jueves, 11 de junio de 2026

El precipicio de mis noches

Portada del libro El precipicio de mis noches, de Marisa López Diz

Título y autor/a:El precipicio de mis noches, de Marisa López Diz.
Clave de lectura:Poesía para desbordar los sentidos.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Un libro de artistas.
Música:Romeo y Julieta (Escena del balcón), de Sergei Prokofiev ♪♪♪

El precipicio de mis noches comparte algunos poemas con otro título de Marisa López Diz, Bajo el verano de tu boca. ¿Por qué?

Porque la imagen acompaña aquí a la palabra: Sara Sanz Nisa firma ilustraciones que nos impulsan, con renovada pasión, a recorrer el mundo de su autora.

El amor se entrelaza con el tiempo. El deseo tiene un antes y un después, preludio a su vez de lo que no puede saciarse, como la piedra de Sísifo, aunque el castigo mude a recompensa.

Mandarina, jazmín, hibisco... La noche son horas llenas de fragancia. Desde los ojos hasta las piernas tiemblan.

Las ausencias se velan de escarcha. Las imágenes de los cuadros —Courbet, Klimt, Lautrec— cobran inesperada vida. Hay alimentos que sustituyen al más delicioso pan.

Y las texturas, volúmenes y colores de los dibujos nos dicen que sí, es cierto lo que leemos: alguien se convierte en nuestro país y evocarlo en nuestra latente realidad.

Poesía para desbordar los sentidos.


Conservar tu recuerdo
en la vigilia de mis brazos,
acariciar el aire que respiró tu boca,
teñir la madrugada
con las uvas negras de tus ojos,
beber tu anhelo en solitario trago,
crucificar el cielo
a la belleza de tu carne...

Ese será mi plan
para las próximas noches.

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lunes, 8 de junio de 2026

Nuestro mundo (XXVIII)

Ruinas del Partenón

Lo que me cuenta la profesora tampoco hace que eleve los brazos en gesto de súplica. Se trata de detalles sobre una historia conocida.

Sus alumnos niegan la existencia de palabras como «colindante» o «alicatado» y se amotinan cuando les exige no obtener la solución a un problema de una inteligencia artificial.

En los exámenes de acceso a la universidad escucha protestas porque ¡no saben calcular porcentajes!

Por otra parte, el planteamiento erróneo de algún ejercicio, así como las respuestas aceptadas como válidas, lleva a que estudiantes de sobresaliente se queden sin él.

Las últimas ruinas peligran. El sistema premia a los que no dan un palo al agua en espera de que la vida les venga cocinada y castiga a los que intentan aprender algo diferente a las consignas de redes sociales.

Aprender implica actividad. Denota deseo de demostrarse a sí mismo que no somos —no únicamente— marionetas. Si tantos hilos nos atan a la ignorancia, lo imperdonable es conformarse o incluso preferirlo.

La profesora me cuenta que, de aquí a poco, estos alumnos ocuparán su lugar en todos los ámbitos del mundo: político, cultural, económico... Sus creencias y carencias definirán qué palabras existen y cuáles no.

Palabras y conceptos a extinguir, ideas que obedecer, retos sobre los que vociferar.

¿Elevo ya los brazos? Quizá debería.


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jueves, 4 de junio de 2026

Fortunella


Los jueces se observan entre sí, no sabemos si con pesadumbre o serenidad. Deben emitir un veredicto.

Dura lex, sed lex, murmura uno. Otro canta por dentro: la, re, fa, mi, re, fa, re, mi... No hay duda posible.

Un tercero aún quiere soñar con alguien que le inspire. Quizá si viniera il suo fratello desde Sicilia… Miraría hacia atrás y sabría qué decir en el tribunal.

Demasiado tarde. O demasiado pronto. Sin remedio, en cualquier caso: vetan la banda sonora de El padrino para recibir el Óscar.

Nino Rota ya había usado esa melodía en una película anterior, Fortunella, y existen reglas según las cuales...

En fin, Fortunella, es tu maldición y tu momento de fama.

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lunes, 1 de junio de 2026

Nuestro mundo (XXVII)

Carteles de bicicleta y ruta 66

Pasa a centímetros de mí. En el último segundo, no sé cómo, consigo evitar que me arrolle.

Alarmado, giro la cabeza y encuentro un gesto de inequívoco desprecio, de «fuera de mi camino».

Compruebo a continuación el semáforo por si me hubiera distraído: confirma el color correcto para cruzar. La bicicleta se lo ha saltado.

No hay motivo en realidad de sorpresa, jamás he visto una bici rodar según las normas. Lo que me da rabia no es el incumplimiento, sino la cara prepotente que lo acompaña. ¿Arrepentido? ¡Al contrario!, esas normas no van con él y si acabo sobre el asfalto es mi culpa.

Lo que me da rabia es la ignorancia para distinguir entre «poder» y «deber», como señalaban los viejos manuales de filosofía. ¿Puedo ignorar el muñeco verde? ¿Debo ignorar el muñeco verde?

Creer que, en una sociedad enseñada a que aquellos que pueden, hagan, el ciclista va a dejar de lado el «yo primero» por razón moral si no hay un policía observando... Quizá soy un estúpido.

Confiar en que, pese a los ámbitos que demuestran cada día lo contrario —política en portada, muchos otros por detrás—, vamos a evitar un mundo distópico solo porque es lo correcto, lo que está bien...

Ya, ya, se me ha ido un poco la cabeza, perdón.


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