martes, 29 de diciembre de 2020

2021

Estaba bajo tierra.

En una caverna, una ciudad subterránea, construida en tiempos antiguos.

Túneles laberínticos, piedra horadada centímetro a centímetro.

Alguien había vivido ahí, buscando protección.

Y lo entendí. Tenían agua, alimentos, refugio…

Sus enemigos no podían alcanzarlos.

Hasta que alcé la vista.

Por aquel pozo entraba aire limpio.

Y el sol. Entraba la luz del sol.

Un sencillo agujero, nada más.

Pero hoy, no sé por qué, me acuerdo de él.

Quizá recuerde lo que significa la esperanza.




lunes, 21 de diciembre de 2020

Invierno

Amanecer.

Luces exhaustas.

Árboles soñando.

Siluetas que acaricia la niebla.

Tras la ventana, silencio.

Silencio de invierno.



lunes, 14 de diciembre de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXIX)

Todo esto te daré si te postras y me adoras.

Yo vi lo que el algoritmo me ofrecía por mi historial de navegación, y…

Bueno, un poco sí que me sentí tentado.

Olía a azufre, pero también a lubricante de motores, a pólvora, a sudor, a miedo...

Al frío más extremo dejando una mueca sobre centinelas sorprendidos por los lobos.

A Tiger contra T-34.

A Messerschmitt, Stuka, Yak, Sturmovik

Olía al frente ruso.

Y con apreciaciones muy positivas en el mundillo de los aficionados al cómic.

En suma, que me postré ante el algoritmo. Lo compré y lo leí.

El ejército de la sombra es una notable novela gráfica de Olivier Speltens. Autor total, ya que se ocupa tanto del texto como de las imágenes.

Al comienzo del primer tomo, el soldado Kessler y sus amigos dejan un campo de entrenamiento de la Wehrmacht, al mando del Feldwebel Hartmann. Son jóvenes y están deseosos de entrar en combate.

La fecha, noviembre de 1942. Su destino, una ciudad llamada Stalingrado.

Al final del segundo tomo, en 1945, los Popov llegan a las puertas de Berlín.

Entre medias asistimos a grandes batallas, como Kursk, y a pequeños golpes de mano que hacen de Kessler una persona totalmente distinta.

Los protagonistas, los soldados alemanes, no pensaban que estuvieran al servicio del mal. Les habían enseñado que eran los buenos, los heroicos, los nobles guerreros del Reich.

Y todo lo que experimentan en ambos tomos los convierten en seres con un único objetivo. No hay bondad, heroicidad ni nobleza en sus actos. Solo ansia de supervivencia.

A un precio horrible.

La historia, aun no demasiado original, está perfectamente planteada: el viaje interior de los personajes, paralelo a su retirada a través de las estepas del este. La pérdida de cualquier atisbo idealista, más allá de la lealtad entre ellos mismos. La comprensión de lo que significa la guerra, la gran mentira de la guerra.

Y el dibujo, por decirlo en palabras llanas, resulta una pasada. ¡Qué elección de colores! ¡Qué detalle en el trazo! ¡Qué realismo! Cuidado hasta lo más mínimo, tanto en máquinas como en rostros. Maestría en su género.

Un último comentario, para no alargar esta no tan brevísima nota: la traducción opta por conservar numerosas expresiones en alemán y unas cuantas en ruso (con glosario). Lo que podría resultar chocante al principio (¿por qué llamar Feldwebel a un sargento?), creo que a la postre contribuye a la inmersión lectora. Así que decisión discutible pero efectiva.

Sigamos...



domingo, 6 de diciembre de 2020

Manifiesto cívico (XIV)

La Constitución…

En estos tiempos en los que todo empuja al "exilio interior", a aislarse de la vida política.

Porque provoca tal reacción de incredulidad, que no se atisba otro remedio para mantener intacta la cordura.

En estos tiempos en que destruir, odiar, separar, humillar, deberían ser elegidas palabras del año.

En los que la amoralidad compite con la falsedad, la corrupción y la ineptitud en el reparto del pastel.

En estos tiempos, en fin, en que la sociedad justa y cohesionada parece un imposible, y los culpables, quienes hemos cuarteado los sillares, somos nosotros mismos…

Solo nos queda un último pilar que las piquetas no han conseguido hundir, a despecho de su ferocidad.

La Constitución.

Tan imperfecta como cualquier obra humana.

Tan necesaria como cualquier sueño humano.

Como escribo cada año, cada 6 de diciembre…

¡Viva la Constitución Española!




lunes, 30 de noviembre de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXVIII)

¿Cómo funciona el mundo?

Ese mundo que se nos va tan rápidamente por el desagüe.

El único que tenemos…

No es una pregunta que se pueda responder en pocas frases.

No obstante, es lo que intenta Pedro Baños en El dominio mundial: mostrarnos ciertos Elementos del poder y claves geopolíticas.

Comienza con la situación del poder militar, el más obvio para lanzar el mensaje de que tienes un garrote grande y, si quisieras, podrías zurrar a cualquiera.

Después pasa a la capacidad económica, el verdadero poder. Baños recuerda que, a lo largo de la historia, gran parte de los conflictos se han originado para obtener ventajas de este tipo. Y a la fecha, la economía sigue dirigiendo al resto de las acciones geopolíticas.

La diplomacia obtiene la calificación de poder no tan blando. ¿No tenemos sentimientos de simpatía o antipatía por otros países, una especie de imagen construida a menudo más por intuiciones que por hechos concretos? La labor de la diplomacia consiste en eso, en influir para que los demás favorezcan de buena gana nuestros propios intereses.

Y no muy lejos andan los servicios de inteligencia, que proporcionan el poder de la información.

El análisis también cubre los recursos naturales, el territorio y la población, las potencialidades intangibles –como la cultura o la identidad colectiva, en las que el uso del cine tanto tiene que ver–, la tecnología, la comunicación estratégica…

El aspecto más interesante del libro es que relaciona numerosas noticias, datos, tendencias, de las que probablemente el lector tenía conocimiento por separado, o al menos algo había oído por ahí. Como si el autor nos dijese: «Mira esto, esto y esto, ahora ten en cuenta esto otro, acuérdate de aquello, ata cabos y… ¿qué te parece?».

Es decir, apela a la inteligencia allanando el camino, para que las conclusiones de cada uno acaben coincidiendo con la exposición. Habilísimo, sin duda.

Pero desde luego, los resultados lo avalan. A expensas de cierto esquematismo, crítica que podría hacérsele por querer tratar tantos temas, el conjunto resulta muy provechoso.

Buena lectura.


martes, 24 de noviembre de 2020

A la escucha (XVII)

Movilización general.

Cada bando avanza posiciones. Los pitidos del teléfono atruenan.

Mensajes y shrapnel por doquier.

−¡Que nadie me moleste en la próxima hora!
−¡El tema 4! ¡Grandioso!
−¿¡Cómo!?
−El comienzo de Demon Fire... ¡Espectacular!
−¡El mejor Brian de los últimos años!
−Está hecho un chaval.
−¡Qué buen rollo en Code Red!
−Yo voy por la 5, de momento muy normalito.
−¿La 4 no se sale?
−Me esperaba más.
−¡Verás en la 7!
−Me gusta la 6…

Y al final comprendo que no vale la neutralidad.

Hay veces que un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer.

Poner a todo trapo el último de AC/DC, vamos. A ver qué es esto que me están mandando…

−¿¡Y nadie ha dicho nada de la 3!? ¿¡De verdad nadie ha dicho nada de la 3!?


martes, 17 de noviembre de 2020

La nueva normalidad (IV)

Gente maja, que alguna vez conocí en los rincones más curiosos del mundo, me pregunta cómo lo llevo.

Contemplo la pantalla del móvil, meditando la respuesta: ¿la corta o la larga?

Hola, aquí en el búnker…

Un poco deprimente.

Darwin tenía razón, desde luego. ¿Entorno hostil? A todo se adapta uno.

Pero no es lo mismo. No lo es.

Vivir la vida, con mayor o menor fortuna…

O mirarla pasar adormecido, desde detrás del espejo.




lunes, 9 de noviembre de 2020

A la escucha (XVI)

Fin de semana largo.

Increíblemente largo, maravillosamente largo, apabullante.

Fin de semana para un maratón de jazz como la deidad manda.

Primero Ellington, que entre deidades también hay grados.

Luego el Dave Brubeck Quartet, ¡aleluya!

Y Coltrane, oh, Coltrane…

Y Davis, y Corea, y Jarrett, y Cullum…

Y Lars Danielsson con todos sus amigos.

Y Kalmán Oláh con los suyos.

Y el último día, para culminar la ascensión…

El Esbjörn Svensson Trio.

Behind the Yashmak, no hay nada más allá.

Ya puede llegar el martes.


martes, 3 de noviembre de 2020

Pimiango (XVII)

Broooooooooom

Levanto la mirada y veo un caza pasar bajo.

Broooooooooom

Y a los pocos segundos, el compañero.

Dos F-18 que vuelan hacia el mar. Esto no me lo esperaba, la verdad.

Apliquemos la lógica: si mandamos los cazas debe de ser porque nos invaden, ¿no?

Y sigamos con el razonamiento: ¿quiénes son los que han venido ya más de una vez desde el norte, en plan todo chulo, pensando que se puede desembarcar aquí como Per por su hus? ¿Eh? ¿Quiénes?

Exacto.

Los noruegos.

Los vikingos noruegos.

Pues aunque me pillan en medio de la ería, el deber me llama. Pienso alistarme a pecho descubierto, sin esperar a que el rey o el obispo hagan levas.

Se van a enterar esos invasores, con sus cascos raros y caretos de dar miedo, se van a enterar…




lunes, 26 de octubre de 2020

Pimiango (XVI)

Un errante.

Vagando sin descanso, recorriendo siempre la tierra.

Indómito, lejano, sin ataduras ni gatera.

Ah, Perveval, Perceval, yo sé bien lo que buscas. Conozco el secreto.

Camina hacia aquí y será tuyo.

Grial, Grial, Grial…

Galleta, galleta, biss, biss, bisssss




martes, 20 de octubre de 2020

Pimiango (XV)

Una nívea sombra entre rendijas, prisionero en su cueva.

Raramente se deja ver fuera, añorante de otros tiempos.

Tiempos de carreras junto a las huestes reales, en busca de la leyenda.

Y quizás también de algún ratón de campo.

Pero ahora…

Si un caballero gato se acerca, él huye a ocultarse.

Arrebatado, quebrado por hechizos su antiguo poder.

Merlín…


lunes, 12 de octubre de 2020

Un día de octubre

Un día de octubre.

Uno de fiesta, por ser más preciso. Si es que las fiestas significan todavía algo.

Enciendo el ordenador para leer unas cosas.

Pongo un disco. La estupenda Emeli Sandé.

Y el último tema hace que todo se pare alrededor, que me levante, que vaya hasta el piano, que improvise para acompañar su voz.

Para acompañar esas palabras...

Imagine all the people
living life in peace.


Buen 12 de octubre.


martes, 6 de octubre de 2020

Pimiango (XIV)

Cuando abro la puerta de casa me lo encuentro, perfilado en el umbral, contra el sol del amanecer.

Lanzarote cierra los ojos.

Lleva una mancha roja en el pecho.

Porque en la noche moran espectros, pesadillas dispuestas a atravesar cualquier muro de piedra.

Los gatos de la Tabla Redonda las conocen bien.

Ellos protegen mi sueño.



jueves, 1 de octubre de 2020

Pimiango (XIII)

El rey Arturo es noble y valeroso.

Cuando otea a un invasor corre hacia él, listo para la batalla.

Pero también muestra clemencia si rinden pleitesía a su reino.

De norte a sur, de este a oeste.

Desde la plaza hasta la cuadra al otro extremo de la calle.

Desde el portón donde monta guardia hasta la antigua escuela.

Sentado en el trono.

Orejas enhiestas.

Bigotes, estandartes al viento.

El rey Arturo es marrón y blanco.


lunes, 28 de septiembre de 2020

Nuestro mundo (XVIII)

Armenia culpa a Azerbayán.

Azerbayán culpa a Armenia.

Recuerdo algunos monumentos que vi hace años en un parque de Ereván: un MIG 21, un misil, cañones, blindados…

"Me llena de fe en el ser humano" que nada haya cambiado. Lanzas de pedernal, flechas, catapultas, mosquetes…

"Me llena de fe en el ser humano" que nada vaya jamás a cambiar.

 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

Brevísima y tibia nota sobre… (V)

Grrrrrr, grrrrrr, grrrrrr

Carraspeo preparatorio.

Definitivamente, las lecturas de este verano no han sido para gritar de entusiasmo. Pasan el corte, de acuerdo, pero por los pelos.

Recuerdo con gusto la primera novela sobre el teniente Andrade que cayó en mis manos. En orden cronológico sería la segunda de la serie: El tiempo de los emperadores extraños.

La continuación, Los demonios de Berlín, me pareció que tenía aspectos menos elogiables. O menos plausibles. Aun así, mantuvo el tipo.

La tercera es la que ocupa la nota de hoy: Soles negros. Y esta ya solo me convence si le pongo voluntad.

Ignacio del Valle sigue profundizando en la complejidad moral del protagonista, ascendido a finales de los años cuarenta a capitán. Y le hace acompañarse de Manolete, antiguo compañero de batallas, como fiel mastín.

El asesinato a resolver en esta ocasión es el de una niña, cuyo cuerpo ha sido descubierto en una finca de Extremadura. Tierra calificada de seca y cruel en las primeras páginas, que se convierte casi en un personaje más.

En ella, los vencedores de la Guerra Civil intentan que su reciente poder no se cuartee. Porque algunos vencidos no han firmado aún la rendición.

Los habitantes de Pueblo Adentro, ocultos tras las ventanas, sienten sobre todo hambre y miedo.

También Andrade teme que alguien le reconozca. Lo que ocurrió en Badajoz en 1936…

Y así, en busca de respuestas que le acerquen a lo que se va convirtiendo en una trama criminal con ramificaciones tan lejanas como Madrid y Asturias, los claroscuros de su conciencia no dejan mientras tanto de torturarle.

Quizá la niña hallada no es la única víctima. Ni será la última...

Las buenas noticias por delante:

La descripción de la posguerra es vívida y convincente. Los odios, el resentimiento, la miseria imponiéndose en muchos órdenes de la vida, no solo el material, constituyen un potente trasfondo para el género negro.

Hasta ahí, vamos bien.

Pero avanzamos a empellones a través de una trama tan confusa, deslavazada, con tantos personajes pululando no se sabe demasiado con qué rol, que lo anterior se ve eclipsado.

Y cuando el caso debería alcanzar su clímax ocurre… justo lo contrario.

Que alguien me explique el final. Si ni siquiera recuerdo quién era el tipo que…

O todo el episodio asturiano. Me atrevo a decir que inverosímil.

De manera que otra nota tibia al zurrón. Ojalá el título que inaugura la saga, El arte de matar dragones, cuando llegue a él, me quite el sabor agridulce.




martes, 8 de septiembre de 2020

A la escucha (XV)

Hablan.

Piano.

Bajo.

Batería.

Hablan.

Me enamoro demasiado fácilmente, dicen.

Sus voces llenan un teatro.

Pero no, lo que llenan es el tiempo.

Un tiempo con un significado.

Solo por ellos.

Y podemos hacer que se repita, una y otra vez…

Y otra vez…

A lo largo de la noche.

Para que Gary Peacock jamás se aleje.

Aunque su viejo corazón se empeñe en silenciarle.



domingo, 6 de septiembre de 2020

Brevísima y tibia nota sobre… (IV)

Otra novela con película asociada, como la del comentario anterior.

Todo comienza en la escena de un crimen: año 1942, Varsovia ocupada por los nazis y una mujer asesinada en su apartamento. El comisario local Liesowski debería ocuparse del caso, pero es el comandante Grau, del servicio de contraespionaje, quien toma el mando de las pesquisas.

Un testigo ha atisbado algo por una rendija: unos pantalones que bajaban la escalera del edificio.

Con las bandas típicas del uniforme de un general alemán.

Solo tres personas con tal graduación carecen de coartada: el petulante von Seydlitz-Gabler, el manipulador Kahlenberg y Tanz, símbolo del perfecto héroe germánico.

Aunque Grau no lo tendrá fácil en su labor detectivesca. Ascendido a teniente coronel cuando quizá se acerca demasiado, su obligatorio traslado a París hace imposible la resolución.

Es en esta ciudad, ya en 1944, donde un nuevo asesinato, con las mismas características, reúne a los antiguos actores. Y a varios más: Prévert, de la Sureté, el cabo Hartmann, Guillermina von Seydlitz-Gabler, su hija Ulrica, Raymonde…

Los aliados avanzan con rapidez. Y hay en marcha un complot de oficiales para acabar con Hitler. ¿Saldrá a la luz por fin, en tiempos tan convulsos, el nombre del culpable?

Tras esta sinopsis, para mí La noche de los generales ha envejecido regular.

Cuando Hans Hellmut Kirst la escribió, seguro que presentaba aspectos atrayentes. La guerra no estaba lejana, y tanto el ambiente como la caracterización de sus personajes golpearían con familiaridad a la puerta del lector.

De hecho, los personajes siguen siendo la baza más notable: cada pieza del suspense encarnada por ellos cumple un papel, como en un puzle, y la falta de cualquiera provocaría un agujero en la trama. Kirst traza las personalidades de forma convincente.

Ahora bien, si le pongo la coletilla de tibia a la nota es porque no termina de engancharme.

Resulta difícil de argumentar, más allá de una impresión obtenida "con las tripas". ¿Desarrollo demasiado aséptico? ¿Se desvela el asesino demasiado pronto? ¿Resulta la conclusión de verdad realista?

Ay, no sé, no sé…



martes, 11 de agosto de 2020

Brevísima y tibia nota sobre… (III)

Parece haber consenso erudito en que El jardín de los Finzi-Contini es una obra maestra.

Esta novela de Giorgio Bassani incluso inspiró una película homónima, ganadora del Óscar.

Y a priori tiene ingredientes para unirme a las alabanzas: en la Italia de los años treinta, la comunidad judía pasa de experimentar las mismas vicisitudes que cualquiera en esa época y lugar, a convertirse en especial objetivo de persecución.

El protagonista rememora su vida desde el momento en que se cruza con los hermanos Alberto y Micòl Finzi-Contini: la niñez, la adolescencia, la juventud…

Las veladas en el gran jardín familiar, jugando al tenis, en la biblioteca, bajo el crescendo ominoso de las leyes raciales que intentan apartarlos de la sociedad.

Sobre todo, rememora lo que nace dentro de él hacia Micòl. La cercana e inaccesible Micòl.

Pero en vez de alabarla, me quedo a medio camino en la apreciación. Es decir, tibio.

Mi problema al hacer balance es que, en términos narrativos, no ocurre mucho de interés.

La atmósfera burguesa e indolente, el mundo fuera del mundo en que los personajes se ven obligados a aislarse, se convierte en un conjunto de imágenes a cámara lenta donde cada página resulta similar a la anterior.

Donde ni siquiera la historia de desamor consigue levantar el drama.

No puedo opinar otra cosa.



lunes, 27 de julio de 2020

Recuerdos de viaje (VII)

Lo triste no es que sea museo o mezquita.

O catedral o sinagoga, o templo de Buda o de Atenea.

O de la diosa Razón, como cantaban los aviadores.

Porque el ser humano busca algo. Desde los albores.

Y en su camino ha construido cosas hermosas.

No, lo triste de verdad es que no sepa lo que busca.

Ni cuál es la pregunta ni cuál la respuesta.

Y de su confusión haga nacer dogmas, aspavientos…

Reglas por la espada…

Soberbia, sectarismo, desprecio…

En lugar de compartir la paz que cada uno lleve dentro.



lunes, 20 de julio de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXVII)

Al principio, muchos se las prometían felices. En una estación berlinesa, a punto de coger un tren para incorporarse a su regimiento en Praga, Egon Erwin Kisch escuchó a miles de personas cantar jubilosas.

Era el 29 de julio de 1914, en medio de la movilización general. Dos días más tarde, el viernes 31, hizo la primera anotación en su diario. ¡Escríbelo, Kisch!: con este título lo publicó años más tarde.

Hasta el 22 de marzo de 1915 en que, herido, volvió a casa. Jornada tras jornada de avances, retiradas, desastres, sinsentidos, miserias y, sobre todo, muerte, reflejadas en cada página.

De las que pueden extraerse varias lecciones.

Por supuesto, la primera sería afianzarse en la idea de que malditas sean las guerras. Y más malditos aún quienes las desean y se aprovechan de ellas.

De repente, el autor, que estaba haciéndose un nombre en el mundo literario y periodístico, es arrancado del entorno civil y se lo manda a conquistar Serbia. El asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo…

Igual que a él, a los reservistas de cualquier profesión austríacos, checos, húngaros, croatas…

Y contra lo que cabía esperar –o no, dada la descripción de los hechos–, empujados por políticos grandilocuentes y liderados por oficiales de incompetencia criminal, todos ellos entran en el infierno.

Otra lección vendría a enriquecernos en el plano del conocimiento histórico. Porque la imagen que tenemos del gran conflicto mundial son las batallas en las trincheras del frente del oeste, pero en el este y en los Balcanes se desarrollaron también acontecimientos con influencia decisiva sobre los mapas del siglo XX.

Aunque quizá haya una que resulte la más importante: mostrar cómo las personas, el entramado social, las naciones, se dejan manipular y dominar en sus ideas y en sus actos hasta que ya no pueden escapar de la espiral creada.

Hasta que solo se trata de sobrevivir.



lunes, 13 de julio de 2020

La nueva normalidad (III)

Mi antigua ventana.

Mi antigua habitación.

Paseo por la casa, escudriñando los rincones.

Los cuadros, las enciclopedias, las casetes…

Todo sigue ahí.

Mamá ha hecho verdinas para comer.

Puede que no me recueste luego en el suelo para construir bases espaciales. No han venido los peques.

Tampoco hay abrazos al llegar ni al despedirme. Mascarilla e hidrogel.

Pero es un nuevo comienzo.

Todo tiene un comienzo.

Y aquí y ahora, junto a esta sencilla ventana, es suficiente.



lunes, 6 de julio de 2020

A la escucha (XIV)

Ciertamente, es difícil definir el talento.

Delimitarlo, explicar a la manera de un diccionario cómo alguien tiene una idea, le da forma, nos la ofrece y la consecuencia es…

La emoción.

Ennio Morricone consiguió ese resultado muchas veces. Con las vibraciones del aire que llamamos música llenó nuestros sentidos.

Grazie, maestro. Addio.



miércoles, 1 de julio de 2020

La nueva normalidad (II)

¿Fuera? ¿El Real Madrid fuera? ¿La liga perdida? Ayyyyyyy…

¿Y el Barcelona? ¿Y el Valencia?

Definitivamente, la nueva normalidad no va por donde debería. Por lo menos en baloncesto.

Pero como se trata de pasarlo bien, a media parte de la final me voy al armario y saco la camiseta.

Es una larga historia, hasta tiene unas cuantas firmas y todo.

Veo el resto del partido con ella puesta.

El último tiro: ¿entra, no entra, entra, no entra?

¡Baskonia, campeón! ¡Enhorabuena!



lunes, 29 de junio de 2020

La nueva normalidad

La nueva normalidad resulta… En fin, normal "de aquella manera".

¿De verdad no podemos ir a ver a los Rock Overs como siempre, disfrutando en primera fila, birrita fresca en mano? ¿De verdad?

Añoranza.

Pero no todo está perdido.

Tenemos la tecnología, tenemos las ganas y tenemos una buena nevera en casa. Así que…

¡Que no decaiga!



lunes, 22 de junio de 2020

Recuerdos de viaje (VI)

Correteo detrás con alegría, como un niño.

Nunca había visto uno antes. Sus orejas, su hocico, su armadura

Todo es nuevo para mí.

Y sí, puede que suene demasiado infantil. Ingenuo en cualquier caso.

Pero si hay algo que precisamente desee con fuerza es no perder jamás esa ilusión.

La de maravillarme tras los pasos de un armadillo.

Como un niño.



martes, 16 de junio de 2020

Recuerdos de viaje (V)

Más de once mil años.

Pilares, muros, estructuras, pictogramas, animales finamente cincelados sobre la piedra.

Antes que cualquier otra construcción de la humanidad.

Y ahí estoy, al borde de las excavaciones, capturando imágenes con una máquina del siglo XXI, la boca abierta y la cabeza llena de preguntas sobre lo que desconocemos de nosotros mismos.

¿Cómo, por qué, quiénes…?

Más de once mil…



jueves, 11 de junio de 2020

Recuerdos de viaje (IV)

Ya casi es invierno.

En las montañas de alrededor, la primera nieve.

Camino junto a las columnas jónicas, mientras ellos se acercan. Son cinco.

Suben los escalones. Alguien hace sonar un diapasón.

Comienzan a cantar.

Cinco voces…

Descubro la música coral armenia.



lunes, 8 de junio de 2020

Recuerdos de viaje (III)

Preparo el encuadre, el enfoque, comienzo a apretar el botón de disparo…

Justo entonces, me doy cuenta.

Tardo apenas un segundo en cambiar la distancia.

Y en vez de fotografiar una vieja iglesia, capturo una mirada.

Solo eso, una mirada.

Más valiosa que todas las piedras y la argamasa del mundo.



miércoles, 3 de junio de 2020

Recuerdos de viaje (II)

Solo.

En medio de las aguas.

Sus ramas, su tronco…

Su sombra…

Un grito.

De soledad.



miércoles, 27 de mayo de 2020

Recuerdos de viaje

No sé quiénes son Frank y Esther. Yo solo pasaba por allí.

No sé si su segunda oportunidad les trajo lo que buscaban.

Ni dónde estarán hoy.

Pero sí sé que en algo tenían razón cuando dejaron su mensaje en aquel puente.

Ha de haber más luz que oscuridad en los días por llegar.



martes, 26 de mayo de 2020

El asedio (L)

La ventana entreabierta mientras trabajo. Los pájaros llenan los silencios de la música de fondo.

Gorriones, Marin Marais y Monsieur de Sainte Colombe.

Breves sorbos a la taza de café, que se va entibiando.

Hace pocos meses estaba en un edificio "inteligente", donde no entra el aire o los sonidos de fuera.

Tampoco creo que Marais hubiera sido el acompañante de mis dedos sobre el teclado.

Ya no necesitamos parapetarnos a cal y canto, al menos de momento. Pero el mundo que conocíamos, el familiar de cada mañana, se ha ido. Ahora es otro.

Y hay que descubrirlo.



domingo, 24 de mayo de 2020

El asedio (XLIX)

Fin de semana corto. En fin, todos lo parecen.

El último antes de que el asedio comience a levantarse, aunque todavía hayamos de hacer guardia junto al portón.

Días propicios para algún maratón de música en casa, por ejemplo, mientras remoloneamos un poco.

Las sinfonías completas de Schubert, la Carmen de Bizet, bandas sonoras de Steiner, de Korngold, de Waxman…

El Otelo de Verdi, La vida breve de Falla, el piano de Satie, Gubaidulina…

Y en los últimos momentos del domingo, mientras escribo estas líneas, Schubert de nuevo.

El quinteto en do mayor.

Adagio.




jueves, 21 de mayo de 2020

El asedio (XLVIII)

Durante el asedio, el tiempo transcurre en diferentes sentidos.

Lo que creíamos perdido vuelve a nosotros, aunque hayamos olvidado qué significa.

Como el pasado que me atormenta desde una hoja de papel.

Primero fuerte y luego suave.

Eso está escrito.

Pero no logro entenderlo.

Mantengo los ojos fijos en las palabras, como si pudiera bracear así a través de su abismo.

Profundo, demasiado profundo.

Y en mi interior, una voz se pregunta…

¿Qué quería decir quien me dio la receta de la quesada hace años?

Leche, azúcar, harina, mantequilla, yogur, huevos, ralladura de limón, canela, media hora al horno, primero fuerte y luego suave.

¿Cuánto se supone que es "fuerte"? ¡Que no me acuerdo! ¡Que ya he metido la bandeja y tengo que regular el termostato!



lunes, 18 de mayo de 2020

El asedio (XLVII)

Los de mi generación tuvimos al Comando G y a Mazinger Z.

Y a Afrodita A. No nos olvidemos, en orden alfabético, de Afrodita A.

Los de generaciones posteriores vieron a Benji y Oliver, Goku o Pokemon.

Crecimos haciendo judo en el cole.

Comemos sushi como el que come paella, con toda naturalidad.

Yo lo digo en público: le echo soja al gazpacho.

Ahora, los zapatos se quedan a la puerta de casa.

Saludamos a dos metros de distancia.

Llevamos mascarillas por la calle…

Ya queda menos.

Llegará el día en que terminen las fases, abran de nuevo los garitos y podamos pedir con entusiasmo:

¡Sake, sake, sake!

Qué ganas tengo de que llegue.



viernes, 15 de mayo de 2020

El asedio (XLVI)

Hace dos semanas, la última vez que salí a la compra, no recuerdo que estuvieran.

Pero ahí han crecido desde entonces. Los tallos brotan en la linde de la acera.

Sus raíces rompen intrépidas el asfalto y la piedra.

Alguien vendrá, más tarde o más temprano, y ¡chas!, se acabó.

O si no, se agostarán. Es su destino.

Pero me gustaría que no ocurriera así. Contemplar sus hojas abriéndose a la luz es como un símbolo.

Lo inerte cede de nuevo el paso a la vida.



miércoles, 13 de mayo de 2020

El asedio (XLV)

Salgo de la farmacia con una flamante mascarilla nueva. Y aprovecho la visita para comprar otras cuatro o cinco cosas que parecen de poco lujo: pasta de dientes, cepillo, gel de desinfección, toallitas…

Al poner el pie en la calle, mi cartera pesa casi cincuenta reales de vellón menos. Se dice pronto.

Y pienso: ¿cuántas personas tendrán ahora mismo que sopesar si hacer la misma compra?

¿A qué deberían renunciar por innecesario? ¿Al dentífrico? ¿Al gel?

¿A las mascarillas?

Como suele ocurrir, a las economías que ya estaban mal antes del asedio les irá incluso peor. Pero cuidado.

Quienes vivían con más desahogo quizá no se libren de caer igualmente.

De manera que, o remamos juntos, repartiendo tanto esfuerzos como beneficios, recortando por aquí para compensar por allá, o esto puede acabar en una catástrofe como no ocurría desde hace generaciones.

Unión. Generosidad. Miras comunes. No contemplarse el ombligo, sino aplicar inteligencia social para superar la prueba. Esas deberían ser nuestras prioridades.

Porque si nos hundimos…

Nos hundimos todos.



lunes, 11 de mayo de 2020

El asedio (XLIV)

Nueva semana en danza.

Y la crisis continúa, aunque sigamos dando lo mejor de nosotros mismos. No tenemos garantías después de tantos sacrificios.

Ni las tendremos.

Pero concedámonos un respiro, incluso si solo es de tres minutos. Con la canción adecuada, yo creo que…


viernes, 8 de mayo de 2020

El asedio (XLIII)

Una mañana de sábado.

Enciendo el televisor. Me siento en el viejo sofá marrón. Empiezo a hacer los deberes del colegio.

Suena música.

Después de un rato, tengo la necesidad de parar.

¿Qué están tocando? ¿Qué clase de sonido es ese?

Escucho ensimismado…

Una mañana de viernes.

Enciendo el ordenador. Me siento en la silla azul ya desgastada. Empiezo a abrir los archivos del trabajo.

Suena música.

Después de un rato, tengo la necesidad de parar.

¿Qué están tocando? ¿Qué clase de sonido es ese?

Escucho ensimismado…

Así, tantos años después, continúa el viaje vital. Desde aquel sábado de niño hasta hoy.

Entonces una sinfonía, ahora una sonata para piano… Pero el mismo sentimiento apoderándose de mí en ambas.

Gracias, papá Haydn.



miércoles, 6 de mayo de 2020

El asedio (XLII)

Me aburría.

Los ejercicios de calistenia clásicos son un rollo, la verdad. Abajo, arriba, abajo, hop, hop, hop, demasiado mecánico todo.

Pero de alguna manera he de contrarrestar el descubrimiento del arte de la repostería durante el asedio. Hay recetas que tienen un peligro…

Así que, en medio de una sesión mañanera de sentadillas y flexiones, me puse de repente a improvisar, dejé ir a la imaginación y…

Acabé inventando la "expresión corporal".

Una a mi estilo particular e intransferible. A ver si puedo describir los movimientos.

Alejo muros imaginarios, levanto el techo, soy un río que fluye, el pez que nada en sus aguas, un ave planeando, soy tanto la brisa como el impredecible viento.

Visto desde fuera no queda claro, lo admito. Debo parecer más bien un orate que estira en todas direcciones brazos y piernas desmadejados.

Pero oye, ¿y quién se va a enterar?



lunes, 4 de mayo de 2020

El asedio (XLI)

Baila sola.

Baila sola, literalmente.

La vecina de enfrente, la que tiene mil luces que parpadean cada noche alrededor de la ventana, y la silueta de un unicornio pegada sobre el cristal, va danzando por su salón.

No puedo saber qué música ha elegido, pero a juzgar por sus movimientos me parece, me parece…

Sí, tiene que ser una folía.

Asedio o no asedio, estas son cosas primaverales.


sábado, 2 de mayo de 2020

El asedio (XL)

Si de tradiciones se tratara, a estas alturas del año habría estado dando una vuelta por algún lugar del mundo. En semana de puente es lo suyo.

Quizá me hubiera sentado en alguna terraza, pedido vino de la tierra y dejado pasar un largo rato pensando en… ¿quién sabe en qué?

Quizá en nada, excepto el hecho de disfrutar de ese lugar y ese momento.

Pero las terrazas aún estarán vacías.

Así que ayer, cuando tres amigos aparecimos en un mosaico sobre la pantalla del móvil, cada uno descorchó su botella y brindamos a muchos kilómetros de distancia.

Brindamos por nosotros. Por el lugar y el momento.

¡Salud!



jueves, 30 de abril de 2020

El asedio (XXXIX)

Me pregunto, cuando el asedio nos deje respirar un poco, qué será lo que habremos aprendido.

¿A vivir en una sociedad más equilibrada? ¿Menos ciegamente consumista? ¿En la que no nos consideremos dueños infatuados del mundo?

¿Donde escuchar sea la norma, en vez de gritar más que los demás? ¿Donde se entienda que, en nuestra fragilidad, lo que pretendidamente nos separa no tiene ni punto de comparación con lo que nos une?

¿A ir de frente? ¿Se aceptará que se pueden cometer errores y ese es el primer paso para solucionarlos? En lugar de negar, ocultar, confundir a toda costa.

¿Habremos aprendido que siempre existe un mañana, para lo bueno y para lo malo, y que llega mucho antes de lo que parece?

¿O seguiremos creyendo que las personas somos islas, como dice la canción? Y que sálvese quien pueda...



martes, 28 de abril de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXVI)

Ochocientas y pico páginas, buf…

Este es el típico libro que me compro enseguida, porque el tema me interesa, y luego me da pereza empezarlo por su grosor.

Pero como no tengo muchos sitios a los que ir últimamente, he tomado la ocasión al vuelo.

La Segunda Guerra Mundial en el mar, de Craig L. Symonds, es un estudio de impecable factura, en el sentido de la documentación y de aprovechar el conocimiento historiográfico acumulado desde el final del conflicto.

Tras una introducción sobre las políticas navales de entreguerras, cuya visión estratégica venía heredada en gran medida de la Primera, Symonds entra en harina con los hundimientos del Courageous y del Royal Oak por parte de submarinos alemanes, hasta llegar a la firma de la rendición japonesa a bordo del Missouri.

Entre medias, todos los escenarios del globo y todas las fuerzas involucradas: cargueros, corbetas de escolta, destructores, sumergibles, buques de desembarco, acorazados, portaaviones, los nuevos reyes del océano…

Como señalaba, los avances historiográficos aportan luz a múltiples episodios que, interrelacionados, permiten entender la definitiva victoria aliada. Aunque también resulta casi increíble cuán a menudo un enfrentamiento se decidió por detalles que podrían resumirse en la palabra "suerte".

Otra característica de la obra es la preponderancia que otorga al Pacífico, donde se desgranan las operaciones anfibias con minucioso detalle. ¿Quizá el Mediterráneo, por ejemplo, no disfruta de ese nivel de atención? Pues sí, si buscamos una crítica, quizá.

Y por supuesto, en un proyecto de este calado, no deja atrás aspectos fundamentales como el esfuerzo tecnológico e industrial, las personalidades de sus protagonistas o el trabajo de inteligencia para intentar adelantarse a los movimientos enemigos –especialmente, el descifrado del sistema Enigma–.

En suma, una lectura agradecida, que no defraudará a ningún aficionado a la Historia.

Ah, y quitando las notas, las páginas se quedan en setecientas cuarenta y siete. ¡Eso ya es otra cosa!



lunes, 27 de abril de 2020

El asedio (XXXVIII)

Aún no puede ser como esta la foto del día. Aún no.

Nadie sabe cuándo. Ni siquiera cómo.

Pero sí que el esfuerzo habrá merecido la pena.

Porque la vida resurgirá.

Nos recuperaremos.



sábado, 25 de abril de 2020

El asedio (XXXVII)

El súbito estruendo me levanta de la silla. ¡Una fuga de agua!

Suena como un estallido, como un géiser, como una catarata.

Pero recorro las habitaciones y no hallo la causa.

Hasta que, en el dormitorio, veo la ventana abierta. Debí de dejarla así por la mañana.

¿Una tormenta entonces?

Y no, tampoco es una tormenta. Aunque su fuerza consiga engañar a mi oído.

Los aplausos de los asediados crean hoy un eco inmenso, mayor que nunca, en todo el patio de manzana.

Una corriente incontenible …



viernes, 24 de abril de 2020

El asedio (XXXVI)

Yo solo digo una cosa.

El sábado 25 de abril de 2020, la Ópera de Nueva York retransmite en abierto La Traviata.

Sí, sí, oigan, La Traviata.

Tan fácil como conectarse a su web para escuchar a Natalie Dessay y compañía.

¿Que luego hay gente que va a su bola, sempre libera, y no hace caso y no se conecta? Bueno, cada uno es cada uno.

¿Que no quieren pasar un di felice? Vale, vale…

Pero es que es Verdi, caramba. Es que es Dessay. ¿A quién no le va a apetecer? Anda, quita, ¡follie!

A ver si llega mañana de una vez.



jueves, 23 de abril de 2020

El asedio (XXXV)

Marcos Mundstock

Las manos cubriendo los ojos, sosteniendo la cabeza…

Adiós.

Pero no tendría sentido un gesto de tristeza prolongado. Lo que merece su memoria es una sonrisa amplia y franca.

Y si incluso tuvimos la fortuna de verlo en persona sobre un escenario, junto al resto de Les Luthiers, revivir las miles de carcajadas que resonaron.

Ese ha de ser su legado y la prueba de nuestra gratitud.



miércoles, 22 de abril de 2020

El asedio (XXXIV)

Nuestro buscador amigo nos avisa en su logo de que hoy es el Día de la Tierra. ¿Ah, sí? ¿Hay un Día de la Tierra? ¿Y solo uno?

Si pinchamos, nos informa de que las abejas son aún más amigas que nuestro buscador amigo, porque polinizan casi todo lo que crece en el planeta. Incluyendo lo que luego nos comemos.

Pues me gustaría subir una foto de abejas para sumarme al homenaje, pero resulta que no tengo ninguna. Me lo apunto para cuando se acabe el asedio.

Habrá que conformarse con una mariposa, que también cumplen su rol de polinizar, al fin y al cabo. Allá va.



martes, 21 de abril de 2020

El asedio (XXXIII)

Una, dos, tres, cuatro, cinco…

Plof. No, definitivamente cuatro.

Me asalta la melancolía. No sé qué hacer.

Cuando traje a casa la orquídea, el día antes de comenzar el asedio, su belleza era… ¿Cómo describirla?

Era como Isabeau, pero en orquídea.

Ya sabéis, Isabeau: el hechizo al despuntar el alba, el capitán Navarre, el obispo, Lady Halcón…

Hermosísima. Y con doce flores.

Junto al ordenador del trabajo, su presencia me transportaba a horizontes de bienestar sin fin.

Hasta que… Doce, once, diez, nueve, ocho…

Cada mañana hay una menos.

Le quedan cuatro.

Y no me puedo pelear en duelo mortal con ningún capitán de la guardia para solucionarlo.

Isabeau, mi Isabeau…



lunes, 20 de abril de 2020

El asedio (XXXII)

Enciendo la tele, a ver qué echan.

En el primer canal al azar, un actor conocido que debe de ser del FBI y su acompañante que no sé quién es se meten en una casa buscando no sé qué.

Pero oyen un ruido y se esconden. Otros dos tipos entran en escena y parece que también buscan lo que quiera que busquen.

El agente federal se hace visible, amartillando su arma, y dice algo como: «Qué sorpresa, inspector».

El segundo intruso se da la vuelta, se quita una capucha que da suspense a la situación (en la fantasía del guionista) y la mujer exclama: «¡Miles!».

Él responde: «Hola, cariño».

Como si de un resorte mental se tratara, mi mano vuela rauda hacia el mando a distancia. Apagar, apagar, apagar…

A continuación escojo un CD, voy hasta el equipo de música y lo introduzco. Me aporta todo lo que necesito justo aquí y ahora.

Miles Davis.

¡Miles!



domingo, 19 de abril de 2020

El asedio (XXXI)

Hoy me he sentido romántico todo el día.

Eh, quiero decir que… En fin, no es lo que… Vamos, que…

¡Uf! Romántico de Romanticismo.

Por lo cual me he echado al coleto las sinfonías de Schumann, un par de conciertos de Paganini, algo de Chopin, Mendelssohn, por supuesto, el Septeto de Beethoven, oberturas de Rossini…

Un domingo muy agradable.



sábado, 18 de abril de 2020

El asedio (XXX)

Me consumía la impaciencia, tenía que obtener resultados antes de la mañana siguiente. Así que accioné el interruptor y comenzó a fluir la electricidad.

Estas instalaciones modernas son una ventaja, por cierto. Hace siglos tendría que haber enviado a cualquier Igor con pararrayos a lo alto de una almena.

Que si espera la tormenta, que si plus de nocturnidad, que si Walpurgis es fiesta…

Pero los tiempos son los tiempos. Ahora le das al botoncito y la vitro se pone roja en un santiamén.

Decía entonces que comenzó a fluir la electricidad. El agua hirvió en la cazuela, la flanera flotó un buen rato al baño maría y por fin, por fin…

El flan no cuajó.

¡Qué vergüenza!

¿Habría de conformarme con un fracaso tan monumental, tan parecido a las natillas?

Lívido de ira, agarré un bol y arrojé en él todo lo que tenía en el laboratorio.

¿Harina? Adentro. ¿Cacao? Toma. ¿Azúcar? Morena. ¿Leche? ¡La leche! Huevo, galletas, canela…

Batí frenético, dominado por el ansia de crear. ¡Mi criatura! ¡Mi desayuno!

El aspecto de la mezcla daba un poco de miedo al meterlo en el microondas, pero cuando ¡ting! sonó el timbre…

¡Está viva, está vivaaaaaaaa!

Está, está… Mmmmmm. Oye, qué buena está, ñam, ñam, ñam, ñam.

Si es que soy un monstruo.


viernes, 17 de abril de 2020

El asedio (XXIX)

Oh tú, gran ciudad, cornucopia de dones, trono del alto y del bajo mundo, quien haya probado tus birras no será ya capaz de saciar la sed en ninguna otra fuente.

Yo entono por ello tus alabanzas en modo dórico, frigio y mixolidio.

Dicen que el estrés ha huido de tus calles, que el betún reluce, que hasta los jabalíes vienen a hozar un poco.

Dicen que tus torres de acero y vidrio se yerguen poderosas, mostrando el cenit de tu gloria.

Y dicen, dicen… que si también nosotros alzamos los ojos… Dicen… ¡que se ve el cielo! ¡Que no hay porquería en el aire! ¡Y hasta menos dióxido de nitrógeno!

Bueno, gran ciudad, esto último tengo que verlo para creerlo. Voy pasando el trapo a la cámara mientras dura el asedio, cargo las baterías y luego ya hablamos.

Es que va a ser tan raro…



jueves, 16 de abril de 2020

El asedio (XXVIII)

Noche avanzada, la luz de una sencilla vela temblando a tu lado.

Meditas sobre todo lo bueno que aún podrás vivir, tras derrotar hoy de nuevo a los seres invisibles del asedio.

Quizá, lo que podrás alegrar la vida de otros.

Las notas empiezan a sonar en la pequeña habitación.

A Single Man, de Abel Korzeniowski.

Hay una música para cada momento.



miércoles, 15 de abril de 2020

El asedio (XXVII)

Cierro el portátil del trabajo. Hago mis ejercicios de estiramiento. Enciendo la radio.

El locutor desea que votemos entre tres canciones de Status Quo, Village People y Fito y los Fitipaldis, para homenajear a las personas de las fuerzas y cuerpos de seguridad.

Por supuesto, hay profesiones que ya tenían un prestigio y lo van a aumentar aún más durante el asedio. La medicina, en cabeza.

Las diversas policías y el ejército, con mucha visibilidad, seguramente participarán de ese reconocimiento.

Y otras labores necesarias para que los servicios básicos sigan funcionando, a despecho de dificultades e improvisaciones, a lo mejor se quedan en la sombra.

Pero esto no es en sí un tema de homenajes, medallas o discursos, aunque por supuesto todos los méritos deban reconocerse.

Lo más importante es que valoremos la cadena social en su conjunto. Al actuar todos en favor del bien común, a un gran coste personal en ocasiones, lo que estamos consiguiendo es una recompensa compartida.

De manera que el tema musical que propongo es You’ll Never Walk Alone. Nunca caminarás solo.

Para cada uno de vosotros.
Cuando camines a través de una tormenta / mantén la cabeza alta / y no temas a la oscuridad. / Al final de una tormenta / hay un cielo dorado / y la dulce canción de plata de una alondra. / Camina a través del viento, / camina a través de la lluvia, / aunque tus sueños se tambaleen. / Camina, camina, / con esperanza en tu corazón, / y nunca caminarás solo.


martes, 14 de abril de 2020

El asedio (XXVI)

Martes, día de un dios iracundo.

Más o menos como Tiwaz o Tyr hacia el septentrión, el de Tuesday, Dienstag o Tisdag.

Vamos, que por etimología es normal que los martes suenen a retumbos y goterones de respeto.

Y eso justamente es lo que hoy nos ha caído, en este martes de asedio. Una colérica tormenta de primavera.

Poca novedad que reseñar aparte.



lunes, 13 de abril de 2020

El asedio (XXV)

Es difícil replicar el punch del original, de acuerdo. El sonido que transmitía aquel Fokker DR1 en la época dorada de sus acrobacias…

No obstante, en esta reconstrucción tenemos al motor y la mitad de las alas del triplano, y los musicazos que forman la otra mitad y el resto del fuselaje son de los buenos, buenos de verdad.

Además, la letra no podría haberse ajustado más a estos días. Así que, con todos vosotros, para vuestro disfrute, en vivo y en videoconferencia, ¡Los Barones!

¡Resistiré 2020!



domingo, 12 de abril de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXV)

Ah, la clase media…

Si tenemos la suerte de una vida larga y llena de libros con que acompañarla, al final la aristocracia de lo leído, la crème de la crème, con sus títulos, nombres, patronímicos (si acaso hay personajes rusos) y oropeles en nuestra memoria, será con seguridad más escasa que la clase media.

Pero tenemos que apreciar esta en su justo valor.

Por ejemplo, novelas que no llegan a lo excelso pero están bien escritas, proponen una trama sólida, una ambientación conseguida y que, en resumidas cuentas, nos regalan estupendas horas pegados a sus páginas.

Como Ciudad de ladrones, de David Benioff.

Aquí aparecen muchos rusos. Y algunos alemanes también. No en vano, los protagonistas se encuentran en medio del asedio de Leningrado, a principios de 1942.

El propio autor relata que su abuelo mató a dos alemanes antes de cumplir los dieciocho años, pero él desconoce el origen de esa historia. De manera que, en cierta ocasión que va a visitarle, a él y a su abuela, a su retiro de Florida, les pregunta sobre sus experiencias en la guerra.

Y así se desgrana una aventura que da comienzo con el adolescente Lev viendo descencer el paracaídas de un "Fritz" derribado, desde la azotea del edificio de apartamentos Kirov. Capturado por el NKVD tras saquear las pertenencias del aviador enemigo, solo le cabe esperar el fusilamiento.

Aunque no ocurre así, para su sorpresa. Al menos, no inmediatamente. Ni tampoco ejecutan al soldado con quien comparte su celda, el singularísimo Kolya, a pesar de que es la pena sumaria para los acusados de desertar.

El trato es este: si encuentran una docena de huevos en la ciudad sitiada, destinados a preparar un pastel para la boda de la hija de un coronel, olvidarán sus actos de traición.

El coronel cree que ambos, como buenos ladrones, serán capaces de llevarle lo que sus hombres no han podido hallar.

El Mercado del Heno, que resulta un lugar lleno de peligros. Una casa tras las líneas, frecuentada por oficiales nazis. La desconfianza de un grupo de partisanos, incluída la joven francotiradora Vika. La implacable crueldad de Abendroth, al mando de los Einsatzgruppen que peinan el bosque…

No sé hasta cuándo me acordaré de ella, pero a mí esta obra me ha gustado mucho.




sábado, 11 de abril de 2020

El asedio (XXIV)

Color ceniza. No me gusta.

No sé por qué mi herencia romana tiene en esto más peso que la celta, con sus menhires y sus robles ocultos bajo perennes brumas.

Pero yo prefiero que, al abrir los ojos, lo primero del día sea un cielo azul. Con un pelín más de magenta que de cian, puestos a ponernos pijoteros.

Puede haber nubes, por supuesto, como en los títulos de Los Simpson. E incluso esas aeropistas por donde han pasado reactores, las estelas de condensación, a veces tienen cierta gracia.

Ahora, si ya empezamos la jornada directamente con grises, hum… Lleva a plantearse lo de salir de debajo del edredón.

Otro sábado de asedio.



viernes, 10 de abril de 2020

El asedio (XXIII)

Musicalmente hablando, en mi barrio se practican dos instrumentos: palmas y cacerolas.

Es ya tradición. A las horas marcadas, cada terraza recibe la visita de vecinos deseosos de mostrar sus progresos.

El ritmo, en el caso de los aplausos, suele empezar poco definido. Aunque, a manera de jam session, siempre acaba convergiendo. Compás de 4/4, diría yo: PLAS, plas, PLAS, plas…

En cuanto a la percusión, tampoco al principio resulta fácil distinguir patrones: tilintilintilintilintilín, POM, pom, pom, pom, TUN, turún, TUN, DIN, dindorindon, DIN, don, don…

Pero, dada la variedad tímbrica, y con un poquito más de ensayo, uyyyyyyy, qué concierto más chulo podría salir de aquí.

Esto del asedio ha despertado al timbalero que todos llevamos dentro.



jueves, 9 de abril de 2020

El asedio (XXII)

Hay sensaciones en la vida a las que no podemos poner nombre.

Yo al menos no sabría, ni aunque lo intentara cada segundo del tiempo que aún me quede.

Y sin embargo, mientras ese fulgor indescriptible nos inunda, es como si por fin comprendiésemos algo más allá.

Infinitamente lejos.

Algunos lo llamarán conciencia. Otros, espíritu o alma. Qué más da.

Hay sensaciones en la vida, al escuchar las palabras Kommt, ihr Töchter, que significan el principio de un nuevo ser.

Efímero y eterno.

Hasta que el último aliento de Wir setzen uns mit Tränen nieder nos devuelve a nosotros mismos.

Suavemente.

Voces que no se borran…

Hay sensaciones en la vida que solo tenemos con la Pasión según san Mateo de Bach.



miércoles, 8 de abril de 2020

El asedio (XXI)

Oigo como si rascaran detrás de la puerta, qué raro.

Y aunque docenas de películas advierten a mi sentido común de que no vaya a ver, que mejor me quede sentadito donde estoy…

Porque puede ser un tipo con un hacha, un alien, una asesina oriental, un vampiro, cuarenta zombis, yo qué sé…

Me puede la curiosidad.

Así que echo un vistazo por la mirilla.

Hum…

Lo siento, es que lo tengo muy interiorizado.

Gente con máscara, maaaaaalos. Gente sin máscara, bueeeeeenos.

Que luego no se debe juzgar tan a la ligera, y a lo mejor Boba Fett, la capitana Phasma o Kylo Ren son majetes cuando están fuera de servicio.

Hasta el abuelo Vader tenía un punto de joven.

Pero todos llevan máscara.

Como el señor con traje de guerra biológica de pies a cabeza que está fumigando en el descansillo. Toda una visión.

Tengo que autoconvencerme de que es bueno, de que está de mi lado en el asedio, de que ha venido para liquidar bichos.

E igualmente le doy otra vuelta a la llave por dentro.

Ya digo, son muchas películas…



martes, 7 de abril de 2020

El asedio (XX)

Me tienen que avisar.

Vamos, que no me acordaba para nada.

¿Qué? ¿Que pasado mañana es fiesta? ¿Que no se trabaja?

¿Pero en qué fecha estamos? ¿Ah, sí? ¿De verdad?

De lo cual deduzco que los días se suceden a un paso...

Como si no quedara muy claro cuándo empiezan o cuándo acaban.

Y además con la casa a cuestas.



lunes, 6 de abril de 2020

El asedio (XIX)

Al señor del segundo, en el edificio de enfrente, parece que le vaya a dar un yuyu.

Ventana abierta y cigarrillo en ristre, lo agita como si marcara un compás endiablado.

¡Trompas, trombones, percusión, contrabajos…! ¡Más fuerte, más aún, más, más!

En la otra mano un móvil, y detrás, la pantalla de un ordenador, hacia la que se gira continuamente.

¡Molto agitato, feroce, presto con fuoco, stürmisch bewegt!

Pues no sé de qué irá su tema, pero no son tiempos estos demasiado buenos para apoplejías.

Calma hombre, calma, ruhevoll, imagínate las olas, la caricia del atardecer, el susurro de los brezos…

Anda que no nos queda todavía asedio.



domingo, 5 de abril de 2020

El asedio (XVIII)

Y al séptimo…

Descansé.

Una copa de vino, un brownie de chocolate recién hecho, una caja con veinte discos de Janet Baker, una foto de las de antes del asedio para subir al blog…

Aunque solo sea por un día, hay que dejar el mundo atrás.



sábado, 4 de abril de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXIV)

Me interesaría mucho una futura versión extendida de este libro. Una en la que el autor añadiera expresiones acuñadas por varias figuras públicas en los días del asedio.

Como preludio a esta nota he de hacer una advertencia: a quien tenga una cosmovisión con sesgo marcadamente contrario al de Nicolás Sartorius, más le vale ir prevenido. Que no se sulfure.

Un diputado del PCE "de los de antes", y portavoz de su grupo parlamentario durante años, no va a adoptar posiciones tibias en una serie de temas polémicos. Tiene claras sus posturas.

Lo cual, creo, resulta de agradecer. En esta época "líquida", como la bautizó el filósofo Zygmunt Bauman, encontrar a alguien con convicciones razonadas, aunque no sean las propias, merece cierto reconocimiento.

El texto que quiero comentar es La manipulación del lenguaje. Por subtítulo, Breve diccionario de los engaños.

Lo más impresionante que yo he leído en mi vida acerca de este tema, obra para salvar en la proverbial isla desierta, sería La lengua del Tercer Reich, por supuesto, de Victor Klemperer.

De qué manera palabras del idioma se retuercen para adaptarlas a idearios y mensajes capciosos, de qué manera la gente, incluso la bienintencionada, empieza a usarlas, validando su sentido espurio…

En una aproximación menos ambiciosa, pero desde luego muy digna, Sartorius desgrana conceptos que se han introducido en nuestra vida, algunos ya con solera: armas inteligentes, clases medias, como no puede ser de otra manera, crecimiento negativo, derecho a decidir, dinero B

Estado de bienestar, fascista, izquierda abertzale, judicializar la política, los mercados, neoliberalismo, populismo, por imperativo legal, reformas estructurales, régimen del 78, república catalana, socialismo y comunismo, voto útil

Y se podrá estar de acuerdo con lo que escribe en todo, en nada o en parte (en mi caso particular, la parte a favor tiene una ponderación no desdeñable, sin que por ello el resto deje de chirriarme o incluso lo discuta abiertamente).

Pero contiene advertencias que resultan demasiado valiosas como para dejarlas caer en saco roto. Si no queremos que se convierta en un escenario de cartón piedra, la libertad política debe cimentarse sobre la interpretación crítica de lo que nos cuentan –o no nos cuentan−, no sobre eslóganes de papagayos.

En resumen, lo recomiendo sin vacilar.



viernes, 3 de abril de 2020

El asedio (XVII)

Y ahora se va Juan Giménez. Dibujante, podría decirse. Y yo añadiría: dibujante genial.

Un jefe del trabajo tuvo la culpa. Sabía tanto de cómics y era tan persuasivo hablándome de ellos que… me despertó sin remedio el gusanillo. El noveno arte.

Muchos de los que he leído ha sido gracias a sus recomendaciones.

Entre ellos, varios firmados en el texto por Alejandro Jodorowsky: El Incal, Los Tecnopadres, La casta de los Metabarones…

La casta de los Metabarones, ilustrada por Juan Jiménez. Mundos del futuro, planetas donde reina la fantasía más exacerbada. ¿Ya he utilizado el calificativo de genial?

No lo hago en vano.

Estos días, demasiadas luces brillantes se alejan de nosotros.



jueves, 2 de abril de 2020

El asedio (XVI)

Hace dos días, según las noticias, el virus se llevó al último integrante español de la 2ª División, 9ª Compañía, que liberó París en 1944: Rafael Gómez Nieto.

De todas las personas que nos están dejando y aún nos han dejar, seguro que él no será el más famoso, el más llorado o recordado.

Pero sería injusto pasar su nombre por alto. El mérito de aquellas jornadas, desde el primer paso que dio en la playa Utah hasta llegar al "Nido del Águila", así lo demanda.

Por eso me uno, desde estas líneas personales, a las voces que lo despiden con gratitud y respeto.

Y aprovecho para recomendar dos libros que narran, en estilos muy diferentes, el devenir de La Nueve: Historia de los españoles en la II Guerra Mundial, de Alfonso Domingo, y la preciosa novela gráfica de Paco Roca Los surcos del azar.