domingo, 12 de diciembre de 2010

Caminando

Viento soplando.

Te acercas caminando.
¿Sobre la tierra? ¿Sobre el aire?

Mi mirada encuentra la tuya
una fracción de segundo.

Te alejas caminando.
¿Sobre el aire? ¿Sobre la tierra?


domingo, 5 de diciembre de 2010

Contra el viento del norte

Portada del libro Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer

Título y autor/a:Contra el viento del norte, de Daniel Glattauer.
Clave de lectura:Amor y temor a lo desconocido... entre dos desconocidos.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Es bastante agradable.
Música:Castles and Dreams, de Blackmore's Night ♪♪♪

Imaginarse a una persona a través de sus palabras, esperarlas con impaciencia, enamorarse de ellas... Algo así es lo que les ocurre a los protagonistas de esta novela de Daniel Glattauer: Contra el viento del norte.

Emmi y Leo lo tienen todo más o menos encauzado. Ella, diseñadora gráfica, se encuentra casada con su antiguo profesor de piano. Él acaba de salir de una relación tormentosa y, para aislarse, se concentra en su trabajo en la universidad.

Un día, Emmi equivoca el correo electrónico donde solicita la baja de su suscripción a una revista. Leo responde, iniciándose así un intercambio de mensajes.

Y llegan a abrirse tanto el uno al otro que temen encontrarse físicamente, por si las imágenes que se han formado en sueños no se correspondiesen con la realidad. Hasta que ya no pueden más. Entonces...

Para apreciar el libro hay que partir de sus buenas intenciones, es decir, creer en el azar, en que es posible que de la indiferencia surja el más poderoso imán, que el sentido de la vista pueda ser dejado de lado y, sobre todo, que se pueda tener miedo al amor.

Aunque no se trata de la octava maravilla literaria, me ha parecido bastante agradable. Tiene un final abierto y precisamente acaban de publicar la segunda parte; a ver si para Reyes...


¿Me permites que en esta ocasión sea yo quien te haga una pregunta a ti? Sé que no te gusta esta clase de preguntas. Pero esta me parece bastante relevante. Y bien: ¿adónde le dirás a tu marido que vas esta noche?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Hojas

Hojas rojas en la rama de un árbol.

Cuando despierto, la lluvia, el frío, la oscuridad, se alejan al otro lado del vidrio.

Sólo puedo sonreír.

Hoy hallaré la luz y el color de las hojas de los árboles.


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miércoles, 24 de noviembre de 2010

La transformación


Volvía caminando a casa aquella madrugada y se me ocurrió atajar por el parque.

Más que las raquíticas farolas dispersas aquí y allá, arrancando sombras chinescas de los árboles, me guiaba la luna llena. Un silencio total.

De repente noté los síntomas. ¿Por qué sudaba de esa manera, por qué esos temblores, ese vello erizado?

Miré alrededor con alarma: nadie. ¿De verdad no había ojos ocultos observando? Mis pasos se hicieron de plomo. ¿Y si por una vez no luchaba contra ello?

¿Y si dejaba salir a la fiera que vive en mi interior?

Sucumbí. Sin otros testigos que pudieran acusarme, las lechuzas, los somormujos, puede incluso que alguna ardilla en duermevela, sufrieron las consecuencias de la transformación.

De mi garganta brotaron los primeros sonidos: la, la...

Laralalera, laralalaaaa, laralalera, laralalaaaa, largo al factotum della città, largoooo, laralalaralalaralalaaaaa...

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jueves, 18 de noviembre de 2010

Primavera mortífera

Portada del libro Primavera mortífera, de Lajos Zilahy

Título y autor/a:Primavera mortífera, de Lajos Zilahy.
Clave de lectura:Amor, celos, hundimientos personales…
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Una novela estupenda.
Música:Vals del Emperador, de Johann Strauss hijo ♪♪♪

Nos acompaña un maestro «de los de antes»: Lajos Zilahy, con su novela Primavera mortífera.

Se trata de una extensa carta que el protagonista, de quien nunca llegamos a saber el nombre, dirige a un amigo de su infancia.

Le ha visto llegar al mismo hotel donde él se aloja, ha reconocido a la mujer a su lado como aquella chiquilla que fue compañera de juegos de ambos y, en lugar de saludarlos, ha corrido a ocultarse, a redactar para ellos sus últimas líneas a la luz de una lámpara.

Porque, cuando llegue el alba, quiere pegarse un tiro en el corazón.

Un joven apuesto, terrateniente acaudalado en la Budapest imperial, miembro de la élite, con una prometedora carrera en ciernes... ¿Qué le impulsa a tomar tal decisión? ¿Quizá Edit von Ralben?

Rememora el momento en que se cruzó con ella en la escalera de casa, la fiesta a la que pudo hacerse invitar, sus primeros paseos en el monte Gellért, arropados por la complicidad de la madre, la primera vez que apoyó la cabeza en su regazo, la primera vez que la vio desnuda...

Y también, la primera vez que la vio hablando con el conde Ahrenberg. ¿Su rival?

A partir de aquí su existencia empieza a desmoronarse: juego, deudas, desprecio social... Hay una posibilidad de salvación cuando entra en escena Józsa, que arrastra sus propios secretos. Ella le ama, pero, ¿será eso suficiente?

Venga, que es una novela estupenda, de verdad, hacedme caso, no os lo penséis más. Vuestro destino es leerla.


Los pétalos de rosa no poseen un dibujo tan dulce y armonioso como el que formaban el arco de su cuello, la candidez rotunda de sus hombros y la grácil curva de sus caderas. Las líneas se confundían y desaparecían en todos los puntos de su cuerpo; así permanecía a mi lado, esbelta, ideal, con sus pequeños zapatos de charol y sus medias de seda argentinas.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Moras

Moras madurando en su rama.

Sube al vagón y se sienta a mi lado. Abre la tartera y empieza a comerlas, al principio deprisa, casi con ansia. Luego más lentamente, como si su sabor le susurrase algo al oído.

Moras. Negras, maduras, dulces. Ecos de mis veranos infantiles en Pimiango. La misma avidez al cogerlas de los zarzales, la misma calma después.

Veo el camino que abandona las últimas casas, bordeando las cercas de piedra, los campos de maíz, los prados de manzanilla. Veo las moras que brotan silvestres en las lindes.

Ya estoy cerca del acantilado. Enfrente de mis ojos, el mar. Más allá, la torre del faro. A mi espalda, en el horizonte, se dan la mano las cimas de las montañas.

Si continúo caminando llegaré hasta la vieja ermita, junto a la cueva con dibujos en las paredes: peces, ciervos, búfalos, caballos, un mamut con su nítido corazón...

Y cruzando el bosque, junto a los regatos, las ruinas de arcos medievales se alzan como si fueran sillares de un castillo donde poner a prueba mi espada de madera, la que me ha tallado el abuelo.

He llegado ya a mi estación, me levanto para salir. Miro a la desconocida. Las moras descansan aún en su regazo y sonríe levemente, con los ojos entrecerrados. ¿En qué piensa?

Me gustaría llevar en este momento una cámara mágica. Una que pudiera sacar una imagen de nuestro interior.


domingo, 7 de noviembre de 2010

Propuesta a la Real Academia

Delfines nadando.

Omóplato u omoplato

Del lat. omoplăte, y este del gr. ὠμοπλάτη.

1. m. Anat. Cada uno de los dos huesos anchos, casi planos, situados a uno y otro lado de la espalda, donde se articulan los húmeros y las clavículas.

2. Sobre el mar de tu espalda, junto al borde del mundo de tus hombros, dos olas. Cuando mueves los brazos se alzan interrogantes, inquietas, alegres, y luego vuelven suavemente a caer. Qué mano pudiera acercarse a ellas, nadar entre ellas, trazar sobre ellas círculos de espuma...


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jueves, 4 de noviembre de 2010

Un dólar

Niña mirando a la cámara.

—One dollar, sir, one dollar, you get one, two, three, four, five, five for one dollar...

Y tú continúas tu camino, no has venido hasta el otro lado del mundo para comprar pulseras con cuentas de madera, quieres ver piedras, templos, palacios, construcciones de leyenda en medio de la selva.

—Monsieur, monsieur, très beaux, très beaux, un, deux, trois, quatre, cinq... Très beaux.

Vaya, también habla francés, es una cría muy espabilada. Consigue sacarte una sonrisa mientras trota a tu lado con su pequeña cesta de abalorios.

—Señor, un dólar, muy bonitas, señor, una, dos, tres, cuatro, cinco, sólo un dólar, señor.

Y te detienes, y parece contenta de haber dado por fin con el idioma adecuado, y se pone en la muñeca los adornos para mostrarte qué bien quedan. Y sigue contando: una, dos, tres, cuatro, cinco... por un dólar.

Y el sagrado papel con la efigie de Washington sale de tu cartera y a ella se le ilumina la mirada cuando lo depositas en su mano, y te hace una reverencia, muchas gracias, señor, y se va para entregárselo a alguien a quien no ves.

Y eres tú quien de los dos se siente más pobre por dentro.


miércoles, 27 de octubre de 2010

El gato al que le gustaba la lluvia

Portada del libro El gato al que le gustaba la lluvia, de Henning Mankell

Título y autor/a:El gato al que le gustaba la lluvia, de Henning Mankella.
Clave de lectura:¿Dónde se habrá metido Noche? ¿Encontrará Axel a su gato?
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:No temamos leer con otros ojos.
Música:Sommarvals, de Frifot ♪♪♪

Nuestro libro de hoy comienza cuando Lukas cumple seis años. Sus padres, Axel y Beatrice, le regalan a Noche y él se compromete a cuidarlo responsablemente. Comida, juegos, cambiar la arena...

Aunque su hermano mayor, El Torbellino, no piensa ayudarle en el empeño. Al contrario, para hacerle rabiar preferiría que echaran al intruso de casa.

Y un día, al despertar, ha desaparecido.

Beatrice intenta tranquilizar a Lukas: no puede haber ido lejos, porque está lloviendo y todos saben que a los gatos no les gusta demasiado mojarse. Pero, ¿y si el suyo fuese especial?

¿Y si hubiera viajado al País de la lluvia, dentro de una gota de agua gigante? Al menos, esa es la versión que propone Axel.

No, seguro que es un cuento, ha de recuperar a su mejor amigo como sea. Colocará carteles en todo el barrio ofreciendo un millón de recompensa, aunque primero tenga que averiguar cómo se escribe esa palabra.

O más. Si es necesario, se escapará con su almohada y dos bocadillos metidos en la mochila del colegio, para seguir buscando.

El gato al que le gustaba la lluvia, de Henning Mankell. ¿Literatura infantil y juvenil? De acuerdo. ¿Infantiloide? En absoluto.

Mankell sabe lo que se hace, tanto en sus famosos títulos policíacos como en sus demás registros. De hecho, puede dirigirse a cualquiera que no tema leer con otros ojos.

Tal como nota Lukas, «los padres piensan más despacio que los niños y a veces les cuesta entender cosas sencillas».


De vez en cuando se distinguían huellas de gato en la nieve blanca, pero Lukas sabía que eran huellas de otro gato que no era Noche. Noche estaba en un país donde caía una llovizna caliente y melódica. Estaba allí sentado sobre la roca, limpiándose el pelo y pensando.

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jueves, 7 de octubre de 2010

Saigón

Incienso en un templo de Saigón

Caos, prisas, ruido... Saigón.

Cruzo la puerta del templo.

Paz, calma, silencio... Saigón.


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jueves, 30 de septiembre de 2010

El bandolero

Bandoleros

Entro en la peluquería. Sé que intentarán vaciarme la faltriquera, que cuando les diga que vengo a cortarme el pelo insistirán en una mascarilla nutritiva, un champú con extractos de frutas o, en el colmo de la desfachatez, una sesión paralela de manicura.

Como si yo fuese un petimetre a la moda de París en lugar de un tipo curtido, al estilo del Tempranillo o de Curro Jiménez.

De manera que me mantengo alerta, sintiendo a través de la tela el peso de mis ducados. O el tacto de la tarjeta de crédito, lo mismo da. Especialmente cuando comienzan con el flequillo, lo que me obliga a cerrar los ojos.

Buenas tardes.

Alguien se acomoda en el sillón de al lado y respondo a su saludo sin parar mientes en quién puede ser. Estaré cegado aún unos segundos. Aunque... esa voz...

De repente me entra una sensación como si viajara en diligencia por Sierra Morena y la misma voz diera un alto imperioso al cochero. Inquieto, arriesgándome a un trasquilón por girar la cabeza, compruebo la identidad del vecino.

Mis piernas flaquean, no tengo posibilidad de huir. Él también me mira brevemente, mientras comienzan a extenderle espuma para un afeitado a navaja, tal como corresponde a su reputación. He de resignarme a desprenderme de cualquier cosa: oro, reloj, anillos...

Como para llevarle la contraria a Curro Jiménez, precisamente. El rey de los bandoleros. Ahora está más envejecido, pero si se enfada y llama al Estudiante, al Algarrobo y al Gitano...


domingo, 26 de septiembre de 2010

Los cañones de agosto

Portada del libro Los cañones de agosto, de Barbara W. Tuchman

Título y autor/a:Los cañones de agosto, de Barbara W. Tuchman.
Clave de lectura:Agosto de 1914: quedan días para la Gran Guerra.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Muy ameno y esclarecedor.
Música:Los planetas (Marte), de Gustav Holst ♪♪♪

Dice la leyenda que Los cañones de agosto, de Barbara W. Tuchman, era el libro que tenía Kennedy en la cabeza durante la crisis de los misiles cubanos.

Relata lo ocurrido en los albores de la Gran Guerra, en aquellas jornadas de verano de la Belle Époque, cuando una cadena de circunstancias que «nadie había empezado» llevó hasta el desastre.

Qué, quién, cómo, por qué, todos los aspectos van engarzándose en una escalada que atrapa con fuerza la atención.

A lo largo de sus páginas asistimos al ultimátum austrohúngaro sobre los serbios, el apoyo ruso a estos, la consiguiente reacción alemana, el gobierno de París activando su alianza con el zar, las presiones del káiser para traspasar la frontera belga hacia las Ardenas, la inmediata oposición británica...

Su tesis final consiste en que, llegados a determinado punto, por extraño que pueda parecer, resultaba más fácil desencadenar las hostilidades que modificar los horarios de los ferrocarriles transportando coordinadamente a las tropas hacia el frente. Ya no habría retorno.

Obra, en resumen, muy amena y esclarecedora.


Moltke y su Estado Mayor no necesitaban de Grey ni de nadie para que les dijeran lo que haría Gran Bretaña. Estaban firmemente convencidos de que Inglaterra iría a la guerra. «Cuantos más ingleses, mejor», le dijo Moltke al almirante Tirpitz, significando con esto que cuantos más ingleses desembarcaran en el continente, más serían aniquilados en la derrota decisiva.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Historias de la Cochinchina

Ceremonia caodaísta en la iglesia de Tay Ninh.

Año 1921. Te llamas Ngo Minh Chieu y eres funcionario de la administración colonial de Indochina. El día ha pasado... Bueno, como cualquier otro, ni fu ni fa, con calor, humedad y tal. Te vas a una sesión espiritista, para variar un poco.

Anda, acaba de aparecerse un gran ojo de la nada, ahí delante de ti. A lo mejor quiere decirte algo, como quiera que sea capaz de hablar un ojo. No es cuestión de ser descortés, que con estas cosas nunca se sabe. Escucha, escucha.

¿Fundar una nueva religión? No se te había ocurrido, pero tampoco está mal pensado. Se empieza de cero y quién sabe adónde puede uno llegar... Por lo pronto el símbolo ya lo tienes, así, con esa ceja en forma de arco tan bien puesta.

Hay que diseñar la jerarquía. Primero, el Ser Supremo. Como su nombre es Cao Dai, denominas a tu idea caodaísmo. Después vienen los grandes profetas y santos. Básicamente se trata de elegir a unos cuantos que sean fáciles de recordar: Napoleón Bonaparte, por ejemplo. Y Lenin, y Victor Hugo, y Juana de Arco, y Churchill, y...

Por supuesto, los credos preexistentes tienen su parte de razón, eran pasos necesarios antes de que llegaras tú, la culminación de las revelaciones. Para la cosa teológica, picas un poco de aquí y de allá. Si los sumaras a todos sería la pera. Al que se venga contigo le haces obispo y le das una túnica: las tienes amarillas, azules y rojas. Casi como en el parchís.

El tinglado tiene ya los andamios medio puestos. Necesitas ahora un templo como Dios manda —nunca mejor dicho—. Nada de pagodas sencillitas, mejor algo que llame la atención, algo más... em... más kitsch. Un merengue de fresa y vainilla. Y empiezas a dibujar en tu cabeza los planos de la iglesia de Tay Ninh.

Ya verás, van a parar por allí turistas dándole al dedo como descosidos para sacar fotos. Para que terminen de flipar, ofréceles cuatro ceremonias al día con todos los fieles de blanco blanquísimo, hombres a la derecha y mujeres a la izquierda. La curia, que se siente delante. Ah, y el coro que no falte. Exige que sean jóvenes vírgenes, qué menos.

En fin, creo que ya lo llevas encauzado, a ver si mañana no hace tanto calor. Y recuerda, el ojo te mira...


miércoles, 8 de septiembre de 2010

Salomé


Tarde de verano. No hace el mismo calor que al mediodía, cuando permanecer un par de minutos bajo el sol provocaba visiones de oasis con palmeras y cosas raras por el estilo.

Sin embargo, aún pega con fuerza, y acaba de cerrarse el semáforo para cruzar la calle. A esperar tocan. Como tarde mucho...

¡Mirad, ahí tenéis a Salomé!

Menudo brinco pego.

¡Herodes la amaba, pero era un amor de lujuria! ¡Y ella bailó para él!

Efectivamente, el semáforo ha tardado demasiado. Me ha dado el sol en la cabeza y han aparecido las visiones.

Tengo detrás a un tipo con tupida barba de patriarca, sandalias y una gran cruz de madera sobre el pecho. Sólo le falta la túnica y el báculo. Y dice con voz estentórea que introduzca en mis pensamientos a una tal Salomé.

¡Y bailó y bailó, y Herodes no pudo oponerse a su voluntad, y el precio fue la cabeza del profeta! ¡Tened cuidado, guardaos de las mujeres, alejaos de ellas porque traen consigo la lujuria...!

Desde luego, aquí el amigo tiene una idea fija. ¿Le habrá dejado la novia? Mientras dudo si iniciar un debate teológico, veo con el rabillo del ojo que el muñeco verde se ilumina y me da permiso para continuar.

Pues que se entere, cuando llegue a casa voy a poner la banda sonora de Roque Baños para la película Salomé. Con lo que me gusta la danza de los siete velos, será aguafiestas...

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martes, 24 de agosto de 2010

Angkor Wat

Angkor Wat reflejada en el estanque.

He cruzado el puente sobre la laguna, protegido por serpientes de siete cabezas. He franqueado la puerta de la muralla. El sudor que desciende por mi frente me obliga a entrecerrar los ojos y, sin embargo, necesito mantenerlos abiertos, muy abiertos.

Paso el dorso de la mano por la piel humedecida y sigo adelante. Porque está ahí, aguardándome, llenando a cada paso mi asombrada pupila.

Cada torre se alza como un milagro. Tallados en las galerías, miles de relieves relatan escenas más propias de dioses que de seres humanos.

En el Ramayana, Rama con su arco, secundado por Hanuman al frente del ejército de los monos, se opone a las huestes del demonio Ravana, que ha raptado a su esposa, la princesa Sita.

Mas allá, en la epopeya del Mahabharata, chocan los dos reinos de los Pandavas y los Kauravas, cuyas tropas avanzan desde direcciones opuestas.

Asciendo al siguiente nivel. Paseo por los patios, al pie de las elevaciones con forma de loto, una en cada esquina, rindiendo homenaje a su hermana principal en el centro.

Al principio era la morada de Vishnu, sólo soberanos y altos sacerdotes tenían derecho a hollarla. Más tarde se cincelaron imágenes de Buda. Quiero verlas más de cerca, subo nuevamente por los empinados escalones y alcanzo la cima.

El olor a incienso es signo de que el templo se encuentra aún activo. Desde allí, en cualquier dirección, lo rodea el mar vegetal que lo ocultó durante centurias.

Son incontables los restos, algunos restaurados por los arqueólogos, otros preservados en el mismo estado en que se hallaron, con raíces y troncos de árboles que abrazan sus muros. Simbólicamente, sobre las mismas losas que piso nace un arbusto en flor.

Y deseo darle gracias a la vida por haber tenido la oportunidad de llegar a este lugar. Y en el momento de abandonarlo vuelvo de continuo la cabeza, como si al segundo siguiente el sol fuera a llevárselo en su carrera por alcanzar los límites del horizonte.

Es entonces cuando susurro su nombre, suavemente: Angkor Wat…


miércoles, 28 de julio de 2010

El duelo

Buitre planeando.

Lugar: un autoservicio de comidas que no recomendaría a nadie a este lado del río Pecos. Hora: el día ha sobrepasado ya su cenit.

Los habituales del lugar dan vueltas, comprobando el contenido de los diferentes potes, ollas y sartenes, recelosos de acallar los gruñidos del estómago con las poco apetitosas propuestas del cantinero.

Yo también merodeo entre la multitud, oteando dónde podré sentarme. En el horizonte distingo un sitio vacío. A cada paso que doy para alcanzarlo, el cuchillo y el tenedor van entrechocándose sobre mi bandeja con un sonido semejante al de espuelas: clin, clin, clin...

El camino se estrecha, se convierte en un desfiladero: debo pasar entre dos grandes mesas y sólo cabe una persona a la vez.

En ese mismo momento, un grupo viene en sentido contrario, acaudillado por alguien con determinación. Se detiene. Me detengo. Nos miramos escrutadoramente a los ojos...

Los halógenos del techo inciden sobre nuestras facciones, llenándolas de aristas de luz y sombra. A pesar del aire acondicionado, una gota de sudor se forma en las sienes.

Cuando por fin vuelvo a mover los músculos de mis piernas, es como si todo ocurriera a cámara lenta.

Retrocedo. Me aparto. Se cierne sobre mí la amarga derrota, planeando con sus alas de zopilote. Él cruzará primero.

Al fin y al cabo, se trata del presidente de mi empresa. Demasiado sheriff para un humilde pistolero.


lunes, 19 de julio de 2010

South Pacific


Segunda Guerra Mundial en una isla del Pacífico Sur. Nellie es enfermera de la marina estadounidense y Emile, francés, dueño de una plantación. Los dos se han enamorado. Los dos creen que no son correspondidos.

¿Cómo podría quererme? —piensa Nellie—. Es tan culto, tan cosmopolita, y yo sin embargo no había salido de Arkansas. Jamás se fijaría en mí.

¿Cómo podría quererme? —piensa Emile—. Está tan llena de vida... Podría tener a quien quisiera. Jamás se fijaría en mí.

El teniente Cable llega desde Guadalcanal para preparar una peligrosa misión. Emile ha vivido en la zona adonde se dirige, ocupada ahora por los japoneses. Les vendría bien que fuera su guía.

Nellie piensa que apenas conoce a ese hombre. Asegura que va a quitárselo de la cabeza. Vuelven a encontrarse y él se juega el todo por el todo: le pide matrimonio. Ella acepta.

Hay tramas paralelas con el marinero Billis y Bloody Mary, vendedora de faldas de hoja de palma, así como con su hija Liat y Cable.

Emile rechaza tomar parte en la misión, no quiere separarse de Nellie. Organiza una fiesta y le presenta a Jerome y Ngana, dos niños encantadores: sus hijos.

Y su piel no es blanca, ya que Emile había estado casado con una mujer nativa. En el mundo de Nellie los blancos están a un lado y los demás al otro, no tiene más remedio que abandonarle.

Emile acepta entonces acompañar a Cable. Gracias a ellos, los bombarderos hunden unos buques enemigos. A cambio, zeros nipones acribillan al teniente. Emile es dado por desaparecido.

Nellie conoce los informes. Desesperada, se da cuenta de su error. ¿Es demasiado tarde? Los niños le enseñan una canción: Dites-moi, pourquoi la vie est belle. Emile llega y se une al coro. Familia feliz, público feliz, final feliz.

South Pacific: música de Richard Rodgers, letra de Oscar Hammerstein II. Un clásico de Broadway.

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viernes, 16 de julio de 2010

La fuga de Logan

Portada del libro La fuga de Logan, de William F. Nolan y George Clayton Johnson

Título y autor/a:La fuga de Logan, de William F. Nolan y George C. Johnson.
Clave de lectura:Huida de una sociedad futurista.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Su éxito tuvo continuación en la pantalla.
Música:La fuga de Logan, de Jerry Goldsmith ♪♪♪

La fuga de Logan, novela escrita por William F. Nolan y George Clayton Johnson, dio origen a una película y a una serie televisiva, lo cual es prueba de su éxito.

En el año 2116, las necesidades de los ciudadanos están previstas y cubiertas por el Pensador, un cerebro electrónico. Para ser feliz no hay más que dejarse llevar.

La única pega sería que todos han de morir a los veintiún años. Perdón, morir no: someterse al sueño. Debido a la superpoblación y las guerras de siglos pasados, los recursos del planeta están limitados a un número fijo de personas.

Un cristal implantado en la palma de la mano cambia de color para avisar de que va llegando el momento.

El triunfo del sistema es que la gente haya interiorizado ese destino, excepto un grupo de rebeldes. Cierto rumor hace referencia a un santuario donde vive Ballard, un viejo de más de veintiuno.

Una leyenda sin fundamento para las autoridades, claro está. Pero Jessica 6 cree en ella y quiere escapar.

Logan 3, por su parte, es un vigilante. Tras abatir a uno de los rebeldes, hermano gemelo de Jessica, comienza a investigar en su entorno, y ella le hace cambiar de idea.

Ahora les toca correr, mientras Francis, el antiguo compañero de Logan, les pisa los talones. ¡Rápido, rápido!


La figura inmóvil en la puerta avanzó. Un hombre que contaba cuarenta y dos años acercose a ellos. Su rostro, de facciones muy marcadas, daba fe de haber vivido el doble que otro cualquiera de los seres de aquel mundo. Su pelo estaba surcado de mechones grises.

sábado, 3 de julio de 2010

En el banco

Un montón de billetes.

Me acerco al banco a hacer una gestión. Ningún otro cliente, sólo la señorita que me atiende y la directora de la sucursal, hablando por teléfono en su despacho.

La señorita sonríe, varios fajos de billetes alineados sobre su escritorio indican que se fía de mí. Es como si me enviara un mensaje: Venga, agarra el dinero, ráptame, huyamos en un deportivo rojo descapotable y hagamos locuras. Yo seré tu Bonnie y tú serás mi Clyde...

Pero siéntate, por favor —la directora sale del despacho y rompe el momento—. Has venido a invertir, ¿verdad? Déjame que te explique: bonos, fondos, planes de pensiones, bla, bla, bla...

No, no, no... Prefiero la imagen anterior. ¿Cuántos habrán sucumbido a ese perverso plan de los agentes del capital? ¿Cuántos habrán llegado aquí para recoger un papel y han sido convencidos de entregar sus ahorros a la voraz maquinaria del sistema?

Ah, pero no podréis conmigo. Vámonos, Bonnie...


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martes, 29 de junio de 2010

Elegía estonia

Portada del libro Elegía estonia y otros poemas, de Jüri Talvet

Título y autor/a:Elegía estonia y otros poemas, de Jüri Talvet.
Clave de lectura:Remembranza del naufragio del Estonia.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Lleno de emoción.
Música:Estonia, de Marillion ♪♪♪

Alrededor de la una de la madrugada, el agua comenzó a entrar a bordo.

El poeta fue leyendo, cortando con la roda de su voz el áspero oleaje, el hiriente viento, la noche sin perdón que surgía de las páginas del libro.

Por unos momentos, el Estonia volvió a la vida. El gran buque navegó una vez más a través del Báltico.

El pasado, el presente, los planes de futuro, los ochocientos cincuenta y dos sueños interrumpidos. Por unos momentos, todo retornó con él desde la negra gelidez abisal.

Tras el último silencio, aquellos locos que habíamos acudido a escucharle nos acercamos con nuestros ejemplares.

El poeta fue preguntándonos los nombres, charlando unos minutos con cada uno de nosotros, escribiendo la amable dedicatoria en su interior.

Era Jüri Talvet. Era Elegía estonia y otros poemas.


No, no puede ser verdad.
Calambres de perplejidad atenazaban aquella mañana la garganta.
Gravedad de plomo en los pies, como si la tierra nos sorbiera hacia sus raíces
igual que el agua los sorbía a ellos, criaturas desnudas, súbitamente,
desde la ensoñación de sus lechos hacia sus senos fríos como el hierro.

miércoles, 16 de junio de 2010

Resumen (musical) del día en la oficina


¿Que cómo ha ido el día? Lo puedo resumir con algo de música.

Parecido al Yakety Sax de Boots Randolph, seguro que lo entendéis.

¡Un descanso, por favor!

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domingo, 13 de junio de 2010

Astrid y Veronika

Portada del libro Astrid y Veronika, de Linda Olsson

Título y autor/a:Astrid y Veronika, de Linda Olsson.
Clave de lectura:La soledad une a dos mujeres en apariencia diferentes.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Una hermosa historia de principio a fin.
Música:One Life, de Lisa Ekdahl ♪♪♪

Hoy ha amanecido un buen día para comentar la novela Astrid y Veronika, de Linda Olsson.

Veronika es una joven escritora que, tras perder a su novio en un accidente, se instala en una casa de campo del interior de Suecia.

Su vecina Astrid es una mujer mayor que prácticamente nunca ha salido del pueblo y que no habla con nadie.

En apariencia, ambas tienen poco en común, excepto la búsqueda de la soledad.

Y, sin embargo, será eso lo que las una de forma imprevista, creando una relación amistosa que entrelazará sus respectivos pasados, sus recuerdos y emociones ocultas.

Porque, cuando alguien nos ayuda a liberar ciertos secretos de los cerrojos, puede liberar también nuestra vida.

En Astrid y Veronika leemos una hermosa historia de principio a fin. Los personajes son de carne y hueso, y la descripción de todo lo que pasa por su cabeza y sus reacciones resulta absolutamente verosímil. No tengo dudas en recomendarla.


He olvidado el rostro de mi hija —dijo—. Podría describir hasta el último y exquisito detalle, pero ya no puedo verlo. —Cerró los ojos y, al empezar a hablar, su cara se relajó, sus facciones se suavizaron y una leve sonrisa afloró a sus labios.

jueves, 3 de junio de 2010

Podemos recordarlo todo por usted


Douglas Quail acude a una compañía especializada en implantar recuerdos artificiales pero totalmente vívidos. Contraviniendo las advertencias de su mujer, desea tener conciencia de una temporada en Marte, en el papel de agente secreto.

Todo va bien hasta que los técnicos encuentran un problema inesperado: parece que Quail ya hubiera estado antes en el planeta rojo y alguien le hubiera bloqueado esa parte de la memoria. A partir de entonces comienza una arriesgada carrera para recuperar la identidad.

¿Podrá confiar en desconocidos? ¿Y en aquellos a quienes conoce? Por ejemplo, su mujer... ¿es realmente su mujer?

Si estáis familiarizados con el argumento es quizá por la película Desafío total. No obstante, se trata en origen de un relato escrito por Philip K. Dick, Podemos recordarlo todo por usted, que confirma a este autor como una de las más caudalosas fuentes de ideas cinematográficas.

Disfrutad con los impactantes sones de otro grande en el apartado musical, Jerry Goldsmith, surgiendo de los altavoces.

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sábado, 22 de mayo de 2010

El diario de Géza Csáth

Portada del libro El diario de Géza Csáth

Título y autor/a:El diario de Géza Csáth.
Clave de lectura:Proceso de enloquecimiento del escritor y psiquiatra.
Valoración:✮✮✩✩✩
Comentario personal:Un burgués decadente… y poco saludable.
Música:Rapsodia húngara nº 2, de Franz Liszt ♪♪♪

Géza Csáth era primo de mi admirado Dezső Kosztolányi, lo que significa genes familiares de gran escritor. Además componía música, tocaba el piano y el violín, pintaba, era médico, psiquiatra...

En el prólogo a El diario de Géza Csáth, título bajo el que han publicado sus fragmentadas memorias, se señala que fue un autor prohibido en Hungría durante la época comunista, debido a su catalogación como «burgués decadente».

En realidad, más que decadente, lo que ocurrió es que no estaba bien de la cabeza. Este libro es una descripción en primera persona de su proceso de locura.

Comienza cuando se instala en la consulta del balneario de Stubnya, donde cualquier paciente, enfermera, camarera, visitante, madre, hija, sobrina, soltera, casada, viuda, era incapaz de resistirse a su pasión. Aparte de su prometida oficial y futura esposa, claro está.

Página a página, sigue relatando la gran juerga. Y no tarda mucho en hacerse visible una coprotagonista: la morfina.

Sin problemas para conseguir la droga, dada su profesión, Csáth se convierte en un yonqui antes de que se hubiese inventado la palabra. Cada vez más dosis, cada vez placeres más desaforados...

Al final, paranoico perdido, mata a su mujer y se suicida.

Un señor complicado, por decirlo suavemente.


Sólo Olga me consuela entre tanta pena y miseria, mejor dicho, me consolaría si no me sintiera culpable continuamente ante ella por el veneno, y no me preocupara su fidelidad en el futuro. A menudo me dominan los presentimientos de que no tendré un matrimonio feliz con esta mujer, de que me engañará vilmente, aunque hoy la encuentre amable, paciente y dulce.

miércoles, 28 de abril de 2010

A tu sombra sin cuerpo...

Ramo de rosas rojas.

Hoy, una vez más, reclama la noche
el tributo que le niegan mis ojos.
Malherido de oscuridad,
me arrebata por fin su memoria.

A tu sombra sin cuerpo estoy atado.

A tu sombra sin cuerpo, a tu ausencia
que es presencia cierta,
a esta sombra que eres tú, hecha de aire
que no puedo respirar,
que no puedo tocar,
silente,
que nunca responderá si la llamo amor.

Descansas ahora, tan inmóvil,
que para no despertarte
mi pecho se ha detenido.

Contemplo a ciegas tu rostro,
cada mínima curva, la más pequeña
huella de una sonrisa tuya
que explique el porqué del mundo.

Te beso.

Y en el último momento,
en la última oportunidad antes
del alba,
de que leve te desvanezcas,
del adiós,
será el recuerdo de ese beso, de tu sombra,
de lo que no ha ocurrido,
lo que me devuelva
de nuevo la vida.

Inmensa plenitud
de ti.