jueves, 24 de febrero de 2022

Nuestro mundo (XXII)

No sé lo que podría decir hoy. No sé lo que podría escribir. Es tanta de nuevo la decepción…

Otra puñalada del ser humano sobre el ser humano.

Esta noche, solo busco el sonido de la voz.

Una voz, diez voces, cien…

Juntas.

El instrumento más antiguo y poderoso, frente a la más poderosa bomba.

Mil voces, millones de voces…




lunes, 21 de febrero de 2022

Brevísima y tibia nota sobre… (VII)

A mi entender, este es un libro parcialmente acertado. O, lo que es lo mismo, parcialmente fallido.

En La Tierra plana y el nacionalismo encuentro algunos argumentos irreprochables. Aunque solo sea porque yo mismo, casualmente, los he utilizado cuando he tenido que discutir sobre la aberración, tanto en origen como en consecuencias, que suponen los nacionalismos secesionistas.

Esos que suelo denominar, con pruebas por delante, nazionalismos.

El problema, como bien plantea Paco Álvarez, es que las pruebas no tienen efecto en un "mundo paralelo" de acólitos donde la lógica brilla por su ausencia.

Por ejemplo, me viene a la memoria un documental −de National Geographic, no quisiera equivocarme−, en el que antiguos miembros de las Juventudes Hitlerianas, ya ancianos, narraban su niñez en el Reich.

Entonces no percibían lo perverso de su entorno, de los eslóganes, de las doctrinas pseudomísticas que les inculcaban como base de su educación.

Para ellos era "lo normal", el ideal por el que, llegado el momento, habrían de sacrificar sus vidas.

Luchaban, en su particular visión de la realidad, por "lo justo".

De igual manera, razonar con un nazionalista supone que el sistema de valores en el que se ha formado, que le ha permitido ser un miembro aceptado de su grupo en vez de un paria, quede desarticulado.

Si lo intentas, eres el enemigo. Y al enemigo hay que odiarlo.

De acuerdo: ¿por qué, entonces, si sus intenciones morales me resultan más o menos adecuadas, considero el esfuerzo del autor fallido?

Me temo que debido a las formas.

Es una opinión muy personal, evidentemente, pero si hay algo que aprecio en un ensayo es la inteligencia. La finura, el savoir dire, el estilo de un Boadella en ¡Viva Tabarnia! o de un Savater en Contra el separatismo.

Esa virtud no alumbra aquí a Álvarez, que parece escribir a gritos, combativo pero en un sentido tosco, populista, de discusión de bar.

Por tal motivo, con la mano en el corazón, no puedo recomendarlo. Lo siento.




lunes, 14 de febrero de 2022

Brevísima y tibia nota sobre… (VI)

Termino de ver Mientras dure la guerra, la película que narra los últimos días de Miguel de Unamuno.

Enseguida dirijo la mirada a la biblioteca. No recuerdo haber leído nada suyo desde hace tiempo, así que ya tengo una excusa para enmendarme.

Escojo una edición doble de San Manuel Bueno, mártir y Cómo se hace una novela.

Al finalizar, pues…

Mi problema es que ninguno de ambos títulos me provoca emoción.

En el primero aprecio la fábrica, la manera en que su hábil pluma nos planta en el mundo de los personajes: don Manuel, el cura; Lázaro, el indiano refractario a cualquier manifestación religiosa; Ángela, su hermana y narradora…

Para la comunidad, don Manuel es un santo. Incluso Lázaro experimenta una profunda transformación con su trato. Y Ángela, que ha estudiado en la ciudad, prefiere enterrarse en el pueblo para vivir cerca de él.

Solo que don Manuel oculta algo. No puede revelar a sus paisanos, para no hacerles daño, la duda que se ha instalado en su espíritu, que afecta como un dardo a su misma fe.

En cuanto al segundo, nos traslada al otro lado de la frontera pirenaica, donde Unamuno, que sufre exilio, piensa en escribir una novela protagonizada por U. Jugo de la Raza. Y relata cómo la desarrollaría, qué obsesiones atormentarían a tan singular figura, que prevé una muerte cercana.

Obsesiones, reflexiones, que no por casualidad son las mismas de su creador. Porque «toda novela, toda obra de ficción, todo poema, cuanto es vivo, es autobiográfico».

De nuevo, un constructo cuya complejidad debería atraerme y, mísero de mí, no lo hace. Me confieso respetuoso pero tibio a lo que don Miguel nos quiere contar.

Qué le vamos a hacer.




lunes, 7 de febrero de 2022

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XC)

Novela muy, muy curiosa… Me gusta.

Tanto la ucronía como su prima hermana la distopía disfrutan de una tradición literaria consolidada. Incluso señera, me atrevería a defender.

Si uno busca la recomendación de hoy, encontrará también el término steampunk para adscribirla. Una especie de movimiento donde la acción se sitúa en escenarios históricos pero alternativos, con la presencia de invenciones "retrofuturistas". Al estilo del Nautilus del capitán Nemo o el Albatros de Robur el Conquistador, por ejemplo.

En Danza de tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, dicha acción tiene lugar en Madrid, un año indeterminado del primer tercio del siglo XX.

Madrid, capital de un imperio, ciudad ruidosa y sucia, donde se come un cocido de padre y muy señor mío y donde coexisten, mal que bien, millones de personas de todas las razas y credos.

Aunque el oficial siga siendo el protestante, desde luego. Profesantes de la fe reformada llegan con esperanza desde paises acosados por los malditos papistas o los anglíticos, para iniciar una nueva vida.

Porque, tiempo atrás, Felipe II murió de una herida de caza, y su hermanastro Juan de Austria, el mismo día en que se alzaba vencedor en Lepanto, proclamó su derecho a ocupar el trono. Las consecuencias fueron inmensas.

El cabo de alguaciles Joannes Salamanca, hijo de refugiados flamencos, está de guardia en el cuartel, tras uno de esos pantagruélicos cocidos, cuando le avisan para un servicio: escoltar de incógnito al duque de Mier, favorito de la corte, que acude a solazarse al teatrón.

Lo que debería suponer una tarea rutinaria, sin necesidad de desenfundar el Villegas reglamentario del calibre 32, se complica sin embargo terriblemente.

Un asesinato en Lavapiés, corazón de la judería –tampoco los judíos fueron expulsados por Isabel y Fernando, al darse cuenta este de las ventajas de contar con sus servicios– desencadena una cadena de acontecimientos que llega a afectar a la estabilidad de la corona.

Un perspicaz inquisidor, fray Faustino, asignado a la investigación junto con Joannes, nota que ya son cinco los fallecidos en similares circunstancias. Parecen "aplastados" por alguna fuerza sobrehumana.

Casi todos, relacionados con el cabalismo y con las Haciendas Imperiales.

Altos cargos del Estado, influyentes banqueros –granatas–, ladrones, confidentes, marginados, anarcolistas que promueven disturbios sin tregua…

El mismo duque de Mier…

La fascinante Rebeca, hermana del último asesinado…

Personajes que confluyen en una trama en la que nuestro cabo pasa de perseguidor a perseguido. Quizá le encomendaran a él el caso porque es "prescindible".

Un mundo de automóviles movidos con hulla, de máquinas de cálculo similares a computadoras, de armas de repetición, sin que sobre por otra parte la espada al costado, el sombrero de ala ancha ni, como en cualquier realidad, una bolsa llena para salir del paso.

Repito, novela muy, muy curiosa.