¡Ha muerto! ¡Él era tu hermano! ¡Él, qué horror! ¡Estás vengada, oh madre! ¡Y yo aún vivo!
Cae el telón: Manrico ejecutado, veneno en Leonora, Azucena loca, el Conde de Luna fratricida... Sin contar con la madre y el hijo natural de Azucena, consumidos por la hoguera. Y los soldados cuya sangre cubre el campo de batalla. Antes hacían dramas de verdad.
Cae el telón, digo, y el Real se viene también abajo con ovaciones. No solo
Así acaba una temporada por lo demás muy interesante. La idea de alternar «superventas» y títulos menos habituales me encanta; «descubrir» continúa significándose como un gran verbo.
Comenzó con
Luego vino
Junto al entramado orquestal de Dukas, opulento como pocos, el libreto de Maeterlinck consigue trasladar la contradicción entre el deseo de libertad y el miedo a la libertad. Ariadna se pone en peligro cuando abre la puerta que conduce a las cinco esposas anteriores de su marido, rompe un boquete en la mazmorra, las convence de escapar... Pero los campesinos apresan a Barbazul y ellas toman partido por su «amor». Eligen finalmente quedarse.
Los optimistas clamarían que lo mejor siempre nos aguarda delante. Haciendo caso a ese espíritu, ya os contaré.
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