lunes, 9 de agosto de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXVII)

Si hay algo en la vida capaz de provocarme absoluto desagrado, chirriar de dientes, un rechazo visceral, desde luego es...

Mención aparte de los huevos fritos...

La manipulación de la historia.

Desde las mentiras más burdas hasta las filigranas propagandísticas para intentar convencernos de que algo ocurrió como le interesa al que lo cuenta de turno. Suelen usarse para argumentar que él es el más guapo, el más inteligente y tiene más derecho que el resto de la humanidad a lo que sea. ¿Cómo no, si sus antepasados se cubrieron de gloria en la batalla de...?

Veintidós derrotas navales de los británicos sería un buen ejemplo de desmontaje de un mito. Como es habitual en su autor, Víctor San Juan ofrece un contenido muy atractivo para los amantes de los barquitos. Uno se lo pasa pipa leyéndolo.

La sucesión comienza durante la Guerra de los Cien Años, cuando la flota castellana le da un repaso a la inglesa en La Rochelle. No mucho después, los bajeles de Sánchez de Tovar están remando Támesis arriba hasta Gravesend.

De ahí saltamos a 1568 en Veracruz. También aprendemos sobre la Contraarmada, las Azores, Atacames, Cádiz o Santo Domingo.

La rivalidad angloholandesa del siglo siguiente se plasma en varios estropicios causados a su graciosa majestad por Tromp y de Ruyter.

No podían faltar los fracasos frente a la flota de Indias o ante Blas de Lezo en la Cartagena americana. Ni la retirada de Nelson en Tenerife, con un brazo en falta.

Francia saborea la miel durante la Guerra de Independencia estadounidense, mientras teutones y japoneses echan su cuarto a espadas en los episodios finales.

Como decía, ameno y desmitificador. Lo que no quita para que, si ponemos a todo trapo la maravillosa música de Korngold para El halcón del mar, con su dudosa veracidad histórica a cuestas, brinquemos sobre las olas con igual deleite. Hala, pinchad, pinchad.



martes, 3 de agosto de 2021

Qué bello es vivir

Hay quien dice que él mismo eligió irse. No lo sé.

Seguramente más de uno hemos pensado alguna vez que nuestro paso por el mundo carece de valor. Que no dejaremos ninguna huella.

Que las personas de nuestra vida se pueden arreglar sin nosotros. Quizá hasta les habría ido mejor si no hubiéramos existido.

Como en aquella película de James Stewart…

Sobre el escaparate de su pastelería, carteles y más carteles escritos por los vecinos del barrio cuentan ahora esa huella sobre cada uno de ellos.

Pequeñas. Grandes. Enormes.

¿Quién conoce la verdad? ¿Quién conoce nuestra última verdad?