un irreverente. Un autor que se vale de la sátira en sus obras, para desnudar miserias.

Pero aún me faltaba por agradecerle su nivel de compromiso con la verdad.

Por eso, su último libro casi ha hecho que me conmoviera. Estoy por promover una campaña de firmas para que se lea en todos los colegios, en cualquier asignatura que tenga algo que ver con la ética.

(Si es que todavía se siguen estudiando tales cosas en el colegio).

La cuestión, como decía, es que Boadella cuenta verdades. De esas bien gordas, de las que exclamas: ¡pero si la Tierra es redonda! Y sin embargo, hay quienes se inventan un mundo teocrático paralelo.

Una de las virtudes del texto consiste en que se trata de un testimonio de primera línea. El de alguien que ha tenido que exiliarse como adversario de los delirios supremacistas de una mitad de la sociedad catalana, que han desembocado en el intento de asalto a la soberanía democrática.

Otra, igual de importante, es su sello, el sentido del humor. La constatación de que podemos reírnos de todo ese absurdo sin dejar de combatirlo.

Y el tercer elogio es su convencimiento de que no es demasiado tarde, de que, aunque muchos habían permanecido en silencio por miedo a significarse contra la degradación, eso se ha acabado. Está claro lo que nos jugamos: su analogía con la toma del poder por los totalitarismos en la Europa del pasado siglo no puede ser más acertada.

En suma, un ensayo impecable, cuyo contenido llama a la puerta de la conciencia y del que no cambiaría su lectura por ninguna otra. Solo me queda una cosa más por expresar.

¡Viva Tabarnia!



miércoles, 13 de junio de 2018

Resumen del día en la oficina (II)

Por la mañana, la oficina anduvo alborotada: grupos, conciliábulos, asambleas, reuniones de emergencia...

¿Pero tú crees...? ¿Entonces ya...? ¿Y ahora...?

Por la tarde, la oficina anduvo inquieta: cotilleos, sanedrines, discusiones, agitar de cabezas...

¿Pero tú crees...? ¿Entonces ya...? ¿Y ahora...?

Dejo a la perspicacia del lector adivinar cuándo hablaban de entrenadores y cuándo de ministros.



domingo, 10 de junio de 2018

Nuestro mundo (XII)

Hay por lo menos un par de cosas en nuestro mundo, que dices: bueno, son inmutables.

Tienen que pasar sí o sí.

Es de día, es de noche. Es de día, es de noche. Es de día, es de noche. De ese estilo.

Hasta que de repente… Lo inmutable se trunca. Una de las dos cosas deja de ocurrir.

No vas el último domingo a la Feria del Libro.

¡Toma ya! ¿Una señal? ¿Estará el universo en un tris de abocarse al caos?

Ah, pero afortunadamente, la existencia continúa. Todo parece en su sitio. Seguro que entonces la otra ha vuelto a escucharse por los altavoces.

«Les informamos de que Rafael Nadal ha ganado el trofeo de Roland Garros».



martes, 5 de junio de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XVII)

Casi siempre nos marcan los caminos. Casi siempre consiguen llevarnos de la mano.

La información se moldea, adaptándola a nuestras filias y fobias, y haciéndonos más fácil en qué creer.

Por ejemplo, las guerras de Yugoslavia.

Aún recuerdo las terribles violaciones de los derechos humanos, las fosas comunes, las impactantes imágenes televisivas de bombardeos y francotiradores.

Motivos que parecían bastante convincentes para una intervención que parase los pies a los serbios.

Años después, leo La fábrica de las fronteras: guerras de secesión yugoslavas, del profesor Francisco Veiga.

Y me quedo asombrado: ¿cómo pudo abrirse paso una historia de buenos y malos tan simplista, cuando la complejidad de lo que estaba ocurriendo era infinita?

Tampoco nos equivoquemos: los crímenes ocurrieron. El dolor ocurrió. Los inocentes de Srebenica ya no van a resucitar.

Pero por qué pasó todo eso, qué manos manejaron los hilos, y muchas otras cosas que no se publicitaron porque desmontaban el tópico de quiénes eran los agresores y quiénes los agredidos, es lo que nos enseña esta obra.

Muy bien escrita y alejada de maniqueísmos, gracias a la labor de investigación que la sustenta, no puedo dejar de recomendarla.




viernes, 1 de junio de 2018

Die Soldaten

Confieso que hasta ahora ignoraba la existencia de Bernd Alois Zimmermann. Al igual que de su obra cumbre, Die Soldaten. En mi descargo, cinco décadas después de haber sido compuesta aún no se había estrenado en España.

Pues bien, salí de esta ópera con la espalda como una tabla. Con cada músculo agarrotado.

Lo que acababa de ver y escuchar me causó una tensión literalmente física.

Hay gente a quienes la música más vanguardista del siglo XX se les hace bola, y puedo llegar a comprenderlos. Porque se trata de un sonido complejo, que exige un esfuerzo de "procesamiento" mental y no siempre se traduce en placer. No les gusta y ya está, sin necesidad de ponerse dogmáticos.

Pero si vas con el oído libre de prejuicios, abierto a la diversidad, si pones ese ánimo descubridor por tu parte, a menudo tiene recompensa.

Así ocurre en Die Soldaten. Con masas orquestales inmensas y una continua superposición de elementos, de acuerdo con la técnica narrativa que se desarrolla sobre el escenario −varias escenas tienen lugar al mismo tiempo−, esa música va guiando las emociones de forma inexorable.

Su argumento resulta de lo más oscuro: la degradación de Marie, iniciada por el oficial Desportes y llevada a sus últimas consecuencias tras ser violada por su montero, a quien "se la cede" tras aburrirse de ella. Los soldados del título se transforman en seres que pierden su moralidad humana como individuos, adquiriendo a cambio un instinto "de manada".

Acerca del trabajo de los artistas, tanto instrumentales como vocales, me pareció de gran mérito. Debe de ser algo dificilísimo de interpretar. Y aunque hubo algunas deserciones de público durante el descanso, los aplausos de quienes nos quedamos se situaron en lo más alto de la escala de entusiasmo.

En suma, no sé si esta obra será clave para la evolución del género, tal como la califican los expertos, pero sí recomiendo al menos conocerla. Descubrimiento muy bienvenido.


lunes, 28 de mayo de 2018

Tiburón

Donde hay más blancos es por la zona de Guadalupe. Y no comen personas. Pero solo cerca de la costa, porque si te caes del barco en mar abierto, vas listo. Como ahí no encuentra tantas presas, el blanco se lanza a todo lo que se mueve.

Luego están los martillos. En Maldivas se ven bastantes de los pequeños. Pequeños de tres metros. Los grandes andan por Panamá.

Y una vez me llevé a una inmersión romántica a mi marido. Queríamos ver la salida del sol bajo el agua, así que bajamos antes del amanecer. E iba tan feliz, cuando noté que me tocaban por detrás. Claro, pensé que era él.

Pero de repente me pareció que nadaba por debajo, y al momento por encima. Eso me extrañó, porque le había dicho que no hiciera movimientos bruscos. Así que me di la vuelta y resulta que eran tres tiburones siguiendo la luz de mi foco para cazar. ¿Mi marido? ¡Buah!, ese había subido a la superficie.

Bueno, aquí lo dejo. Termino de rebañar el yogur del postre y me levanto.

La chica que tiene a todos los de la mesa de al lado con la boca abierta (y los dientes largos) continúa sus historias de escualos. Yo la comprendo: la naturaleza, los océanos y tal. Qué bonito.

Pero comprendo mucho más al marido. ¡Vamoooos, tira para arriba a toda lecheeeee!

Me huele que él y yo vimos la misma película de pequeños.



lunes, 21 de mayo de 2018

¡Reeeeeeeeboooteeee!

Este que suscribe se apresta a impulsarse para taponar, jugársela de tres o meter los tiros libres. Lo que necesite el equipo en el último minuto.

Para eso necesitaré todos los muelles que la madre naturaleza e infinitas horas de gimnasio han proporcionado a mis piernas.

Y bueno...

Como ni una cosa ni la otra son como para tirar cohetes, me coloco en cuclillas sobre el sofá, a ver si me ayuda en el salto.

La pelota cruza el aire, da en el aro... ¡Ah! ¡Corta!

¡Reeeeeeeeboooteeee! ¡Canasta! ¡Euroliga!

Desde luego, este sí que es un deporte de realidad virtual. Menos mal que tengo el televisor a dos metros.



jueves, 17 de mayo de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XVI)

¿Cómo?

¿Un libro que al terminar de leerlo por primera vez me dejara enfebrecido?

¿Y que siempre que vuelvo a abrirlo, ya casi desencuadernado, sienta una corriente que me recorre la médula de arriba abajo?

Ah, bien, es una pregunta fácil: Vicente Aleixandre y su Historia del corazón.


lunes, 14 de mayo de 2018

Manifiesto cívico (VI)

Mira que tenía como una docena de ideas para escribir algo hoy, y no me queda más remedio que optar por esta.

Porque otro portaestandarte asoma para amenazar con que nos vayamos preparando.

Vuelven los nazionalistas a hacer restallar su odio.

A clamar por su pequeño Reich estelado donde millones no tenemos cabida.

Y no.

No podía quedarme callado.

No quiero.

Habrá que seguir recordándoselo, con cada palabra, con cada grano de arena.

Nunca vencerán.



lunes, 7 de mayo de 2018

Reflexiones de mayo (II)

El papel de los sindicatos es importantísimo.

Mejor dicho: fue importantísimo.

Todos los que tenemos que ganarnos cada día las lentejas haríamos bien en recordarlo. Recordar cómo eran unas vidas sujetas a la peor cara del capitalismo talibán, cuando nuestros antecesores comenzaron a organizarse.

Haríamos bien en recordar que la dignidad y los derechos que ahora damos por naturales no se lograron así como así.

Y aunque, en lugar de avanzar, parece que el mundo esté involucionando, como mínimo se ha llegado muy lejos desde aquel punto de partida. Mérito en gran parte del asociacionismo laboral.

Entonces, ¿por qué cambio el tiempo del verbo al pasado?

Porque, en mi opinión, los sindicatos han perdido el norte.

Los extremistas se han quedado fosilizados en lo de la famélica legión. Con la experiencia que nos dan los últimos cien años de historia, la arcadia que proponen como alternativa tampoco resulta demasiado convincente.

Y los pragmáticos, los integrados en el sistema, ya no defienden al trabajador en general. Hemos quedado por detrás de otros intereses.

Intereses de grupos, de sectores, localistas. Chiringuitos y lobbies. Migajas de poder. Es lo que hay.

Y ya, cuando ves a algún dirigente esperando sacar provecho por manifiestarse junto a los nazionalistas, esos que echan espuma de rabia porque la democracia no se deja derribar tan fácilmente...

La puñalada que nos faltaba.

Qué pena, de verdad. Qué pena.



jueves, 3 de mayo de 2018

Reflexiones de mayo

Que salgan ahora unos etarras diciendo que no van a asesinar, secuestrar, torturar ni extorsionar más, porque ha pasado la época, es como si aparece en 1945 un grupo de sicarios de la Gestapo con esa misma historia.

Que, "debido a las circunstancias", declaran su disolución.

Ni mucho menos. Ambas heces de la humanidad fueron combatidas y derrotadas.

No existen más versiones, así hemos de contarlo.

Porque el sufrimiento que causaron no ha de pasar al olvido. Y el orgullo de que la justicia, como brazo de un cuerpo que es la ciudadanía, haya acabado con su crueldad, tampoco.

Recordemos. Con lágrimas, pero recordemos. Por tantos como cayeron, por tantas vidas segadas.

Por nuestra libertad.



martes, 1 de mayo de 2018

De finde (IV)

Como continuación a la entrada anterior…

Fue una noche larga y divertida.

Comenzó, según anticipaba, con alumnos de música disfrutando sobre el escenario.

Corazón Espinado, Knocking On Heaven’s Door, Living After Midnight, Smoke On The Water, Walking By Myself… Y más, y más.

Su entusiasmo no fue menor al que pusimos quienes los jaleamos al final de cada tema.

Porque a lo mejor aún no suenan perfectos, de acuerdo. Pero todo lo que puede mejorar, mejora.

Con talento, con tiempo, con pasión.

Y esfuerzo. Mucho esfuerzo.

¿Qué metas no se alcanzarán en la vida con todo eso?


viernes, 27 de abril de 2018

De finde (III)

Esta noche hay concierto. ¿De algún grupo famoso?

¿En el olimpo?

¿Con miles de seguidores?

Pues no. Todavía.

A ver, en esto de la música están los consagrados, los profesionales, los diletantes... Pero todos con algo en común.

Un buen día llegaron a la conclusión de que la música mola.

¡Mooooooolaaaaaaaa!

Y no solo escucharla, sino crearla.

Así que todos vivieron un comienzo.

Como los alumnos de la escuela de rock 21st Century Music, que de vez en cuando hacen jam sessions en directo con sus profes.

¿Y quién va siempre que puede a escucharlos y a pasarlo bien gracias a ellos? ¿Eh? ¿Quién?

Ya digo, esta noche hay concierto.



lunes, 23 de abril de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XV)

Hoy, 23 de abril, Día del Libro, expongo, timbro y rubrico que el siguiente título es uno de los más interesantes que he tenido la fortuna de leer últimamente.

Uno cuya razón para haber sido escrito no es otra que la sinrazón.
No es un delirio más o menos grave, sino un ataque en toda regla al núcleo más importante de nuestra garantía de ciudadanía, el Estado de Derecho. Con algo de paciencia y sentido del humor, se puede convivir mejor o peor con los nacionalistas; pero con los separatistas no hay más arreglo posible que obligarles a renunciar a sus propósitos.
El filósofo Fernando Savater reúne varios artículos periodísticos y los pone nombre: Contra el separatismo. Y tras el nombre, pone los puntos sobre las íes.

El resultado es un panfleto, como él mismo lo define, que no contiene palabras amables, ni siquiera tibias, sino todo lo contrario.

Combativo en defensa de la libertad. Que mueve al compromiso. Sin miedo.

Y cuyas reflexiones éticas hago mías desde la primera hasta la última letra.


jueves, 19 de abril de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XIV)

Cada uno entenderá lo de "bueno" a su manera, pero me atrevería a resumir que el secreto de un buen libro está en el qué y en el cómo.

Primero la inspiración, ese misterio que hace surgir una historia de la nada.

Segundo, la forma de "juntar las palabras" para darle vida.

Y ya que La hembra de nuestra especie nos ofrece un qué subyugante y un cómo extraordinario, justifica el puesto de Joyce Carol Oates en lo alto de un podio.

Calidad presente en cada relato de los nueve que componen un volumen dominado por personajes femeninos. Con sus iras, sus miedos y sus pasiones, luces y tinieblas del alma humana.

Con tensiones no resueltas para mantener nuestra lectura en vilo y una prosa de acero envuelto en seda, precisa y rica al mismo tiempo.

Lo que yo llamo un buen libro.


lunes, 16 de abril de 2018

De finde (II)

Me gusta el comienzo y también el último acto. En la escena de la masque, sin embargo, me distraigo.

En fin, Britten siempre es bienvenido. Aplausos y bravos a Gloriana.

Me gusta el atún en el restaurante. Sé que no debería, que es una especie amenazada.

Mi cuota de culpa con el planeta.

Me gusta la charla durante la cena. Másteres y no másteres... Credibilidad. Dimisiones y no dimisiones.

El mensaje de que no importan el esfuerzo ni el conocimiento, de que se pueden cambiar por favores y dinero.

Me gusta volver a casa caminando de madrugada. Cruzar la ciudad dormida. Adivinar que tiene un corazón y que, por una vez, palpita sosegado.

Y sobre todo, sobre todo...

Me gusta que luego no suene el despertador.



jueves, 12 de abril de 2018

A la escucha (IX)

Se abre el telón y aparecen unas guitarras.

Gloriosas.

Y unos bajos.

Increíbles.

Y también baterías.

Memorables.

Y para completar, teclados y voz.

Apabullantes.

El protagonista del pelo largo es Uli Jon Roth. El barbudo, John Petrucci.

El de las gafas de sol, Satriani.

Te quedas sin adjetivos.

Joe Satriani.

Se cierra el telón.

Sales del WiZink Center y no paras de mover la cabeza. La música que aún circula por tu cuerpo no te deja hacer otra cosa.

¿Cómo se llama la película?



lunes, 9 de abril de 2018

Nuestro mundo (XI)

Tiempos curiosos, estos.

Tiempos en que los nazionalistas, para insultar a quienes defienden la Constitución y el Estado de Derecho, los llaman "fascistas".

Hablan de "presos políticos".

Y pretenden arrogarse la virtud democrática que desean precisamente destruir.

No queda ya nada que nos sorprenda, de acuerdo, pero vaya...

Vaya...

Esto significa, en fin, dos cosas.

Que entienden el valor de las palabras, la forja que una semilla dejada caer puede crear en los espíritus.

Y que no les importa pervertir su significado. Emponzoñarlo, a ver si consiguen confundir la memoria.

Qué poso de negrura en el corazón.