lunes, 23 de febrero de 2026

Los seiscientos (más o menos)

Paella

Seiscientos tíos y tías se reúnen en el gran salón de actos. Discurso. Apenas falta una semana para…

Seiscientos cofrades, docena arriba, docena abajo, se contemplan entre sí con curiosidad. ¡Anda!, no te veía desde… ¿Te acuerdas de…? ¿Te acuerdas cuando…?

Seiscientos cincuentañeros escuchan que están en el mejor momento, que la vida hay que vivirla, que pasado mañana es tarde, que el amor es el amor y las cigalas, las cigalas.

Seiscientos hermanos de armas aplauden esa verdad. Aquellos instintos sobre los que descansa su pirámide de necesidades (respirar, dormir, preguntar a un posible partenaire si estudia o trabaja) acuden sin demora.

Seiscientos seres sintientes, como las aves del cielo y los lobos del monte, no pueden dejar de notarlo: los jugos gástricos se desperezan.

Seiscientas bocas, multiplicadas por un número indeterminado de muelas (no nos paremos en tanto detalle), continúan la conversación entre chorizo, queso, lomo y copas de vino español.

Seiscientos colegas, comilitones, licenciados en supervivencia, másteres avanzados en conocimiento del medio, se dirigen al centro del nuevo mundo. Quizá no volverán a encontrarse así.

Seiscientos... ¡Paella! ¡Hay paella! ¡Gratis!

Perdonadme, luego sigo contando. Ya si eso.


Entradas relacionadas:

lunes, 16 de febrero de 2026

Los de sueco

Bandera de Suecia

Los jueves por la noche, después de la clase de sueco, vamos al bar escandinavo.

En pocas horas hay que madrugar, pero, ¿qué más da? Somos jóvenes y somos los de sueco. Nos hemos saludado con un hej y nos despediremos con un hej då.

Leemos el Dagens Nyheter, vemos pelis de Bergman en la Filmoteca (quizá aprovechemos para una cabezada), tarareamos canciones de Eva Dahlgren o de Eldkvarn...

Conocemos palabras como köttbullar, que suenan más misteriosas que albóndigas. Y, a semejanza de Thor, tenemos mucha sed.

¡Öl, öl, öl!, golpeamos con las jarras sobre la mesa. Nos beberíamos la espuma del Báltico.

Ay, los jueves por la noche. O, mejor dicho, aquellos jueves por la noche de hace… ¡¿Qué?! ¡¿Cuánto?!

Ya ni siquiera existe el bar escandinavo.


jueves, 12 de febrero de 2026

Submarino

Portada del libro Submarino, de Lothar-Günther Buchheim.

Título y autor/a:Submarino, de Lothar-Günther Buchheim.
Clave de lectura:Marinos enfrentados a una caza que nadie les advirtió.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:No desmerece a la película.
Música:Das Boot, de Klaus Doldinger ♪♪♪

Dudaba sobre qué edición de este libro leer primero, la española o la alemana.

Me ocurre lo mismo con la película homónima: cuando la veo, unas veces elijo el doblaje y otras el sonido original. ¡Tiene tantas implicaciones!

Aparte de la prolijidad que permite el medio escrito, cine y novela guardan aquí estrecha relación: un u-boot zarpa para acechar el tráfico aliado en el Atlántico. Bajo las órdenes del «viejo», carismático capitán, cada tripulante llevará a cabo dos navegaciones: la propia (lo que dejan atrás, su familia, amigos, amores) y la del destino común de la nave.

Habría que determinar si Submarino, de Lothar-Günther Buchheim, es una historia bélica o una tragedia en un contexto bélico. A mí me parece algo más lo segundo.

El autor, corresponsal de guerra él mismo, presenta a un alter ego embarcado para reflejar las glorias de la Kriegsmarine cuyo ánimo se transforma. Del optimismo al salir de La Rochelle al hastío durante semanas sin sol. De la culpa por abandonar a supervivientes de sus torpedos al colapso nervioso entre cargas de profundidad.

¿Hay nazis? ¿Quedan retratados como merecen? El primer oficial encarna esa idea, aunque el relato se centra en la «gente común»: el segundo, el navegante, el ingeniero, los jóvenes de dieciocho o diecinueve años que corren a proa en cada orden de inmersión.

Creen que Alemania los necesita y responden a la llamada hasta el punto de ruptura emocional.

Inolvidable escena del maquinista que abandona su puesto y se dirige a la escotilla durante el ataque de un destructor, por ejemplo. O la del desesperado bombeo de aire para volver a la superficie en el Estrecho de Gibraltar.

El logro de Buchheim consiste en llevar nuestra mente al cilindro de acero y hacernos partícipes de la claustrofóbica angustia. Esa prolijidad de detalles mencionada, si bien eterniza algunos capítulos, forma parte natural del ambiente.

Bienvenidos tras las cuadernas y remaches del U 96. ¡Todo avante! ¡Los dos diésel! Schnell, schneeeeeeell.


Me pregunto qué es lo que pasa con los submarinos que se hunden. ¿Acaso quedan flotando por siempre cual grotesca flota en medio de dos aguas? ¿O la presión del agua empequeñece los restos que, más pesados cada vez, van cayendo en las profundidades del mar? Tendría que preguntárselo al comandante. Él debe saberlo.

lunes, 9 de febrero de 2026

Harstad

Amanecer en Harstad

Camino despacio junto al muelle. Respiro. La brisa de un cercano norte acaricia aguas somnolientas.

Mañana que se arropa de brumas, rechazada, celosa. El sol no es un amante bienvenido en Harstad.


jueves, 5 de febrero de 2026

Los últimos hechizos

Portada del libro Los últimos hechizos, de Robert Liddell

Título y autor/a:Los últimos hechizos, de Robert Liddell.
Clave de lectura:La vida transcurre entre chismes en Christminster.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Novela «suave», sin más.
Música:Durham Concerto (Rags & Galas), de Jon Lord ♪♪♪

¿Merece la pena leer Los últimos hechizos? ¿Hace Robert Liddell honor a su fama de finesse humorística en este libro?

No resulta ningún mal de la experiencia, puedo asegurar. Aunque tampoco vayamos a descubrir una novela imprescindible. «Suave» sería mejor adjetivo.

Andrew, el narrador, y su hermano Stephen son parte de la comunidad de la toga en la antigua ciudad universitaria de Christminster. Emplean su tiempo libre tomando el té en compañía de respetables vecinos británicos.

Hay un iraquí que apenas sale. Y en realidad existen dos escenarios: a veces preparan café.

Durante la época de entreguerras, el señor Hitler muestra malas intenciones. Pero hablamos de Christminster, es más, ¡Christminster norte! Aquí la gente tiene clara su visión del mundo.

¿De qué otra manera se pondrían los hermanos al tanto de cotilleos, chismes y palabras pronunciadas desde salones hasta cocinas, desde las alturas de la vicerrectora hasta el sótano de la criada?

La señora Foyle, la señora Preston, la señora Barron, Miranda, sir Peter, el señor Waterfield, Cyprian…

Las páginas transcurren igual que sus vidas: poco de apasionante y nada por lo que arrugar el ceño entre el primer y el último párrafo (que deriva, eso sí, a un trasfondo más amargo).

¿Con limón o con leche?


En aquella época había estallado una guerra civil en España. Ahora no recuerdo por qué luchaba cada uno de los bandos, pero si alguien siente curiosidad podrá sin duda consultarlo en cualquier enciclopedia. Christminster norte, cuyos habitantes tenían vocación de servicio y eran almas caritativas, iba a organizar una venta benéfica y un baile a fin de enviar suministros médicos a España.

lunes, 2 de febrero de 2026

De reyes, reinas y otros héroes (XVIII)

Jardines de Versalles

Despachar, no cabe duda de que el rey despacha (después de pasar un rato con la Montespan): Colbert, Le Tellier, Vauban, Turena, el gran Condé… Todos hacen cola a la puerta de casa.

¡Ah, Luis de Borbón, príncipe de Condé, duque de Enghien, par de Francia!

Un tipo nervioso: ha vencido a los tercios en Rocroi y a los imperiales en la segunda de Nördlingen. Luego apoya la Fronda y se rebela contra su primo coronado.

Pierde París y acude al enemigo hispánico, participando entre sus filas en el canto del cisne de Valenciennes. No es normal que a Turena le zurren así.

Aunque en Las Dunas (la terrestre, no la naval), el adversario se toma la revancha. Le toca a Condé, junto con Juan José de Austria, ir esta vez a la lona.

El rey olvida los malos rollos y vuelve a casa. De hecho, conquista para él el Franco Condado. Y a continuación empata en Seneffe: holandeses, imperiales y españoles, extraños compañeros de vivac, aguantan sus embestidas (dicen que el hijo lo tiene que rescatar de debajo del caballo).

Cenas, bailes, jardines, oui, sire, qué alto os hacen los tacones, sire, qué bonitas las estatuas… Versalles está bien montado, pero tiene un picorcillo en la coraza…


jueves, 29 de enero de 2026

Tarás Bulba

Portada del libro Tarás Bulba, de Nikolai Gogol

Título y autor/a:Tarás Bulba, de Nikolai Gogol.
Clave de lectura:Sangre y honor galopan en cada página.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Sigue siendo una gran novela.
Música:Tarás Bulba (Obertura), de Franz Waxman ♪♪♪

Tarás Bulba sigue siendo una gran novela, tanto tiempo después de que Nikolai Gogol la diera a la imprenta.

Eso sí, como toda obra clásica, hay que disfrutarla con ojos libres de corsés. En caso contrario la acusaríamos de apología de la violencia, de incitar al alcohol, de machista, de furioso antisemitismo…

Gogol presenta a los zaporogos como un pueblo seminómada regido por sencillas leyes: no robar, gastarse hasta la camisa en aguardiente, obedecer los preceptos de la religión ortodoxa y hacer deporte con las cabezas de sus enemigos: turcos, tártaros y eventualmente polacos.

Los estudios que necesitan sus jóvenes son el acero y la pólvora. Y algún conocimiento de excavación, para esconder los ducados que arrebatan en cada correría.

Por eso, cuando el coronel Tarás Bulba y sus dos hijos, Andréi y Ostap, escuchan que en Ucrania los sacerdotes católicos van en coches tirados por cristianos verdaderos, que los judíos arriendan las iglesias y ponen una marca en el pan sagrado y que han llevado a Varsovia al atamán para cocerlo dentro de un buey de bronce, montan en cólera.

Tras un pogromo el ejército pone rumbo a Dubno, incendiando y ensartando a todo el que se cruza en su camino. Sitian la aterrorizada ciudad, que no tarda en pasar hambre.

Ah, pero las mujeres… Andréi, que ha cruzado a escondidas los muros, cae enamorado de la hija de un vaivoda a quien ya conoció en Kiev y, por el favor de su mirada, se une al enemigo («Mi patria eres tú!»).

Los polacos intentan una salida, aprovechando que las fuerzas cosacas se dividen para perseguir a los tártaros. Gran batalla. A punto de la derrota, la llegada de refuerzos cambia las tornas en favor de los defensores.

Mientras tanto, padre e hijo se encuentran frente a frente. De aquí hasta el final, la sed de venganza de Tarás no tiene límite.

Un aspecto sobre el que me gustaría incidir es la notable diferencia entre el texto original y la historia cinematográfica. Por ejemplo, si Yul Brinner y Tony Curtis se disputan la pantalla, aquí Tony saldría poco (y no digamos su novia). La defección amorosa cobra menos importancia que la suerte de Ostap.

El casus belli tampoco se parece: de la puñalada polaco-lituana al iniciarse la película, pasamos a los rumores de maltrato religioso combinados con el ansia zaporoga de meterse con quien sea.

Y, por supuesto, Dubno no cae. Como he dicho, en el momento crítico arriban tropas que la salvan, y Tarás, herido, ha de recuperarse para continuar sus aventuras (que le quedan unas cuantas).

No importa. Hablamos de historias paralelas, pero me reafirmo en su calificación: una gran novela.


No hagas caso de tu madre, hijo mío. Es una mujer y no entiende de estas cosas. ¿Para qué necesitáis el cariño? Vuestro afecto ha de ir por entero al ancho campo y al buen caballo. ¿Veis este sable? Pues es como si fuese vuestra madre. Os han llenado el cerebro de tonterías. ¡La academia, los libros, las filosofías, en fin, todo...! ¡Yo me burlo y me río de todas esas cosas!

lunes, 26 de enero de 2026

¿Política?

Cartel de desaparecidos en Varsovia

Este blog, queridos lectores, no se dedica a la política, aunque tal parcela se cruce circunstancialmente con otras a las que su autor sí presta atención.

¿Aparecen aquí libros de génesis u objeto político, por ejemplo? Bien podría ser.

¿Músicas con algún trasfondo de lo mismo? No puedo asegurar que jamás.

¿Se cuela la política en manifiestos cívicos? Quizá como resaca de fondo. ¿Y en las cosas de la vida? Evitaré sacudir la cabeza.

Como etiqueta habitual, me falta la de historias fotográficas: ah, por fin se desvela el porqué de esta imagen.

Un cartel encontrado en Varsovia. Una exposición sobre personas relacionadas con el fútbol que fueron asesinadas, bien por los nazis, bien por los soviéticos, acusadas de…

De que su existencia era incompatible con los «valores» que los asesinos propugnaban para la sociedad.

Tras constatar que en algunos lugares del mundo occidental los ciudadanos se arriesgan a salir a la calle en 2026 para recibir un disparo en la cara o por la espalda, igual que en 1940, y que quienes aprietan el gatillo visten también uniforme…

¿Es esto política contemporánea? ¿Sí? ¿Debemos acostumbrarnos a los nuevos viejos «valores»?


jueves, 22 de enero de 2026

Europa

Portada del libro Europa, de Luis López Carrasco

Título y autor/a:Europa, de Luis López Carrasco.
Clave de lectura:El futuro ya está aquí. Y no nos va a gustar… ¿O sí?
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Apenas deja poso.
Música:Oxygène IV, de Jean-Michel Jarre ♪♪♪

Europa es un conjunto de relatos con dos denominadores comunes: transcurren en un entorno más o menos distópico y ofrecen un precario grado de interés.

Luis López Carrasco escribe bien, no lo niego, pero sus historias corren el riesgo de volatilizarse en la memoria tras el punto final.

¿El aspecto positivo? Que la distopía se plasme en un mañana reconocible, donde la realidad virtual se impone a la física y los propios personajes escogen su alienación (¿qué dictador más eficiente que uno mismo?).

En medio del desayuno familiar, un padre parece desconectarse. El fallo de los implantes electrónicos sobre su cerebro exige llamar al técnico.

En la red triunfan sueños editados desde el subconsciente. Otro padre se perturba al ver en pantalla lo que surge dentro de su hijo.

Descubren vida en la luna de Júpiter que da título al volumen. Dos científicos aislados han de elegir adónde dirigirse en el primer y último viaje en el tiempo.

Cierta partida de rol se convierte en el centro de los días para un grupo de amigos. Miembros de una comunidad proyectan imágenes hacia al cielo del desierto, quizá «alguien» las vea.

Un astronauta se aleja de la nave estrellada con aire en su escafandra para una hora.

Y todo se hace… sin trama suficiente, no sé si me explico. Priman los aspectos que rodean a los personajes en vez de la narración. Según decía al principio, apenas deja poso.

Leído y ya.


Cuando entré de nuevo en casa, mi madre estaba hablando por teléfono. Me acerqué a mi padre y le limpié la barbilla. Respiraba muy lentamente. Su cara se había congelado en un rictus perplejo, vagamente melancólico, como si alguien hubiera contado un chiste y él fuese el único que no lo había entendido. Solo una ceja, inclinada, manifestaba cierta contrariedad.

lunes, 19 de enero de 2026

De reyes, reinas y otros héroes (XVII)

Pirámide de Tikal

Levanto mi poncho como puedo, intentando que la cámara no quede a la intemperie más de pocos segundos cada vez. Con inútil resultado: ¡vaya pifia de fotos!

Tikal en temporada húmeda tiene este riesgo: subir a una pirámide, ver las cúspides de sus hermanas surgiendo entre la jungla, inspirar aire emocionado… y que justo entonces al dios Chaac le dé por golpear las nubes.

Se me queda una cara parecida a la que debió poner Chak Tok Ich'aak (Gran Garra de Jaguar), el rey que mandó construir el palacio, cuando Siyah K'ak' (Nace el Fuego) hizo un cambio de escrituras a nombre de su propio hijo, Yax Nuun Ayiin (Primer Cocodrilo). ¡Ahuecando!

Más tarde, una alianza de vecinos le bajó a su vez los humos a la nueva dinastía. Y más tarde aún, Jasaw Chan K'awiil (Cielo Lluvia) y Yik'in Chan K'awiil (Oscurecedor del Cielo) recuperaron el trono de sus antepasados.

Cielo lluvia. Oscurecedor del cielo. Claro, llamándose así... Desenfoques constantes, exposiciones al tuntún, gotas que resbalan por la lente... ¡Maldita sea!

Por no extenderme: me rindo. Desciendo los escalones a esperar que Kukulkan me eche un cable de luz.

Aunque al final haya de conformarme con medio cable.