viernes, 12 de diciembre de 2014

Nuestro mundo (IV)

Nuestro mundo se humilla ante muchos dioses.


Los hay de oro.

Los hay de piedra.

Los hay de papel.

De carne y hueso…

Y luego están los que definitivamente odian a la humanidad.


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lunes, 8 de diciembre de 2014

En el metro (V)

A primerísima hora de un viernes, mi amiga me mandó un mensaje.

Diente de basilisco, ojo de tritón, extracto de mandrágora y cola de lagartija.


No, el mensaje no era ese, sino los ingredientes que debió de mezclar en su caldero para escribirlo. Porque sin venir a cuento, me conminaba a liar el petate y largarme a vivir a Alemania, ponerme hasta arriba de salchichas y cerveza, y enrollarme con alguna pelirroja de ojos verdes del lugar.

¿Alemania? ¿Salchichas? ¿Cerveza? ¿Pelirroja? Somnoliento, respondí que resultaban demasiadas novedades de repente, y los viernes no suelo estar yo ya para muchos dolores de cabeza.

De manera que no le hice caso, transcurrió la jornada laboral y llegó por fin la tarde. Ah, libertad, libertad. Tras realizar algunas compras entré en el metro, apenas una parada antes de mi transbordo.

Se abrieron las puertas del vagón, y allí…

Allí estaban los ojos verdes más verdes del mundo.

Como el espejo de mil lagos, manantiales y torrentes reunidos.

Y su poseedora era… pelirroja.

Me palpé de inmediato los bolsillos para comprobar si tenía un amuleto que me protegiera, algún metatarso de San Malaquías o así, ante tamaña muestra del poder profético de mi amiga.

A continuación vi que la susodicha llevaba consigo una maleta. ¿De camino quizás al aeropuerto? Glup.

Y cuando se puso a hablar con otra viajera en alemán, ya no supe qué pensar.

¿No me quedaba otro remedio que meter tripa, sacar pecho, calzar el monóculo, entrechocar los talones, presentar mis respetos e invitarla a tomar una jarra de Weizenbier con tapa de Bratwurst donde quiera que volara, todo por imperativo de un conjuro?

«Próxima estación… Correspondencia con…».

No podía seguir pensándomelo más. Di un paso al frente, con espíritu prusiano.

Y con otro paso añadido salí al andén, la cabeza muy alta, el porte erguido, desafiando audaz al hechizo.

Abracadabra. Vamos, anda, a mí con esas…


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sábado, 29 de noviembre de 2014

Nuestro mundo (III)

Velamos la mirada al pasar junto a aquello que nos incomoda, aislándonos, protegiéndonos en una cálida burbuja interior.

No hay que darle más vueltas, somos así.

Pero la desesperanza en los ojos que dejamos a nuestra espalda nunca se termina de borrar del todo...





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domingo, 23 de noviembre de 2014

Brrrrrooooom, brrrrrooooom

Confirmado. No puede haber otra explicación.

Es la crisis esa de los cuarenta que barruntaba no hace mucho. ¿De qué si no iba yo a ponerme a coquetear con…?

Bueno, quizá coquetear sea un verbo de connotaciones ambiguas. Digamos mejor, eh, ¿de qué si no iba yo a ponerme a fantasear con la idea, acariciarla, explorar las posibilidades, dejar finalmente que el pensamiento se perdiera en ella…?

¿Y si me compro una moto?




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viernes, 21 de noviembre de 2014

Un mal sueño

Anoche…

Entré en tu sueño,
desesperanza,
en tu sueño invernal
sin caminos,
yermo,
helador.

Y no sabía cómo salir.

Párpados cerrados. Negras aves agolpándose.
Silenciosas alas batiendo un aire irrespirable.

Anoche…

Sentí tu mano,
desesperanza,
el roce áspero de tu piel,
promesa de un mundo
sórdido,
sin sol.

Y no sé si desperté.




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domingo, 16 de noviembre de 2014

La crisis

Madre mía, en esta etapa de estudiante resurrecto que anunciaba el otro día he durado…

Pues medio telediario, no más.

Compré los libros obligatorios (mi presupuesto mensual para vicios tirado de un sablazo por la ventana), empecé a leerlos, a subrayar las ideas importantes, a sudar pensando en los próximos exámenes… Y de repente me dije: has metido mucho la pata, tú. Toca recular.

Espero que mis compañeros de curso asimilen con mayor aprovechamiento la cantidad de cosas incomprensibles que se desparramaba en aquellas páginas. Tantas fórmulas kilométricas con letras griegas no pueden pertenecer a este mundo.

O quizá resultaran precisamente las claves del mundo moderno y lo que ocurre es que he empezado a quedarme en su extrarradio. Porque hace, pongamos no más allá de seis o siete años, a lo mejor hubiera podido meterme en harina, pero ahora…




La neurona se sobrecalienta y hace plof (dado mi sexo, sólo tengo una).

Por eso creo que ha llegado. Ya está aquí, llamando a la puerta, rondándome con su sonrisa lobuna. Tiene que ser, tiene que ser…

La famosa crisis de la mediana edad.


Cachis.
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lunes, 10 de noviembre de 2014

Lo que a mí (modestamente) me parece

−Nosotros queremos ser klingons. Vamos a montar aquí el imperio klingon y a la Federación Unida de Planetas que le den.

Esteeeeeee… Pero vamos a ver…

Ustedes saben que son humanos, que no tienen esos cabezorros tan huesudos que se gastan en el cuadrante Beta.

−¿Cómo? tlhIngan maH! Hab SoSlI' Quch!

Sí, gracias. La cuestión es que eso no tiene pies ni cabeza. Je, otra vez la cabeza…

tlhIngan maH! ¡Que somos millón y pico! ¿Niegas nuestro derecho a decidir? ¡Prepárate a ser rebanado por una Bat’Leth!



Ras, ras, ras (rascado perplejo de occipucio. Al capitán Picard le hubiera sonado algo más deslizante, zip, zip, zip).

Bueno, miren. Aquí todo el mundo tiene el derecho de pensar lo que le venga en gana, faltaría más. Y a decirlo en voz alta y clara, desde millón y pico hasta cuarenta y tantos. Y si los cuarenta y tantos votamos juntitos por la reencarnación de Kahless el Inolvidable, pues habrá que sentarse a la mesa a marcar la Zona Neutral...

Pero hasta entonces esto es parte de la Tierra y no de Qo’noS, nos pongamos como nos pongamos.

Que ya bastante tenemos con los borg, los del Dominio y los neoliberales intentando amargarnos la existencia, caramba.



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jueves, 6 de noviembre de 2014

De guardia

Oh, por favor, otro turista empeñado en sacarme la foto en pololos…




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domingo, 2 de noviembre de 2014

En la tienda de frutos secos

Tienda de frutos secos del barrio. Vendedora con un original tono melódico, como del Dniéster o por ahí.

−Hola, quería una bolsa de patatas fritas.
−¿Grande o pequeña?
−Grande (hala, vamos a cebar bien cebado al colesterol).
−¿Con sal?
−Poca, por favor (para limpiar el sentimiento de culpa).
−¿Algo más?
−Pues… venga, unos anacardos.
−¿Crudos o fritos?
−Crudos.
−¿Algo más?
−Nada más.
−Aquí tienes. Que pases una buena noche.
−Muchas gracias, adiós.
−Espera, por si acaso...
−¿Mmmm?
−Toma, te regalo unos caramelos para que te endulcen la vida.

Caramelos de malvavisco.

¿Y así la vida...?

Bueno, por algo se empieza. Como dice la canción, the stars are out and magic is here...


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lunes, 27 de octubre de 2014

La influencia del Big Bang

Al final me decidí, hala. Después de semanas dándole más vueltas que a un yoyó, de sopesar pros y contras, de mantener intensas consultas con la almohada (lo que podría contar mi almohada sobre nuestras conversaciones)...

Terminé echando los papeles.

He vuelto a estudiar.

Ya sé, ya sé, sólo a mí se me ocurre meterme en camisa de once varas. Pudiendo dedicar las escasísimas horas libres del día a actividades lúdicas, que es lo que mejor se me da, resulta que elijo el tedio de unos libros tamaño portaaviones, los apuntes, los esquemas, los trabajos, los exámenes...

Y la cabeza no está en su mejor momento, ni siquiera en un momento intermedio, que cuando llegas a los vein... este, trein... hum, cuaren... se han perdido bastantes facultades por el camino.

Hay temas que no sé ni por dónde agarrarlos, de verdad. ¿Pero cómo me habrá dado este rapto de locura?

Supongo que sólo cabe una explicación: la perniciosa influencia televisiva.




Y es que las personas más descuajaringantes que conozco tienen un PhD junto al nombre, y algunos hasta dos. El doctor Cooper, el doctor Hofstadter, el doctor Koothrapali, la doctora Fowler, la doctora Rostenkowsky... Yo quiero unirme a esa panda.

Wollowitz no, de acuerdo, pero con su máster en el MIT sabe hacer cosas útiles, como brazos robóticos y cachivaches para besar. Y Penny... Bueno, de Penny tengo hasta una camiseta estampada con su nombre, así que ni falta que le hace.

Knock, knock, knock, Penny.
Knock, knock, knock, Penny.
Knock, knock, knock, Penny.


Ay, dichoso Big Bang.
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