jueves, 18 de junio de 2026

De Venezuela al Kurdistán, crónicas de un destino

Portada del libro De Venezuela al Kurdistán, crónicas de un destino, de Carol Prunhuber

Título y autor/a:De Venezuela al Kurdistán, crónicas de un destino, de Carol Prunhuber.
Clave de lectura:Un periplo vital con gentes y en lugares olvidados.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:El mundo tiene eslabones impredecibles.
Música:Yol, de Ömer Zülfü Livaneli ♪♪♪

Si algo enseña la experiencia es que el mundo tiene eslabones sorpresivos, impredecibles, y la cadena de casualidades donde estos se engarzan puede conducirnos a una nueva realidad vital.

Algo parecido expresa Carol Prunhuber en el libro De Venezuela al Kurdistán, crónicas de un destino. Lo ejemplifica consigo misma, dando voz a nombres y paisajes que no esperaba al estudiar Literatura en París.

Si no hubiera acudido aquel día al Festival de Cannes... Si no la hubieran sentado a ella y su amiga en una mesa del restaurante con dos desconocidos... Si un periodista no hubiera necesitado traducción para entrevistar al director de Yol, que ganaría la Palma de Oro... Si este no hubiera insistido en saber más sobre América Latina...

Comienza así un periplo que desemboca —no finaliza— en el viaje a una tierra que «no existe», Kurdistán, con montañas llenas de significado, habitadas por gentes duras y hospitalarias en medio de la guerra eterna.

Porque, si Jomeini y Sadam dejan de aniquilarse mutuamente, volverán los ojos solo hacia ellos. El gobierno turco tampoco mostrará piedad.

Aun narrado en primera persona, Prunhuber quiere darle el mayor protagonismo a dos figuras: el cineasta Yilmaz Güney y Abdul Rahmán Ghasemlú, líder del Partido Democrático. La memoria pivota a su alrededor hasta que la enfermedad se lleva al primero y las balas iraníes al segundo —un atentado en Viena cuyas implicaciones las autoridades locales prefieren condenar al silencio—.

«Gracias por tu interés, espero te inspiren estas vidas que me transformaron»: así dice la dedicatoria que me firma. Ignoro qué ocurrirá mañana, incluso dentro de cinco minutos, pero como elogio me remito al primer párrafo de la entrada.

El mundo tiene eslabones impredecibles.


Ajeno al entramado que el régimen urdía, Rahmán avanzaba hacia la muerte. Desechó cada señal de peligro, desestimó la intuición que le gritaba que tuviera cuidado. Convirtió el deseo de paz en la única meta y obvió las advertencias de los amigos y de Helene.

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lunes, 15 de junio de 2026

Poco eficiente

Ruinas en Ammán

Alma... La Inteligencia luce vena poética —o quizá divina, ¿quién sabe?—, no me lo esperaba.

Un amable lector me hace llegar la respuesta de la Inteligencia tras pedirle que evaluara este blog. Comienza precisamente así: «Tiene alma».

Añade que «no es una mala página, honesta, personal, muy viva. No parece hecha para agradar al algoritmo». Me derrito.

«Presencia digital sostenida durante años, casi arqueología». Decido poner una imagen de carrete y música sobre arqueólogos en la entrada.

«Hay una idea fuerte de Internet como red cultural y no solo como escaparate. Esto hoy es meritorio, porque casi todo ha degenerado en promoción, marca personal o contenido triturado por plataformas».

Aunque luego saca una retahíla de defectos que, si la transcribo entera, del derretimiento paso a la licuefacción. «Mucha identidad y poca jerarquía visual». «Arquitectura que trabaja en su contra». «Los widgets generan ruido semántico». «Como una pieza de cámara en mitad de una feria»...

Un largo etcétera. Veredicto definitivo: «Muy humano. Muy poco eficiente».

Nunca aportaré el grano de arena para mejorar el mundo, se ve. Ni tampoco me haré millonario.

Pero al final me va a caer bien la Inteligencia.


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jueves, 11 de junio de 2026

El precipicio de mis noches

Portada del libro El precipicio de mis noches, de Marisa López Diz

Título y autor/a:El precipicio de mis noches, de Marisa López Diz.
Clave de lectura:Poesía para desbordar los sentidos.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Un libro de artistas.
Música:Romeo y Julieta (Escena del balcón), de Sergei Prokofiev ♪♪♪

El precipicio de mis noches comparte algunos poemas con otro título de Marisa López Diz, Bajo el verano de tu boca. ¿Por qué?

Porque la imagen acompaña aquí a la palabra: Sara Sanz Nisa firma ilustraciones que nos impulsan, con renovada pasión, a recorrer el mundo de su autora.

El amor se entrelaza con el tiempo. El deseo tiene un antes y un después, preludio a su vez de lo que no puede saciarse, como la piedra de Sísifo, aunque el castigo mude a recompensa.

Mandarina, jazmín, hibisco... La noche son horas llenas de fragancia. Desde los ojos hasta las piernas tiemblan.

Las ausencias se velan de escarcha. Las imágenes de los cuadros —Courbet, Klimt, Lautrec— cobran inesperada vida. Hay alimentos que sustituyen al más delicioso pan.

Y las texturas, volúmenes y colores de los dibujos nos dicen que sí, es cierto lo que leemos: alguien se convierte en nuestro país y evocarlo en nuestra realidad latente.

Poesía para desbordar los sentidos.


Conservar tu recuerdo
en la vigilia de mis brazos,
acariciar el aire que respiró tu boca,
teñir la madrugada
con las uvas negras de tus ojos,
beber tu anhelo en solitario trago,
crucificar el cielo
a la belleza de tu carne...

Ese será mi plan
para las próximas noches.

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lunes, 8 de junio de 2026

Nuestro mundo (XXVIII)

Ruinas del Partenón

Lo que me cuenta la profesora tampoco hace que eleve los brazos en gesto de súplica. Se trata de detalles sobre una historia conocida.

Sus alumnos niegan la existencia de palabras como «colindante» o «alicatado» y se amotinan cuando les exige no obtener la solución a un problema de una inteligencia artificial.

En los exámenes de acceso a la universidad escucha protestas porque ¡no saben calcular porcentajes!

Por otra parte, el planteamiento erróneo de algún ejercicio, así como las respuestas aceptadas como válidas, lleva a que estudiantes de sobresaliente se queden sin él.

Las últimas ruinas peligran. El sistema premia a los que no dan un palo al agua en espera de que la vida les venga cocinada y castiga a los que intentan aprender algo diferente a las consignas de redes sociales.

Aprender implica actividad. Denota deseo de demostrarse a sí mismo que no somos —no únicamente— marionetas. Si tantos hilos nos atan a la ignorancia, lo imperdonable es conformarse o incluso preferirlo.

La profesora me cuenta que, de aquí a poco, estos alumnos ocuparán un lugar en el ámbito político, cultural, económico... Sus creencias y carencias definirán qué palabras existen y cuáles no.

Palabras y conceptos a extinguir, ideas que obedecer, retos sobre los que vociferar.

¿Elevo ya los brazos? Quizá debería.


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jueves, 4 de junio de 2026

Fortunella


Los jueces se observan entre sí, no sabemos si con pesadumbre o serenidad. Deben emitir un veredicto.

Dura lex, sed lex, murmura uno. Otro canta por dentro: la, re, fa, mi, re, fa, re, mi... No hay duda posible.

Un tercero aún quiere soñar con alguien que le inspire. Quizá si viniera il suo fratello desde Sicilia… Miraría hacia atrás y sabría qué decir en el tribunal.

Demasiado tarde. O demasiado pronto. Sin remedio, en cualquier caso: vetan la banda sonora de El padrino para recibir el Óscar.

Nino Rota ya había usado esa melodía en una película anterior, Fortunella, y existen reglas según las cuales...

En fin, Fortunella, es tu maldición y tu momento de fama.

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lunes, 1 de junio de 2026

Nuestro mundo (XXVII)

Carteles de bicicleta y ruta 66

Pasa a centímetros de mí. En el último segundo, no sé cómo, consigo evitar que me arrolle.

Alarmado, giro la cabeza y encuentro un gesto de inequívoco desprecio, de «fuera de mi camino».

Compruebo a continuación el semáforo por si me hubiera distraído: confirma el color correcto para cruzar. La bicicleta se lo ha saltado.

No hay motivo en realidad de sorpresa, jamás he visto una bici rodar según las normas. Lo que me da rabia no es el incumplimiento, sino la cara prepotente que lo acompaña. ¿Arrepentido? ¡Al contrario!, esas normas no van con él y si acabo sobre el asfalto es mi culpa.

Lo que me da rabia es la ignorancia para distinguir entre «poder» y «deber», como señalaban los viejos manuales de filosofía. ¿Puedo ignorar el muñeco verde? ¿Debo ignorar el muñeco verde?

Creer que, en una sociedad enseñada a que aquellos que pueden, hagan, el ciclista va a dejar de lado el «yo primero» por razón moral si no hay un policía observando... Quizá soy un estúpido.

Confiar en que, pese a los ámbitos que demuestran cada día lo contrario —política en portada, muchos otros por detrás—, vamos a evitar un mundo distópico solo porque es lo correcto, lo que está bien...

Ya, ya, se me ha ido un poco la cabeza, perdón.


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jueves, 28 de mayo de 2026

Praga

Portada del libro Praga, de Manuel Vázquez Montalbán

Título y autor/a:Praga, de Manuel Vázquez Montalbán.
Clave de lectura:Una ciudad como símbolo de múltiples significados.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:No es suficiente.
Música:Sinfonía nº 38 (Adagio - Allegro), de W.A. Mozart ♪♪♪

¿Qué convierte a alguien en poeta? ¿Escribir versos?

Aunque todos podemos abordar esta forma de expresión con diversos grados de fortuna, los versos «de verdad» contienen algo inexplicable. Un horizonte por encima del cual el lenguaje no ha inventado nada mejor que describa la vida.

¿Dio el paso Manuel Vázquez Montalbán? ¿Se acercó a la cima en Praga?

Praga es un símbolo. Es pregunta y decepción por los tanques que la someten. Es Kafka y es Mozart. Es fracaso y es memoria. Esperanza, amor, banderas, mundo real...

Es la historia donde los vencedores pierden y los vencidos aún más. «Praga es una ciudad de Ferias y Congresos».

Aventuro que para el autor fue una obra llena de significados personales. Lo que ocurre es que comprendo los versos pero... no los interiorizo. No los vivo. Quedan en un espacio emocional neutro.

Las entrañas me dicen que no basta. Qué rara es la poesía.


ciudad del deseo cuerpo
de entregas concertadas
no hay pecado hay encuentros
entre cuerpos sin dramas
asfalto carne rascacielos lechos
la piel no habla no suda no ama

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lunes, 25 de mayo de 2026

De reyes, reinas y otros héroes (XXIV)

Napoleón en Cherburgo

El sol aquella mañana en Cherburgo proyectó sobre mí la poderosa sombra del emperador.

Él esperaba que lo hiciera. Sus ojos, contemplándome desde lo alto del caballo, hacían innecesarias las arengas o las voces de mando. ¿Acaso no guardaba en la mochila un bastón de mariscal?

«Ve al muelle del ferry, coge un billete hasta Portsmouth, navega y conquista Inglaterra, jo, jo, jo». Estas fueron sus mudas palabras.

Oh, sí, jo, jo, jo, Inglaterra, qué tentador. Jo, jo, jo... (risa megalómana).

Solo un obstáculo se interponía en mi camino: aquella cadena entre bolardos. «Desvíate, cruza la acera más lejos», parecía desafiarme a dos palmos de altura el símbolo de la opresión.

Pero vi gaviotas desplegando sus alas. Y sentí que eran las águilas de Marengo, de Austerlitz, de Ulm...

Avancé a paso de carga, flexioné la rodilla, levanté la pierna, me impulsé en el aire, ¡allons, allons, pour la gloire!

¿Marengo? ¿Austerlitz? Waterloo... La cadena hundió sus herradas fauces en el tobillo. Mi pantalón era un estandarte roto y mi cuerpo un dibujo en el pavimento.

La ley de la gravedad (escrita evidentemente por un súbdito de Albión) había dictado sentencia.

Desde entonces, bonapartista irredento, cuando me topo con un obstáculo a esos dos fatídicos palmos del suelo, oigo cómo se ríe de mí. Y doy un rodeo. Qué ignominia.


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jueves, 21 de mayo de 2026

El esclavo

Portada del libro El esclavo, de Isaac Bashevis Singer

Título y autor/a:El esclavo, de Isaac Bashevis Singer.
Clave de lectura:Jacob y Wanda se adentran en un mundo de intolerancia.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Gran novela, así de sencillo.
Música:Lullaby for Kamila, de Nigel Kennedy & Kroke ♪♪♪

El esclavo es una gran novela, así de sencillo. Podría buscar calificativos más sutiles o quizá más rotundos, pero difícilmente más adecuados.

Isaac Bashevis Singer recrea un mundo donde las idealizaciones sirven de poco: es sucio, es cruel, es ignorante... Lo habiten judíos o cristianos.

Las guerras no descansan y Polonia se encuentra en medio. Suecos y moscovitas asolan el reino. Los cosacos masacran a las comunidades hebreas.

Jacob consigue escapar a la matanza, aunque pierde a su familia. Es vendido a unos campesinos para cuidar el ganado; mientras no aparezcan el hambre o las epidemias, lo dejarán vivir.

Allí conoce a Wanda, la hija de sus dueños, una joven también viuda que se enamora de él. Algo que tanto gentiles como seguidores de la ley mosaica impiden y castigan.

Jacob intenta comprender los designios del Creador. ¿No triunfa el mal en todas partes? ¿No pecan aquellos que rezan y luego roban, calumnian y buscan la caída de los demás?

¿Es culpable ante los ojos divinos por corresponder a Wanda? ¿No son las filacterias y mantos rituales tan ajenos a los sentimientos como imposibles de rechazar?

Rescatado tras años de cautiverio, no consigue olvidarla: acude a la aldea de incógnito y ambos cruzan los bosques. Bajo el nombre de Sara y fingiéndose muda, puede que en los dominios del conde Pilitzky tengan alguna oportunidad.

Jacob, no me dejes más, Jacob, resuena en sus oídos. Pero será un nuevo comienzo marcado por el miedo de siempre. Cualquier pequeño error y...

La escritura de Singer resulta tan hermosa como efectiva. No se pierde, no da vueltas en círculos, quiere narrar lo que narra y lo hace como un nobel.

Su historia trata de penumbras, no solo las que cubren manifestaciones externas, sino en el propio espíritu de los personajes. Amos y siervos, rabinos, sacerdotes, soldados, estudiantes, comparten intolerancia por igual.

¿Existe sin embargo espacio para una lejana luz?


Los mendigos lo perseguían, tirándole de la chaqueta, bendiciéndole y maldiciéndole. Le abucheaban, le escupían y le tiraban piojos. Apenas podía zafarse de ellos. ¿Dónde estaba Dios? ¿Cómo podía permanecer en silencio ante tanta necesidad? A no ser que, Dios nos libre, a no ser que... no hubiera Dios.

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lunes, 18 de mayo de 2026

De reyes, reinas y otros héroes (XXIII)

Dragón

Su madre se irritaba ante cualquier huella de tizne en la pared. Quiero una cueva reluciente, ¿me oyes? Y más valía hacerle caso, con ese genio suyo de mil lagartos; por eso vive tras la cascada.

Siempre ha sido alguien de costumbres. De jornadas donde reina el orden.

Por la mañana se despereza, se limpia los dientes —¡esos caninos, orgullo familiar!— y practica ejercicios de calentamiento. La llama amarilla, no bermeja ni azul, sonríe al recordar las lecciones. A continuación sale a su ruta habitual.

Primero visita las granjas del oeste: un par de reses para el desayuno, con su correspondiente cubo de leche.

Después las del norte —¡qué ricas ovejas!—, las del este —patos y ocas— y las del sur —torreznos, su única concesión a la dieta—. Si mamá le viera comiendo chuches...

Por fin llega a palacio, mata el gusanillo con algún alabardero y encarga al maestresala el menú de tarde: doncella con trenzas en su jugo y guarnición caballar. Ah, la gualdrapa que sea de seda, el tacto del lino le raspa. Pueden hacer la entrega a domicilio.

De regreso le espera una buena siesta. Orden, orden, orden.

Pero hoy... Al abrir los ojos, una silueta distinta se recorta en la cortina de agua. Qué raro, no le llega aroma a doncella, aunque sí un toque picantito de alazán. ¿Y eso que apoya en el estribo? ¿Una lanza?

Se incorpora y acude al umbral con pasos lentos. ¿Tú quién eres?, pregunta asombrado. ¿Dónde está el pedido?

Soy el nuevo repartidor, le contestan. Me llamo Jorge.


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