domingo, 18 de febrero de 2024

Aristóteles va a juicio

Portada del libro Aristóteles va a juicio, de Daniel Peres Díaz.
El título completo es largo: Aristóteles va a juicio. Manual de argumentación filosófica y jurídica.

(Por cierto, creo que Cartago debe ser destruida).

En primera instancia, el volumen de Daniel Peres Díaz parece dedicado a los profesionales de una ciencia social concreta. Se clasifica bajo el epígrafe de Filosofía del derecho y derecho natural.

Ah, pero no. Hay otras instancias por encima y su recorrido es más amplio: «examinar y someter a discusión los fundamentos mismos de la argumentación racional».

En Roma, por ejemplo, si no sabías ganar casos con tu labia, independientemente de las evidencias, no eras nadie en el foro. ¡Amigos, romanos, compatriotas...!

Aunque los sistemas legales occidentales, al correr de los siglos, intentaron incorporar una serie de principios para que la justicia no dependiera —no del todo— de presunciones, pruebas circunstanciales o el humor del magistrado de turno.

Intentaron conectar con la «lógica». Qué complejo puede llegar a ser el término…

El capítulo de apertura, Las locas historias de la lógica, se dedica a aclarar un poco esta complejidad, ofreciendo ejercicios, paradojas, malentendidos semánticos o esquemas de inferencia. Aristóteles nos observa desde la tribuna con atención.

Si cruzamos el capítulo segundo, entramos en el dominio de las falacias, sesgos y otros desvaríos argumentativos.

Hoy en día, y en cualquier ámbito de discusión, la línea en boga consiste en gritar más, soltar barbaridades populistas, medias mentiras, cifras incomprobables, hechos fuera de contexto, desviar la atención hacia otro tema o apelar a «las tripas» de la audiencia, las emociones más saurianas.

(No os olvidéis de Cartago, hay que borrarla del mapa).

¡Que la falacia sea la reina!

Peres hace un recorrido por falacias clásicas (ad hominem, ad populum, reductio ad absurdum…) y nos anima a reconocerlas y saber cómo contragolpear si nos las tiran a la cabeza.

Carga contra las tautologías con ejemplos reales de declaraciones de insignes políticos y tampoco se olvida de los sesgos cognitivos que nos afectan a nivel subconsciente.

Con lo cual alcanzamos el capítulo tres: Algunas técnicas y problemas de argumentación jurídico-filosóficos.

Este podría ser el más especializado o circunscrito al ejercicio de las leyes. No obstante, como señalaba al principio, la amplitud de recorrido nos permite a las personas ajenas a su mundo obtener enseñanzas de él.

Uso, abuso o distorsión de los términos. Los dilemas. La importancia de los recursos audiovisuales. La importancia del sexo en el argumento.

(Al menos, eso sugieren ciertas sentencias y votos particulares de muestra).

Y, sobre todo, un apartado con enjundia: la complicada relación entre el derecho y la verdad. Tema que es ojo derecho y objeto de investigación en la carrera del autor, según nos cuenta.

Nada más. Veredicto de «muy interesante» por mi parte.

(P.D.: Carthago delenda est).



  • Clave de lectura: Derecho, falacias, tautologías, dilemas, sesgos… La verdad…
  • Valoración: Muy interesante.

domingo, 11 de febrero de 2024

El abuelo que volvió para salvar el mundo

Portada del libro El abuelo que volvió para salvar el mundo.
Qué habilidad para escribir tiene Jonas Jonasson.

Debido a la suspicacia que suele rodear a las segundas partes, no era muy previsible que consiguiera superar a la inefable El abuelo que saltó por la ventana y se largó, vehículo de su estrellato. Sin embargo…

No se queda demasiado lejos. Lo único que pierde un poco El abuelo que volvió para salvar al mundo, inevitablemente, es la «frescura». La capacidad de sorprendernos con las andanzas de sus personajes.

Ya conocemos a Allan Karlsson, el jubilado que, coincidiendo con su centésimo cumpleaños, decidió que la vida en la residencia de ancianos resultaba poco estimulante para él.

Teniendo en cuenta los «amigos» —o no tanto— que había hecho en el pasado: Franco, Stalin, Mao, Churchill, de Gaulle, Nixon, Kim Il-sung…

Allan y Julius Jonsson, su cómplice, descansan ahora en la isla de Bali con una pila de millones. El ritmo de vida que llevan hace historia en el hotel.

Por ello, el director se muestra encantado de regalar a los caballeros suecos un móvil (inútil cacharro) y una tableta negra que, ese aparato sí, fascina a nuestro protagonista. ¡La de cosas que se ven por ella! ¡Lo que pasa en el planeta!

Y, cuando el dinero se acaba y entran en números rojos, ¿qué mejor solución que soltar las amarras del globo aerostático alquilado y dejarse llevar por los vientos?

Siempre con la tableta negra, que no deja de consumir datos en itinerancia, para extrañeza de los contables del hotel, como talismán de su suerte.

El globo cae en la inmensidad del océano, pero no importa. El Fuerza y honor, un carguero norcoreano que cumple una misión especial para el amado líder relacionada con el uranio, navega casualmente por esas coordenadas.

¿No había trabajado Allan con un tal Oppenheimer, el creador de cierto artefacto poco recomendable para la salud basado en el mismo elemento químico? A partir de ahí, se desarrolla un humor tipo «camarote de los hermanos Marx».

Con la inestimable colaboración de Kim Jong-un, Trump, Putin, Merkel, la ministra de asuntos exteriores Wallström, los nazis de la hermandad aria, sucursal escandinava, los nuevos amigos de la pareja en los negocios de los espárragos, los ataudes personalizados, la videncia…

Aunque los cuatrocientos kilos de material nuclear de contrabando que quiere adquirir el hombrecito de Pionyang podrían hacer peligrar cualquier negocio al que se dediquen. Tendrán que remangarse para solucionarlo.

Si ya no consigue el efecto sorpresa, como señalaba al principio, no por ello desmerece en su cualidad principal:

Es una novela muy divertida.



  • Clave de lectura: Nuevas aventuras de Jonas Karlsson en el loco mundo de nuestros días.
  • Valoración: Divertida.

lunes, 5 de febrero de 2024

Un cadáver en el Congreso

Portada del libro Un cadáver en el Congreso, de Sergio Pascual Peña.
Vaya, esto sí que es una sorpresa…

Los demás asistentes a la promoción del libro parecen encantados de conocerse. Conocerse a sí mismos, quiero decir. Después de la charla del autor, sus intervenciones tienen un tono monocorde: qué guapos somos, qué buenos, qué justos, lo que hemos luchado, el que no esté con nosotros es un fascista...

Caricaturizo la escena, pero lo cierto es que, discretamente sentado en la última fila, empiezo a encontrarme fuera de sitio. Desafecto. Carne en potencia de gulag.

Impresión acentuada cuando se me ocurre levantar la mano y observar que la lucha por el poder parece corromper a quienes ansían por encima de todo conservarlo (ecos de Tolkien…).

Corono la impertinencia con una pregunta retórica: «¿No podría aplicarse el dicho de que la utopía de unos es el infierno de otros?».

El autor, que no da signos de haberme hecho mucho caso (tampoco le culpo), deja pasar unos segundos en silencio para que me arrepienta y zanja la duda con una condescendiente finta dialéctica: «No estoy de acuerdo con tus premisas. Conozco a gente que no se ha corrompido». Fin del tema.

Luego me dedica mi ejemplar ya que, a pesar de la quemazón, me apetece leerlo y no dejarme llevar por los prejuicios: «Ojalá la historia nos convenza a todos de que las utopías son posibles».

Y, mira por dónde, acabamos volviendo al primer párrafo de la entrada: sí que es una sorpresa.

Un cadáver en el Congreso resulta un libro interesantísimo para visualizar mejor la película de los últimos quinquenios políticos en las Españas.

No sé si Sergio Pascual Peña se mostraría de acuerdo, pero concluyo de sus palabras que… ¡yo tenía perfectas razones para manifestarme inquieto!

O el poder corrompe tras haber probado sus mieles o quienes lo adoran como última meta, carcomidos por intereses personales, llevan en sí la semilla de pequeños tiranos y solo es preciso un empujoncito que los haga quedar en evidencia.

Para concretar, lo que tenemos en estas páginas es una crónica de primera mano sobre Podemos, el movimiento que tanta influencia llegó a acumular antes de volatilizarse —pasó al estado gaseoso, que no desapareció, al menos en cuanto a siglas—.

De primera mano porque la cuenta alguien que tomó parte activa en su diseño, despegue electoral y, como «vil reptil trotskista» —lo siento, no puedo resistirme a utilizar una terminología de tan profundo calado en el siglo XX—, fue expulsado del paraíso —moquetas y despachos del Congreso— por el amado líder.

Un camarada más en la larga fila de víctimas de cócteles molotov entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón y sus respectivas guardias.

Del sí se puede al no se quiere. Sueños de regeneración asamblearia transformados en pesadilla fratricida, con numerosos nombres y apellidos por medio. Quítate tú, que ahora me toca a mí. ¿Eran los que venían a salvarnos? ¿De verdad?

Aunque, lo más curioso, ¡Pascual sigue defendiendo la validez del proyecto! ¡Le ofrece su adhesión inquebrantable! ¡Después de ver lo que ha visto!

Me recuerda a aquella novela de Arthur Koestler en la que el protagonista consideraba que el partido había de tener razón en acusarle de traidor porque el partido ha de tener razón por naturaleza…

Bueno, pues me alegro de haberlo leído y lo recomiendo. Las enseñanzas que cada uno obtenga de él, eso ya… Que se entienda lo que se quiera entender.



  • Clave de lectura: Historia de Podemos desde dentro.
  • Valoración: Bueno.

lunes, 29 de enero de 2024

Las preguntas de la vida

  • Clave de lectura: «Filosofar» como ejercicio para una vida plena.
  • Valoración: Muy bueno ✮✮✮✮✮
  • Música: Centro di Gravità Permanente, de Franco Battiato ♪♪♪
Portada del libro Las preguntas de la vida, de Fernando Savater.
Ahora que han purgado a Fernando Savater de una cabecera que, sumida en su propio descrédito, hace ya mucho que perdió la calificación de periodística, me parece un buen momento para revisitar a este autor. Y seguir reivindicando su trabajo.

Las preguntas de la vida es el ambicioso y acertado título que quisiera traer hoy al blog.

Me gustaría insistir en la importancia de la filosofía como concepto sobre el que apuntalar un «aquí y ahora» digno, donde la existencia consciente suponga algún tipo de plenitud intrínseca. Solo algún tipo.

Por supuesto, filosofar no es un fin en sí, sino un medio. Apela a la infinita curiosidad con que nacemos para intentar explicarnos el entorno.

¿No preguntan los niños sus dudas por instinto, antes de quedar a menudo aborregados cuando van creciendo? ¿Por qué les cortamos —nos cortamos— las alas, predicando «certezas» acomodaticias?

¿Preferimos renunciar a una vuelta adicional de tuerca que ponga a prueba los sillares de nuestro conocimiento? ¿Queremos que nos lo den todo mascado? ¿No intuimos que quizá nos apoyemos en una cueva de ignorancia?

Savater plantea cuestiones con el significado literal del término: «pregunta que se hace con intención dialéctica para averiguar la verdad de algo». No interrogantes con respuestas cerradas a cal y canto, y que ni se les ocurra chistar a los lectores.

De hecho, defiende «las filosofías», con énfasis en el plural. ¿De qué cuestiones hablamos en concreto?

La muerte. La razón. El «yo» hacia adentro y hacia afuera. La singularidad o similitud humana en relación con el resto de especies del planeta y aún más allá, con el universo. La libertad. La naturaleza. La convivencia. La belleza. El tiempo…

En cada una nos proporciona herramientas, reflexiones extraídas de los grandes pensadores, con ánimo de estimular nuestra mayor riqueza: la capacidad de analizar, comprender y transmitir información, desarrollando vínculos positivos en el proceso.

Sus capítulos se convierten así en diálogos con nuestra propia conciencia y con los demás. Que la vida tenga o no sentido —como expone en el jugoso epílogo— no significa ni de lejos que sea absurda.

En suma: que no decaiga, don Fernando. Siga acompañándonos con sus textos, por favor.


viernes, 26 de enero de 2024

Going Home

Viernes noche. Mark Knopfler toca Going Home.


jueves, 18 de enero de 2024

Un cubo de aire

Portada del libro Un cubo de aire, de Fritz Leiber.
Fritz Leiber era un estupendo escritor, aún retengo libros suyos sin problemas en mi cada vez más comprometida memoria.

Y si este no me parece de los más destacados, teniendo en cuenta otros antecedentes, sí obtiene al menos un meritorio notable.

Un cubo de aire recopila cuentos dentro del marco de la ciencia ficción, un género bastante amplio en cuanto a los temas y planteamientos que admite.

En este caso, una ciencia ficción más de «entorno» que de estricto sendero conductor de las historias.

Por ejemplo, El manicomio de los 64 cuadros se ambienta en un torneo de ajedrez. Narra las vicisitudes de varios jugadores para intentar vencer a «la máquina», el cerebro electrónico que amenaza con sustituirlos a todos en los tableros.

El original Rump-Titty-Titty-Tum-Tah-Ti se ocupa de un cuadro con manchas de pintura trazadas al azar y una melodía. Ambas, por alguna razón, comienzan a influir obsesivamente en la vida de millones de personas.

Un cubo de aire, que da título al conjunto, es lo que el joven narrador sale a buscar del minúsculo refugio donde él y su familia sobreviven después de la catástrofe que ha alejado la trayectoria terrestre de la del Sol.

El grupo beat describe a una comunidad de hippys que van a su aire más allá de la estratosfera, y el mandato de desahucio que reciben para obligarlos a volver al suelo firme.

Las zorreras de Marte nos introduce en una surrealista guerra de trincheras entre alienadas tropas humanas y nativos del planeta rojo.

Y así, hasta alcanzar la decena de imaginativas situaciones: el colapso que amenaza al sistema de correos tras enviar alguien una carta manuscrita, los efectos de inyectar helio para que las hogazas de pan sean más esponjosas…

Vale la pena.



  • Clave de lectura: Imaginación polifacética.
  • Valoración: Vale la pena.

jueves, 11 de enero de 2024

La especie elegida

Portada del libro La especie elegida, de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez.
La especie elegida fue el primer título publicado por Juan Luis Arsuaga, según veo en la lista de su copiosa bibliografía. Lo escribió junto a Ignacio Martínez.

Y no es que hace más de veinte años apuntara maneras, como suele decirse, sino que ya en aquel entonces tenía mucho que contarnos.

Empiezo el comentario por un detalle: la reconocida capacidad para comunicar de nuestro paleontólogo de cabecera.

A partir de un barro prometedor, las habilidades narrativas «evolucionan» con la práctica. No esperemos que un hálito divino toque el dedo con un bolígrafo y hala, el genio divulgativo surja sin hoja de parra desde el primer minuto.

Valga la broma para explicar que Arsuaga tiene obras posteriores más ajustadas a ese estilo clarificador que lo afama. En la que hoy nos ocupa, quizá haya veces en que el torrente de información la encamina hacia la lectura de ojos especializados.

Por ejemplo, los exhaustivos detalles sobre la anatomía de los diferentes parántropos y homínidos candidatos a coronarse como reyes del planeta no parecen alejarse mucho de una asignatura universitaria.

Habiendo hecho la «advertencia», el contenido en sí de La especie elegida es sin duda para matrícula. Qué viaje tan increíble a través de los que fuimos, lo que somos y… ¿lo que podríamos ser?

Constreñidos a la duración de nuestras vidas, comprender con espíritu humilde la inmensidad del camino recorrido y, a la vez, su insignificancia en comparación con la edad y avatares de la casa donde pisamos, se convierte en una tarea imprescindible.

¡Tantos enigmas, eslabones aún por forjar en el libro del conocimiento y otras tantas huellas desenterradas que por fin dan luz a las preguntas!

Y qué número de variables tan asombroso se encuentra en el molde: el clima, los cambios del entorno, las transformaciones de los músculos, los huesos, el encéfalo, la alimentación, las relaciones beneficiosas para el grupo, el lenguaje…

No me extiendo más, pero hacedme caso: un texto absolutamente recomendable para aprender.



  • Clave de lectura: Qués y porqués del ser humano.
  • Valoración: Muy bueno.

lunes, 1 de enero de 2024

Feliz 2024

Corazón roto sobre una pared de Jerusalén. Paz.

Saqué esta foto en una calle de la ciudad vieja de Jerusalén.

¡Qué absurdo! ¡Qué imposible! ¡Qué contrasentido!

Pero no, he dicho imposible y no. No lo es. Solo hacemos que a veces lo parezca.

Alguien dibujó este simple trazo sobre un muro blanco. Una mano y un deseo anónimos, un ansia con millones de nombres detrás.

De ojos que desean ver, oídos que desean oír, manos que desean tocar, consolar, abrazar…

De seres humanos tan agotados que su ruego parece ya pequeño, sin fuerza.

Por eso, con la alegría de un dibujo, antes de que llegue el mundo donde nada importe y las voces de esos millones hayan enmudecido tras los muros blancos…

Feliz 2024. Paz.

martes, 26 de diciembre de 2023

El cielo no tiene favoritos

Portada del libro El cielo no tiene favoritos, de Erich Maria Remarque.
Es curioso que un libro al que he llegado «de rebote», fiando en el azar, me haya causado una impresión tan positiva.

El cielo no tiene favoritos. Pero yo sí.

Cuando pensamos en algún título escrito por Erich Maria Remarque, lo más probable es que recordemos clásicos como Sin novedad en el frente o quizá su secuela, Después. Es tanta la fuerza que transmiten, que han eclipsado el resto de su obra.

Y sin embargo, esa obra existe. Con una calidad novelística que hace injusto su estado de semipenumbra.

En efecto, la sabiduría de Remarque le permite dar vida a unos personajes tan complejos, tan humanos, que casi saltan de las páginas: Clerfait y Lillian son los nombres principales, pero el elenco que los acompaña, aun con roles más pequeños en la historia, está a parecida altura.

Una historia que nos habla de dos personas que se conocen sin buscarse, que saben que el futuro puede ser más breve que el pasado y que deciden quemar el aire que les quede juntos.

Clerfait es un piloto de carreras que, a su edad, ya no compite al nivel de los más jóvenes. Descreído, cínico ante el peligro, sin sueños, cada nueva prueba le acerca a la única meta que jamás ha deseado cruzar: la decadencia.

Lillian se consume lentamente en un sanatorio de las montañas suizas para enfermos de tuberculosis. A sus veinticinco años, la velocidad entre etapas que pasa ante los ojos de Clerfait es la que ella desearía experimentar.

Sin ataduras, sin lágrimas ni remordimientos, sin importar el mañana. Solo por obtener la esencia de un minuto más antes de la «partida», como denominan en la clínica al momento en que los pacientes dejan libre su habitación.

Acercamiento. Pasión. Separaciones. Planes para una noche, para un hotel, para un viaje en el rugiente automóvil de Clerfait, sin preocuparse más allá de la siguiente curva.

Dos espíritus en una Europa donde el recuerdo de la guerra apenas ha comenzado a difuminarse. Sin rumbo o, mejor dicho, con múltiples faros que los llaman con su luz: los Alpes, Sicilia, Venecia, París…

Y una forma de narrar tan asombrosamente elegante y profunda, donde cada frase, cada diálogo y reflexión disfrutan de pleno sentido, que resulta imposible no ratificar a su autor en el puesto que merece dentro de la literatura universal.

Extraordinario.



  • Clave de lectura: Vivir rápido sin mirar atrás.
  • Valoración: Extraordinario.

martes, 19 de diciembre de 2023

Entre el querer y el deber

Siempre ha habido clases: un poco más ricos y un poco más pobres.

La clase de personas que dan y aquella que recibe.

Los creadores y quienes los vemos y escuchamos, dictaminando con entusiasmo, magnanimidad o cara severa lo que nos parece.

Paula Blafe crea. Da. Comparte.

Y en el lado «pobre» del escenario aplaudimos porque es lo mínimo con que podemos recompensar la música, las palabras que salen de su garganta.

Cada vez que asisto a un concierto de esta cantautora salgo con la sensación de que he estado en el mejor lugar y el mejor tiempo posibles. Además acaba de lanzar el primer single de su primer disco, así que…

Sigamos compartiendo: Entre el querer y el deber.