miércoles, 13 de noviembre de 2019

Manifiesto cívico (XII)

¿Que qué me parecen los últimos resultados electorales? Je…

Me hago esa pregunta y me quedo mirando al techo.

Hasta que doy con una respuesta adecuada: desilusión. No es que no comparta la forma de votar de parte de mis vecinos, mis conocidos, mis amigos, de personas con quienes me cruzo cada día…

No es ya que no la entienda.

Es que me desilusiona.

Camisas pardas, camisas rojas y camisas negras, en vez de ver castigados sus planteamientos bárbaros, los refrendan. Son minorías y aun así manejan el timón.

El centro, en el sentido más generosamente amplio del término, incluso personificado por líderes de dudosa confianza, es lo preferido por millones. Y a pesar de ganar… pierde.

Perdemos.

Para combatir los fuegos que amenazan a la democracia, al acuerdo constitucional que solo pide un básico respeto mutuo a la hora de diseñar políticas, hay quienes eligen… lanzallamas.

¿Seremos capaces de construir derechos –y obligaciones− sobre la base de conceptos como ciudadanía y esfuerzo común, y no sobre patrias, géneros, lugar de nacimiento, creencias religiosas o cualquier pseudomisticismo?

(No, lo de ciudadanía no lo digo con doble significado).

¿O preferimos renunciar a la… de acuerdo, no la mejor de las vidas, pero sí una aceptable, teniendo en cuenta de dónde veníamos y adónde hemos llegado, a cambio de darnos de tortas?

En fin, ya veremos.

Dormid en paz. Lo vamos a necesitar.



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viernes, 8 de noviembre de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LII)

A menudo me siento igual que se manifiesta Friedrich Reck-Mallerczewen en este libro: desolado.

Con una angustia que se me clava dentro, un Weltschmerz debido a voces que creía sepultadas en el fango del pasado, pero cuyas sombras intentan cubrirnos de nuevo.

Extrema izquierda. Extrema derecha. Nazionalistas

Totalitarios con su propio mensaje "iluminado", cegando muchos ojos mediante imágenes de ídolos, a costa de la paz de nuestras vidas.

Reck-Mallerczewen advirtió de las consecuencias. Los hechos que relata en su Historia de una demencia colectiva ocurrieron en el siglo XVI, pero los paralelismos con el XX y podría llegar el momento en que también con nuestros propios días, son evidentes.

Ya otros se dieron cuenta de tal similitud. La lucha contra el odio y la amargura, «esos cánceres del alma», como los describe en la última carta a su mujer, le costó morir en Dachau.

En 1534 los habitantes de Münster "se volvieron locos" y le entregaron el poder a hombres que les hicieron promesas. Son recordados como los anabaptistas.

Les prometieron la felicidad en la Tierra, por anticipo de la del cielo. Solo tenían que seguir unas leyes transmitidas directamente de lo alto a sus profetas.

Y sus palabras atrajeron a miles. Tras expulsar al obispo elector, símbolo de la opresión, se prohibió la moneda, el comercio y la propiedad privada. Nadie debía tener un sombrero o un jubón más que su vecino.

Más tarde, sin embargo, llegó el terror a la "nueva Jerusalén". Cualquier desafecto era ejecutado de inmediato. Los matrimonios previos fueron anulados y se instauró la poligamia obligatoria. El heredero del líder original se proclamó rey, inspirado por visiones divinas…

Aun así, los defensores de la ciudad resistían el asedio del obispo y su ejército. Su esperanza era firme. No les importaban las normas cada vez más absurdas ni la espada del verdugo que recorría las calles en busca de la menor falta.

Todo acabó con la población agonizante y el monarca y sus lugartenientes exhibidos en jaulas todavía visibles en la torre de la iglesia de san Lamberto.

Fanatismo. Violencia. Destrucción. Siempre de la mano, a través de los tiempos.



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miércoles, 6 de noviembre de 2019

Cine, cine, cine, más cine, por favor

Las palomitas listas para entrar en el patio de butacas.

Y hay que tomar una decisión: ¿de qué película comprar entrada?

No tenemos nada de estreno, desde luego, pero entre eso y quedarse en casa…

A ver, vamos a repasar los guiones otra vez:

Cómodo es un hombre sin moral, eso lo sabes desde siempre. Cómodo no puede gobernar. Es más, ¡no debe gobernar!
(Gladiator)

−La inmoralidad es subjetiva.
−Sí, pero la subjetividad es objetiva.
−No, en ningún esquema racional de percepción.
−La percepción es irracional, implica inminencia.
−Pero el juicio de cualquier sistema a una prioridad de relación de fenómenos existe en cualquier contradicción racional o metafísica, o al menos epistemológica, de un concepto empírico abstracto como el ser u ocurrir en la cosa en sí, o de la cosa en sí misma.
−Sí, yo he dicho eso muchas veces.
(La última noche de Boris Gruschenko)

−¿Con qué derecho me cierra usted el local?
−¡Qué escándalo, qué escándalo, he descubierto que aquí se juega!
−Sus ganancias, señor.
−Muchas gracias. ¡Todo el mundo fuera!
(Casablanca)

−A los únicos que odiamos más que al pueblo romano es a los del Frente del Pueblo Judaico.
−¡Disidentes!
−Y al Frente Popular del Pueblo Judaico.
−¡Disidentes!
−Y al Frente Popular de Judea (...).
−¡El Frente Popular de Judea somos nosotros!
−Ah, creí que éramos de la Unión Popular...
(La vida de Brian)

Estoy harto de consentir con los brazos cruzados la infiltración comunista, la subversión comunista, la conspiración comunista, esa corriente, en la actualidad tan de moda, que envuelve e infecta todos nuestros preciados fluidos naturales.
(Teléfono rojo, volamos hacia Moscú)

Mmmmm, sí, ya está. Creo que voy a elegir, mmmmm...



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miércoles, 30 de octubre de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LI)

Advierto desde el principio: este libro tiene cosas buenas y otras… regulares.

En el lado positivo, la propia naturaleza del tema: averiguar cómo se generan las ideas en el cerebro humano. Entender, desde un punto de vista científico, el origen de la Creatividad.

Elkhonon Goldberg, prestigioso neurólogo, se embarca en esta tarea incorporando las técnicas de escaneo más recientes al corpus investigador clásico. Prácticamente disecciona los procesos bajo la caja de hueso que llamamos cabeza.

Y plantea numerosos interrogantes:

¿En qué afectan las diferentes tradiciones culturales de las sociedades a la cognición? ¿La limitan o estimulan unas más que otras?

¿Se aprende a pensar practicando, y en qué dosis, o siempre habrá un 1% de rupturistas y un 99% entre torpes y normalitos?

¿Las ideas surgen de repente, ex nihilo, o el proverbial equilibrio inspiración/transpiración tiene algo que ver?

¿Por qué, cuando buscamos alguna respuesta con toda nuestra capacidad intelectiva, el resultado es a menudo infructuoso, mientras se nos ocurren soluciones a los problemas en los momentos más inesperados?

¿Hay diferentes creatividades? ¿Se pueden medir y comparar? ¿Es relevante que Mozart escribiera las tres últimas sinfonías en unas semanas y Beethoven tardara años con su Novena?

¿Significa creatividad lo mismo que inteligencia?

¿Qué aporta un cerebro conservador a la supervivencia de la especie, y qué uno innovador?

¿Resulta cierta la división hemisferio izquierdo lógico vs. derecho especulativo, o son sus fronteras menos estancas de lo que nos habían enseñado?

Etcétera.

Ahora mi reproche: la manera que tiene Goldberg de exponer resulta −paradójicamente− poco creativa. Al menos, tal como se esperaría en una obra de divulgación.

A menudo sus páginas me han recordado al tópico libro de texto de una carrera o una tesis para ser defendida ante un tribunal de especialistas. Es decir, académicas en el sentido aburrido del término.

No obstante, concedo que quizá no haya muchas formas de explicar complejidades fisiológicas como las que tienen lugar entre la corteza prefrontal lateral y la ventromedial/orbitofrontal, así que, en un todo, le pongo buena nota.

Hasta la próxima.



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jueves, 24 de octubre de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (L)

Anda que no me lo habré preguntado yo veces:

¿Quién soy yo… y cuántos?

La persona que ha abierto hoy los ojos, ¿es quien los abrió ayer? ¿Y anteayer? ¿Y hace diez o veinte años?

¿La misma, mejor, peor…?

¿Qué me hace único o mutable? ¿Lo que hago? ¿Lo que pienso?

Si alguien compartiera mis recuerdos y experiencias, si luchara por los mismos ideales, ¿sería entonces también yo?

Elucubraciones por el estilo.

Quizá por ello fuera el título lo primero que me gustó. Pero ahora que la he terminado, mis impresiones sobre esta obra pueden ser elogiosas con fundamento.

Porque Richard David Precht ha escrito un libro de mérito. Ojalá sea cierto el carácter de superventas que publicitan en la portada y mucha más gente lo disfrute.

Se trata de un "viaje filosófico" a partir de un planteamiento kantiano: ¿qué puedo saber?, ¿qué debo hacer? y ¿qué me cabe esperar?

Sobre esta base entrelaza diversas fuentes de conocimiento, a cuál más imaginativa en su presentación.

Nietzsche, nuestra antepasada austrolopiteco Lucy, Ramón y Cajal, Descartes, Mach, el señor Spock, Freud, Kandel, Wittgenstein…

Rousseau, De Waal y sus investigaciones sobre el comportamiento de los primates, Schopenhauer, Libet, Bentham, Luhmann…

Y habla sobre casi todo: la existencia de los dioses, el aborto, la eutanasia, la alimentación carnívora o vegetariana, la bondad y la maldad, el origen de los sentimientos, los derechos de los grandes simios, la clonación, la propiedad…

La lista sigue y es larga. Un poco la historia de lo que ha venido ocupando el entendimiento del ser humano desde hace veintitantos siglos.

Claro que tampoco se sumerge en unas profundidades abisales para cada tema, sería imposible. Pero siembra en el lector la semilla –con una bibliografía muy tentadora− para continuar caminando en busca de la verdad.

Venga, no seais los últimos en uniros al club. Leedlo ya, que lo vais a agradecer.



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domingo, 20 de octubre de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XLIX)

No quiero ponerme tremendista. Ciertas comparaciones resultan, más que inapropiadas, extemporáneas.

Pero viendo en las noticias imágenes de los nazionalistas incendiando lo que les viene a mano en Barcelona, me llama la atención el lema de una camiseta.

Nada que no pudiera esperarme de su forma de pensar, desde luego. Y tampoco nada que a estas alturas pueda golpearme u ofenderme.

«Yo soy catalán. No soy un español de mierda».

Tal cual.

Para ellos, "catalanidad" y "españolidad" son valores absolutos y contrapuestos en el orden natural. El señor de la camiseta se autoproclama en lo más alto, y las personas que hemos tenido la ¿desgracia? de nacer en el lado del país equivocado, somos lo más bajo.

Tras este preámbulo, lo que en realidad quería comentar en la entrada de hoy es un libro. Ahora explico la relación.

Concretamente, me gustaría traer un cómic a escena: El testamento de Magneto, de Greg Pak y Carmine di Giandomenico.

No recuerdo si lo he mencionado alguna vez, aunque resulta que soy un asiduo lector de cómics. Que este sea el primero sobre el que vierto unas palabras queda como un lapso a subsanar.

Magneto es un personaje clásico de los X-Men, por supuesto. Uno de los villanos del universo Marvel. Pero antes de amargarles la existencia al profesor Xavier y compañía, fue un niño.

Que nació y creció en Alemania. En una familia apellidada Eisenhardt. De origen judío.

1936. El joven Max no entiende por qué el director y sus compañeros de colegio insisten continuamente en humillarle. Él no les ha hecho ningún mal.

Ni tampoco por qué su padre, veterano condecorado del ejército, corre peligro solo por visitar a un antiguo compañero de armas en la capital.

1938. No entiende la Noche de los cristales rotos, la huida, el odio intenso, cruel, irracional, inmotivado, que se extiende por la sociedad, despojándose de cualquier careta cuando al fin estalla la guerra.

Él entiende de otras cosas, como el collar que le ha regalado a Magda. Y lo que su sonrisa significa.

1942. Y de sobrevivir en Auschwitz, endureciendo el alma en el Sonderkommando que arroja los cuerpos a los crematorios.

No hay superpoderes, no hay fantasía, acción o hazañas heroicas.

Este es un cómic que se pregunta por qué.

Y la misma pregunta pasa por mi cabeza mientras el señor de la camiseta en la tele filma con el móvil las hogueras: por qué.

Por qué su odio.

¿Nadie puede darme una respuesta?

Una que pueda comprender un "español de mierda"…



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martes, 15 de octubre de 2019

Manifiesto cívico (XI)

La sentencia de ayer, huelga aclarar a cuál me refiero, me motiva a dejar por escrito un par de consideraciones personales.

Primero, la Ley no se rige –es fundamental que no lo haga– por las emociones de la sociedad. Incluso aunque estas fueran indubitablemente mayoritarias.

De otra manera hablaríamos de talión, de venganza, de "justicia popular"… No de Ley.

Además, solo si existe prueba suficiente se debe condenar en la exacta proporción que dicte la norma.

No podemos viajar en el tiempo para conocer los secretos del delito antes de que ocurra, para ser testigos en lugar de intérpretes, para no correr el riesgo de equivocarnos.

Tenemos que conformarnos con investigar, preguntar y reconstruir.

Hacer que afloren las intenciones y los hechos, buscando aliviar a la víctima sin menoscabar las garantías del acusado.

Segundo, una vez separado el ámbito jurídico del sentimental, por supuesto que yo también tengo mi opinión particular sobre dicha sentencia. ¿Quién no?

Por ahí hacen ruido los que la consideran una "vergüenza", muestra de la "España fascista y opresora" (aunque, curiosamente, disfruten de libertad para decirlo).

En el extremo opuesto se manifiestan igual de decepcionados. Demasiado flojo suena eso de la sedición.

En medio, unos jueces con un objetivo: hacer valer la Ley, no contentarnos.

De modo que vamos a acatar el fallo, sí o sí.

Y a los que supuran bilis –bueno, en esta parte me dejo llevar un poco–, que imaginen todas las campañas de intoxicación que quieran. Que mientan.

Pero que aprendan que un Estado libre de ciudadanos libres, con reglas de decisión participativas, jamás desaparecerá.

Ni volverá a los años de oscuridad, en que la voluntad de unos cuantos se imponía al conjunto por la fuerza.

Nunca abandonaremos la defensa. La vital, la más digna, la más necesaria frente a los que quieren secuestrarla.

La defensa de la Democracia.



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jueves, 10 de octubre de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XLVIII)

Lo bueno de sentir curiosidad es que siempre encuentras nuevas cosas que aprender. El mundo es inagotable.

Aunque por otro lado, también te das cuenta de que siempre vas a ser más ignorante que sabio. El mundo es… eso, inagotable.

Pues bien, el libro de hoy sirve para rellenar un agujero que la mayor parte de la gente sufrimos en materia de historia universal.

Porque los acontecimientos de Europa, de América, incluso de Asia, al menos los conocemos a grandes rasgos. Pero, ¿qué ocurre con los de África? ¿Quién levanta la mano?

Unos cuantos se narran en la Breve historia del África subsahariana, de Eric García Moral.

Todo un continente que resulta un misterio para los occidentales. Y como consecuencia, nuestros estereotipos acerca de las culturas africanas se basan en esa percepción superficial.

El planteamiento de García Moral consiste en comenzar desde la cuna: qué factores explican el nacimiento y la posterior expansión de la especie humana desde la gran falla que conforma el valle del Rift.

A continuación se ocupa de los lazos entre la civilización egipcia, Nubia y Kush, así como las noticias que en Grecia y Roma se tenían de unas tierras tan lejanas a través de las rutas de mercancías.

Por ejemplo, Ptolomeo ya menciona al reino de Axum, que remonta su mito fundacional hasta Menelik, hijo de Salomón. Sus gobernantes o negus llegaron a aliarse con Bizancio, para entrar en declive solo tras varios siglos de existencia.

Ghana devino también un próspero territorio, con riqueza aurífera, agrícola, ganadera y comercial. Hasta que no pudo resistir a los ataques de tribus nómadas y la desertización por los cambios clímáticos.

Mali, el imperio del oro, surgió con Sunyata Keita, fue defendido por Sakura y alzanzó el esplendor con Kanku Musa, que en 1324 peregrinó hasta La Meca con tanto metal dorado en los fardos, que hundió la cotización durante años en El Cairo. Su figura aparece representada en el Atlas Catalán de 1375.

Songhay, forjado gracias a los éxitos militares de su líder Sonni Ali Ber, creció igualmente, con una compleja estructura de funcionarios y administradores. Hasta que las armas de fuego del sultán de Marruecos y sus soldados de origen andalusí acabaron con él.

Kanem-Bornú, Gran Zimbabue, la leyenda del Preste Juan, los suajilis, las redes esclavistas creadas desde el asentamiento europeo en la costa occidental, los bóeres, los británicos, Sierra Leona, Liberia, el reparto de Berlín, las figuras de la resistencia anticolonial, los zulúes, las guerras mundiales, los Estados del siglo XX, el presente, el futuro, el pesimismo, el optimismo…

He de dejar más de la mitad de la obra y bastantes nombres propios resumidos en un solo párrafo, si no quiero alargarme. Lástima.

Aunque la pasión que su autor pone en la escritura es un aspecto que no puedo pasar de largo. Se nota que disfruta transmitiendo sus conocimientos, y hace disfrutar con ellos al lector.

De esta manera, apenas me resta algo que decir: ¡a leer!



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sábado, 5 de octubre de 2019

Manifiesto cívico (X)

Yo tenía pensado dedicar este añito bloguero a hablar sobre los libros que voy leyendo. Para volver un poco a los orígenes.

Aunque a veces me entra la tentación de manifestarme sobre mil cosas diferentes. A lo mejor solo me interesan a mí, pero el día a día puede ser rico en ellas.

Pues esta resulta una de tales ocasiones. Ya me estoy encendiendo como una tea.

Quiero gritar que en nuestra sociedad, y más concretamente entre nuestros así llamados políticos, hay mala gente.

No sé si por convicción o por memez, me da lo mismo.

Tampoco sé por qué intentan propagar la enfermedad, pero hay que apartarse de sus miasmas.

La llama me la ha alimentado cierto concejal y pez gordo en cierto partido, para quien las Trece Rosas "torturaban, mataban y violaban vilmente".

Cita literal.

O sea, que para él, el asesinato de aquellas trece mujeres por los vencedores de la más cruel guerra estaría ¿justificado?

(Lo escribo entre interrogaciones porque, oye, a pesar de la literalidad, a ver si soy tan torpe que lo he entendido mal).

Y un par de días antes, la presidenta de la misma comunidad autónoma asociaba sacar los huesos de cierto dictador de cierta basílica con la quema de iglesias, "como en el 36".

No, es que yo no… No…

¿De verdad que personajes de esta calidad son lo mejor que hemos podido encontrar para dedicarse a la res publica?

¿De verdad les hemos concedido tanta responsabilidad sobre nosotros?

Gente atrapada en odios de hace un siglo, que se alimenta de las peores pesadillas y bajos instintos para hacernos creer que los necesitamos.

Que ellos nos defienden.

¡Ja!

Hay veces en que cuesta deshacerse del malhumor.



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martes, 1 de octubre de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XLVII)

Primero, alguien con buen ojo notó ciertas vibraciones en esta novela, porque hasta han rodado una serie de televisión basada en ella.

Segundo –aunque egoístamente más relevante−, esas vibraciones también me han alcanzado a mí. Y han conseguido que me salte la parada mientras iba leyéndola absorto en el metro.

Los mismos autores, Terry Pratchett y Neil Gaiman, resumen en el prólogo cómo fue el proceso de escritura de Buenos presagios: «Nos lo hemos pasado bien».

Partimos del inminente fin del mundo: multitud de signos lo anuncian, según el Apocalipsis clásico. También hay pelos y señales en las Buenas y acertadas profecías de Agnes la Chalada, una vidente del siglo XVII quemada por bruja.

Su descendiente directa, Anatema Device, sabe del valor del libro, que describe críptico pero sin falta hasta el mínimo acontecimiento de lo que ha sucedido y sucederá. Pero resulta que lo ha perdido.

Newton Pulsifer, que a su vez desciende del cazador de hechiceras No Cometerás Adulterio Pulsifer, acaba de solicitar el ingreso en el ejército encargado de combatir a las fuerzas oscuras. Suman un sargento y un soldado.

Los cuatro jinetes, Muerte, Guerra, Hambre y Polución, están recibiendo las herramientas de su cometido a través de mensajería.

Las legiones de ángeles y demonios se preparan para la gran batalla…

¡Alto! En realidad lo estoy contando de forma desordenada. Debería haber comenzado por los protagonistas principales, cada uno en representación de un bando: Azirafel y Crowley.

Estuvieron aquí al principio de todo, cuando lo de la manzana, el paraíso y tal. Desde entonces se quedaron a vivir entre nosotros.

Y las ganas que tienen de que el tinglado se venga abajo son nulas.

Así que quizá un pacto de colaboración, a espaldas de sus jefes…

De momento han nacido dos bebés al mismo tiempo, pero solo uno puede ser el Anticristo. ¿Adán? ¿Warlock? A ver si se han hecho un lío las sospechosas "monjas" del hospital, de la Orden de Parlanchinas de Santa Berilia.

Muchos otros personajes, sobrenaturales y humanos, aderezan con su presencia los últimos días de nuestra especie.

Total, que si uno busca entretenerse sanamente y participar un poco de la experiencia de Pratchett y Gaiman mientras escribían, esta es su lectura. Sin dudarlo.


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