jueves, 24 de marzo de 2011

Un recuerdo de la casa pública

Páginas de un libro abierto.

Quería saberlo todo de las cosas de la vida, por eso frecuentaba ese lugar. En sus discretos salones, lejos de mohínes reprobatorios, cualquiera podía dar rienda suelta a la fantasía.

Los habituales nos reconocíamos como entendidos: gafas con el grosor reglamentario, hombros caídos, cierto desapego a las tendencias de la moda en el vestir...

Sólo había que dirigirse a la amable encargada y escribirle una nota. En apenas unos minutos, ella volvía con sonrisa cómplice y el instrumento de placer solicitado. Y todo lo pagaba el ayuntamiento, aquello era jauja.

Definitivamente, tengo muy buen recuerdo de la biblioteca pública.


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4 comentarios:

luis dijo...

Muy bueno Mannelig. Has logrado engañarme en el principio y me has llevado al huerto. Luego recompuse la figura y me asombre de como de nuevo al final vuelves a hilar fino y enganchas a la perfección con el planteamiento inicial.
Eres un artista tío.

Coral dijo...

Acabo de descubrir tu blog y me ha encantado. Leer los post que publicas, con la acertada música de fondo me ha maravillado.
Te felicito.

Un saludo!

Edurne dijo...

Jajaja, me ha pasado como a Luis, así que me adhiero a sus apreciaciones: "Eres un artista, tío".

Un abrazo!
;)

Geminis dijo...

Realmente un hereje...jaja.
Me encantó tu introducción, cómo describiste la boblioteca.