| Memorias de una vaca, de Bernardo Atxaga. | |
| Mo narra sus aventuras y desventuras bovinas. | |
| ✮✮✮✮✩ | |
| Una historia muy simbólica. | |
| Agur, jaunak!, de Tomás Garbizu ♪♪♪ |
Tras leer
La historia de Bernardo Atxaga, muy simbólica, comienza cuando Mo decide hacer caso al Pesado. Contará desde que nació hasta su vida actual en compañía de soeur Pauline Bernardette.
El Pesado es una voz que le habla desde el interior, dando muchas vueltas a todo. ¡Como si no pudiera llamar hierba a la hierba y paja a la paja!
Porque chocan dos puntos de vista sobre la razón de existir de su especie: no hay cosa más tonta en este mundo que una vaca tonta, o al revés, el resto de animales les queda bastante por debajo.
Lo primero de verdad reseñable fue vencer a los lobos por 1940, tras cierta guerra cerca del caserío de Balanzategui.
Aparecen el malvado Gafas Verdes y los hermanos dentudos, vigilantes desde el molino.
Aparece La Vache qui Rit, compañera de aventuras y desventuras antes de unirse a una partida de jabalíes.
Aparecen Genoveva y El Encorvado. ¿Por qué a veces dan banquetes de pienso a las vacas rojizas o, más a menudo, a las negras? ¿Por qué en tales ocasiones las separan? ¿Tiene que ver con los extraños que bajan del monte? ¿Con la guerra que se supone... terminada?
Si Atxaga tuvo siempre al lector juvenil como destinatario —incluso ha sido texto escolar, sigo descubriendo—, lo único que me queda es creer que ese espíritu pervive en algún rinconcito. Preguntaré a mi Pesado, a ver qué opina.
Por fin entramos, y la música de violín me envolvió. Al fin estaba en Balanzategui, dentro de mi casa. Y cuando las vacas que estaban allí reunidas me saludaron, qué tal Mo, bienvenida Mo, adelante Mo, me sentí alguien. No, no era poca cosa lo de ser vaca.
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