lunes, 30 de noviembre de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXVIII)

¿Cómo funciona el mundo?

Ese mundo que se nos va tan rápidamente por el desagüe.

El único que tenemos…

No es una pregunta que se pueda responder en pocas frases.

No obstante, es lo que intenta Pedro Baños en El dominio mundial: mostrarnos ciertos Elementos del poder y claves geopolíticas.

Comienza con la situación del poder militar, el más obvio para lanzar el mensaje de que tienes un garrote grande y, si quisieras, podrías zurrar a cualquiera.

Después pasa a la capacidad económica, el verdadero poder. Baños recuerda que, a lo largo de la historia, gran parte de los conflictos se han originado para obtener ventajas de este tipo. Y a la fecha, la economía sigue dirigiendo al resto de las acciones geopolíticas.

La diplomacia obtiene la calificación de poder no tan blando. ¿No tenemos sentimientos de simpatía o antipatía por otros países, una especie de imagen construida a menudo más por intuiciones que por hechos concretos? La labor de la diplomacia consiste en eso, en influir para que los demás favorezcan de buena gana nuestros propios intereses.

Y no muy lejos andan los servicios de inteligencia, que proporcionan el poder de la información.

El análisis también cubre los recursos naturales, el territorio y la población, las potencialidades intangibles –como la cultura o la identidad colectiva, en las que el uso del cine tanto tiene que ver–, la tecnología, la comunicación estratégica…

El aspecto más interesante del libro es que relaciona numerosas noticias, datos, tendencias, de las que probablemente el lector tenía conocimiento por separado, o al menos algo había oído por ahí. Como si el autor nos dijese: «Mira esto, esto y esto, ahora ten en cuenta esto otro, acuérdate de aquello, ata cabos y… ¿qué te parece?».

Es decir, apela a la inteligencia allanando el camino, para que las conclusiones de cada uno acaben coincidiendo con la exposición. Habilísimo, sin duda.

Pero desde luego, los resultados lo avalan. A expensas de cierto esquematismo, crítica que podría hacérsele por querer tratar tantos temas, el conjunto resulta muy provechoso.

Buena lectura.


martes, 24 de noviembre de 2020

A la escucha (XVII)

Movilización general.

Cada bando avanza posiciones. Los pitidos del teléfono atruenan.

Mensajes y shrapnel por doquier.

−¡Que nadie me moleste en la próxima hora!
−¡El tema 4! ¡Grandioso!
−¿¡Cómo!?
−El comienzo de Demon Fire... ¡Espectacular!
−¡El mejor Brian de los últimos años!
−Está hecho un chaval.
−¡Qué buen rollo en Code Red!
−Yo voy por la 5, de momento muy normalito.
−¿La 4 no se sale?
−Me esperaba más.
−¡Verás en la 7!
−Me gusta la 6…

Y al final comprendo que no vale la neutralidad.

Hay veces que un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer.

Poner a todo trapo el último de AC/DC, vamos. A ver qué es esto que me están mandando…

−¿¡Y nadie ha dicho nada de la 3!? ¿¡De verdad nadie ha dicho nada de la 3!?


martes, 17 de noviembre de 2020

La nueva normalidad (IV)

Gente maja, que alguna vez conocí en los rincones más curiosos del mundo, me pregunta cómo lo llevo.

Contemplo la pantalla del móvil, meditando la respuesta: ¿la corta o la larga?

Hola, aquí en el búnker…

Un poco deprimente.

Darwin tenía razón, desde luego. ¿Entorno hostil? A todo se adapta uno.

Pero no es lo mismo. No lo es.

Vivir la vida, con mayor o menor fortuna…

O mirarla pasar adormecido, desde detrás del espejo.




lunes, 9 de noviembre de 2020

A la escucha (XVI)

Fin de semana largo.

Increíblemente largo, maravillosamente largo, apabullante.

Fin de semana para un maratón de jazz como la deidad manda.

Primero Ellington, que entre deidades también hay grados.

Luego el Dave Brubeck Quartet, ¡aleluya!

Y Coltrane, oh, Coltrane…

Y Davis, y Corea, y Jarrett, y Cullum…

Y Lars Danielsson con todos sus amigos.

Y Kalmán Oláh con los suyos.

Y el último día, para culminar la ascensión…

El Esbjörn Svensson Trio.

Behind the Yashmak, no hay nada más allá.

Ya puede llegar el martes.


martes, 3 de noviembre de 2020

Pimiango (XVII)

Broooooooooom

Levanto la mirada y veo un caza pasar bajo.

Broooooooooom

Y a los pocos segundos, el compañero.

Dos F-18 que vuelan hacia el mar. Esto no me lo esperaba, la verdad.

Apliquemos la lógica: si mandamos los cazas debe de ser porque nos invaden, ¿no?

Y sigamos con el razonamiento: ¿quiénes son los que han venido ya más de una vez desde el norte, en plan todo chulo, pensando que se puede desembarcar aquí como Per por su hus? ¿Eh? ¿Quiénes?

Exacto.

Los noruegos.

Los vikingos noruegos.

Pues aunque me pillan en medio de la ería, el deber me llama. Pienso alistarme a pecho descubierto, sin esperar a que el rey o el obispo hagan levas.

Se van a enterar esos invasores, con sus cascos raros y caretos de dar miedo, se van a enterar…