martes, 29 de septiembre de 2026

Pimiango (XXIX)

Gatos abrazados

¡Sigo a Galván! ¡Gloria y honor!

Aunque no sea un trabajo a tiempo completo, más bien por temporadas. Le sigo, me voy, vuelvo, retorno a la escudería andante...

En fin, echo mano a las llaves del castillo y Galván aparece enroscado entre las calzas. Ya tardabas, villano, ¿qué me has traído? ¡Tributo, tributo!

Su tamaño dobla el que recordaba. La magnificencia de la capa negra y blanca mueve a renovar el voto de fidelidad.

Obviaré las hazañas protagonizadas por tan audaz caballero gato, con la tacha de cierto ratón de campo que vi pasar impune frente a su hocico (efecto de la buena mesa). Hasta que, una soleada mañana de vermú...

Miauuuuu.

¿Miau? ¿Cómo que miau? Miro hacia abajo.

Miauuuuu.

¿Qué os parece? Ahora sigo también a un príncipe, ¡honor y gloria!

Valiant (el príncipe Valiente) se presenta chiquinajo y hambriento, pero no tarda en recuperarse. Menuda manera de tragar.

Tiene la costumbre de interrumpir mientras escribo, agujereando el pantalón en insistentes escaladas de parapetos. Acero templado, doy dolorosa fe.

Por lo demás, le gustan los masajes y colarse en cada rincón. No teme ni al miedo mismo, a pesar de mis advertencias sobre Morgana, raposa que dicen ronda la noche. Y lo gracioso es que Galván lo adopta enseguida: justas, celadas, abrazos, indómitas carreras...

Galván y Valiant, Valiant y Galván. Miauuuuu. Perdonad, oigo la llamada de su alteza para servir la cena.


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jueves, 24 de septiembre de 2026

Memoria de Noa

Portada de Memoria de Noa, de Alfredo Conde

Título y autor/a:Memoria de Noa, de Alfredo Conde.
Clave de lectura:Recuerdos desde el nacimiento de Noa hasta el de su hijo.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Novela de intimismo descriptivo y lenguaje barroco.
Música:Negra sombra, de Luz Casal y Carlos Núñez ♪♪♪

Dudo si dedicarle elogios a Memoria de Noa salvo por ese extraño «algo» que me hace proseguir la lectura. Luces escondidas, fuegos fatuos, llaman a adentrarse entre sus páginas.

Quizá la mayor de las dudas recaiga en el aspecto formal: lenguaje preciosista, frases eternas, porción de adjetivos, sintaxis gongorina... Puro barroco. Al principio interpreto que es la narradora en primera persona quien habla así (enseña literatura en la universidad), pero concluyo que se trata del estilo propio de Alfredo Conde.

Por otro lado, el intimismo descriptivo predomina hasta un punto en que, o nos identificamos sin fisuras con Noa, o todo lo que ella ve, piensa y siente resultaría de frágil interés novelístico.

Galicia, verano de 1939. Una mujer «con el cuerpo enjuto por mor de la lánguida sequía al que lo había sometido desde que se abriera a la vida» ve pasar a un hombre bajo su balcón. El fogonazo la lleva enseguida a confesar.

Y aquel cuya figura y maneras tanto la confunden es... el cura que la escucha, la absuelve y visita a continuación su casa.

Este reverendo padre (figura muy positiva, curiosamente) alcanza el rango de obispo, lo que no es óbice para que amor y deseo los acompañen a lo largo de los años. Noa surge como fruto, aunque una sociedad anclada en milenarismos les exija silencio.

La niña crece a su vez y conoce a su tío, el hermano del obispo, exiliado en otro continente, a sus primos (sobre todo a Pedriño, talentoso pintor) y a Quietán, de verbo político encendido, similar a «un bergantín-goleta de tres palos entrando por la boca norte de la ría». Quietán, el infame.

Insistiendo en que acción como tal no encontramos demasiada, el pilar de esta memoria lo constituyen las redes que atan a los personajes, el ambiente de convenciones intocables (de puertas para afuera) y, no menos importante, la presencia de la tierra. O la Tierra, en mayúscula.

Bruma, orballo, brañas, ginestas, cebadales, robledas, sillares de piedra. O sentemento da Terra...


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Quedé inmóvil. Un colibrí está aleteando sobre la siempreviva, roja y oro, el verduzco aire que lo oprime y delimita mientras liba miel, néctar, ambrosía, dulcísimo polen; luego volará y el revoloteo será dado por encima del nenúfar del que beber el filtro, la poción de amor que lo encamine hacia el otoño; y yo lo veré irse, verde copo sin alas, inmóvil como estoy en esta colina, sin poción alguna que llevarme a los sedientos, secos labios; sin dulcísimo polen que me lleve al ensueño que sospecho, sin cosa alguna que libar como no sea la tibia mañana a través de la que huyo.

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lunes, 14 de septiembre de 2026

Nuestro mundo (XXX)

Alambrada de espino

Alguien del público pregunta a la ponente, una conocida periodista, cómo ve la marcha del mundo. Su respuesta es: «en casa estamos aterrados».

Comienza a desgranar noticias, sucesos, declaraciones, tendencias, mensajes en redes sociales que publican y reenvían tanto quienes están al mando como quienes les damos poder (antes llamados ciudadanos), y comprendo el terror. Lo comparto.

Quizá en el futuro nos interpelen por nuestra falta de coraje. Resultará difícil ocultarse tras excusas del tipo «nos engañaron», «no sabíamos nada» o «no podíamos imaginarlo». ¿Perdón?

Cuando la sociedad desprecia el pensamiento y prefiere gritar contra enemigos orwellianos, olvidando valores humanísticos en pro de látigos forrados de unos y ceros, ¿no lo hace porque quiere? ¿De quién es la culpa sino de nosotros mismos?

Contemplo los rostros de quienes asisten al coloquio. Un experto en economía asiente con sonrisa apesadumbrada. Un viñetista editorial se adelanta para instarnos a resistir, a publicar, a mantener debates sin insultos, a que las redes no queden abandonadas a la barbarie.

A dar lo mucho o poco de bueno que llevemos en el interior antes de que las voces se corten.

Alguien del público, ahora yo, busca en la memoria una imagen que simbolice lo escuchado. Esa sensación de amenaza cuyas púas cercan la vida cotidiana.

La encuentro...


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lunes, 31 de agosto de 2026

Pimiango (XXVIII)

Pasacalles de gaitas en Pimiango

Pasacalles de gaita anuncian los eventos: vermú, espicha, paella... Por fin tiene lugar lo que el mundo lleva un año esperando.

Se celebran, en el coliseo-plaza de Pimiango, los inmortales Juegos Mansoleas. Laureles o galeras del césar separados por un simple tropezón.

Diez metros lisos de cuchara con huevo en la boca, veinte metros obstáculos dentro del saco, triple salto que explote globos atados al tobillo.

Y la prueba reina: un maratón de sillas.

Organizados por grupos de edad, los atletas van girando en carrusel. Al corte de la música intentan ocupar asiento; como siempre falta uno, ¡eliminado!

Lenguas de alondra, morros de nutria, bazo de ocelote... Los espectadores degustamos aperitivos imperialistas entre carcajadas de satisfacción.

Hasta que empieza a notarse algo curioso: cuanto más jóvenes quienes compiten, más cumplen las reglas. Es decir, no tocan las sillas, no las desplazan, no obstaculizan el paso ni se demoran en su cercanía.

No dan un golpe de cadera a quien llega antes y ponen cara de incredulidad, palmas al cielo por la «injusticia». ¿Fuera? ¡¿Yo?! La jueza duda, se repite el turno.

Cuanto más jóvenes, más juegan y se divierten. Luego solo se trata de ganar.

Con engaños sutiles o descarados. Como sea y a costa de lo que sea. Ganar. El fullero lo celebra con especial alborozo.

Así es la vida, ¿no? Quedan la entrega del bollu, la verbena y la chocolatada nocturna.


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martes, 11 de agosto de 2026

Pimiango (XXVII)

Piano por la noche

Apretón de manos con el músico, charla, intercambio de números de teléfono...

Una vez le escuché en un concierto, rememoro. Ahora le pregunto si nos tocaría algo de jazz «en familia», de forma improvisada, y es tan amable para contestar que sí.

El tema de qué, dónde y cuándo se solventa al ayudarme otro voluntario a transportar mi propio piano hasta La Librería de Pimiango. Dejamos un par de rayones en la pared, pero...

Vivir momentos así tiene valor, nunca precio.


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viernes, 31 de julio de 2026

Sodoma y Gomorra

Portada del libro Sodoma y Gomorra, de Franz Kelsen

Título y autor/a:Sodoma y Gomorra, de Franz Kelsen.
Clave de lectura:Lot y su tribu se asientan en una tierra de perdición.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Aconsejo una lectura con cierto enfoque de humor.
Música:Sodoma y Gomorra, de Miklós Rózsa ♪♪♪

Hay dos enfoques para «cogerle el punto» a esta novela de Franz Kelsen. Uno sería tomársela en serio, de forma literalmente bíblica.

El nobilísimo Lot y su nobilísima tribu, sobrios, bravos, llenos de temor al Único en lo alto, se asientan junto al Jordán. Pagan tributo a una raza que los necesita para defenderse mientras ellos abusan de los placeres carnales.

El rey Bara es gordo e indolente, la princesa Tamara tan bella como sádica, sus hombres descuidan a sus mujeres y solo el trabajo esclavo les permite atesorar inmensa riqueza. Hablamos de Sodoma y Gomorra.

En realidad se trata de una pentápolis, pero Sodoma lleva la voz cantante. Cuando un ejército enemigo les ofrece batalla en el valle de Siddim se demuestra la flojera de su carácter.

Si no es por los hebreos, aquí acaba la historia. Lot derriba a una multitud con su cayado, lo cual atrae la admiración de Chedarlaomer, el caudillo atacante, que ordena respetarlo. Saquea, eso sí, las arcas sodomitas y se lleva a prisioneros y rebaños.

Pero avisado Abraham de la desdicha, ya que Lot es su sobrino, consigue liberarlo a él y al botín, que devuelve con munificencia a Tamara, nueva reina. Esta permite a tan valiosos aliados residir dentro de la ciudad.

¡Qué peligro se cierne! Si las costumbres de sus anfitriones consiguieran ablandarlos, atraerían la ira del Único. ¿Cuántos justos harán falta para impedirlo? ¿Cincuenta? ¿Cuarenta? ¿Bastará con diez? Llegado el momento del fuego, nadie debe mirar atrás.

La segunda manera de acercarse es con espíritu que tienda al humor. Los esfuerzos moralistas de Kelsen por distinguir a buenos y malos resultan hasta divertidos.

Por ejemplo, las descripciones de cada personaje van de la mano de su virtud. Lot se presenta fornido, recio, de frente ancha, mentón firme, perfecta nariz aguileña, mirada magnánima, sereno...

Ismael, que avisa a Abraham de la batalla, es rubio, apuesto, gentil, con aire de «indomable virilidad».

Incluso figuras secundarias como el hitita Gilgal, que clama sin descanso contra las orgías, la sumeria Zoraida o Joab, soldado del ejército de Chedarlaomer, obtienen adjetivos favorables. Todos se portan bien.

Sin embargo, Tamara... En su rostro y su cuerpo, la hermosura significa algo muy diferente: el pecado, la concupiscencia, la boca hecha agua, el símbolo de la perdición. Una femme fatale de cuidado.

Con el consejo del humor por delante, se deja leer.


❞
Tamara, que vestía una vaporosa túnica de seda rosa abierta por los lados, dejando ver sus espléndidas piernas doradas, tenía estas cruzadas impúdicamente. En la postura en que estaba, a Lot casi solo le era permitido ver las magníficas piernas de la reina, que esta tenía a mayor altura que el tronco y la cabeza.

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lunes, 20 de julio de 2026

El Mundial (VI)

Ganímedes y el fénix en Madrid

—Hola, vengo por lo del puesto de campeón.
—¿Ha traído los papeles?
—La guerra de las Galias, la del Peloponeso, el Cantar de mio Cid, La historia verdadera de la conquista de la Nueva España...
—Con el Cid es bastante. ¿Foto?
—Sí, una de Ganímedes y el fénix, que debería ser un águila, pero el escultor...
—Tranquilo, alguno hasta se ha hecho un selfi con Gengis Kan, que siempre sale con cara de mala uva. ¿Especialidad?
—Estratega. Le digo al que lleva el balón por la tele dónde la tiene que pasar y cuando marca grito ¡gol! con un salto.
—Está muy bien. ¿Y en defensa?
—En defensa resoplo cuando nos la quitan. ¡Venga, más atentos, co...lorines!
—Líder inspirador. Pues apuntado: le ponemos timbre, este es el resguardo y ya le avisaremos. Hay bastantes plazas, así que puede prepararse. Se le nota un campeón en la cara...


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jueves, 16 de julio de 2026

El Mundial (V)

Flores rojigualdas y blancas

España-Argentina en la final, ¡oe, oe, oe!

Hoy tenía medio pensada una imagen con trinquete, drizas, escotas y la Union Jack, en honor a siglos de carreras por las bandas con los ingleses (a veces las bandas de babor, otras las de estribor). Ya no vale.

Si tras marcar no hubieran formado en cuadro... Pero les fue bien así en Waterloo y quisieron repetir.

Tampoco me sirven las estatuas de Lezo o de Bazán, goleadores de tantas ínfulas isleñas.

¿Cuento algo sobre San Martín, que hasta Chacabuco enarboló las banderas del rey? ¡Bailén y La Albuera! Pero me ocurre lo mismo, falta de material fotográfico. Dónde encontrar húsares que crucen sables a estas horas...

Ni siquiera guardo una albiceleste junto a una rojigualda, ni torrijas combatiendo a alfajores en dulce lid. Mi plan de batalla bloguero desbaratado por un cabezazo en el minuto 93, mira (o mirá) qué gracia.

Pues hala, colores de escarapela. Hay para todos y todos adecuados a la ocasión. ¡Oe, oe, oe!


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lunes, 13 de julio de 2026

El Mundial (IV)

Desfile de época

Los mensajes echan humo como salvas de mosquete. ¡Vamos, chicos, a la final! ¡Y contra Inglaterra! ¡A los franceses los ganamos! ¡Igual que en 1808!

Si al principio presto poca atención, lo de 1808 consigue hacerme gracia. Un partido de fútbol recreando las guerras napoleónicas...

Parece un buen sistema, de hecho. En vez de once privilegiados que miren a ochenta mil de infantería partirse el pecho, se monta al revés: once privilegiados cargan y ochenta mil los animan.

¿Que ganamos? ¡Buah, orgullo por los poros, oe, oe, oe! ¿Que perdemos? Al menos Goya no tiene que dibujar sus desastres.

Dupont, Vedel, Mbappé, frente a Castaños, Reding, Yamal, con pausas de hidratación. Wellington o Belgrano expectantes.

Me reafirmo, gran invento.


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lunes, 6 de julio de 2026

Final de temporada

Teatro Real de Madrid de noche

¡Ha muerto! ¡Él era tu hermano! ¡Él, qué horror! ¡Estás vengada, oh madre! ¡Y yo aún vivo!

Cae el telón: Manrico ejecutado, veneno en Leonora, Azucena loca, el Conde de Luna fratricida... Sin contar con la madre y el hijo natural de Azucena, consumidos por la hoguera. Y los soldados cuya sangre cubre el campo de batalla. Antes hacían dramas de verdad.

Cae el telón, digo, y el Real se viene también abajo con ovaciones. No solo El Trovador es una de las principales óperas de Verdi, sino que el reparto nos ha ofrecido un nivel de altura. ¡Brava, brava, bravo, bravo!, gritan desde platea y paraíso.

Así acaba una temporada por lo demás muy interesante. La idea de alternar «superventas» y títulos menos habituales me encanta; «descubrir» continúa significándose como un gran verbo.

Comenzó con Otello, otra maravilla verdiana, para afirmar que las grabaciones son un gran invento y la música en vivo imprescindible. Por desgracia, la dupla El mandarín maravilloso y El castillo de Barbazul de Bartók me la perdí.

Luego vino Carmen, disfrute melódico asegurado por el genio de Bizet, aunque la escenografía tenebrista no me traiga tan buen recuerdo. ¡Ah, Ariadna y Barbazul, descubrimiento!

Junto al entramado orquestal de Dukas, opulento como pocos, el libreto de Maeterlinck consigue trasladar la contradicción entre el deseo de libertad y el miedo a la libertad. Ariadna se pone en peligro cuando abre la puerta que conduce a las cinco esposas anteriores de su marido, rompe un boquete en la mazmorra, las convence de escapar... Pero los campesinos apresan a Barbazul y ellas toman partido por su «amor». Eligen finalmente quedarse.

Sueño de una noche de verano... Esta la pongo medio paso tras las obras señeras de Britten (Billy Budd y Peter Grimes). Aparte de las acrobacias del bailarín aéreo que doblaba al personaje de Puck, no llegó a impresionarme.

La novia vendida sí. Todo melómano conoce la obertura; sin embargo, el resto no se suele representar. Injusticia, a tenor de la estupenda jornada que nos deparó Smetana. Primera vez y ojalá vea una segunda.

Romeo y Julieta de Gounod en penúltimo lugar. Un clásico del repertorio al que, sin echar en saco roto, tampoco considero lo más. Tiene «momentos».

Los optimistas clamarían que lo mejor siempre nos aguarda delante. Haciendo caso a ese espíritu, ya os contaré.


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