Siento transcurrir el tiempo de forma extraña. Los días son largos y son cortos también.
Esta semana he leído poco, aún no puedo comentar un nuevo libro.
He cambiado cuadros de sitio. He comprado una alfombra. Tengo pendiente reparar la gotera del baño.
Nadie me arregla ya el reproductor de casetes (sigo prefiriendo las cosas a las «no cosas»). ¿Deberé resignarme a que adornen como naturalezas muertas la pared?
«Tío, jugar». Me perdí los goles de España porque mi sobrino de dos años dijo palabras de mago.
He visto dos películas documentales, Orwell, 2+2=5 y 2073. Al poco, el descodificador de la televisión comenzó a bloquearse intermitentemente, el procesador de textos con que escribo dejó de funcionar y cuento docenas de llamadas desde números extraños.
Por cierto, Google me indexa una de cada diez entradas en el blog, no importa lo que intente para corregirlo (no os preocupéis ahí arriba, de verdad, 2+2=¿?).
Terremotos en Venezuela, bombas en el Líbano, talibanes de charla por Europa, ministros en Soto del Real. Joyas, dineros, el poder...
Esta semana hace calor.
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