Quería saberlo todo de las cosas de la vida, por eso frecuentaba ese lugar. En sus discretos salones, lejos de mohínes reprobatorios, cualquiera podía dar rienda suelta a la fantasía.
Los habituales nos reconocíamos como entendidos: gafas con el grosor reglamentario, hombros caídos, cierto desapego a las tendencias de la moda en el vestir...
Sólo había que dirigirse a la amable encargada y escribirle una nota. En apenas unos minutos, ella volvía con sonrisa cómplice y el instrumento de placer solicitado. Y todo lo pagaba el ayuntamiento, aquello era jauja.
Definitivamente, tengo muy buen recuerdo de la biblioteca pública.
Entradas relacionadas:




4 comentarios:
Muy bueno Mannelig. Has logrado engañarme en el principio y me has llevado al huerto. Luego recompuse la figura y me asombre de como de nuevo al final vuelves a hilar fino y enganchas a la perfección con el planteamiento inicial.
Eres un artista tío.
Acabo de descubrir tu blog y me ha encantado. Leer los post que publicas, con la acertada música de fondo me ha maravillado.
Te felicito.
Un saludo!
Jajaja, me ha pasado como a Luis, así que me adhiero a sus apreciaciones: "Eres un artista, tío".
Un abrazo!
;)
Realmente un hereje...jaja.
Me encantó tu introducción, cómo describiste la boblioteca.
Publicar un comentario