| El pan a secas, de Mohamed Chukri. | |
| Memoria de la supervivencia en las calles de Marruecos. | |
| ✮✮✮✮✩ | |
| Un libro de crudeza extraordinaria. | |
| Lamuny (tradicional), interpretado por Orpheus XXI ♪♪♪ |
A quienes hemos vivido una infancia con padres que se ocupaban de nosotros, dándonos educación, alimento y cama, las memorias de Mohamed Chukri nos han de resultar... No encuentro la palabra. ¿Impactantes?
El autor nace en el Rif en 1935. El libro comienza con escenas de penuria que obligan a la familia —el padre, la madre y un hermano mayor— a viajar hasta Tánger: allí hay basuras para comer.
El encarcelamiento del padre por las autoridades españolas tras haber desertado del ejército trae un periodo de calma al muchacho. Brutal maltratador, será testigo de cómo estrangula al hermano.
Aprende a mendigar y robar. Capturado por el dueño de un peral que saquea, una niña le ofrece las primeras muestras de simpatía. Ese rarif rebosante de miel...
Tras Tánger viene Tetuán, donde lo colocan en un café cuyo sueldo sirve al progenitor para financiar sus borracheras. Él mismo se acostumbra a los licores, el tabaco y el kif. Y aprende el comportamiento habitual entre hombres y mujeres: golpes e insultos de día, gruñidos y jadeos por la noche.
Durante la adolescencia todo se vuelve más turbio si cabe; le moldean las relaciones puramente animales. De nuevo en Tánger, cuando no frecuenta los burdeles es porque un viejo le ha conducido a un lugar oscuro, lleno de árboles, a cambio de cincuenta pesetas.
Años después decide aprender algo diferente: a leer y escribir. Conoce a Paul Bowles, Jean Genet y Tennessee Williams. Traduce a Machado, Aleixandre, Lorca...
Un libro de crudeza extraordinaria. Un verdadero golpe desde realidades no tan lejanas.
Mi hermano llora y se revuelve, sacudido por el hambre y el dolor. Me da pena, lloro con él. Veo cómo mi padre se le acerca hecho una fiera. Se puede ver la locura en sus ojos. Sus manos son tentáculos. Nadie puede detenerlo. Me agarro a mi sombra y pido socorro, «¡Un monstruo! ¡Un loco! ¡Que alguien lo pare!», pero el maldito le retuerce el cuello mientras la sangre rebasa su boca.
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