martes, 11 de agosto de 2020

Brevísima y tibia nota sobre… (III)

Parece haber consenso erudito en que El jardín de los Finzi-Contini es una obra maestra.

Esta novela de Giorgio Bassani incluso inspiró una película homónima, ganadora del Óscar.

Y a priori tiene ingredientes para unirme a las alabanzas: en la Italia de los años treinta, la comunidad judía pasa de experimentar las mismas vicisitudes que cualquiera en esa época y lugar, a convertirse en especial objetivo de persecución.

El protagonista rememora su vida desde el momento en que se cruza con los hermanos Alberto y Micòl Finzi-Contini: la niñez, la adolescencia, la juventud…

Las veladas en el gran jardín familiar, jugando al tenis, en la biblioteca, bajo el crescendo ominoso de las leyes raciales que intentan apartarlos de la sociedad.

Sobre todo, rememora lo que nace dentro de él hacia Micòl. La cercana e inaccesible Micòl.

Pero en vez de alabarla, me quedo a medio camino en la apreciación. Es decir, tibio.

Mi problema al hacer balance es que, en términos narrativos, no ocurre mucho de interés.

La atmósfera burguesa e indolente, el mundo fuera del mundo en que los personajes se ven obligados a aislarse, se convierte en un conjunto de imágenes a cámara lenta donde cada página resulta similar a la anterior.

Donde ni siquiera la historia de desamor consigue levantar el drama.

No puedo opinar otra cosa.