miércoles, 30 de diciembre de 2009

2010 (Si...)

Estatua Los portadores de la antorcha.

Con Rudyard Kipling, me gustaría desear un buen año a quienes estéis leyendo estas líneas.

Si...

Si puedes mantenerte firme, cuando todos a tu alrededor
se derrumban y te echan a ti la culpa;
si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan
y, al tiempo, no echar esas dudas en saco roto;
si puedes esperar y no cansarte de la espera,
o que te engañen y no devolver a cambio engaños,
o que te odien y no dar cabida al odio,
y aun así, ni parecer demasiado bueno, ni hablar con excesiva sabiduría…

Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen,
si puedes pensar y no hacer de los pensamientos tu meta;
si puedes encontrarte con el triunfo y el fracaso
y tratar a ambos impostores por igual;
si puedes escuchar, y además soportarlo, a personas sin escrúpulos
tergiversando la verdad que has dicho, para atraer a los necios,
o puedes ver destrozadas las cosas a las que habías dedicado tu vida
y agacharte y reconstruirlas con herramientas inservibles...

Si puedes poner todas tus ganancias en un montón
y arriesgarlas a una sola tirada,
y perder, y volver a comenzar desde el principio
sin una palabra de queja sobre tu pérdida;
si puedes obligar a tu corazón, a tus nervios y a tus músculos
a servirte en tu camino mucho después de que hayan perdido su fuerza,
y a resistir cuanto ya no te queda nada más,
excepto la voluntad que les dice: «¡Resistid!»…

Si puedes hablar con las multitudes y conservar tu virtud,
o caminar entre reyes, manteniendo los pies en el suelo;
si ni enemigos ni tampoco los buenos amigos pueden herirte,
si todo el mundo cuenta contigo, pero nadie demasiado;
si puedes ocupar cada minuto inexorable,
haciendo que los sesenta segundos valgan la pena,
tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella
y, lo que es más, serás un hombre, hijo mío.

(Traducción propia).

domingo, 27 de diciembre de 2009

Mektub

Silueta de un hombre a solas.

Mektub.

Está escrito, como dicen los hijos del desierto.

Construimos nuestras propias cárceles, nuestras fortalezas, levantadas piedra a piedra a lo largo de los años.

Desde fuera se ven poderosas.

Y en su interior... Bueno, ¿a quién le importa lo que ocurre en el interior?

Mektub.


miércoles, 23 de diciembre de 2009

Bella figlia dell’amore...


¿Música? ¿Queréis sólo música? ¿Sí?

¿Una de las mejores escenas en la historia de la ópera, por ejemplo? Oído cocina.

El duque sale disfrazado a pasárselo bien y Maddalena, la hermana del sicario Sparafucile, le hace ojitos. El bufón Rigoletto le muestra la escena a su hija Gilda, que había sido seducida y raptada, para que aprenda de qué clase de tipo se trata y deje de defenderlo.

Bella figlia dell’amore, del Rigoletto de Verdi.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

El muro

Portada del libro El muro, de Marlen Haushofer

Título y autor/a:El muro, de Marlen Haushofer.
Clave de lectura:Encuentro de una mujer consigo misma.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Obra maestra.
Música:Dreamtime, de Toru Takemitsu ♪♪♪

Imaginad que estáis invitados a la casa de campo de unos amigos. Naturaleza, montañas, aire puro...

Vuestros anfitriones tienen que acercarse una tarde al pueblo y vosotros os quedáis disfrutando de la cabaña. Es un poco raro que a la mañana siguiente aún no hayan regresado, de manera que salís al camino por si acaso hubieran sufrido algún percance.

Y entonces, ¡paf!, choque en toda la frente.

La vía parece expedita, ¿con qué habéis topado? Alargáis la mano y se posa sobre una superficie invisible que os impide seguir adelante.

Al tacto, vais siguiendo el contorno hasta llegar a las proximidades de un caserío, desde donde distinguís a sus habitantes. Mejor dicho, a quienes fueron sus habitantes. Paralizados, convertidos en piedra.

Algo ha acabado con todo vestigio de vida al otro lado.

Así comienza El muro, de Marlen Haushofer.

A lo largo de sus páginas, la protagonista, cuyo nombre nunca sabemos, tendrá que aprender a sobrevivir en el valle donde es la única representante de la especie humana.

O quizá no...

Ordeñar, sembrar patatas, segar y atropar la hierba, aprovisionarse de leña para el invierno, cazar a los animales cuya muerte no ponga en riesgo el equilibrio ecológico... Cada acción supone un mundo para una persona de ciudad con dos hijas ya adolescentes.

Pero el mayor desafío no es el esfuerzo físico. No, otro descubrimiento, según transcurren los días y los meses, consigue turbarla aún más.

Llega a sentirse una desconocida para sí misma.

Se da cuenta de que su existencia anterior, donde cumplía con un rol no elegido, con una expectativa social sujeta a escrutinio, bajo reglas de comportamiento tan invisibles pero reales como la pared que ahora la encierra, le causaba sin saberlo una profunda insatisfacción.

En fin, las lecturas de El muro (en otras ediciones se traduce el título como La pared) pueden ser numerosas. Hay quien lo ve como una distopía apocalíptica, un manifiesto ecológico, un Robinson Crusoe moderno, un grito de «nunca es tarde para hacer lo que de verdad quieras en la vida», un alegato feminista…

Cada uno de vosotros obtendrá su propio y personal mensaje. Yo, lo único que os puedo decir para recomendaros a esta singular autora, es una cosa:

Escribió una verdadera obra maestra.


Hacia las cuatro, cuando enciendo la lámpara, la gata sale de su rincón y salta sobre la mesa cerca de mí. Durante un rato me observa mientras escribo. Le gusta la luz amarilla de la lámpara tanto como a mí. Oímos a las cornejas abandonar el claro con sus ásperos gritos y la gata echa hacia atrás las orejas nerviosa. Cuando se calma ha llegado nuestro momento de diálogo.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Pizzería Kamikaze

Portada del libro Pizzería Kamikaze, de Etgar Keret

Título y autor/a:Pizzería Kamikaze, de Etgar Keret.
Clave de lectura:Aventuras desventuradas en el más allá de los suicidas.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Luctuosamente simpático.
Música:Orfeo en los infiernos (Obertura), de Jacques Offenbach ♪♪♪

Es posible que el «otro lado» no sea la alegría de la huerta. Al menos, para los espíritus que hayan acelerado por su propia mano el momento de cruzar el umbral.

Por ejemplo, en el relato más largo incluido en Pizzería Kamikaze, del escritor israelí Etgar Keret, al protagonista su nueva barriada de ultratumba le recuerda a una calle de Tel Aviv. Lo cual resulta escasamente estimulante.

Enseguida encuentra empleo como pizzero, un apartamento de alquiler y amiguetes de bares, para entretenerse en sus horas libres. Sin embargo, las cosas no acaban de salirle bien: sigue sin ligar demasiado, por no decir muy poco, igual que antes del suicidio.

Y eso que tampoco es exigente con el aspecto físico: todos en el inframundo tienen el mismo cuerpo del que habían disfrutado hasta entonces, pero añadiendo los efectos del método elegido para cambiar de plano existencial.

Los más demandados son los «impecables», gracias a las pastillas o al veneno.

Así que, cuando tiene noticia de que su ex-novia también anda por allí, nuestro personaje emprende un viaje por este Hades tan diferente al que esperaba, decidido a recuperar a su verdadero amor.

¿Lo conseguirá? ¿Estará ella interesada en retomar la historia? ¿Qué aventuras «vivirá» entre tanto, con qué otros curiosos vecinos del lugar se habrá de tropezar?

Luctuosamente simpático.


Por la noche encontré un pub, bastante guay por cierto, el Fiambre Bar. Ponen una música que no está nada mal. Puede que no a la última, pero tiene estilo, y muchas tías van allí solas. De algunas puedes saber exactamente cómo acabaron, porque tienen cicatrices en las muñecas y cosas así, pero otras están estupendas.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Yo estuve allí

Batalla medieval

[…] y los caballeros que permanecen ahora acostados en Inglaterra se considerarán malditos por no haber estado con nosotros, y tendrán en poco su rango cuando oigan hablar a alguno de los que combatieron con los nuestros el día de San Crispín.

Shakespeare, Enrique V

Nynäshamn, territorio de Södermanland, reino de Suecia. El sol casi se ha puesto. Ellos son cuatro veces más numerosos y no conocen el miedo. Traen en su estandarte, en campo de oro, un grifo rampante de sable armado de gules. Estamos rodeados. Sin embargo, contra toda lógica, contra toda esperanza, aún resistimos.

Terrible y desigual batalla es la que se libra en esta kräftskiva o fiesta del cangrejo. Celebración típica escandinava que consiste en... comer cangrejos. De río, concretamente.

Allí me encuentro, llevado por los hilos de las nornas, en una mesa ocupada por una veintena de suecos de ambos sexos y un exiguo puñado de compatriotas.

Las bandejas de crustáceos van circulando a la par que disminuye el contenido de las botellas de aquavit. Ninguno de los dos bandos quiere ser el primero en doblar la rodilla y confesar que no puede más. ¿Clemencia? ¡Ja! Los caparazones vacíos tiñen de rojo el campo del honor.

Escudo de Södermanland.

Uno tras otro, los normandos se levantan, proponen un brindis y su hueste grita estentóreamente: ¡hurra, hurra, hurra! A continuación inician un feroz y multitudinario coro. Las canciones surgen de entre sus filas como nubes de saetas.

Por fin, entre mordisco y mordisco, su alférez proclama desafiante: ¡Que canten los españoles, que canten! ¡El vencedor quedará dueño del día!

Mis compañeros cruzan miradas, confusos, agotados. La sombra de la derrota planea sobre nosotros.

Es en ese mismo instante cuando siento que unas palabras pugnan por salir de mi pecho.

Es en ese preciso momento cuando me pongo en pie y me subo sin espuelas a la silla.

Es en esa hora memorable cuando desvelo nuestra cota de armas, la misma que ya ondeara bajo el rey Ramiro, cuando los barbados vikingos arribaron en sus drakkar de cabeza de dragón.

Escudo de Asturias.

Lleva el emblema, sobre campo de azur, la Cruz de la Victoria de oro, guarnecida de piedras preciosas, con las letras alfa y omega pendientes de sus brazos. Y la leyenda, también de oro, Hoc signo tvetvr pivs. Hoc signo vincitvr inimicvs.

Vencerás al enemigo… ¡Vencerás!

Los ojos de todos brillan. Extiendo los brazos desde la cumbre: no flaqueéis, muchachos, al unísono. Y nos arrojamos en brazos del destino: Asturiaaaaas, patria queridaaaaaa…

Y la flor he de cogeeeeeer... Al principio, asombrado silencio. De súbito, como una tormenta incontenible, apoteosis. Suecos y suecas braman de entusiasmo, hermanados bajo estas palabras con nosotros. Las runas aprobatorias de Odín signan entre ambos pueblos la paz.

La bandera se recorta orgullosa en el cielo. ¿La sentís? ¿La sentís? Vuelvo la vista atrás, con la piel erizada, y aún puedo vivir aquella jornada de gloria. Yo estuve allí…


viernes, 4 de diciembre de 2009

Sangre a borbotones

Portada del libro Sangre a borbotones, de Rafael Reig

Título y autor/a:Sangre a borbotones, de Rafael Reig.
Clave de lectura:Distopía y detectives en un Madrid surcado por canales.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Novela negra con solera.
Música:Juez Dredd, de Alan Silvestri ♪♪♪

Madrid, Federación Ibérica de los Estados Unidos, fecha indeterminada de este siglo.

La hija de alguien ha desaparecido. Alguien sospecha que su mujer le engaña. El personaje femenino del libro que alguien está escribiendo ha adquirido vida propia y su autor no sabe cómo continuar...

Son casos que llegan a la agencia de investigación compartida por Clot y su socio Dickens. Horas bajas para el negocio, de esas en las que un profesional ha de aceptar cualquier encargo.

Aunque alguno puede resultar más peligroso de lo esperado. ¿Qué relación oculta puede haber entre ellos?

Así comienza Sangre a borbotones, de Rafael Reig.

Manex Chopeitia, el todopoderoso presidente de Chopeitia Genomics, la empresa cuya sede social es el edificio más alto y mejor protegido del continente, está interesado en que el sabueso no continúe metiendo las narices donde no le llaman.

Atascos de bicicletas en hora punta, conducidas por los habitantes de una metrópolis hispano-angloparlante. Viviendas adosadas en el subsuelo de Argüelles, con luz artificial y jardines plegables.

Muelles de carga en Puerto Atocha. Botes de vela maniobrando en los canales de la Gran Vía madrileña...

Como tantas otras leyendas urbanas, ¿existe en realidad el Protocolo 47, cierto experimento genético secreto financiado por Telefónica?

Novela negra con solera, de la que se adquiere en barricas de buen roble americano.


El Canal Castellana atravesaba la ciudad de norte a sur y ya se había convertido en la principal vía de comunicación entre el centro y el resto de la península. También era un lugar apropiado para depositar a los sabihondos, los entrometidos, los deudores y los bocazas, todos con sus correspondientes zapatos de cemento.

martes, 1 de diciembre de 2009

Por ella

Estatua de un guerrero griego.

Aguzadas lanzas y broncíneos escudos se alinean hollando las arenas, hasta donde las naves han sido varadas. El carro de Apolo trae un nuevo día.

Los caudillos aqueos, procedentes de Beocia, la Fócide, el Ática, Arcadia, Lacedemonia, al frente de sus huestes, contemplan cómo la luz se refleja en las murallas.

Cada hombre es consciente de su propia respiración, de cada gota de sudor que corre por su piel. A lo lejos, sobre la torre principal, pueden distinguir a una figura que conoce sus hazañas. Aunque ninguna comparable a la que lleva sucediendo desde hace ya nueve años.

Ella. Solo puede ser ella, la hija de Zeus, deseada por los mortales. Ella, por quien han atravesado las profundas aguas, dejándolo todo atrás. Ella, la princesa cuyo nombre significa «hermosa como el sol».

Los héroes no apartan los ojos de su destino. Áyax, Odiseo, Diomedes...

Un destino frágil ahora que el Pélida Aquiles les ha abandonado, dominado por la ira tras las afrentas de Agamenón. Solo Calcas, el augur, murmura algo ininteligible.

Las puertas se abren al fin. Las atraviesa erguido Héctor, domador de caballos. Y Paris, y Eneas, y tras ellos muchos otros. En la llanura se despliegan los penachos de los defensores de Ilión.

Ahora sí, ahora el silencio se rompe con el grito de miles de gargantas al unísono, infundiéndose mutuamente coraje. Ambos ejércitos avanzan.

Por el honor, por la gloria, por los dioses.

Por ella...


viernes, 27 de noviembre de 2009

Extrañas rocas del desierto

Bidón de carburante de la Segunda Guerra Mundial en el desierto.

Lo encontré semienterrado en la arena.

Más bien clavado a ella, como una roca que hubiera surgido ahí, en ese mismo lugar, hace millones de años, y ahí fuese a pervivir hasta el fin de los tiempos.

Pero había sido hecho por el hombre. Sus bordes redondeados, la pátina de su superficie, su tacto cuando toqué las letras grabadas, así lo demostraban.

Quienes extrajeron el metal de la tierra, quienes lo fundieron, lo laminaron, le dieron forma cilíndrica y escribieron palabras de aviso, no tuvieron pensamientos de paz en la cabeza.

Innumerables hermanos suyos se habían alineado en la cadena de montaje y los tiempos no estaban, de todas maneras, para ese tipo de tonterías.

Doscientos litros de carburante. Inflamable. Wehrmacht, 1942.

Ecos de cadenas deslizándose, movidas por sedientos y rugientes motores diésel, humo, gritos, explosiones.

Ahora, en algún lugar del norte de África, junto al viejo bidón para alimentar las ansias de los carros de combate, calma.

Silencio...


lunes, 23 de noviembre de 2009

Sirenas

Barca sin marinero.

Me llamaba, podía sentir su voz. Un golpe de remo tras otro, un latido tras otro, me fui acercando.

Carcajadas sin rostro llenaban el viento a mi paso, pero yo no les prestaba atención.

Hasta que llegué al borde del mundo.

Un último salto, un breve albor rodeado de oscuridad, un súbito vacío y...

Sería suyo.

Para siempre.

He oído decir a los viejos marinos que no soy el primero, que sólo los huesos de los ahogados son ya inmunes a esa llamada.

La llamada de una sirena.


sábado, 21 de noviembre de 2009

Cuentos de un minuto

Portada del libro Cuentos de un minuto, de István Örkény

Título y autor/a:Cuentos de un minuto, de István Örkény.
Clave de lectura:Cuentos cortos con gran sentido del humor.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Sorprendente y divertido.
Música:Vals «del minuto», de Frédéric Chopin ♪♪♪

Venga, rapidito. Tenemos hoy por aquí al húngaro István Örkény y sus Cuentos de un minuto.

Los relatos cortos son un subgénero de doble filo, que lo mismo puede mostrar las miserias que la habilidad de sus cultivadores. En el espacio de unas pocas páginas, o incluso párrafos, hay que condensar un mundo.

El autor no se puede entretener con preliminares, explicaciones y tramas complejas. Tiene que ir directo al corazón del lector y pegarle un par de amistosos sopapos para que abra los ojos: ¡paf, paf!

Pues bien, esta recopilación es un excelente ejemplo, gracias a un humor que juega con lo absurdo, la ironía, los dobles sentidos, seguramente influido por la prohibición de publicar que sufrió por parte de las autoridades tras la fallida revolución del 56.

Un libro sorprendente y divertido.


Movimiento revolucionario en Paraguay.
En Asunción, la capital del país, la división blindada número 3, considerando insuficiente su paga, se presentó frente al palacio presidencial. Después de un breve tiroteo echaron a López Burillo, el presidente de derechas, amigo de los Estados Unidos, de tendencias reaccionarias, y colocaron en su lugar a Aurelio Lapaz, de tendencias progresistas. Al cierre de nuestra edición, la población de la ciudad celebra con un desfile de antorchas la nueva derrota de la reacción en América del Sur.

Nuevo movimiento revolucionario en Paraguay.
Las fuerzas aéreas paraguayas que reclaman su paga, lanzaron un batallón de paracaidistas en el jardín del palacio presidencial. Después de un breve tiroteo lograron echar a Aurelio Lapaz, el presidente amigo de Estados Unidos, de tendencias derechistas, el cual apenas ocupó el cargo por tres cuartos de hora. El nuevo presidente es López Burillo, de pensamiento progresista, cuyo triunfo los habitantes de Asunción celebran con un desfile de antorchas, el cual continúa en el momento de cierre de esta edición.

jueves, 12 de noviembre de 2009

En el metro

Estación de metro de Madrid.

El convoy parado en la vía hizo sonar un pitido. Iba a partir.

Los pasajeros que transbordaban desde la otra línea echaron a correr, desesperados por salvar el tramo de escaleras y alcanzarlo.

Trajes, vaqueros, tacones, zapatillas, bolsas con ordenadores portátiles, con monos de faena, carpetas llenas de apuntes...

En cada cara se veía la misma ansia: Tengo que llegar, tengo que extender el brazo y cruzar la meta. Allí hay asientos libres. Fuera de mi camino vosotros, yo lo conseguiré, yo...

La carrera, esquivándose a duras penas unos a otros, fue en vano. Todos vieron cómo se perdía su oportunidad cuando las puertas se cerraron.

Fue un momento de frustración, de imprecaciones silenciosas. Derrotados, tuvieron que humillarse ante ese tiempo arrebatado a sus vidas y esperar al próximo metro.

Tres minutos. Cada tres minutos llegaba uno.


sábado, 7 de noviembre de 2009

La mecánica del corazón

Portada del libro La mecánica del corazón, de Mathias Malzieu

Título y autor/a:La mecánica del corazón, de Mathias Malzieu.
Clave de lectura:La historia de Jack y Miss Acacia, un cuento para niños grandes.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:¡Qué bonito!
Música:Eduardo Manostijeras, de Danny Elfman ♪♪♪

Nieva sobre Edimburgo. El viento es cortante, los pájaros caen ateridos en pleno vuelo. Así comienza Mathias Malzieu su relato La mecánica del corazón.

Jack nace durante la noche más fría de la historia. La doctora Madeleine, que asiste en su cabaña a la joven madre, consigue que el niño sobreviva uniéndole un reloj de cuco. Solo así comenzarán los latidos.

Ese será el hogar en que le abandonen, entre redomas y objetos llenos de magia, bajo la tutela de su salvadora y en compañía de Anna y Luna, dos prostitutas, y Arthur, un viejo borrachín.

No es fácil ser distinto, con dos agujas que sobresalen del pecho a las que debe dar cuerda cada jornada. Nuestro amigo tiene poco a su favor.

Sin embargo, Jack desea parecerse a los demás. En vez de quedarse encerrado sin ver mundo, convence a la doctora para ir a la ciudad.

Ay, ¿quién es esa criatura que baila en la calle? ¿De quién es esa voz que hace acelerar su maquinaria?

Lleva un vestido de plumas de ave, su cabello es largo y ondulado, su nariz chiquitilla y sus ojos inmensos, aunque los guiñe por no ponerse gafas, que le serían muy útiles para no tropezar. Dicen que viene de Granada. Miss Acacia…

Madeleine le recuerda tres reglas si no quiere que el reloj haga correr cubitos de hielo en vez de sangre: no tocar las agujas, dominar su cólera y sobre todo, sobre todo, no enamorarse jamás.

Cuando tenga que dejar su casa, perseguido por una pelea en defensa propia, cuando tenga que viajar a París y más al sur, cruzando los Pirineos, en compañía del prestidigitador y visionario Georges Méliès, ¿qué ocurrirá si consigue encontrar a Miss Acacia de nuevo, quizás en el Extraordinarium, ese viejo circo?

¿Y si sus palabras aturulladas hicieran brotar en ella una sonrisa? ¿Y si no se asustara del reloj al abrazarse? ¿Y si...?

¿Y si Joe, el antiguo rival que motivó su huida, apareciera con deseos de venganza?

Que sí, que no es más que un cuento para niños grandes, que hay cosas de verdad importantes que leer en el mundo, no sé, las secciones de política o de internacional de algún periódico.

Aunque aquí entre nosotros, en voz baja...

¡Qué bonito!


Casi un año después de nuestros primeros encuentros, la situación sigue sin evolucionar. Nada más, nada menos. No consigo disminuir su angustia a exponernos. Méliès me aconseja que sea paciente con Miss Acacia. Estudio la mecánica de su corazón con pasión, trato de abrir los cerrojos bloqueados con llaves blandas. Pero tengo la sensación de que Miss Acacia tiene rincones en su corazón que permanecerán cerrados para siempre.

jueves, 29 de octubre de 2009

Trenes rigurosamente vigilados

Portada del libro Trenes rigurosamente vigilados, de Bohumil Hrabal

Título y autor/a:Trenes rigurosamente vigilados, de Bohumil Hrabal.
Clave de lectura:Comedia y tragedia en los ferrocarriles checos.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:¡Obra de bandera!
Música:El Moldava, de Bedrich Smetana ♪♪♪

Hoy nos visita un escritor de los buenos, buenos de verdad: Bohumil Hrabal, representado por su novela Trenes rigurosamente vigilados.

El protagonista, Milos, se reincorpora al servicio ferroviario después de una temporada bajo observación psiquiátrica. Tiene novia, la revisora Mása, pero su primera experiencia íntima fue un desastre debido a que «se quedó mustio como un lirio», lo cual le condujo a un frustrado intento de suicidio.

No sufre el mismo problema su compañero de trabajo, el factor Hubicka, como demuestra en colaboración con la radiotelegrafista Zdenka, a quien estampa en el trasero los entintados sellos de la estación.

El asunto trasciende, llega a altas instancias y, dado que se trata de sellos oficiales, el mismísimo director de los ferrocarriles del Estado crea una comisión para examinar el «cuerpo de delito». Hay que tomar las pertinentes fotografías.

Por su parte, el jefe del lugar, colombófilo empedernido que anda de aquí para allá cubierto de palomas, teme que los escándalos de sus subordinados perjudiquen sus posibilidades de ascenso a inspector.

También debe evitar cualquier maniobra errónea con las agujas que pudiera retrasar en lo más mínimo la marcha de los trenes militares alemanes hacia el frente, ya que sería considerada como acto de sabotaje por los poco simpáticos SS que los escoltan.

Y finalmente entra en juego la resistencia checa, cuyo objetivo es precisamente cortar el vapor de las locomotoras enemigas.

Tragicómica, con el ominoso escenario de las desgracias de la guerra planeando en todo momento sobre los personajes, pero con un humor no menos omnipresente, mi impresión es entusiasta: ¡obra de bandera!

Así que no olvidéis meter a Hrabal en el equipaje. Hará vuestras delicias en medio de cualquier traqueteo de vía ancha o estrecha.

¡Pasajeros, al tren!


Junté los tacones y saludé, pero ellos me metieron, cada uno desde un lado, el cañón del arma entre las costillas y tuve que subir por la escalerilla de la máquina y el tren se puso en movimiento.

sábado, 17 de octubre de 2009

El beso


Extrañamente, me cruzo con pocas personas en las anchas escaleras. Y apenas con dos o tres en esa habitación.

En determinado momento, me quedo solo. Incluso el vigilante ha desaparecido de su esquina, dirigiéndose hacia la sala contigua.

Solo con ellos, frente a frente.

Él sostiene su cabeza, rodeándola con ternura, en contraste con el cuerpo poderoso que se adivina bajo la túnica de oro.

Ella, arrodillada sobre un manto de hierba y flores, corresponde al abrazo, ofreciéndole además la mejilla.

Él posa allí sus ocultos labios.

Ella cierra los ojos y en ese instante...

Una voz desde la puerta avisa de que el museo cierra en diez minutos.

Diez minutos más junto al Beso de Klimt.

El tiempo se detiene.

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miércoles, 14 de octubre de 2009

En tierras bajas

Portada del libro En tierras bajas, de Herta Müller

Título y autor/a:En tierras bajas, de Herta Müller.
Clave de lectura:Vidas grises en una comunidad gris.
Valoración:✮✮✩✩✩
Comentario personal:Hay que tener paciencia...
Música:Réquiem (Preludio), de Paul Hindemith ♪♪♪

¡Noticia, noticia! ¡Herta Müller, premio Nobel!

Ah, pues he leído un par de cosas suyas. Por ejemplo, En tierras bajas.

¿Una sola palabra para clasificarlo? Hum, una no es suficiente, elijamos tres: raro, raro, raro.

Se trata de una quincena de relatos en los que en vano buscamos una línea, un inicio de la trama, un desarrollo, un desenlace.

No, son como un inmenso lienzo con multitud de escenas, que la autora va describiendo centímetro a centímetro.

Los personajes, muchas veces sin nombre propio (mamá, papá, el abuelo...), descienden de colonos medievales suabos en la actual Rumanía, en poblaciones endogámicas, sin capacidad para sustraerse a la grisura existencial.

Ahora bien, en ausencia de un argumento concreto, de un «contar algo», lo que no se le puede reprochar a nuestra autora es falta de recursos lingüísticos, ya que despliega una apabullante capacidad para llenar páginas y más páginas hasta que considera que el cuadro está completo.

De hecho, consigue que esas mil escenas no se repitan por mucho que todas hablen de lo mismo, que todas compartan el contenido de angustia e inevitabilidad del destino.

Y, con la fuerza moral que le da el diploma, si habiendo alcanzado la mitad del libro empieza a notarse cierto deseo de terminarlo cuanto antes..., habrá que achacarlo a la poca paciencia del lector.

A ver quién gana el año que viene.


Mamá me mira de soslayo. Su media cara es grande y fría como una media luna. Mamá ya sólo tiene esa media cara, en la que su ojo es tan delgado como una fisura. La escalera se tambalea y mamá se columpia por encima del pueblo. Mamá puede tocar con sus manos a los muertos que están en el cielo.

viernes, 9 de octubre de 2009

El libro

Cielo nuboso desde la ventanilla del avión.

El avión está ya a pocos metros de tomar tierra en Delhi. Cierro el libro.

De repente, el piloto mete gas a fondo. Las turbinas responden encabritándose como tigres de Bengala. La aceleración nos pega literalmente a los respaldos, igual que en las pelis de astronautas.

Rumores de inquietud comienzan a extenderse por la cabina. La voz del comandante a través del interfono nos comunica que, debido a los monzones que nos zarandean sin reposo, daremos unas cuantas vueltas más.

Ah, pues muy bien, tenemos tiempo. Abro el libro.

Flaps otra vez en posición, superficie alar extendida, tren de aterrizaje fuera… Segundo intento. Cierro el libro.

Me dispongo a quitarle el envoltorio a un caramelo cuando el libro, que reposa sobre mis rodillas, cobra vida y aparece a la altura de mis ojos.

Durante varios segundos, el tomo (trescientas y pico páginas, tapa dura) flota frente a mí cual grácil ave del paraíso.

¿Y por qué esa sensación de que mi cuerpo también pelea por escapar del asiento, en dirección al techo? ¿Y ese sabor a higadillos que inunda mi paladar?

Lo que antes estaba abajo aparece de repente arriba.

El coro de chillidos alrededor, un si bemol agudo de cien gargantas al unísono, le añade más curry al asunto.

Tras volver la gravedad a su cauce, la voz vuelve a surgir de los altavoces. Muy entrecortada, eso sí. Nerviosa. Dice no sé qué de huracanes, falta de sustentación, descenso súbito, bla, bla, bla. Mejor nos desviamos a otro aeropuerto a esperar que la naturaleza atempere su malhumor.

Ni se me ocurre volver a tocar el libro. Ni abrirlo ni cerrarlo. Prefiero contribuir de la forma más práctica posible a los esfuerzos del piloto y así tener la oportunidad de estar hoy aquí, contando la historia.

Empiezo a cantar: hare Krishna, hare Krishna, hare, hare...


sábado, 3 de octubre de 2009

El fuego

Portada del libro Jugar con fuego, de Henning Mankell

Título y autor/a:Trilogía del fuego, de Henning Mankell.
Clave de lectura:Sueños, miedos y realidades tras pisar una mina.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Novelas comprometidas.
Música:Storms in Africa, de Enya ♪♪♪

¿Por qué una niña africana no habría de correr y saltar junto al camino que lleva a su poblado? ¿No haría lo mismo cualquier niño del mundo?

Cuando crezca, ¿tendrá acaso algo de raro que se fije en ese chico que pasa regularmente cerca de su cabaña, a la luz de la luna?

Y cuando, recién nacida su tercera hija, empiece a notar cosas raras en el comportamiento de su marido, como si hubiera perdido el interés hacia ella, ¿no se angustiará de que quizá haya encontrado a otra más atractiva, alguien con un hermoso cabello trenzado, alguien… con piernas?

La trilogía del fuego —El secreto del fuego, Jugar con fuego y La ira del fuego—, del sueco Henning Mankell, es mucho menos conocida que sus libros sobre el inspector Wallander, base de su fama mundial.

Pertenece a una serie de títulos «comprometidos», por así decirlo, en los que el autor se aleja de escenarios europeos para dar voz a quienes viven en zonas donde el día a día resulta casi un milagro.

Él mismo declaró que estas novelas están basadas en una persona real, que Sofía, la protagonista, es de carne y hueso y que, cuando era pequeña, pisó una mina.

Tuvo suerte, sin duda, porque la hermana que jugaba a su lado no sobrevivió. A cambio, dejó en ofrenda parte de su cuerpo. Y tuvo que aprender que el miedo es un compañero inseparable del ser humano. Miedo a cada nuevo despertar.

Pero también lo es el espíritu de desafío, negarse al abandono, ir más allá de lo que los cuchicheos de escéptica compasión anticipan.

En las colisiones cotidianas entre ambos sentimientos, temor y esperanza, lo que se dirime es algo tan sencillo, y tan complicado a la vez, como una búsqueda que todos compartimos:

La búsqueda de la felicidad.


Las gotas repiqueteaban contra la techumbre. Cuando se hubo puesto las piernas se levantó y miró por la ventana. El camino estaba enfangado. Nada de escuela hoy. Suspiró y siguió vistiéndose. En la pared había una lagartija que la estaba mirando con sus ojos redondos y rígidos. Cuando estuvo lista salió y se quedó en la puerta.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Las tinieblas

Portada del libro Las tinieblas, de Leonid Andréyev

Título y autor/a:Las tinieblas, de Leonid Andréyev.
Clave de lectura:La búsqueda de un «hombre bueno» en un burdel.
Valoración:✮✮✮✩✩
Comentario personal:Mordaz y desesperanzado sobre la condición humana.
Música:Flores nocturnas, de Silvio Rodríguez ♪♪♪

En Las tinieblas, de Leonid Andréyev, Liuba consigue hacer que se tambalee la existencia de su obligado cliente ocasional, Alexéi.

Él es un revolucionario que se dispone a arrojar una bomba. Pero, con el aliento de la policía zarista en el cuello, rodeado de espías y confidentes, necesita descansar algunas horas si no quiere fracasar en la misión.

Para ello se le ocurre entrar en un prostíbulo, alquilar los servicios de una de las chicas y utilizar la cama de forma poco convencional: para dormir.

Su desventura llega cuando elije a alguien con un carácter peculiar, que busca a un «hombre bueno» como meta de vida.

¿Será él el esperado, con su revólver en el bolsillo y que nunca ha besado labios de mujer? ¿Qué efectos tendrá en ambos ese encuentro?

Las tinieblas: mordaz y desesperanzado sobre la condición humana.


Se diría que había piedad en los ojos de la prostituta, que de repente se alzaba sobre un pedestal muy elevado y, desde lo alto, con una severa y fría atención, miraba algo pequeño y miserable a sus pies.

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lunes, 21 de septiembre de 2009

Eternidad

Barcos sobre un horizonte gris acerado.

Mis ojos siguen a un pequeño barco que se aleja de la costa. El cielo es de acero, con jirones de luz intentando romper su cerco, casi exangües.

Cada empuje de las olas, cada golpe de respiración de la marea, componen su mensaje. Siempre el mismo. Siempre diferente.

Notas primigenias, acordes como aquellos que duermen ocultos dentro de nosotros, procedentes de lo que no es memoria, de lo que en algún momento no fue aún conciencia de existir, pero tampoco la nada.

Como la música que debimos de escuchar antes de nacer y quizá volveremos a hacerlo en nuestro viaje de retorno.

Latidos de eternidad...


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jueves, 17 de septiembre de 2009

¡Piratas!

Barco pirata al abordaje

Al amparo de la sorpresa, el Zephyr se aproximó por popa. Ni un centinela, qué imprudentes. Quizá dormitaran en el sollado, reponiéndose de la mar gruesa sufrida el día anterior.

Nosotros, sin embargo, teníamos los ojos bien abiertos. Agarrados a las jarcias, nos girábamos de hito en hito hacia el capitán.

Me adelanté hasta el bauprés, donde la bandera del cráneo y las tibias mostraba claramente nuestras intenciones. Me humedecí los labios. Sabían a salitre y ansiedad.

El viento nos impulsaba con fuerza. Tanto que, a una orden del segundo, media docena de brazos se dispusieron a recoger trapo. No deseábamos encallar en algún bajío o arriesgarnos a colisionar contra el casco cada vez más cercano.

Los colores de Saint-Malo ondeaban en lo alto: un navío francés. Hasta el graznar de las gaviotas se asemejaba al tintineante sonido de sus luises de oro.

Faltaban solo unos segundos para poder disparar, solo unos segundos... Ahora, ahora, ¡AHORA!

El cabeceo del bergantín hacía difícil encuadrar con pulso firme, pero confié en mi buena estrella cuando apreté el botón. El obturador de la cámara se abrió y cerró con un chasquido.

Esa noche me acosté en la litera, abrí el ojo de buey y dejé que la voz de la brisa me cantara. Debía estar descansado para nuevas correrías.


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sábado, 5 de septiembre de 2009

La mujer de la arena

Portada del libro La mujer de la arena, de Kôbô Abe

Título y autor/a:La mujer de la arena, de Kôbô Abe.
Clave de lectura:Un hombre y una mujer se enfrentan al avance de las dunas.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Gran obra, de las que gusta regalar.
Música:La mujer de la arena, de Toru Takemitsu ♪♪♪

El argumento de esta novela del japonés Kôbô Abe es originalísimo.

Un profesor de escuela aficionado a la entomología va en busca de nuevos insectos. Llega a un pueblo de pescadores y estos le convencen para pernoctar en casa de una joven viuda, situada en una depresión del terreno.

Al amanecer, cuando desea marcharse, ve con sorpresa que la única manera de hacerlo es con escalas de cuerda lanzadas desde el exterior, pero ni los vecinos ni la anfitriona están dispuestos a ayudarle.

Es necesario que alguien trabaje junto a ella para mantener a raya las dunas, cavando sin descanso, jornada tras jornada, si quieren que el pueblo no desaparezca tragado por su avance.

Es necesario que haya un hombre para La mujer de la arena.

El profesor no encuentra sentido a lo que le ocurre. Tiene su vida en la ciudad, su trabajo, su familia...

Por otro lado, no puede evitar la atracción por su nueva compañera, y el calor que señorea el lugar, así como el fino polvillo que se pega a los cuerpos, contribuyen a perturbar cada vez más sus sentidos.

¿Se rebelará? ¿Intentará escapar como sea? ¿Sucumbirá a la situación?

Gran obra, sin duda, de las que se recuerdan, de las que gusta regalar, con una poderosa carga simbólica a la vez que un hermoso y sensual lenguaje.


Al parecer, la mujer percibió el estado emocional del hombre. Dejó de ajustarse el pantalón y el extremo del cordel que había desatado cayó blandamente entre sus manos. Lo miró desde abajo con ojos de liebre; el parecido estaba no sólo en el modo de mirar, sino también en los párpados enrojecidos. El hombre le devolvió una mirada en la que el tiempo se había detenido.

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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Fraternidad

Frescos del palacio de Versalles.

Tampoco desvelaré demasiado, por no traicionar en público los misterios propios de mi sexo. Valga decir que, si algo caracteriza a los servicios de caballeros, es el imperio de la democracia.

Todos cara a la pared, sin favoritismos, inter pares. Se espera por orden de llegada, se inclina cortésmente la cabeza y luego se fija la mirada en un punto indefinido que nos empuje a la meditación. Al nirvana.

Porque, despojados de galones, de estatus social, de las vías por las que transcurren paralelas nuestras vidas, ¿qué nos queda? En los servicios, ¿no estamos hechos de la misma pasta?

Altos o bajos, gordos o delgados, triunfadores o escritores de blog, ¿no buscamos igual meta, descubrir el ignoto plan de la existencia? Desearíamos abrazar a nuestros hermanos, fundirnos en un canto general con el universo.

Por desgracia, a los pocos segundos dejamos pasar la oportunidad. El ruido huracanado del secador termina de borrar aquellas buenas vibraciones.


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domingo, 30 de agosto de 2009

Los orígenes

Estatua de don Pelayo en Covadonga.

Según parece, mi primer apellido tiene orígenes prerromanos. Desde Navarra nos extendimos a Castilla, y luego el mundo se quedó pequeño en buscar hazañas.

Del segundo discuten que si catalán, que si gallego. Pero lo importante es la cota de armas con azur, sable y gules, faltaría más.

El tercero resulta interesantísimo: ¿pues no desciende de todo un rey de León? Súmale a los gules una figura rampante.

Hasta que llegamos al cuarto. Sencillamente imbatible.

Asturiano por arriba y por abajo, por delante y por detrás. Según un manuscrito, trescientos miembros de la familia acompañaron a Pelayo en... ¡la batalla de Covadonga!

Navarra, Castilla, Cataluña, Galicia, León... ¿Qué puedo añadir? ¡Puxa Asturies!


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domingo, 23 de agosto de 2009

Jet lag

Luces de ciudad por la noche, con ojos insomnes.

Insomne, contemplo desde mi ventana los puntos de luz.

Quizá haya otros como yo, sujetos con las cadenas de la noche, que intentan cerrar los ojos sin tregua.

Debilitados, consumen sus últimas energías en pensamientos que anhelan no existir, fundidos con la liberación del olvido.

Pero nada ocurre, nada ni nadie viene en nuestra ayuda.

Junto a mí, ellos os velan.


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