jueves, 16 de abril de 2026

Pensamientos desde mi cabaña

Portada del libro Pensamientos desde mi cabaña, de Kamo no Chōmei

Título y autor/a:Pensamientos desde mi cabaña, de Kamo no Chōmei.
Clave de lectura:Retirarse del mundo no es abandonarlo, sino vivir entendiendo el significado de su fugacidad.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Domo arigato, sensei.
Música:Madama Butterfly (coro a bocca chiusa), de G. Puccini ♪♪♪

En 1212, el destino del mundo occidental se juega entre cuatro reyes, según cuentan los libros de la gran historia. Castellanos, navarros, aragoneses y almohades enarbolan sus banderas en Las Navas de Tolosa. Los caballos piafan, el sudor empaña los ojos, los aceros queman... 1212, fecha inolvidable.

El mismo año, en el mundo oriental, Japón concretamente, alguien llamado Kamo no Chōmei finaliza otro tipo de libro. Se titula Pensamientos desde mi cabaña.

Duerme sobre ramas de helecho al este. Cultiva un huerto al norte. Al suroeste guarda libros de poesía y música, así como dos instrumentos: un koto (arpa de catorce cuerdas) y una biwa (laúd).

Recoge leña del bosque y agua del estanque con una cañería de bambú. A veces sube al monte Hino y contempla el cielo que también cubre la capital. Durante las noches serenas, recuerda a los viejos amigos.

Chōmei narra acontecimientos de tiempo atrás: al principio es protegido por la corte gracias a su don para componer versos y sonidos. Reside cerca del emperador. Pero un incendio destruye gran parte de Kioto y un huracán levanta viviendas y tesoros.

Reina la hambruna, la inundación sucede a la sequía, la Tierra se abre, merodean los bandidos, los clanes Minamoto y Taira guerrean sin cuartel... Todo ante sus ojos.

Estos y otros sinsabores personales en la penumbra (se especula con que no obtiene un puesto oficial) hacen que tome la decisión de construir su primera cabaña. Las siguientes serán cada vez más pequeñas.

Más y más pequeñas, transportables, según aprende a despegarse de lo superfluo. Pasará los días distanciado de intereses a los que otros persiguen atarse, desasido de ambiciones que jamás traen dicha.

Porque retirarse del mundo no es abandonarlo, sino vivir entendiendo el significado de su fugacidad.

Aunque el texto original sea breve (apenas cuarenta páginas en la edición de errata naturae), lo acompañan comentarios modernos de Natsume Sōseki, Jacqueline Pigeot y Tamamura Kyo. Emocional el primero, descriptivo del contexto el segundo y filosófico el último. De gran ayuda e interés para el lector en su conjunto.

Domo arigato, sensei.


De esta manera, con desasosiego y desazón viví durante muchos años en este mundo despiadado. En aquel tiempo, mis menores intenciones se frustraron y fui consciente de mi mala fortuna. Por todo ello, al cumplir cincuenta años, abandoné también aquella casa y me retiré del mundo.

Entradas relacionadas:

martes, 14 de abril de 2026

Un sueño (III)

Reloj sobre pared blanca

En un minuto el corazón debería latir...

Intento tomarme el pulso para averiguar ese número de veces. Pero no lo encuentro.

Rodeo la muñeca. Palpo el cuello. Extiendo la mano bajo la camisa y cuento con la cadencia de las agujas del reloj.

Quizá se esconde más abajo, demasiado profundo, en un enterrado silencio.

O quizá duermo. Duermo y sueño. Sueño que el corazón no existe.

Ni tampoco el reloj, ni la mesilla, ni la lámpara de pantalla blanca ni la habitación gris.

No existe el minuto. Sesenta segundos acuciados para que transcurran ya, ¡ya!

Cuando despierte no entenderé nada. Ni tampoco me importará. Estúpido...

En una vida el corazón debería latir...


Entradas relacionadas:

martes, 7 de abril de 2026

De reyes, reinas y otros héroes (XXI)

Obelisco de Teodosio en Estambul

Ahora manda Tutmosis. Van tres con ese nombre.

Del primero no acaba de quedar claro quién es el padre. ¿Amenofis? ¿Sí? Inaugura la costumbre de enterrar momias en el Valle de los Reyes.

El segundo se casa con su media hermana Hatshepsut y tiene pocos años para usar la plomada (ella en solitario monta un templo que vale doble).

Este nuevo lleva el imperio a sus confines: el Líbano, Siria, Chipre, Nubia, Canaán, las orillas del Éufrates... Un faraón guerrero.

Y, con tanto oro en los cofres, construye también sin descanso. Al correr de los siglos, uno de sus obeliscos acaba en Constantinopla.

Ya sabéis lo que dicen siempre: Tutmosis es grande, Tutmosis es el amo, Tutmosis hace desbordar los pañales de sus enemigos, etcétera.

¡Tutmosis, Tutmosis, ra, ra, ra!


Entradas relacionadas:

viernes, 3 de abril de 2026

¿Qué es…?

Ángel en el Puente de Sant'Angelo de Roma

¿Qué es religión? ¿Qué es creer? ¿Qué es participar en el gran teatro del absurdo?

¿Qué es espiritualidad? ¿Qué es preguntar? ¿Qué es responder desde dentro de uno mismo?

¿Qué es aspirar a una pizca de bien sin tinieblas, sin mandamientos, sin amenazas de castigos por siempre?


Entradas relacionadas:

martes, 31 de marzo de 2026

De reyes, reinas y otros héroes (XX)

Estatua en el templo de Hatshepsut

El rey es una faraona, se llama Hatshepsut. Algo usurpadora, ya que sándalo y mirra le tocaban a su hijastro Tutmosis, pero el caso es que tiene el mundo a sus pies. ¡Eh, tú, gran visir, no te escaquees! ¡Ponte mirando a Luxor y hazme de cojín!

Y va la tía y se pega barba (no estamos en Tenerife ni es carnaval).

En el Alto y en el Bajo Egipto, el tema funciona así: el rey (la reina) se pega barba, convoca a los canteros y a picar piedra. Una fila, dos, tres, hasta que finiquiten el templo de turno.

Este les sale especialmente... Pilonos, terrazas, salas hipóstilas, estatuas osiriacas... La joya de la doble corona.

Estoy impresionado, majestad, a ver qué puede hacer Tutmosis para igualarlo.


Entradas relacionadas:

viernes, 27 de marzo de 2026

Los siete magníficos


Se me ocurre mirar en la consola del blog el número de visitas que suelen tener mis entradas. La respuesta es interesante: siete.

¡Siete! ¡Menuda oportunidad para promover esta banda sonora!

Cuenta Elmer Bernstein que, una vez en España, se sentó a tomar café junto a un caballito mecánico, la típica atracción infantil que funciona con monedas. Y entonces…

Del caballito empezó a sonar música. Notas compuestas por él que llamaban a padres y niños. Fue en ese preciso instante, sigue rememorando, no ante el público de una gran sala de conciertos, cuando comprendió que su vida disfrutaba de significado.

Los siete magníficos.

Entradas relacionadas:

lunes, 23 de marzo de 2026

La mirada de un ignorante

Carteles escritos en Chino sobre una puerta de Jianshui

Una foto al desgaire caminando por las calles de Jianshui: carteles medio rotos, escritos a mano, cubren una puerta que ya nadie atraviesa.

Ni siquiera sé leerlos. ¿Una declaración de amor, un relato de paz, un poema sobre el paso del tiempo...?

Asoma, apenas el borde, otra imagen más antigua. Hombres con ropas blancas posan sobre fondo negro.

Dos fechas: 1 de diciembre de 1886 y 6 de julio de 1976.

Historias desconocidas para una foto sin historia. Reclamos, quizá mudos de compasión, a la mirada de un ignorante.


Entradas relacionadas:

jueves, 19 de marzo de 2026

Memorias de una vaca

Portada del libro Memorias de una vaca, de Bernardo Atxaga

Título y autor/a:Memorias de una vaca, de Bernardo Atxaga.
Clave de lectura:Mo narra sus aventuras y desventuras.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Una historia muy simbólica.
Música:Agur, jaunak!, de Tomás Garbizu ♪♪♪

Tras leer Memorias de una vaca, descubro que se cataloga como «literatura juvenil». Me llevo una sorpresa.

La historia de Bernardo Atxaga, muy simbólica, comienza cuando Mo decide hacer caso al Pesado. Contará desde el nacimiento en Balanzategui hasta la vida actual junto a soeur Pauline Bernardette.

El Pesado es una voz que habla en su interior, dando muchas vueltas a todo. ¡Como si no pudiera llamar hierba a la hierba y paja a la paja!

Porque chocan dos puntos de vista sobre la razón de existir bovina: no hay cosa más tonta en este mundo que una vaca tonta, o al revés, el resto de animales les queda bastante por debajo.

Lo primero notable supone vencer a los lobos por 1940, tras cierta guerra humana cerca del caserío.

Aparecen el malvado Gafas Verdes y los hermanos dentudos, vigilantes en el molino.

Aparece La Vache qui Rit, compañera de aventuras y desventuras hasta que se une a una partida de jabalíes.

Aparecen Genoveva y El Encorvado. ¿Por qué los banquetes de pienso, a veces a las vacas rojizas, a veces a las negras? ¿Por qué sacan a unas u otras del establo? ¿Tiene que ver con los extraños que bajan del monte? ¿Con la guerra que se supone... terminada?

Si Atxaga tuvo siempre al lector juvenil como destinatario —incluso ha sido texto escolar, sigo descubriendo—, lo único que me queda es creer que ese espíritu pervive en algún rinconcito. Preguntaré a mi Pesado, a ver qué opina.


Por fin entramos, y la música de violín me envolvió. Al fin estaba en Balanzategui, dentro de mi casa. Y cuando las vacas que estaban allí reunidas me saludaron, qué tal Mo, bienvenida Mo, adelante Mo, me sentí alguien. No, no era poca cosa lo de ser vaca.

Entradas relacionadas:

lunes, 16 de marzo de 2026

¡A la carretera!

Coche antiguo

Durante años fui feliz: no tuve que ocupar ese maldito asiento.

¡Cacharro del inframundo, capaz de hacer a san Cristóbal convertirse al budismo! Brooooooom, broooooom, ¡nada de coches entre mis posesiones materiales!

¿Por qué sufrir en autopistas y rotondas, asediado por seres que alguna vez se llamaron humanos, a derecha, a izquierda, por arriba, por abajo, desde dimensiones donde la palabra «intermitente» se usa en conjuros de carácter atroz?

¡Si el tren o el metro van rectos! ¡No se cruza nadie! ¡Puedo hasta leer con una bolsa de pipas!

En fin, como digo, durante años no tuve que poner las manos en un volante. Fui feliz. Pero ¡ay!, las circunstancias de la vida... No me queda otro remedio.

Veamos, esto era el pedal de acelerar, esta la palanca de marchas, este botón, ¿para qué sirve? Que alguien le dé un tiento a la manivela de arranque, por favor... ¿Cómo, que ya no se usan? ¿Qué pensaría de ello el káiser?

De vuelta a la carretera, que san Cristóbal me acompañe con una tila.


Entradas relacionadas:

jueves, 12 de marzo de 2026

La fábrica de Absoluto

Portada del libro La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek

Título y autor/a:La fábrica de Absoluto, de Karel Čapek.
Clave de lectura:Dios se libera por fin. Y está en todas las cosas.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Le falta un punto de grandeza.
Música:Misa glagolítica (Introducción), de Leoš Janáček ♪♪♪

Leo La fábrica de Absoluto hasta la mitad con placer, casi fascinado. Luego parece que la inventiva tomara un descanso. El conjunto aún se sostiene, pero…

Karel Čapek explica que escribió los primeros capítulos libremente, con idea de publicarlos por entregas, y los demás «para escapar de la persecución de la imprenta». No esperaba el éxito y de alguna manera debía seguir.

El ingeniero Marek cede la patente de su invento, el Karburátor, a G.H. Bondy, director de la Metallo-Electric Company. Al poco, las solicitudes internacionales desbordan su escritorio: altos hornos, calderas, motores de automóvil, de avión, de barco, trenes…

El Karburátor genera energía desintegrando átomos hasta la última partícula. Un solo kilogramo hará funcionar una fábrica, incluso una ciudad, durante cientos de horas. Ahora bien, Marek advierte al comprador de efectos secundarios.

Bondy, con el escepticismo de un industrial moderno, tampoco puede ignorarlos: cuando se acerca al prototipo, cae en éxtasis.

Al transformarse en energía, la materia libera la esencia de todas las cosas. El Absoluto. Hay quien lo llama «Dios».

El consejo de administración de la Metallo-Electric Company se desprende de sus riquezas. Los bancos queman el dinero. El Absoluto no respeta la lógica económica, lo suyo es crear.

Produce lo que sea, textiles, azúcar, papel, zapatos, chinchetas, en cantidades multiplicadas como los panes y los peces. No importa que nadie los necesite.

El arrebato crece. Las personas, los países, el globo, bullen de pensamientos religiosos. Aunque no iguales, ahí reside el problema.

De hecho, el obispo Linda aconseja interrumpir el proceso. No se trata de un Dios legal, reconocido y respaldado por la autoridad de la Iglesia, y todo lo que se salga de su control ha de considerarse herético.

Kuzenda predica desde una draga milagrosa en el Moldava y Binder desde un tiovivo volante. ¡En nombre del Señor!, gritan los partidarios de ambos cuando se encuentran a puñetazos.

El cuartel de Vršovice envía un ultimátum al de Černin, exigiendo que acepten su dogma de los tres grados de salvación. La negativa desencadena las hostilidades.

Baviera ataca a Prusia (apoyada por el ejército español), Irlanda a Inglaterra y los musulmanes a los cristianos. Los Karburátores enemigos han de destruirse.

Bobinet, nuevo Napoleón, despliega la bandera del ateísmo francés. Vano intento. Finalmente se lucha la Gran Guerra. Los beduinos cabalgan por Suiza, los cosacos por el Sáhara, se suceden los imperios de Uruguay, Brandeburgo y Patagonia, Bobinet sigue los pasos de Alejandro en Asia…

Los últimos trece soldados se miran con desconfianza al pie de un abedul. Uno dice: «Vamos, muchachos, dejémoslo».

Es una pena que Čapek no exprimiera al máximo las posibilidades narrativas de su idea. ¿Novela original? Sí. ¿Disfrutable? Sí. ¿A la que falta un punto de grandeza? También.


[…] se aprobó una resolución declarando que el Absoluto era propiedad exclusiva del proletariado y que la burguesía no tenía derecho a honrarlo ni a beneficiarse de sus milagros. Se dieron instrucciones para idear un plan para un culto obrero del Absoluto y para llevar a cabo medidas defensivas secretas en caso de que el capital intentara explotar o apropiarse del Absoluto.

Entradas relacionadas: