domingo, 12 de diciembre de 2010

Caminando

Te acercas, caminando.
¿Sobre la tierra? ¿Sobre el aire?

Mi mirada encuentra la tuya
una fracción de segundo.

Me alejo, caminando.
¿Sobre el aire? ¿Sobre la tierra?



viernes, 10 de diciembre de 2010

Mariposas

Me di cuenta mientras comía: estaba fuera, al otro lado del cristal.

Recordé la tarde en que una de ellas se había posado sobre la ventana de la oficina, aunque cuando quise llamar a más testigos, nadie me creyó. Demasiado alto, dijeron, te lo estás inventando.

También me vino a la memoria aquella que volaba en el vestíbulo de la estación, y aún otra más que, asombrosamente, entró detrás de mí al vagón del metro.

Es todo verídico, veo continuamente mariposas a mi alrededor. ¿Una señal? Lo que no sé es qué querrá decir.



domingo, 5 de diciembre de 2010

Contra el viento del norte

Imaginarse a una persona a través de sus palabras, esperarlas con impaciencia, enamorarse de ellas... Algo así es lo que les ocurre a los protagonistas de esta novela de Daniel Glattauer: Contra el viento del norte.

Emmi y Leo lo tienen todo más o menos encauzado. Ella, diseñadora gráfica, se encuentra casada con su antiguo profesor de piano. Él acaba de salir de una relación tormentosa y se concentra en su trabajo en la universidad.

Un día, Emmi equivoca el correo electrónico donde solicita la baja de su suscripción a una revista. Leo responde, iniciándose así un intercambio de mensajes. Y llegan a abrirse tanto el uno al otro que temen encontrarse físicamente, por si las imágenes que se han formado en sueños no se correspondiesen con la realidad. Hasta que ya no pueden más. Entonces...

Para apreciar el libro hay que partir de sus buenas intenciones, es decir, creer en el azar, en que es posible que de la indiferencia surja el más poderoso imán, que el sentido de la vista pueda ser dejado de lado y, sobre todo, que se pueda tener miedo al amor.

Y aunque no se trata de la octava maravilla literaria, ni muchísimo menos, y de la prevención que suelen causarme los superventas, este me pareció agradable. Tiene un final abierto y precisamente acaban de publicar la segunda parte. A ver si para Reyes...



miércoles, 1 de diciembre de 2010

Al despertar

Al despertar, la lluvia, el frío, la oscuridad, se alejan al otro lado del vidrio.

Sé que hoy hallaré la luz y el color de las hojas de los árboles.

Así que, hala, andando al curro.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

La transformación

Volvía caminando a casa aquella madrugada, y se me ocurrió atajar por el parque. Más que las raquíticas farolas dispersas aquí y allá, arrancando sombras chinescas de los árboles, era la luna llena la que me guiaba. El silencio era total.

De repente, noté los síntomas. ¿Por qué sudaba de esa manera, por qué esos temblores, ese vello erizado? Miré alrededor con alarma: nadie. ¿De verdad no había ojos ocultos observando? Mis pasos se hicieron de plomo. ¿Y si por una vez no luchaba contra ello? ¿Y si dejaba salir a la fiera que vive en mi interior?

No pude contenerme más, el raciocinio me abandonó, fue puro instinto. Sin otros testigos que pudieran acusarme, las lechuzas, los somormujos, puede incluso que alguna ardilla en duermevela, sufrieron las consecuencias de la transformación. De mi garganta brotaron los primeros sonidos: la, la...

Laralalera, laralalaaaa, laralalera, laralalaaaa, largo al factotum della città, largoooo, laralalaralalaralalaaaaa...


domingo, 21 de noviembre de 2010

Flowers' love

Junto con otros selectos gourmets, hállome invitado a cenar en casa de dama principal. La anfitriona, que desea conocer con anticipación nuestras preferencias, nos pregunta:

–¿Qué os gusta más, la carne o el pescado?

La primera interpelada responde que a ella le place el pescado, si bien su señor marido se inclina por la carne. Regocijo general.

Otro sibarita manifiesta catar ambas con mayor o menor delectación. Nuevas expresiones risueñas.

El tercero de la lista, es decir yo, se muestra dubitativo. A ver, ¿hay aquí algún doble sentido? ¿De qué estamos hablando exactamente?

Por fin, doy con la clave: contesto que soy vegetariano. Así cubro cualquier significado de la conversación.

Pero bueno, ¿de qué se ríen ahora? ¿No saben que las plantas se comen? ¿Y que además... mmmm... se polinizan?



jueves, 18 de noviembre de 2010

Primavera mortífera

Hoy nos acompaña un maestro, Lajos Zilahy, con su novela Primavera mortífera.

Se trata de una extensa carta que el protagonista, de quien nunca llegamos a saber el nombre, dirige a un amigo de su infancia. Le ha visto llegar al mismo hotel donde él se aloja, ha reconocido a la mujer a su lado como aquella chiquilla que fue compañera de juegos de ambos, y en lugar de saludarlos con gozo ha corrido a ocultarse, a redactar para ellos sus últimas líneas a la luz de una lámpara. Porque, cuando llegue el alba, quiere pegarse un tiro en el corazón.

Un joven apuesto, terrateniente acaudalado en la Budapest imperial, miembro de la élite, con una prometedora carrera en ciernes, ¿qué le impulsa a tomar tal decisión? ¿Quizá Edit von Ralben?

Rememora el momento en que se cruzó con ella en la escalera de casa, la fiesta a la que pudo hacerse invitar, sus primeros paseos en el monte Gellért, arropados por la complicidad de la madre, la primera vez que apoyó la cabeza en su regazo, la primera vez que la vio desnuda... Y también, la primera vez que la vio hablando con el conde Ahrenberg. ¿Su rival?

A partir de aquí su existencia empieza a resquebrajarse: juego, deudas, desprecio social... Hay una posibilidad de salvación cuando entra en escena Józsa, que arrastra sus propios secretos. Ella le ama, pero, ¿será eso suficiente?

Venga, que es una novela estupenda, de verdad, hacedme caso, no os lo penséis más. Vuestro destino es leerla.



domingo, 14 de noviembre de 2010

Moras

Sube al vagón y se sienta a mi lado. Abre la tartera y empieza a comerlas, al principio deprisa, casi con ansia. Luego más lentamente, como si su sabor le susurrase algo al oído.

Moras. Negras, maduras, dulces. Ecos de mis veranos infantiles en el pueblín de los abuelos. La misma avidez al cogerlas de los zarzales, la misma calma después.

Veo el camino que abandona las últimas casas, bordeando las cercas de piedra, los campos de maíz, los prados de manzanilla. Veo las moras que brotan silvestres en las lindes.

Ya estoy cerca del acantilado. Enfrente de mis ojos, el mar. Más allá, la torre del faro. A mi espalda, en el horizonte, se dan la mano las cimas de las montañas.

Si continúo caminando llegaré hasta la vieja ermita, junto a la cueva con dibujos en las paredes: peces, ciervos, búfalos, caballos, un mamut con su nítido corazón...

Y cruzando el bosque, junto a los regatos, las ruinas de arcos medievales se alzan como si fueran sillares de un castillo donde poner a prueba mi espada de madera, la que me ha tallado el abuelo.

He llegado ya a mi estación, me levanto para salir. Miro a la desconocida. Las moras descansan aún en su regazo y sonríe levemente, con los ojos entrecerrados. ¿En qué piensa?

Me gustaría llevar en este momento una cámara mágica. Una que pudiera sacar una imagen de nuestro interior.



domingo, 7 de noviembre de 2010

Propuesta a la Real Academia

Omóplato u omoplato

Del lat. omoplăte, y este del gr. ὠμοπλάτη.

1. m. Anat. Cada uno de los dos huesos anchos, casi planos, situados a uno y otro lado de la espalda, donde se articulan los húmeros y las clavículas.

2. Sobre el mar de tu espalda, junto al borde del mundo de tus hombros, dos olas. Cuando mueves los brazos se alzan interrogantes, inquietas, alegres, y luego vuelven suavemente a caer. Qué mano pudiera acercarse a ellas, nadar entre ellas, trazar sobre ellas círculos de espuma...


jueves, 4 de noviembre de 2010

Un dólar

− One dollar, sir, one dollar, you get one, two, three, four, five, five for one dollar...

Y tú continúas tu camino, no has venido hasta el otro lado del mundo para comprar pulseras con cuentas de madera, quieres ver piedras, templos, palacios, construcciones de leyenda en medio de la selva.

− Monsieur, monsieur, très beaux, très beaux, un, deux, trois, quatre, cinq... Très beaux.

Vaya, también habla francés, es una cría muy espabilada. Consigue sacarte una sonrisa mientras trota a tu lado con su pequeña cesta de abalorios.

− Señor, un dólar, muy bonitas, señor, una, dos, tres, cuatro, cinco, sólo un dólar, señor.

Y te detienes, y parece contenta de haber dado por fin con el idioma adecuado, y se pone en la muñeca los adornos para mostrarte qué bien quedan. Y sigue contando: una, dos, tres, cuatro, cinco... por un dólar.

Y el sagrado papel con la efigie de Washington sale de tu cartera y a ella se le ilumina la mirada cuando lo depositas en su mano, y te hace una reverencia, muchas gracias, señor, y se va para entregárselo a alguien a quien no ves.

Y eres tú quien de los dos se siente más pobre por dentro.



miércoles, 27 de octubre de 2010

El gato al que le gustaba la lluvia

Nuestro libro de hoy comienza cuando Lukas cumple seis años. Sus padres, Axel y Beatrice, le regalan a Noche, y él se compromete a cuidarlo responsablemente. Su hermano mayor, El Torbellino, no piensa ayudarle. Al contrario, para hacerle rabiar preferiría que echaran al intruso de casa. Y un día, al despertar, ha desaparecido.

Beatrice intenta tranquilizar a Lukas: no puede haber ido lejos, porque está lloviendo y todo el mundo sabe que a los gatos no les gusta mojarse. Pero, ¿y si el suyo fuese especial? ¿Y si hubiera viajado al País de la Lluvia, dentro de una gota de agua gigante? Al menos, esa es la versión de Axel.

No, seguro que es un cuento, ha de recuperar a su mejor amigo como sea. Colocará carteles en todo el barrio, ofreciendo un millón de recompensa, aunque primero tenga que averiguar cómo se escribe esa palabra. Y si es necesario, se escapará aún más lejos, con su almohada y dos bocadillos metidos en la mochila del colegio, para seguir buscando.

El gato al que le gustaba la lluvia, de Henning Mankell. ¿Literatura infantil y juvenil? Bien, de acuerdo. ¿Infantiloide? En absoluto. Mankell sabe lo que se hace, tanto en sus famosos títulos policíacos como en sus demás registros. De hecho, puede dirigirse a todo el mundo que no tema leer con otros ojos. Al fin y al cabo, como nota Lukas, «los padres piensan más despacio que los niños, y a veces les cuesta entender cosas sencillas».



jueves, 7 de octubre de 2010

Más historias de la Cochinchina

Hablábamos hace poco del caodaísmo, si no recuerdo mal. Hoy vamos a comentar algo más conocido: el taoísmo. Este resumen de sus creencias me lo hicieron rodeado por volutas de incienso, mientras visitaba un templo del barrio chino de Saigón. Ya me tenían medio convencido, un poco más y levito. Ooooooooommmmmm...

Lo más importante es el concepto de la reencarnación: hay que pasar por una serie de niveles o vidas intermedias, antes de que el alma purificada encuentre el camino al nirvana.

Así que uno se muere y se convierte en espíritu. Desde luego, es un problema. Entre otras molestias, resulta que no puede doblar las rodillas (por eso las puertas de los templos tienen un escalón que impide atravesarlas y dar sustos a los de dentro), y se siente solo y aburrido.

Entonces decide reencarnarse. Si se lo merece, será en una persona. En caso contrario, suerte que le toque un escarabajo pelotero. ¿Qué necesita para ello? ¿Qué es lo que busca con ansia para sus fines? Chasquea los dedos et voilà, aparece a la velocidad del rayo en el lugar idóneo: ahí lo tiene.

Mejor dicho, ahí los tiene. Lo que viene bien a sus planes es una pareja de amantes. No resulta difícil encontrarla, parece que medio planeta está dándole al tema. Aunque es importante que primero se cerciore de la elección.

Da unas cuantas vueltas alrededor, sin perderse detalle. Ay, cómo añora volver a ser un ente de carne y hueso. Y hace uso de otra de sus características sobrenaturales: la capacidad de leer el pensamiento. A ver, a ver, lo que está pasando ahora mismo por la cabeza de estos dos...

¿Que no os lo creéis? A mí es lo que me han contado. El resultado es que, si todo está a su gusto, ¡bang!, en el momento preciso el espíritu se cuela dentro de la madre y nueve meses más tarde (en ausencia de medios contraceptivos) viene júnior al mundo.

En resumen, que procuréis pensar cosas buenas en general, pero especialmente en algunas circunstancias. Yo, por mi parte, voy a seguir haciendo méritos para el nirvana. Me he traído a casa un cargamento de esos palitos de incienso. Ooooooooommmmmm...



jueves, 30 de septiembre de 2010

El bandolero

Entro en la peluquería. Sé que intentarán vaciarme la faltriquera, que cuando les diga que simplemente vengo a cortarme el pelo, insistirán en que necesito además una mascarilla nutritiva, un caro champú con extractos de frutas para aumentar el brillo o, en el colmo de la desfachatez, una sesión paralela de manicura. O sea, como si yo fuese un petimetre a la moda de París, un afrancesado, en lugar de un tipo curtido, no sé, al estilo del Tempranillo o de Curro Jiménez.

De manera que me mantengo alerta, sintiendo a través de la tela el peso de mis ducados. O el tacto de la tarjeta de crédito, lo mismo da. Especialmente cuando comienzan con el flequillo, lo que me obliga a cerrar los ojos.

Buenas tardes.

Alguien se acomoda en el sillón de al lado y respondo a su saludo cual hidalgo, sin parar mientes en quién puede ser. Estaré cegado aún unos segundos. Aunque... esa voz...

De repente me entra una sensación como si toda la riqueza que llevo encima fuera a volatilizarse, igual que si viajara en diligencia por Sierra Morena y la misma voz diera un alto imperioso al cochero, al amparo de un trabucazo. Inquieto, arriesgándome a un trasquilón por girar la cabeza, compruebo la identidad del recién llegado.

Mis piernas flaquean, estoy perdido, no tengo posibilidad ninguna de escapar. Él también me mira brevemente, mientras comienzan a extenderle espuma por la cara para un afeitado a navaja, tal como corresponde a su reputación. He de resignarme a desprenderme de cualquier cosa que me exija: oro, reloj, anillos... Lo que él diga.

Como para llevarle la contraria a Curro Jiménez, precisamente. Anda que no sabía yo de pequeño de qué manera se las gastaba por la tele el rey de los bandoleros. Ahora está algo más envejecido, pero si se enfada y llama al Estudiante, al Algarrobo y al Gitano...


domingo, 26 de septiembre de 2010

Los cañones de agosto

Dicen que Los cañones de agosto, de Barbara W. Tuchman, era el libro que tenía Kennedy en la cabeza durante la crisis de los misiles cubanos. Relata lo ocurrido en los albores de la Gran Guerra, en aquellas jornadas de verano de la Belle Époque, cuando una cadena de circunstancias que "nadie había empezado" llevó hasta el desastre.

Qué, quién, cómo, por qué, todos los aspectos van engarzándose en una escalada que atrapa con fuerza la atención. A lo largo de sus páginas asistimos al ultimátum austrohúngaro sobre los serbios, el apoyo ruso a estos, la consiguiente reacción alemana, el gobierno de París activando su alianza con el zar, las presiones del káiser para traspasar la frontera belga hacia las Ardenas, la inmediata oposición británica...

Su tesis final consiste en que, llegados a determinado punto, por extraño que pueda parecer, resultaba más fácil desencadenar las hostilidades que modificar los horarios de los ferrocarriles transportando coordinadamente a las tropas hacia el frente. No habría retorno aunque se hubiera deseado.

Obra, en resumen, muy amena y esclarecedora. Me ha gustado. Hala, a leer.



jueves, 16 de septiembre de 2010

Nuevas historias de la Cochinchina

Año 1921. Te llamas Ngo Minh Chieu y eres funcionario de la administración colonial de Indochina. El día ha pasado... Bueno, como cualquier otro, ni fu ni fa, con calor, humedad y tal. Te vas a una sesión espiritista, para variar un poco.

Anda, acaba de aparecerse un gran ojo de la nada, ahí delante de ti. A lo mejor quiere decirte algo, como quiera que sea capaz de hablar un ojo. No es cuestión de ser descortés, que con estas cosas nunca se sabe. Escucha, escucha.

¿Fundar una nueva religión? No se te había ocurrido, pero tampoco está mal pensado. Se empieza de cero y quién sabe adónde puede uno llegar... Por lo pronto el símbolo ya lo tienes, así, con esa ceja en forma de arco tan bien puesta.

Hay que diseñar la jerarquía. Primero, el Ser Supremo. Como su nombre es Cao Dai, denominas a tu idea Caodaísmo. Después vienen los grandes profetas y santos. Básicamente se trata de elegir a unos cuantos que sean fáciles de recordar: Napoleón Bonaparte, por ejemplo. Y Lenin, y Victor Hugo, y Juana de Arco, y Churchill, y...

Por supuesto, los credos preexistentes tienen su parte de razón, eran pasos necesarios antes de que llegaras tú, la culminación de las revelaciones. Para la cosa teológica, picas un poco de aquí y de allá. Si los sumaras a todos sería la pera. Al que se venga contigo le haces obispo y le das una túnica: las tienes amarillas, azules y rojas. Casi como en el parchís.

El tinglado tiene ya los andamios medio puestos. Necesitas ahora un templo como Dios manda, nunca mejor dicho. Nada de pagodas sencillitas, mejor algo que llame la atención, algo más... em... más kitsch. Y empiezas a dibujar en tu cabeza los planos de la iglesia de Tay Ninh.

Ya verás, van a parar por allí turistas dándole al dedo como descosidos para sacar fotos. Para que terminen de flipar, ofréceles cuatro ceremonias al día con todos los fieles de blanco blanquísimo, hombres a la derecha y mujeres a la izquierda. La curia, que se siente delante. Ah, y el coro que no falte. Exige que sean jóvenes vírgenes, qué menos.

En fin, creo que ya lo llevas encauzado, a ver si mañana no hace tanto calor. Y recuerda, el ojo te mira...



miércoles, 8 de septiembre de 2010

Salomé

Una tarde de agosto. No hace el mismo calor que al mediodía, cuando permanecer un par de minutos bajo el sol podría provocar visiones de oasis con palmeras y cosas raras por el estilo. Sin embargo, aún pega con fuerza, y acaba de cerrarse el semáforo para cruzar la calle. A esperar tocan. Madre mía, como tarde mucho...

–¡Mirad, ahí tenéis a Salomé!

Menudo brinco pego.

–¡Herodes la amaba, pero era un amor de lujuria! ¡Y ella bailó para él!

Efectivamente, el semáforo ha tardado demasiado. Me ha dado el sol en la cabeza y ya han aparecido las visiones. Tengo detrás a un tipo con tupida barba de patriarca, sandalias y una gran cruz de madera sobre el pecho, sólo le falta la túnica y el báculo. Y dice con voz estentórea que introduzca en mis pensamientos a una tal Salomé.

–¡Y bailó, y bailó, y Herodes no pudo oponerse a su voluntad, y el precio fue la cabeza del profeta! ¡Tened cuidado, guardaos de las mujeres, alejaos de ellas, porque traen consigo la lujuria...!

Desde luego, aquí el amigo parece dominado por una idea fija. ¿Le habrá dejado la novia? A punto de iniciar un debate teológico, veo con el rabillo del ojo que el muñequito verde se ilumina y me da permiso para continuar.

Pues que se entere, cuando llegue a casa voy a poner la película Salomé de Carlos Saura, hala, con lo que me gusta la música de Roque Baños, y la coreografía de los siete velos, y la lujuria. Será aguafiestas...


lunes, 30 de agosto de 2010

Historias de la Cochinchina

Estas costumbres que voy a relatar me las contó un cubano que vivía en Saigón, de padre gallego y madre mezcla entre chino y africana. Curioso personaje.

Resulta que uno nace por esas latitudes y al llegar a ciertas edades se da cuenta de que le gustaría encontrar una pareja y quererse los dos mucho, mucho. Vaya manera de copiar a los de otras latitudes... Solución: se va a la cafetería.

Allí, ¿qué se encuentra? Aparte de café, claro. A un lado del local, todas las chicas. Al otro, todos los chicos. En tierra de nadie, el intermediario, en ciertas culturas denominado camarero.

Supongamos que es un chico (ah, y además heterosexual, cuidadín con equivocarse, porque otras posibilidades están fatal vistas). Se sienta, pide la consumición reglamentaria y despliega el radar óptico de búsqueda. Empieza a funcionar: bip, bip, bip...

Bipbipbipbipbiiiiiiiiiiip. Alerta de cercanía. Un objetivo se fija en la pantalla. ¿Que qué tiene de especial, dices? ¿Que se parece a todas las que están a su alrededor? Ay, iluso, eso te lo parecerá a ti. ¿Cómo puedes no darte cuenta de que es única?

Las chicas siguen a lo suyo. O quizá estén a varias cosas a la vez, haciendo barridos con su propio radar. Cuando otro las ilumina, ocurre como en las películas de aviones, que saltan luces de aviso.

Ella no tarda demasiado en identificarle, recordemos que la mirada de él está fija cual besugo en papillote. Pero se guarda mucho de darse por aludida. En sucesivos y espaciados movimientos le regalará uno, dos, hasta llegar a tres segundos como máximo de contacto visual. Y eso, si realmente le gusta.

Tres segundos significan OK. El chico hace una seña al camarero. ¿Ves a aquella monada de allí? No, no, más a la derecha. No, no, ahora a la izquierda. Esa es, exacto. Pregúntale de mi parte cuál es su número de teléfono.

El camarero cumple eficazmente con su labor. Hola, ¿ves a aquel mozo de allí? No, no, más a la derecha, etc. (como si no supiera ella quién es). Que dice que si le das tu número.

Mostrando escaso entusiasmo, arrugando la nariz, bostezando claramente para demostrar que lo hace por lástima, estando el mundo lleno de pretendientes detrás de su palmito, la joven apunta la preciada información.

La cosa va rodada, ahora empieza la fase dos: los mensajes de texto. Tacatá, tacatá, tacatá, enviar. Mira, que soy de buena familia, mis intenciones son honorables, me gustaría tener tres o cuatro hijos... Le cuenta hasta el número del carné de identidad.

Y hala, tras un intercambio de horas, ya tenemos idilio. Si él ha jugado bien sus cartas, quedarán en encontrarse el próximo domingo. Dos opciones: el cine o pasear por el parque. Pero cuidado: en cualquiera de ellas, que ni se les ocurra, NI SE LES OCURRA hacer manitas. Que corra el aire.

Huy, relaciones prematrimoniales en la República Socialista de Vietnam. Si te pillan, la has hecho buena. Ostracismo puro y duro, nadie volverá a dirigirte la palabra, y eso en el mejor de los casos. Aquí, o pasas por el juzgado, o de lo otro ni hablar.

Y si a la pareja le sale una vena de locura, claramente antipatriótica y hasta antirrevolucionaria... ¿Adónde podrían ir? En un hotel del Estado lo primero es enseñar el libro de familia, que el Estado no es tonto y el colega de la recepción tampoco.

Prosigamos. Hace meses que se citan para sus paseos, y en lo que a ellos respecta han llegado a un acuerdo de futuro. Ya es tiempo de que ella les presente al chico a sus padres.

¿A papá le gusta? ¿No es un vago? ¿No bebe? ¿No fuma? ¿Tiene empleo? ¿Y moto propia? Bueno, podría ser, podría ser. Le doy permiso para continuar el cortejo, joven. ¿Que no acaba de entrarle bien del todo? Mala suerte, habría que volver a la casilla de salida. A seguir buscando.

Como moraleja de esta historia, sólo te digo: si alguna vez tienes la sensación de que ligar cada vez se está haciendo más difícil, piensa en una tierra del lejano oriente... y tiembla.



martes, 24 de agosto de 2010

Angkor Wat

Has cruzado ya el puente sobre la laguna, protegido por serpientes de siete cabezas. Has franqueado ya la puerta de la muralla externa. El sudor que desciende por la frente te obliga a entrecerrar los ojos, y sin embargo necesitas mantenerlos abiertos, muy abiertos. Pasas el dorso de la mano por la piel humedecida y sigues adelante. Porque está ahí, justo enfrente, aguardándote, llenando a cada paso tu asombrada pupila.

Cada torre se alza como un milagro. Tallados en las galerías del primer piso, miles de relieves relatan batallas más propias de dioses que de seres humanos. En el Ramayana, Rama con su arco, secundado por Hanuman al frente del ejército de los monos, se opone a las huestes del demonio Ravana, que ha raptado a su esposa, la princesa Sita. Mas allá, en la epopeya del Mahabharata, chocan los dos reinos de los Pandavas y los Kauravas, cuyas tropas avanzan incontenibles desde direcciones opuestas.

Asciendes al segundo nivel. Paseas por los patios, al pie de las elevaciones con forma de loto, una en cada esquina, rindiendo homenaje a su hermana principal en el centro. Parece como si no quedara una piedra sin esculpir. Al principio era la morada de Vishnu, sólo soberanos y altos sacerdotes tenían derecho a estar allí. Más tarde cambió la religión y se cincelaron imágenes de Buda por doquier. Quieres verlas más de cerca, subes nuevamente por los empinados escalones y alcanzas la cima.

El olor a incienso es señal de que el templo aún se encuentra activo. Desde allí, en cualquier dirección, te rodea el mar vegetal que lo ocultó durante centurias. Son incontables los restos, algunos restaurados por los arquólogos, otros preservados en el mismo estado en que se hallaron, con raíces y troncos de árboles que abrazan sus muros. Simbólicamente, sobre las mismas losas que pisas, nace un arbusto en flor.

Y deseas darle gracias a la vida por haber tenido la oportunidad de llegar a este lugar. Y en el momento de abandonarlo vuelves continuamente la cabeza, como si al segundo siguiente el sol fuera a llevárselo en su carrera por alcanzar el límite del horizonte. Es entonces cuando susurras su nombre, suavemente.

Angkor Wat...



miércoles, 28 de julio de 2010

El duelo

Lugar: un autoservicio de comidas que no le recomendaría a nadie a este lado del río Pecos. Hora: el día ha sobrepasado ya su cenit. Los habituales del lugar dan vueltas, comprobando el contenido de los diferentes potes, ollas y sartenes, recelosos de acallar los gruñidos del estómago con las poco apetitosas propuestas del cantinero.

Yo también merodeo entre la multitud, oteando dónde podré sentarme. En el horizonte distingo un sitio vacío. A cada paso que doy para alcanzarlo, antes de que otro más rápido me lo arrebate, el cuchillo y el tenedor van entrechocándose sobre mi bandeja con un sonido argénteo, semejante al de las espuelas: clin, clin, clin...

El camino se estrecha, se convierte en un desfiladero: debo pasar entre dos grandes mesas y sólo cabe una persona a la vez. En ese mismo momento, un grupo viene en sentido contrario, acaudillado por alguien con la misma determinación. Se detiene. Me detengo. Nos miramos escrutadoramente a los ojos...

Los halógenos del techo inciden sobre nuestras facciones, llenándolas de aristas de luz y sombra. A pesar del aire acondicionado, una gota de sudor se forma en las sienes. El tiempo ha quedado casi suspendido. Cuando por fin vuelvo a mover los músculos de mis piernas, es como si todo ocurriera a cámara lenta.

Retrocedo. Me aparto. Se cierne sobre mí la amarga derrota, planeando con sus alas de zopilote. Él cruzará primero.

Al fin y al cabo, se trata del presidente de mi empresa. Demasiado sheriff para un humilde pistolero.


lunes, 19 de julio de 2010

South Pacific

Segunda Guerra Mundial, una isla del Pacífico Sur. Nellie, una enfermera de la marina estadounidense, y Emile, francés, dueño de una plantación. Los dos se han enamorado. Los dos creen que no son correspondidos.

¿Cómo podría quererme? –piensa Nellie–. Es tan atento, tan culto, tan cosmopolita, y yo sin embargo no había salido nunca de Arkansas. Jamás se fijaría en alguien como yo.

¿Cómo podría quererme? –piensa Emile–. Es tan joven, tan natural, está tan llena de vida... Podría tener a quien ella quisiera. Jamás se fijaría en alguien como yo.

El teniente Cable llega desde Guadalcanal para preparar con otros oficiales una peligrosa misión. Emile ha vivido en la zona adonde se dirige, ocupada ahora por los japoneses. Les vendría muy bien que fuera su guía.

Nellie piensa que en realidad apenas conoce a ese hombre. Asegura a las demás enfermeras que va a quitárselo de la cabeza sin problemas. Vuelven a encontrarse y él se juega el todo por el todo: le pide que se casen. Ella acepta.

Hay tramas paralelas con el marinero Billis, mujeriego empedernido, y Bloody Mary, vendedora tonkinesa de faldas de hoja de palma, así como con su hija Liat y el teniente Cable.

Emile rechaza tomar parte en la misión que le solicitan, no quiere separarse de Nellie. Organiza una fiesta para que conozca a sus amigos. No pueden contener su felicidad por estar juntos y rememoran todo lo ocurrido los últimos días.

Finalmente, le presenta a Jerome y Ngana, dos niños encantadores. ¡Sorpresa!, son sus hijos. Y su piel no es blanca: Emile había estado casado con una mujer nativa. En el mundo de Nellie, los blancos están a un lado y los demás al otro, no se puede cruzar esa línea. No tiene más remedio que abandonarle.

El teniente Cable también ama a Liat, y también sabe que es algo imposible. Le explica a Emile que Nellie o él mismo no han nacido con prejuicios raciales, sino que les han sido inculcados por la sociedad desde pequeños. No les es fácil evitarlos.

Emile acepta entonces acompañarle en su misión, ya nada importa. Gracias a ellos, los bombarderos hunden unos buques enemigos y comienza una gran ofensiva. A cambio, zeros nipones acribillan a Cable. Emile escapa milagrosamente, pero es dado por desaparecido.

Nellie conoce los informes. Arrepentida, desesperada, se da cuenta de su error. ¿Es demasiado tarde? Los niños le enseñan una canción: Dites-moi, pourquoi la vie est belle. Emile llega y se une al coro. Familia feliz, público feliz, final feliz.

South Pacific. Música: Richard Rodgers. Letra: Oscar Hammerstein II. Un clásico de Broadway.


viernes, 16 de julio de 2010

La fuga de Logan

La fuga de Logan, novela escrita al alimón por William F. Nolan y George Clayton Johnson, dio origen a una película y a una serie televisiva. Sus protagonistas viven en el año 2116, en una sociedad donde las necesidades de los ciudadanos están previstas y cubiertas por el Pensador, un cerebro electrónico omnisciente. Para ser feliz no hay más que dejarse llevar.

La única pega sería que todos han de morir a los veintiún años. Perdón, morir no: someterse al Sueño. Debido a la superpoblación y las guerras de siglos pasados, los recursos del planeta están limitados a un número fijo de personas. Un cristal implantado en la palma de la mano cambia de color para avisar de que va llegando el momento.

El triunfo del sistema es que la gente haya interiorizado ese destino, excepto un grupo de rebeldes. Cierto rumor hace referencia a un santuario donde vive Ballard, un viejo de más de veintiuno. Una leyenda sin fundamento, claro está. Pero Jessica 6 cree en ella y quiere escapar.

Logan 3, por su parte, es un vigilante. Tras abatir a uno de los rebeldes, hermano gemelo de Jessica, comienza a investigar en su entorno. Y bueno, como suele ocurrir, chico conoce a chica, chica cambia la forma de ver el mundo de chico.

Ahora les toca correr, mientras Francis, el antiguo compañero de Logan, les pisa los talones. Rápido, rápido...



sábado, 3 de julio de 2010

En el banco

Paso a primera hora de la mañana por el banco, a hacer una gestión. Ningún otro cliente, sólo la señorita que me atiende y la directora de la sucursal, hablando por teléfono en su despacho.

Entro y expongo el motivo de mi visita. La señorita asiente comprensivamente. Varios fajos de billetes alineados sobre su escritorio indican que se fía de mí, es como si me estuviera enviando un mensaje: Venga, agarra el dinero, ráptame, huyamos en un deportivo rojo descapotable y hagamos locuras. Yo seré tu Bonnie y tú serás mi Clyde...

Pero siéntate, por favor. La directora ha salido del despacho y rompe el momento. Has venido a invertir, ¿a que sí? Déjame que te explique: bonos, fondos, planes de pensiones, bla, bla, bla...

No, no, no... Prefiero la imagen anterior. ¿Cuántos habrán sucumbido a ese perverso plan de los agentes del capital? ¿Cuántos habrán llegado aquí únicamente para recoger o entregar tal o cual papel y han sido convencidos de entregar sus escuetos ahorros a la voraz maquinaria del sistema? Ah, pero no podréis conmigo. Vámonos, Bonnie...



martes, 29 de junio de 2010

Elegía estonia

Alrededor de la una de la madrugada, el agua comenzó a entrar a bordo.
No, no puede ser verdad.
Calambres de perplejidad atenazaban aquella mañana la garganta.
Gravedad de plomo en los pies, como si la tierra nos sorbiera hacia sus raíces
igual que el agua los sorbía a ellos, criaturas desnudas, súbitamente,
desde la ensoñación de sus lechos hacia sus senos fríos como el hierro.

El poeta fue leyendo, cortando con la roda de su voz el áspero oleaje, el hiriente viento, la noche sin perdón que surgía de las páginas del libro.

Por unos momentos, el Estonia volvió a la vida. El gran buque navegó una vez más a través del Báltico.

El pasado, el presente, los planes de futuro, los ochocientos cincuenta y dos sueños interrumpidos. Por unos momentos, todo retornó con él desde la negra gelidez abisal.

Tras el último silencio, aquellos locos que habíamos acudido a escucharle nos acercamos con nuestros ejemplares. El poeta fue preguntándonos los nombres, charlando unos minutos con cada uno de nosotros, escribiendo la amable dedicatoria en su interior.

Era Jüri Talvet, era Elegía estonia y otros poemas.



miércoles, 16 de junio de 2010

Resumen del día en la oficina

Con la de cosas provechosas que podría haber hecho hoy: componer una sinfonía, escribir una égloga sobre la vida campestre en ciento setenta y tres versículos, corretear desnudo por los verdes prados junto con ninfas y faunos, tocando alegremente el caramillo...

Pues no. Permanecí en mi puesto, sirviendo fielmente a la causa laboral hasta la hora de salida. La sinfonía y la égloga tendrán que esperar. A falta de prados, lo más verde que vi en lontananza fueron unas plantas algo mustias. Y en cuanto a lo de corretear desnudo por la oficina... Bueno, hubo algunas quejas.




domingo, 13 de junio de 2010

Astrid y Veronika

Hoy es un buen día para comentar la novela Astrid y Veronika, de Linda Olsson.

Veronika es una joven escritora que, tras perder a su novio en un accidente, se instala en una casa de campo del interior de Suecia. Su vecina Astrid es una mujer mayor que prácticamente nunca ha salido del pueblo y que no habla con nadie. En apariencia, ambas tienen poco en común, excepto la búsqueda de la soledad.

Y sin embargo, será eso mismo lo que las una de forma imprevista, iniciando una relación de amistad que entrelazará sus respectivos pasados, sus recuerdos y emociones ocultas. Porque, cuando alguien nos ayuda a sacar nuestros secretos a la luz, puede hacer que cambie nuestra vida.

Tras este argumento encontramos una obra muy bien escrita, que no cae en sentimentalismos vacuos. Los personajes son de carne y hueso, y la descripción de todo lo que pasa por su cabeza y de sus reacciones resulta absolutamente verosímil. Seguí con agrado el ritmo intimista de la historia hasta el final, y por ello no tengo dudas en recomendarla.

Como dicen por ahí arriba, Ha det bra! Que os lo paséis bien.



domingo, 6 de junio de 2010

Elogio apasionado de la sidra

Escanciar acaba agotando, la verdad: levantar la botella por encima de la cabeza, inclinarla, estirar el otro brazo, calcular el ángulo gravitacional de caída teniendo en cuenta el pulso, la fuerza del viento, la presión atmosférica, el movimiento de rotación del orbe... Lo necesario para que el dorado líquido choque contra el borde del vaso a un metro de distancia.

Mucho estrés. Pero a cambio...

¡Que rica está la sidra!



jueves, 3 de junio de 2010

Podemos recordarlo todo por usted

Douglas Quail acude a una compañía especializada en implantar recuerdos artificiales pero totalmente vívidos, como los de verdad. Contraviniendo las advertencias de su esposa acerca de gastos inútiles en la economía familiar, desea tener conciencia de una temporada en Marte, en el papel de agente secreto.

Todo va bien hasta que los técnicos se encuentran con un problema inesperado: parece que Quail ya hubiera estado antes en el planeta rojo, y que alguien le hubiera bloqueado esa parte de la memoria. A partir de entonces, ¿en quién podrá confiar? Para empezar, su mujer... ¿es realmente su mujer?

Si estáis familiarizados con el argumento es quizá porque habéis visto la película Desafío total, con Schwarzenegger en la piel del esforzado héroe y los impactantes sones de Jerry Goldsmith surgiendo de los altavoces. No obstante, se trata originalmente de un relato escrito por Philip K. Dick, Podemos recordarlo todo por usted, que confirma a este visionario autor como una de las más caudalosas fuentes de ideas para guiones de Hollywood.

En fin, me voy a dormir, a ver qué sueño.



sábado, 22 de mayo de 2010

El diario de Géza Csáth

No sé si ponerme como meta para este año unos logros similares a los que tenía Géza Csáth a lo largo de 1912. Temblad...
1) Coitos alrededor de 360-380
2) Ingresos: 7.390 coronas
3) La edición de mi libro Schmidt, el panadero de pan de especias
4) La publicación de la edición alemana de Puccini
5) La publicación de Pean
6) Conseguir el puesto en Stubnyafürdő
7) Conseguir 10 mujeres diferentes
8) Entre ellas dos vírgenes
9) La publicación de mi libro Enfermedades mentales p.m.c.
10) El drama Los Horváth
11) Tener éxito en Stubnya
12) Viaje a Viena con la señora O.

Este señor era primo de mi admirado Dezső Kosztolányi, lo que ya significa genes familiares de escritor de primera. Además componía música, tocaba el piano y el violín, pintaba, era médico, psiquiatra... En el prólogo al Diario de Géza Csáth, título bajo el que se han publicado sus fragmentadas memorias, se señala que fue un autor prohibido en Hungría durante la época comunista, debido a su catalogación como "burgués decadente". Sólo el fragmento citado vendría a dar la razón a los férreos inquisidores.

En realidad, más que decadente, lo que ocurrió es que se le fue la azotea. El libro, que originalmente no estaba pensado para salir a la luz, es una descripción en primera persona de ese proceso. Comienza cuando se instala en la consulta del balneario de Stubnya, donde, si hemos de confiar en su veracidad, cualquier paciente, enfermera, camarera, visitante, madre, hija, sobrina, soltera, casada, viuda, era incapaz de resistirse a su pasión. Aparte de su prometida oficial y futura esposa, claro está.

Página a página, sigue relatando la gran juerga de su vida. Y no tarda mucho en hacerse visible la coprotagonista de esa existencia: la morfina. Sin problemas para conseguir la droga, dada su profesión, Csáth se convierte así en un yonqui antes de que se hubiese inventado la palabra. Cada vez más dosis, cada vez placeres más desaforados... Al final, paranoico perdido, mata a su mujer y se suicida.

Pensándolo bien, me quedo como estoy.



miércoles, 12 de mayo de 2010

Miauuuuu

–Hermanito mayor, hermanito mayor...
–Dime, hermanita pequeña.
–¿Te apuntas conmigo a estudiar chino?
–¿¡!?
–¿Esa cara es que sí?
–Pero vamos a ver, pequeña saltamontes...
–Di que sí, porfa, porfa, di que sí.
–Tienes que buscar algo más fácil.
–Bueno, entonces... Hermanito mayor, hermanito mayor...
–Dime, hermanita pequeña.
–¿Te apuntas conmigo a Pilates?
–¿Quién? ¿Poncio Pilates?
–No, tonto. Ya verás qué bien te viene.
–Deja que me lo piense.
–Jo. Hermanito mayor, hermanito mayor...
–Dime, hermanita pequeña.
–¡Feliz cumpleaños!
–Muchas gracias, qué detalle acordarte.
–Aquí tienes tu regalo.
–A ver, a ver...
Miauuuuu.
–¿¿¿¿¡!????
–¿A que te gusta? Es de cariñosa... Tienes que ponerle nombre. Y darle el biberón. Y jugar con ella. Y...
–Tenía que haberme apuntado a chino.




miércoles, 28 de abril de 2010

A tu sombra sin cuerpo...

Hoy, una vez más, reclama la noche
el tributo que le niegan mis ojos.
Malherido de oscuridad,
me arrebata por fin su memoria.

A tu sombra sin cuerpo estoy atado.

A tu sombra sin cuerpo, a tu ausencia
que es presencia cierta,
a esta sombra que eres tú, hecha de aire
que no puedo respirar,
que no puedo tocar,
silente,
que nunca responderá si la llamo amor.

Descansas ahora, tan inmóvil,
que para no despertarte
mi costado se ha detenido.

Contemplo a ciegas tu rostro,
cada mínima curva, la más pequeña
huella de una sonrisa tuya
que explique el porqué del mundo.

Te beso.

Y en el último momento,
en la última oportunidad antes
del alba,
de que leve te desvanezcas,
del adiós,
será el recuerdo de ese beso, de tu sombra,
de lo que no ha ocurrido,
lo que me devuelva
de nuevo la vida.

Inmensa plenitud
de ti.



miércoles, 21 de abril de 2010

La ignorancia

Con vosotros, La ignorancia, de Milan Kundera.

En esta novela, la memoria es la verdadera protagonista. Mejor dicho, las diferentes caras de la memoria, porque los mismos hechos tienen significados dispares para cada personaje.

Irena y Josef se cruzan en París, en el aeropuerto, tiempo después de su primer encuentro praguense de juventud. Son dos exiliados checos que viajan a su país de origen tras la caída del muro, un país del que las calles y hasta la forma de hablar de la gente les parecen ahora ajenas.

Ella reconoce a aquel hombre que una vez la miró intensamente en una cervecería. Él no la recuerda en absoluto, pero no se atreve a confesárselo.

Irena está ilusionada. Quizá pudiera ocurrir algo entre ellos, al fin. Quedan en llamarse para salir a cenar la noche anterior al vuelo de regreso. Hasta entonces, cada uno recorrerá de nuevo su vida, las personas que han dejado atrás, las sensaciones, los detalles en apariencia insignificantes que les han convertido en quienes son. ¿Y quiénes son en realidad?

Decir Kundera es referirse a un escritor de los que se elevan muy por encima de la mayoría. De esos elegidos que, incluso cuando producen una obrita "menor", nos regalan algo especial. ¿Se me nota la admiración? Pues eso.



domingo, 18 de abril de 2010

La luz

La luz,
detrás de mí,
o delante, o a un lado,
o quizás al otro, no estoy seguro
(estaba ebrio,
ebrio de vida).
La luz,
tan cerca,
que casi hubiese podido
tocarla,
arder,
consumirme en ella.
La luz,
difuminándose
paso a paso,
dejándome aquí,
vacío, sin nada,
sin nada.
La luz...



jueves, 15 de abril de 2010

La primera vez que compré…

Me han dicho que aquí encontraré lo que busco. Empujo la puerta y entro con precaución. No obstante, una indiscreta campanilla anuncia el paso que estoy a punto de dar. Atraída por el sonido, una de las señoritas tras el mostrador fija en mí la pupila. Su inmaculada bata blanca le da un aura angelical que me hace aún más vergonzante explicarle las razones de mi visita.

–Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?
–Hola, yo... yo quería... es decir...
–¿Sí?
–No sé exactamente...
–¿No?
–¿Ustedes tienen...?
–¿Sí?
–En realidad, no es para mí.
–¿No?
–Es un encargo de otra persona.
–Entiendo. ¿De su mujer, quizás? ¿De su novia? ¿De una amiga?
–Exacto, de mi... hum... mi mujer. No ha podido venir ella misma.
–¿Y le ha encargado algún producto en concreto?
–Eh, pues cualquier cosa. Lo mismo que me venga bien a mí, por ejemplo.
–Tenga en cuenta que hombres y mujeres son diferentes.
–Claro, ya lo supongo. Y si... sólo a nivel teórico... tuviera que recomendarme... Noto que últimamente he perdido algo de... ejem... ¿cómo diría? Algo de frescura en esta zona (la señalo con el dedo).
–Acérquese al espejo de aumento, por favor.
–¿Aumento?
–Es para hacerle el estudio.
–¿Está bien así?
–Perfecto. Gírese un poco. Ahora hacia el otro lado. Permítame comprobar el tacto de la piel.
–¿Qué le parece?
–Sí, ya veo el problema. Pero no se preocupe, es algo común, le ocurre a mucha gente. Le voy a recomendar una cremita que tiene unos efectos estupendos.
–Diga, diga.
–Si se la aplica por la noche con un suave masaje, va a mejorar esas ojeras. Su mirada será más luminosa.
–Ah, pues me la llevo.
–Aquí tiene. Además del contorno de ojos, le pongo en la bolsa unas muestras para hidratar. Pruébelas, evitan la aparición de arruguitas.
–Qué amable, gracias.
–De nada, vuelva siempre que quiera.

Vaya, al principio costaba, pero una vez entrados en confianza... No es tan difícil comprar productos de belleza pour homme, al fin y al cabo.



viernes, 2 de abril de 2010

La cabeza de mi padre

En La cabeza de mi padre, Kalman Barsy nos presenta a una familia húngara que emigra a Argentina. Y a continuación relata de qué manera afecta esa nueva vida a cada uno de sus miembros.

Zoltán, el padre, transmutado en Zoilo, añorará hasta el fin de sus días los picantes sabores culinarios que la esforzada madre no puede reproducir con los ingredientes locales. El hijo mayor, Laci, de espíritu aventurero, se convertirá en el modelo cuya memoria planea sobre su hermano Attila. Y este, el narrador, favorablemente dispuesto a las costumbres del país de acogida, será no obstante considerado con displicencia por quienes consideran que "húngaro" y "gitano" vienen a ser lo mismo.

Una novela estimable que gira alrededor de dos ideas: el sentimiento de pertenencia a un lugar y la falta de reconocimiento a los esfuerzos cuando se vive bajo la sombra de alguien más popular.

Para todos, a un lado y otro de la mar, un saludo.



viernes, 26 de marzo de 2010

Hace mucho tiempo...

Intuí la presencia del mal nada más entrar, con aquellos hombres de negro señalándome la dirección. Sin atreverme a desobedecer recorrí pasillos, bajé escaleras, crucé pesadas puertas metálicas y al fin desemboqué en la gran sala. Allí busqué el sitio que me habían asignado, entre miles de otros adeptos.

Pasaron cerca de veinte minutos, mientras el recinto seguía llenándose. De vez en cuando llegaban a mis oídos gritos guturales, inarticulados, no completamente animales, no completamente humanos. Sin embargo, algo en mi interior los identificaba como amigos. Quizá tuviera alguna oportunidad, después de todo.

No. Enseguida esos sonidos familiares se convirtieron en una ominosa respiración. Me sentí transportado de nuevo a la infancia, cuando la oscuridad tenía otro significado, cuando extrañas y amenazadoras máscaras poblaban los sueños y el súbito centelleo de un haz de luz roja podía ser lo último que viera. Él estaba cerca, muy cerca. Él...

La tensión se hizo insoportable. El momento había llegado, tenía que elegir definitivamente entre dos caminos, y uno de ellos podía proporcionarme habilidades que hay quien considera de carácter innatural. Una sombra frente a mí alzó los brazos y todo empezó.

Sííííííííí, sííííííííí, concierto de La Guerra de las Galaxias en el Palacio de los Deportes de Madrid, lleno hasta la bandera, una pantalla gigante proyectando imágenes de la saga, Anthony Daniels, el actor que hacía de C3PO, como narrador, y la Royal Philharmonic tocando a John Williams en directo. ¿Qué lado de la Fuerza escoger? ¡Ay, qué duda…!



martes, 23 de marzo de 2010

In memoriam (2004)

Recuerdos.

Hay ciertos momentos en que cerramos los párpados del presente, abrimos a cambio los ojos del alma y respiramos y vivimos...

De recuerdos.



miércoles, 17 de marzo de 2010

Hormiguero

Hoy tenemos una hermosa novela de Margit Kaffka: Hormiguero.

Publicada por primera vez en 1917, la acción tiene lugar en el interior de un convento de monjas. Allí coinciden hermanas de todos los rincones del Imperio austrohúngaro, con sus respectivas lenguas y costumbres, así como jóvenes novicias y alumnas de magisterio. Los únicos hombres con quienes tienen un trato habitual visten sotana.

Asistimos en ese escenario a la enfermedad de la madre superiora, ya anciana y que habrá de ser pronto sustituida en asamblea. Subrepticiamente al principio, y de forma declarada según se acerca el momento de las votaciones, se van formando bandos que empujan en favor de una modernización acorde a los tiempos, o abogan por mantenerse en las tradiciones.

Y el apoyo a uno u otro grupo tiene mucho que ver con las admiraciones que despiertan las candidatas. Unas simpatías que se demuestran en detalles sutiles: miradas, susurros, sonrisas, roces con la mano. En su micromundo, esas mujeres experimentan las mismas emociones básicas que el resto de la humanidad.

Porque los afectos pueden ser arrinconados, pero no es tan fácil hacerlos desaparecer.



martes, 2 de marzo de 2010

La bruja de abril

Un comentario sobre La bruja de abril, de Majgull Axelsson.

Desirée, la protagonista y narradora, fue abandonada de pequeña debido a una lesión cerebral que ha ido empeorando con el tiempo. Ya sólo puede comunicarse soplando por un tubo conectado a un ordenador.

La única persona que se interesa por ella es el doctor Hubertsson, que casualmente había conocido a su madre. Esta, que nunca quiso saber nada de su hija, acogió sin embargo a otras tres niñas hasta que una enfermedad la postró en una cama de hospital y obligó a que fueran devueltas a sus familias biológicas o reubicadas en otras nuevas.

Gracias a la información que le suministra el doctor, Desirée se determina a averiguar cuál de aquellas niñas, ahora ya mujeres, está disfrutando de la que hubiera debido ser "su vida". Ayuda a su propósito un don único: la capacidad de liberar su espíritu y abandonar ese cuerpo que no funciona, introduciéndose en otros, viéndolo todo a través de ojos ajenos.

Relato complejo, intenso, absorbente. Plenamente recomendable.



sábado, 20 de febrero de 2010

El buen alcalde

El libro al que hacemos hoy los honores es El buen alcalde, de Andrew Nicoll.

En la pequeña ciudad de Dot, perdida en algún lugar de largos inviernos, hace años que Tibo Krovic es la primera autoridad municipal. Todos le conocen por su sobrenombre: el buen alcalde Krovic, ya que persona más amable no hay en el país. Cualquiera puede pararle en la calle y conversar con él, sabedor de que sus demandas serán atendidas. Así, bajo el reloj de la catedral que da perezosamente las horas, la vida transcurre plácida para los dotianos.

Bueno, no tan plácida. Hektor, un artista bohemio y macarra, es asiduo visitante de los juzgados, donde le defiende el obeso abogado Yemko Guillaume. Y su primo Stopak pasa más tiempo en la taberna de Las Tres Coronas que en su trabajo como empapelador. De manera que la señora Stopak, Agathe, se siente dejada de lado por mucho que se compre lencería fina o cocine sugerentes platos. Una pasada tragedia ensombrece el matrimonio.

¿Y el propio alcalde? También sufre un problemilla propio: está secreta y perdidamente enamorado de Agathe, que trabaja con él como secretaria en el ayuntamiento. Ah, no nos olvidemos de otro personaje importante: la anciana Mamma Cesare, dueña del café El Ángel Dorado y descendiente, según se ufana, de un largo linaje de hechiceras. Ni de una troupe de fantasmas circenses que tendrá su principal papel en el desenlace. Ni tampoco de Santa Walpurnia, la patrona de Dot, una virgen barbuda que resulta ser la narradora de la historia.

Resulta paradójico que el pilar de la novela, el intento de transmitir vibraciones positivas, se convierta al mismo tiempo en su punto más débil, a mi modo de ver. La razón es el moroso ritmo en espiral elegido por Nicoll para que el lector se sienta cómplice de los dos protagonistas.

Así, vamos por la página 123 cuando Tibo se arma de valor para invitar a comer a Agathe. En la 171 se encuentran un sábado "por casualidad". Por la 200 o así, ya tenemos claro que también ella se ha enamorado, pero ninguno se decide a dar el primer paso. Al llegar a la 216, Agathe muestra su malhumor por que el alcalde aún no la haya desnudado con frenesí. Entonces entra otra vez en escena Hektor y todo cambia de rumbo. Vaya, empiezan a pasar cosas. Sólo que estamos a mitad del relato.

Otro posible aspecto a discutir sería que ese nuevo rumbo deriva en una extraña mezcla de géneros, coronada por un pasmoso final. Pero pelillos a la mar: seamos indulgentes con las inconsistencias y dejémosla como una obra de tono agradable, con buenas intenciones, que se deja recorrer sin problemas.

Hala, a sufrir con esos corazones rotos, yo me voy de cervezas al equivalente a Las Tres Coronas de mi barrio.



miércoles, 17 de febrero de 2010

Dulcinea

Un miserable y vil felón, bellaco, rufián, fementido, carne de galera, descendiente directo de Ginés de Pasamonte, se atreve, ¡se atreve! a decir que Dulcinea es un ser humano de carne y hueso, no la más maravillosa princesa jamás soñada, y que se llama Aldonza. ¡Y me lo suelta a mí, en mis propias barbas! Malhaya esas palabras, que yo haré prontamente que se trague. Más le valdrá correr presto, porque a mandoble limpio he de verle arrastrarse por el suelo, humillándose ante la más fermosa figura, ante la más alta dama de todas las ínsulas y reinos que en el mundo han sido y serán. Pondrá su lindo pie sobre su cabeza y le suplicará le conceda el gran honor de ser su siervo, voto a tal. Voy a buscar mi adarga, que no sé dónde la he dejado...

domingo, 7 de febrero de 2010

Un frío amanecer

Un frío amanecer.

Encendimos el fuego. La inmensa tela comenzó a hincharse, hasta que sólo las amarras pudieron retenerla.

Entonces, zarpamos.

El valle quedó lejos. Ascendimos más y más, navegando en busca de los vientos.

Mis ojos abarcaban el horizonte, mis manos querían tocarlo.

Pronto aprendí a escuchar los sonidos que me rodeaban. La llama que portábamos a bordo se confundió con mi propia respiración.

Todo viaje tiene un final. También cuando desconocemos el destino, cuando cada segundo es un minuto, cada minuto una hora, cada hora un día, cada día un año.

Cada año una vida.

Volví a casa.

Y la vida continuó.



lunes, 1 de febrero de 2010

Las estrellas, mi destino

En Tigre, tigre, de Alfred Bester (también editada con el título de Las estrellas, mi destino), nos encontramos en el siglo XXV y la historia ha cambiado muchísimo desde que un tal Jaunte descubrió accidentalmente nuestra capacidad para teleportarnos con el poder de la mente.

Cierto que existen limitaciones, pues hasta el momento sólo es posible trasladarse a sitios que uno ya conozca y no más lejos de mil quinientos kilómetros. Pero quizá esa condición acabe superándose, para bien de la exploración del universo. Y de las oportunidades mercantiles, por supuesto. Porque el interés de las multinacionales por aumentar su cuota de mercado puede llevar hasta la guerra entre planetas.

Dentro de ese contexto, el protagonista, el mecánico de tercera Gully Foyle, no logra aclararse ni siquiera quién es él mismo. Debido a la amnesia, las únicas imágenes del pasado que acuden a su mente corresponden a la nave en que viajaba, que resultó destruida, y a otra nave que, en lugar de rescatarle, le abandonó a su suerte en medio del vacío.

De forma inverosímil, pudo salvarse, aunque fuerzas poderosas le persiguen desde entonces y no entiende la razón. Por ello ha de camuflar su personalidad y, sobre todo, no dejar traslucir emociones que le hagan enrojecer o encolerizarse. Pues cuando la sangre acude a su rostro... algo pasa, vamos.

Fantasía interestelar con elementos detectivescos, un clásico del género apto para el niño y la niña. Esta es la recomendación de hoy.

Hasta la próxima.



miércoles, 20 de enero de 2010

Cenizas

Mana fuego de la tierra. Respiro fuego. Me quemo por dentro, lentamente.

Dicen que quien nada espera, nada puede perder.

Por eso anhelo deshacerme de la esperanza. Por eso sueño con no soñar.

Mientras tanto, avanzan imparables las cenizas.

No lo conseguiré.



domingo, 17 de enero de 2010

Maldito karma

Acumular buen karma, haciendo felices a los demás, es fundamental para asegurarnos una satisfactoria reencarnación, en nuestro largo camino en pos del nirvana. Porque la ausencia de buen rollito podría causar que volviéramos a nacer con seis patas, dos antenas y un gran abdomen, por ejemplo. Y la existencia en esas condiciones no es la más cómoda imaginable. Que se lo pregunten a Casanova. O a Kim Lange.

En Maldito karma, David Safier nos ofrece conocer mejor a ambos personajes. Kim es una presentadora de debates en televisión, casada con Alex, un hombre encantador, y madre de una niña pequeña, Lilly. Sus éxitos profesionales, coronados con una nominación al premio más prestigioso del ramo, colman cualquier ideal que una chica crecida entre bloques de cemento prefabricados en Alemania del Este hubiera podido soñar.

Cierto que su relación de pareja se encuentra algo deteriorada, pues no se sube en la escala social sin hacer renuncias en lo personal. Cierto también que ha pisado unas cuantas cabezas en esa ascensión, y que despierta por lo tanto pocas simpatías entre sus colaboradores. ¿Pero qué importa? Va a llevar un vestido exclusivo de Versace en la entrega de galardones, y hasta podría disfrutar de una sesión de sexo supercalifragilisticoespialidoso más tarde, con el deseado presentador de informativos Daniel Kohn. Perfecto, todo perfecto.

Si no fuera porque el lavabo de una estación espacial rusa fuera de órbita, al precipitarse sobre la Tierra, la pilla justo debajo. Y cuando abre de nuevo los ojos, es el colmo: se ha reencarnado en una hormiga, con la natural indignación hacia Buda y sus estúpidas reglas. ¿De qué manera volverá al mundo de los humanos? ¿Qué pasos seguirá para ganar puntos? Parece que va a necesitar la ayuda de otro insecto con más experiencia, ciento quince vidas ya, y motivos más que suficientes para quejarse de su actual cuerpo: el signore Giacomo Casanova.

La historia es francamente simpática. Kim habrá de pasar del orden de los himenópteros a otros superiores, llevando a cabo acciones meritorias que le permitan recuperar a su familia. Y no le conviene perder demasiado tiempo, pues su mejor amiga de juventud, Nina (a quien Casanova considera un ejemplar de bípedo de arrebatadoras características), se muestra muy interesada en seducir a su marido. Sin desvelar más, no lo dudéis: lectura recomendada.




lunes, 11 de enero de 2010

Capricho

−Oye, Patrick, esta salsa está buenísima, ¿la has preparado tú?
−Eh... gracias, pero creo que...
−¿Cuál es la receta?
−¿Del guacamole? Pues básicamente, aguacate y...
−Espera, espera. Chicas, venid y probad lo que ha traído Patrick a la fiesta.
−Si es que yo...
−Ya ves, a mis amigas también les gusta, creo que vamos a llevarnos bien. ¿Qué más sabes hacer, Patrick?
−Uh...
−Vaya, tú no hablas mucho, ¿verdad?
−Sí. No. A veces. No me llamo Patrick.
−Ay, qué gracioso, ja, ja, ja. Deja que te mire... Tienes cara de Patrick. Por lo tanto, eres Patrick. Yo soy Linda.

Y con el nombre de Patrick tuve que quedarme.


martes, 5 de enero de 2010

Ya vienen, ya vienen…

Entramos en la librería, con papel de carta en la mano. ¿Qué pediremos?

Hay corsarios y filibusteros, ávidos de botín. Hay mohicanos, los últimos de su estirpe. Hay robots de corazón casi humano y más de un humano sin corazón. Hay gigantes de un día y liliputienses al siguiente. ¡Tierra, tierra! ¡Paso al correo del zar!

Como el vilano, nos posee un espíritu alado. Dos gacelas gemelas respiran, palpitantes, y con los labios trémulos de deseo seguimos a la apasionada andaluza hacia la perdición.

Nos deslizamos por lianas. Cabalgamos por la Tierra Media. Nos hacemos invisibles. Descendemos al infierno, volamos hasta la Luna, cruzamos el espejo, rompemos nuestras cadenas de esclavos.

Desde un estante nos recuerdan que la vida es sólo un sueño, desde otro nos observa el ojo de cierto hermano. Más allá nos llama un rumor de quimeras, un eco, un susurro de adiós. Volvemos a casa por mares de leyenda, con el nombre de la princesa de Troya escrito indeleble en la piel.

Desafiamos a todos los guardias del cardenal, reímos, lloramos en silencio, conocemos a cronopios y famas, a los rudos habitantes de Cimmeria, nos inclinamos ante el Gran Khan. Asistimos a la gloria y a la ruina de Ávalon.

Hay que decidirse. Ya vienen los Reyes.