| Magacín radiofónico, de Sławomir Mrożek. | |
| Todo funciona como funciona. Todo tiene un porqué. | |
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| Para no dejar de reír. O de llorar. O de ambos. | |
| Calling All Workers, de Eric Coates ♪♪♪ |
Sławomir Mrożek es sin duda uno de mis escritores favoritos. Sagaz, imaginativo, con una mirada irónica que permite al lector identificar vida propia y papel.
Mirada irónica, no malvada: ahí reside gran parte de su genio.
Porque en ellas se describe cómo funcionaba un país, una sociedad, unas personas, de forma «exacta», apartándose de manifiestos proletarios o unidades de destino en lo universal.
Los personajes suelen coincidir: hay un director, un jefe de departamento, un contable, un cajero, un ordenanza, una compañera secretaria, un becario…
Y una taberna donde pasan más cosas que en fábricas, oficinas y sedes institucionales. Las órdenes emitidas desde arriba necesitan encauzarse burocráticamente.
No puedo elegir solo uno, ni siquiera dos docenas de estos relatos. De principio a fin, el conjunto imprime una especie de epifanía. Desde la carrera del inútil sobrino del director, hasta el perro que husmea en la plaza; desde la compra de níscalos con fondos de acción social, hasta el kamikaze en el Archivo de Asuntos Pendientes; desde las sesiones espiritistas para averiguar dónde fue el dinero de la caja, hasta…
Para no dejar de reír. O de llorar. O de ambos.
Señores, me ha llegado la orden de designar a alguno de ustedes para hacer un viaje de trabajo a Hawai a bordo del trasatlántico Batory. Se trata de analizar la situación de la mujer hawaiana desde la perspectiva de futuras relaciones entre cooperativas y la posible exportación de nuestros peines. ¿Algún voluntario?
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