lunes, 26 de febrero de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XIII)

Algunas veces, no demasiadas, te sientes como yo ahora.

Justo has terminado la novela. Y te preguntas: ¿qué acabo de leer?

Esa historia tan vívida, tan cercana, tan plena de matices.

La de unas mujeres en la posguerra que no han salido de ninguna enciclopedia.

Que son tu abuela, tu madre, tu hermana, tu esposa, tu compañera, tu hija...

Que somos en parte todos.

Contada con esa riqueza de expresión y de registros.

Algunas veces, no demasiadas, te sientes afortunado con un libro.

Sabes que no va a desaparecer de tu memoria.

La voz dormida, de Dulce Chacón.


martes, 20 de febrero de 2018

Historia viva

¿De dónde me dijo que era? ¿De qué isla caribeña?

La música sonaba desde el cercano escenario, mientras él me contaba sus recuerdos.

En el 68 decidió darse una vuelta por el mundo. Y como el mundo tiene tantos países...

Haciendo autostop...

Llegó hasta Suecia.

Donde −y se reía con ganas− no habían visto a un hombre negro en la vida.

Pero eran muy amables.

No dejaban de ayudarle. Ni de preguntarle cuál era su unidad.

¿Unidad?

Es que creían que se había escapado de la guerra de Vietnam.

Y yo ahí, cerveza en mano, hablando con él de historia.

Historia viva.



jueves, 15 de febrero de 2018

Dead Man Walking

Dicen los gurús que Dead Man Walking es una de esas óperas que quedarán en el repertorio. Vamos, que no van a pasar doscientos años hasta que alguien vuelva a acordarse de ella.

Me parece que llevan razón.

La verdad es que lo tiene todo.

Una historia con fuerza dramática, una música que te entra enseguida...

Y si además, en la representación que yo he visto, le sumamos unos artistas con nivelazo, apaga y vámonos.

En cuanto al libreto, acerca del castigo capital que le espera a un asesino, está planteado para que el espectador reflexione.

Terrence McNally adapta un texto de Helen Prejean, basado en hechos reales, y no te cuenta algo que empiece y termine en el escenario. Quiere que interiorices el punto de vista de cada personaje y llegues (si puedes) a tus propias conclusiones.

Contemplamos así el abolicionismo de la hermana Helen, la protagonista femenina, que lucha por evitar la ejecución desde la raíz de sus convicciones religiosas.

La ira de Joseph de Rocher tras los barrotes, para quien la justicia no es equitativa al condenarlo a él y no a su hermano, cuando el crimen lo cometieron ambos.

La ciega ingenuidad de la madre de Joseph, que culpa a su difícil infancia, que cree hasta el final en su inocencia.

La actitud acomodaticia del padre Grenville, el capellán de la prisión. La pena de muerte no es que sea lo mejor, pero es que el preso tampoco quiere arrepentirse, y claro...

El orgullo del alcaide Benton, que considera la sentencia perfectamente proporcional al delito.

Y el corazón en la boca de los padres de la joven pareja asesinada. ¿Quién podrá consolarlos a ellos? −se quejan a la hermana Helen−. ¿Merece ese monstruo acaso más compasión que sus hijos?

La música, por su parte, suena muy "norteamericana". No como tópico, sino porque a menudo se tiene la sensación de que podría pertenecer a una película. El compositor Jake Heggie consigue una gran fluidez al tiempo que refleja la gama de emociones puestas sobre las tablas, tanto íntimas como violentas. Como decía al principio, te entra enseguida.

Los intérpretes, ¡uf! DiDonato, Mayes, Zifchak, Brueggergosman, Castillo... Me da pena no mencionarlos a todos, porque ya no es que cantaran bien, sino que, desde el primero hasta el último, ¡qué manera de meterse en sus papeles! ¡Qué intensidad!

Orquesta, coro, director, actores, producción…

Resumiendo: que yo no sé hacer crónicas, pero desde luego salí del Real encantado.

Encantado.


lunes, 12 de febrero de 2018

Un breve instante

Tengo frío.

Me tiemblan las manos desenguantadas.

Mientras tanto, otras manos sostienen un anhelo de papel.

Breve llama.

El anhelo prende el aire.



miércoles, 7 de febrero de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XII)

Con tanta nevada como hemos tenido últimamente, normal que me viniera a la cabeza este título.

Porque en El tiempo de los emperadores extraños, de Ignacio del Valle, la nieve cae de verdad. Y la cosa llega a los cuarenta bajo cero.

Es enero de 1943, en el frente de Leningrado, y un oficial español es hallado sin vida bajo circunstancias que apuntan a un asesinato. Así que se encarga a un soldado, asistido por un sargento de mala uva, que busque al culpable. Su mérito: haber solucionado tiempo atrás la desaparición de un cuadro del Prado.

Pero todo ha cambiado desde entonces. Tras la condena por un crimen que él mismo cometió (en otra novela, El arte de matar dragones), a cambio de la amnistía ha sido obligado a servir en la División Española de Voluntarios. Y según van aumentando las víctimas, empieza a darse cuenta de que el enemigo puede surgir de la nada, en cualquier momento..., y no está claro con qué uniforme.

Obra de detectives y suspense, en un entorno inusual. El autor consigue trasladarnos muy bien el sufrimiento de la guerra, tanto físico como psíquico, agudizado por el espantoso frío bajo el que han de sobrevivir los personajes. El final resulta inesperado, y el conjunto más que convincente.

Ah, y también hay película.



lunes, 5 de febrero de 2018

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XI)

Llegaron a hacer una película basada en esta novela.

Se comete un crimen que parece un accidente, y la protagonista insiste en investigar más a fondo que la policía. Sus sospechas nacen del particular conocimiento de la superficie por donde había caminado la víctima: la nieve.

Esta obsesión por descubrir la verdad la llevará desde Copenhague hasta su Groenlandia natal, donde alguien no quiere que el resultado de unas presuntas expediciones geológicas salga a la luz.

¿Quién será el asesino? ¿En quién confiar? ¿Podrá librarse durante la búsqueda de los propios fantasmas personales que la atenazan desde su niñez?

Tensiones dosificadas, personajes creíbles y buena ambientación. Puede que el final mereciera estar un poco más logrado, pero vaya...

La señorita Smila y su especial percepción de la nieve, de Peter Høeg.