lunes, 20 de octubre de 2014

Y así nace un soneto

−Bueno, hora de comer.
−Que aproveche.
−Voy al edificio norte, ojalá tenga suerte y me cruce con… con…
−¿Con esa compañera que dices que es tan guapa?
−La misma, suelo verla por allí de lunes a miércoles. Un día de estos tengo que... no sé, escribir un soneto en su honor, o algo.
−¿Cómo era eso de los sonetos? ¿Rima ABBA?





−Sí, normalmente.
−¿Y cuántas sílabas?
−Once, me parece que once.
−Vale, pues si quieres te ayudo.
−¿Cómo que me ayudas?
−Tú vete a comer, y cuando vuelvas te tengo preparados los cuatro primeros versos.
−Ah, genial, hasta luego.

(Ñam, ñam, ñam...).

−Ya estoy de vuelta, ¿cómo lo llevas?
−Muy bien, sólo te queda terminarlo.
−A ver, a ver...

Tres veces por semana vengo al norte
aunque
sea la distancia tan larga.
Para nada me supone una carga,
pues me lo tomo como un deporte.


Y así nace un soneto. Puro endecasílabo. Mmmmm... Algo en plan lírico que rime con deporte...
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miércoles, 15 de octubre de 2014

Las bodas de Fígaro

Iba la otra noche de muy buen humor, canturreando por dentro: Non più andrai, farfallone amoroso, notte e giorno d'intorno girando ♪♪♪...

Porque cuando sales de ver unas Bodas de Fígaro, es inevitable sentirte insuflado con una gran dosis de optimismo contra la grisura cotidiana. De esa manera recorrí Arenal, crucé Sol y emboqué por Preciados.

Allí, un grupo de elegantes damiselas bajaba en sentido contrario. Como si quisiera preguntarme algo, una se destacó de repente, cruzándose en mi camino.

Y al llegar a mi altura, rozó con las yemas de los dedos el aire que rodeaba mi áspera mejilla, diciéndome simplemente: Ciao. Entonces...

Entonces...

Entonces, nada. Es que no era el mejor momento para distraerme, con esas notas inundando aún saltarinas mis oídos. O estás a setas o a Rolex, y yo no había terminado de recrear el aria, así que… ♪♪♪ delle belle turbando il riposo, Narcisetto, Adoncino d'amor, delle belle turbando il riposo, Narcisetto, Adoncino d'amor



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sábado, 11 de octubre de 2014

Así me lo contaron

Esto parece que le pasó a cierto amigo del tío del que me lo contó a mí tomando un café, así que yo me limito a continuar la cadena del relato. Cojamos un bol de palomitas y pongámonos en situación: año sesenta y muchos, en cierta carretera de la Alcarria. Nuestro hombre va en el coche, camino del pueblo...

¿Eh? ¿Que qué coche? Pues no pregunté. Sería un 600, supongo, lo típico. El caso es que de repente el motor se para. Por más que gira la llave y tira del starter, no hay manera de que carbure.

Se queda en la cuneta, levanta el capó y tampoco encuentra nada roto. Enciende un pito. Puf, puf, puf... calada, calada...

No muy lejos, su mirada se fija en una especie de construcción en medio del campo. Qué cosa tan rara, con esos bordes tan pullidos. Tiene forma como de sombrero.

Entonces advierte que una figura viene caminando precisamente desde allí. Vuelve al vehículo y espera.

La figura ha llegado ya junto a la ventanilla.

−No se preocupe, el motor no va a funcionar hasta que despeguemos.
−¿Cómo?
−Sí, ya sé lo que me va a preguntar. Es una nave extraterrestre.

Pausa.





−¿Y...?
−Oh, no, yo no. A mí me llevan con ellos de pasajero, por si acaso hay que comunicarse con alguien. Pero en realidad soy argentino. Bueno, le dejo, gusto en saludarle.

Regresa por donde vino. Puf, puf, puf... Las colillas se van acumulando junto a la puerta del conductor.

El paisano no sabe exactamente cuánto tiempo transcurre hasta que el sombrero se eleva y desaparece como una bala en el cielo. Contacto, primera, segunda, tercera, cuarta… Su pie tampoco se despega del acelerador hasta que llega a casa. Un 600 lanzado a toda caña no es para tomárselo a broma.

Balbucea incoherencias. Su mujer, asustada, llama al médico, que resulta ser el tío carnal de la fuente que mencionaba al principio.

Tras conseguir tranquilizarle, es el primero en escuchar de sus labios esta fantástica historia, y quien le convence para acudir al lugar de los hechos en compañía de la autoridad competente. ¿Quién ha hablado de los men in black? ¿Qué iban a hacer unos curas en sotana buscando a un argentino en la era? Me refiero a los men in green, la Guardia Civil.

−Y allá mismito estaba.

Mmmm, el cabo toma nota de los círculos chamuscados y, perspicaz, del montón de colillas que se conservan. Pero ya más…

−Lo que digan en Madrid, oiga; hala, al Ministerio del Aire.

Declaraciones, expediente, alto secreto, la repera. Hasta hoy.

Así me lo contaron.

Sin la música de John Williams, claro.
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viernes, 3 de octubre de 2014

En semis

Cierto que aún es pronto, y más visto lo visto hace algunas semanas.

Pero la última vez que disfruté tanto con los partidos de la selección femenina de baloncesto, el asunto no acabó nada mal.

Nada, nada mal...



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sábado, 27 de septiembre de 2014

Plan para el fin de semana

Mi amiga me preguntó si iba a hacer algo especial el fin de semana.

Y yo le contesté estremeciéndome, sintiendo por anticipado el placer que me aguardaba. Mi plan era pasar toda la mañana del sábado en la cama con… con… el segundo tomo de las aventuras de Hellboy.




Me había quedado la noche anterior cuando el homúnculo Roger absorbe al gusano escapado de la prisión dimensional y la cabeza voladora de von Klempt aparece para no sé exactamente qué, mientras Hellboy duda si hacer explotar a su compañero por si acaso el gusano gana, y Bogavante Johnson, que tampoco está del todo claro de dónde sale, porque ya estuvo en el castillo de los nazis en el 39 y de eso han pasado sesenta y un años, va a cargarse a la nieta de von Klempt recién transformada en extraterrestre con pinta de rana, por traicionar a la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal.

La cosa estaba que ardía, vamos.

Un plan de finde imbatible.
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martes, 16 de septiembre de 2014

Mozo...

−Hay que ver, lo guapo y lo buen mozo que estás hecho.

Esa es una de las cosas más raras que te pueden decir cuando vas unos días de visita al pueblo. Y menos mal que no lo acompañan de un pellizco de mofletes. Porque, por mucho que mami se ilumine de orgullo cuando escucha hablar así de su retoño:

a) Lo de guapo será de broma, ¿no? Vamos, según cualquier estándar artístico conocido, desde el grecorromano al neoexpresionista.

b) Señora... Que cuando yo era mozo estaban echando Norte y Sur por la tele...



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jueves, 11 de septiembre de 2014

La derrota

Cuando despertó, el 65-52 todavía estaba allí.




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miércoles, 10 de septiembre de 2014

El vestido rojo

Si se quiere alcanzar cierto equilibrio aristotélico en la vida, hay que saber domeñar las pasiones, evitando meternos de cabeza en berenjenales inútiles.


Ya vino a decirlo el estagirita en su Ética nicomáquea: templanza, moderación, prudencia, todo en su punto medio.

Nada de emociones fuertes.

No vaya a ser que nos tropecemos en el camino con alguien que… ¿Cómo lo explicaría yo?

Y nos dejemos arrastrar, así a lo tonto, y acaben pronunciándose ciertas palabras… Brrrrr, qué repelús.




Y luego ya sea demasiado tarde para salvarse. Avisados estamos.

P.D. Ah, sí, lo del título. Es que hoy tuve que pensar intensamente en Aristóteles, con verdadera fruición, a la hora de comer. Cuando vi el vestido rojo que había traido al trabajo mi admirada secreta...
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domingo, 7 de septiembre de 2014

Una princesa de Marte

Yo la llamo la chica rara.

No es verde y con antenas, pero...

Resulta que una vez estaba yo tan tranquilo esperando el metro, leyendo sin meterme con nadie, cuando apareció ella y se puso justo a mi derecha. Hasta ahí, vale.

De repente cruzó por delante. En un andén casi vacío, y yo de pie cerca del borde, ya fueron ganas por su parte de pasar a una distancia que invadía injustificada y hostilmente mi cinturón de Van Allen. ¿Qué quería, que pegase un brinco?

Ahora la tenía a la izquierda. No, no, detrás de mí. Un momento, de nuevo a la derecha.

Tras una vuelta de órbita completa alrededor de mi persona, se me quedó mirando.

Y si hacer todo eso no es de marcianos, pues no sé de qué otro planeta será. A lo mejor es que estaba aquí de visita, me confundía con John Carter de la Tierra y efectivamente hubiera tenido que ponerme a dar saltos...



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domingo, 31 de agosto de 2014

Nusa Dua

No falla. Siempre tiene que haber alguien que se ponga en medio cuando vas a sacar la foto que te gusta.

Iba yo el otro día paseando por Nusa Dua con la cámara pequeña en el bolsillo del bañador, un poco aburrido ya de tanta playa, tanta tumbona y tanto cocotero, cuando a lo lejos...




Bajo un techo de pagoda, junto a la orilla, aquella sombra meditaba contemplando el gran azul.

Oh, un alma gemela −pensé−. Allí está, en perfecta comunión con Brahma, intentando desentrañar las respuestas que nos ofrece el infinito.


Y programando el zoom al máximo, apreté el botón.

Como decía, llevaba la cámara pequeña. Claro, ni en calidad ni en distancia se puede comparar una compacta con una reflex, de manera que decidí acercarme más. Quería compartir algo del aura que emanaba de ese lugar.

Un paso. Otro paso. Mis pies hollaron penitentes la arena.

Hasta que por fin me detuve. Ya veía claramente el camino pavimentado que llevaba hasta la iluminación.

La pantalla cobró de nuevo vida. Enfoqué. Acerqué el dedo…

Clic. Y justo entonces, no sé cómo, una forma extemporánea se me coló en la imagen.




Hala, la foto estropeada, qué gracia. Desde luego, lo interpreté como una señal divina y no insistí, pero es que así no hay quien se aclare con lo del nirvana.
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