miércoles, 3 de junio de 2020

Recuerdos de viaje (II)

Solo.

En medio de las aguas.

Sus ramas, su tronco…

Su sombra…

Un grito.



miércoles, 27 de mayo de 2020

Recuerdos de viaje

No sé quiénes son Frank y Esther. Yo solo pasaba por allí.

No sé si su segunda oportunidad les trajo lo que buscaban.

Ni dónde estarán hoy.

Pero sí sé que en algo tenían razón cuando dejaron su mensaje en aquel puente sobre el Rhin.

Ha de haber más luz que oscuridad en los días por llegar.



martes, 26 de mayo de 2020

El asedio (L)

La ventana entreabierta mientras trabajo. Los pájaros llenan los silencios de la música de fondo.

Gorriones, Marin Marais y Monsieur de Sainte Colombe.

Breves sorbos a la taza de café, que se va entibiando.

Hace pocos meses estaba en un edificio inteligente, donde no entra el aire o los sonidos de fuera.

Tampoco creo que Marais hubiera sido el acompañante de mis dedos sobre el teclado.

Ya no necesitamos parapetarnos a cal y canto, al menos de momento. Pero el mundo que conocíamos, el familiar de cada mañana, se ha ido. Es otro.

¿Medio vacío, medio lleno?



domingo, 24 de mayo de 2020

El asedio (XLIX)

Fin de semana corto. En fin, todos lo parecen.

El último antes de que el asedio comience a levantarse, aunque todavía hayamos de hacer guardia junto al portón.

Días propicios para algún maratón de música en casa, por ejemplo, mientras remoloneamos un poco.

Las sinfonías completas de Schubert, la Carmen de Bizet, bandas sonoras de Steiner, de Korngold, de Waxman…

El Otelo de Verdi, La vida breve de Falla, el piano de Satie, Gubaidulina…

Y en los últimos momentos del domingo, mientras escribo estas líneas, Schubert de nuevo.

El quinteto en do mayor.

Adagio.




jueves, 21 de mayo de 2020

El asedio (XLVIII)

Durante el asedio, el tiempo transcurre en diferentes sentidos.

Lo que creíamos perdido vuelve a nosotros, aunque hayamos olvidado qué significa.

Como el pasado que me atormenta desde una hoja de papel.

Primero fuerte y luego suave.

Eso está escrito.

Pero no logro entenderlo.

Mantengo los ojos fijos en las palabras, como si pudiera bracear así a través de su abismo.

Profundo, demasiado profundo.

Y en mi interior, una voz se pregunta…

¿Qué quería decir quien me dio la receta de la quesada hace años?

Leche, azúcar, harina, mantequilla, yogur, huevos, ralladura de limón, canela, media hora al horno, primero fuerte y luego suave.

¿Cuánto se supone que es "fuerte"? ¡Que no me acuerdo! ¡Que ya he metido la bandeja y tengo que regular el termostato!



lunes, 18 de mayo de 2020

El asedio (XLVII)

Los de mi generación tuvimos al Comando G y a Mazinger Z.

Y a Afrodita A. No nos olvidemos, en orden alfabético, de Afrodita A.

Los de generaciones posteriores vieron a Benji y Oliver, Goku o Pokemon.

Crecimos haciendo judo en el cole.

Comemos sushi como el que come paella, con toda naturalidad.

Yo lo digo en público: le echo soja al gazpacho.

Ahora, los zapatos se quedan a la puerta de casa.

Saludamos a dos metros de distancia.

Llevamos mascarillas por la calle…

Ya queda menos.

Llegará el día en que terminen las fases, abran de nuevo los garitos y podamos pedir con entusiasmo:

¡Sake, sake, sake!

Qué ganas tengo de que llegue.



viernes, 15 de mayo de 2020

El asedio (XLVI)

Hace dos semanas, la última vez que salí a la compra, no recuerdo que estuvieran.

Pero ahí han crecido desde entonces. Los tallos brotan en la linde de la acera.

Sus raíces rompen intrépidas el asfalto y la piedra.

Alguien vendrá, más tarde o más temprano, y ¡chas!, se acabó.

O si no, se agostarán. Es su destino.

Pero me gustaría que no ocurriera así. Contemplar sus hojas abriéndose a la luz es como un símbolo.

Lo inerte cede de nuevo el paso a la vida.



miércoles, 13 de mayo de 2020

El asedio (XLV)

Salgo de la farmacia con una flamante mascarilla nueva. Y aprovecho la visita para comprar otras cuatro o cinco cosas que parecen de poco lujo: pasta de dientes, cepillo, gel de desinfección, toallitas…

Al poner el pie en la calle, mi cartera pesa casi cincuenta reales de vellón menos. Se dice pronto.

Y pienso: ¿cuántas personas tendrán ahora mismo que sopesar si hacer la misma compra?

¿A qué deberían renunciar por innecesario? ¿Al dentífrico? ¿Al gel?

¿A las mascarillas?

Como suele ocurrir, a las economías que ya estaban mal antes del asedio les irá incluso peor. Pero cuidado.

Quienes vivían con más desahogo quizá no se libren de caer igualmente.

De manera que, o remamos juntos, repartiendo tanto esfuerzos como beneficios, recortando por aquí para compensar por allá, o esto puede acabar en una catástrofe como no ocurría desde hace generaciones.

Unión. Generosidad. Miras comunes. No contemplarse el ombligo, sino aplicar inteligencia social para superar la prueba. Esas deberían ser nuestras prioridades.

Porque si nos hundimos…

Nos hundimos todos.



lunes, 11 de mayo de 2020

El asedio (XLIV)

Nueva semana en danza.

Y la crisis continúa, aunque sigamos dando lo mejor de nosotros mismos. No tenemos garantías después de tantos sacrificios.

Ni las tendremos.

Pero concedámonos un respiro, incluso si solo es de tres minutos. Con la canción adecuada, yo creo que…


viernes, 8 de mayo de 2020

El asedio (XLIII)

Una mañana de sábado.

Enciendo el televisor. Me siento en el viejo sofá marrón. Empiezo a hacer los deberes del colegio.

Suena música.

Después de un rato, tengo la necesidad de parar.

¿Qué están tocando? ¿Qué clase de sonido es ese?

Escucho ensimismado…

Una mañana de viernes.

Enciendo el ordenador. Me siento en la silla azul ya desgastada. Empiezo a abrir los archivos del trabajo.

Suena música.

Después de un rato, tengo la necesidad de parar.

¿Qué están tocando? ¿Qué clase de sonido es ese?

Escucho ensimismado…

Así, tantos años después, continúa el viaje vital. Desde aquel sábado de niño hasta hoy.

Entonces una sinfonía, ahora una sonata para piano… Pero el mismo sentimiento apoderándose de mí en ambas.

Gracias, papá Haydn.