martes, 19 de octubre de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXIX)

He tardado mucho en descubrir Cometas en el cielo. De hecho, empecé a leerla movido por la nueva caida de Afganistán en las tinieblas.

A cambio, la recompensa ha sido grande.

Khaled Hosseini nos ofrece una novela donde cada aspecto –la estructura, el estilo, el ritmo narrativo, los personajes, el impacto de la historia–, todos y cada uno de ellos, están trazados con mano maestra.

Se trata de un viaje existencial a través de la voz de Amir, el protagonista: su infancia en Kabul, el exilio y el retorno a la tierra donde nació. Algo ocurrió allí cuando tenía doce años y busca la redención.

En los viejos tiempos, antes de la invasión soviética, su padre poseía la casa más bonita de la ciudad. A pesar de la muerte de la madre, los días pasaban felices junto a su amigo Hassan, el hijo del criado.

Un hazara, despreciado por la etnia dominante de los pastunes, con talento para capturar cometas caídas.

Porque nada más importante para Amir que volar cometas, cortar los hilos de sus contrincantes, recuperar los despojos derrotados y coronarse como el campeón absoluto. Daría lo que fuera por el aplauso de su Baba.

También el fiel Hassan. «Por ti lo haría mil veces más», son las palabras que resuenan constantemente en su cabeza.

Ahora, en la nueva comodidad de San Francisco, donde ha encontrado el amor, una llamada de teléfono le recuerda que «hay una forma de volver a ser bueno». Pero los talibanes ocupan inmisericordes el país. ¿Estará dispuesto a desvelar en su camino los secretos, aunque el precio sea su propia vida?

No creo que olvide este libro.




martes, 12 de octubre de 2021

Reflexiones de octubre

Los países suelen celebrar su día nacional con un desfile.

No tiene nada de raro. La historia del mundo es la historia de las guerras.

Erasmo dice que la naturaleza dio al ser humano «ojos amistosos, en los que se muestra el ánimo. Brazos en círculo, para abrazar. El sentido del beso, para que los ánimos se tocaran y se unieran. La risa, símbolo de alegría…».

Y el uso del lenguaje y de la razón, «que es sin duda la cosa más útil a la hora de ganarse y conservar la amistad, de manera que absolutamente nada se hiciera entre los hombres por medio de la fuerza».

Dice que hay una antítesis profunda entre humanitas y guerra.

Sin embargo, mantenemos una pugna inmemorial, que nunca termina: entre naciones, reinos, príncipes, ciudades, pueblos, familiares, entre hermanos, todos luchamos contra otros iguales a nosotros.

Habrá que concluir entonces que los seres humanos… no somos humanos.

O que Erasmo se equivocaba, claro.

Brazos en círculo, anda que…




lunes, 4 de octubre de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXVIII)

La primera vez que escuché en un concierto al dúo Mestura, me dejé envolver por la belleza de su música. Temas propios, folk, canción francesa, bossa nova, fado… Mestura, mezcla.

Corrí a comprar uno de sus discos, A terra esqueicida.

Y junto a él, encontré este pequeño libro de Marisa López Diz, la cantante. Veintinueve poemas en asturiano.

L’alma albentestate.

Días después, conversando con ella, me preguntó si había podido entenderlos. Aunque palabras como cairueta, xorrezer o nenyures me resultaban desconocidas, contesté sin dudar que sí.

Porque las palabras tienen una magia secreta y milagrosa, como me escribió en su dedicatoria.

Porque la poesía es un abrazo.

El abrazo entre el mundo interior de quien la ofrece y el de quien la recibe.

Un acto de comunión, de sinceridad, un sentimiento lírico puro.

«Prendería los tos güeyos / con fueyes fresques d’abeduriu / y con rabiones de lluz / abriríate’l corazón / entregáu dafechu / a les tiniebles».

Y por eso dejo aquí estas líneas, sencillo testimonio de gratitud.

Gracias, poeta. En todas las lenguas del mundo, gracias.

Gracies.



miércoles, 29 de septiembre de 2021

Pimiango (XIX)

¿Una cervecita? Pues sí, y, veamos… ponme también un Hesse.

¿Una cervecita? Vale, y hoy, pues… el Schumacher ese de ahí.

¿Una cervecita? Claro, y un Passuth, que tengo ganas de ver la traducción antigua.

¿Una cervecita? Eso es, con un Maurois, un Crompton, un Daudet, un Kundera…

Y una tabla de quesos.


No acabo de estar seguro de qué dios o diosa me mira con más simpatía, ¿Palas Atenea o Dionisos? Pero que inauguren en Pimiango un local llamado La Librería, con señal de "taberna y libros perdidos" al alimón, es como si el Olimpo abriera una pequeña sucursal.

Como una quincena de volúmenes han ido directos a la maleta, sin poderlo evitar. Pecador, pecador. Casi arrastro las ruedas por la calle.

Aparte de los conciertos, las exposiciones, las charlas, las conferencias, todas las actividades que organizan…

Y las cervecitas.

Qué gustín.




martes, 14 de septiembre de 2021

Pimiango (XVIII)

Ah, no, no, no, no. Este es mi rincón.

Pimiango tiene rincones. Los ogros tenemos capas y Pimiango tiene rincones. Está claro, ¿no? Y este es el mío.

Miradme como queráis, me da igual. Fuera de aquí.

¿Pero no estáis mejor en aquella otra esquina? O en el pajar de enfrente, para vivir aventuras y cosas de esas vuestras, yo qué sé.

Bueno, mirad, vamos a hacer una cosa: hoy os traigo un poco de leche y vale. Podéis echaros la siesta. Pero esta es mi ciénaga, digo, mi rincón. Mi silla. Donde me siento a leer por las tardes. Y no quiero intrusos. Mañana os vais y se acabó.

Que no me miréis, os digo que no…



lunes, 9 de agosto de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXVII)

Si hay algo en la vida capaz de provocarme absoluto desagrado, chirriar de dientes, un rechazo visceral, desde luego es...

Mención aparte de los huevos fritos...

La manipulación de la historia.

Desde las mentiras más burdas hasta las filigranas propagandísticas para intentar convencernos de que algo ocurrió como le interesa al que lo cuenta de turno. Suelen usarse para argumentar que él es el más guapo, el más inteligente y tiene más derecho que el resto de la humanidad a lo que sea. ¿Cómo no, si sus antepasados se cubrieron de gloria en la batalla de...?

Veintidós derrotas navales de los británicos sería un buen ejemplo de desmontaje de un mito. Como es habitual en su autor, Víctor San Juan ofrece un contenido muy atractivo para los amantes de los barquitos. Uno se lo pasa pipa leyéndolo.

La sucesión comienza durante la Guerra de los Cien Años, cuando la flota castellana le da un repaso a la inglesa en La Rochelle. No mucho después, los bajeles de Sánchez de Tovar están remando Támesis arriba hasta Gravesend.

De ahí saltamos a 1568 en Veracruz. También aprendemos sobre la Contraarmada, las Azores, Atacames, Cádiz o Santo Domingo.

La rivalidad angloholandesa del siglo siguiente se plasma en varios estropicios causados a su graciosa majestad por Tromp y de Ruyter.

No podían faltar los fracasos frente a la flota de Indias o ante Blas de Lezo en la Cartagena americana. Ni la retirada de Nelson en Tenerife, con un brazo en falta.

Francia saborea la miel durante la Guerra de Independencia estadounidense, mientras teutones y japoneses echan su cuarto a espadas en los episodios finales.

Como decía, ameno y desmitificador. Lo que no quita para que, si ponemos a todo trapo la maravillosa música de Korngold para El halcón del mar, con su dudosa veracidad histórica a cuestas, brinquemos sobre las olas con igual deleite. Hala, pinchad, pinchad.



martes, 3 de agosto de 2021

Qué bello es vivir

Hay quien dice que él mismo eligió irse. No lo sé.

Seguramente más de uno hemos pensado alguna vez que nuestro paso por el mundo carece de valor. Que no dejaremos ninguna huella.

Que las personas de nuestra vida se pueden arreglar sin nosotros. Quizá hasta les habría ido mejor si no hubiéramos existido.

Como en aquella película de James Stewart…

Sobre el escaparate de su pastelería, carteles y más carteles escritos por los vecinos del barrio cuentan ahora esa huella sobre cada uno de ellos.

Pequeñas. Grandes. Enormes.

¿Quién conoce la verdad? ¿Quién conoce nuestra última verdad?




domingo, 25 de julio de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXVI)

Una manera de decirlo sería afirmar que las obras de Joseph Roth reflejan la vida en el Imperio austrohúngaro.

Claro que no sería incorrecto, pero…

Qué corta se quedaría la descripción.

Las obras de uno de mis autores favoritos son el Imperio austrohúngaro. Contienen la metafísica de su existencia, la heterogeneidad absoluta de cada pedazo de tierra que lo conforma, su decadencia al mismo tiempo que su brillantez.

Las costuras descosidas de un mundo llevado a sus límites pero que se resiste a romperse.

En La marcha Radetzky, un joven teniente, descendiente de campesinos eslovenos e hijo del guarda de un parque, salva la vida del emperador durante la batalla de Solferino. El empujón y la bala que recibe en su lugar le valen el ascenso a capitán, la más alta condecoración y, sobre todo, el derecho a añadir un von a su apellido: Joseph Trotta von Sipolje.

Pero por mucho que a partir de entonces se le abra cualquier puerta en las vastas posesiones de su majestad, siempre se sentirá ajeno a ellas. No entiende ni comparte la grandeza que le ha sido otorgada.

Su heredero Franz, por el contrario, sí es consciente de esa importancia. Ha nacido ya con ella. La benevolencia de palacio pronto le eleva a jefe de distrito en Moravia.

Los domingos, la banda militar le obsequia en la plaza, bajo su balcón. El papeleo oficial, los almuerzos, el casino… El orden social impera, a pesar de alguna huelga y algunos potenciales descontentos que quisieran estropearlo. Los gendarmes los pondrán en su sitio.

Aunque es el nieto del héroe, Carl Joseph, la figura central del relato. Sus años en la academia de cadetes, los amores desgraciados, el juego, la bebida, las fiestas, los escándalos, las guarniciones de la frontera donde cada oficial es un inepto o un corrupto, y ni soldados ni habitantes hablan alemán…

Y el emperador Francisco José omnipresente, perenne desde su trono de Schönbrunn, guiando a sus súbditos tras el emblema del águila bicéfala.

Comienza la guerra. La Gran Guerra.

Un clásico de todos los tiempos.



miércoles, 14 de julio de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXV)

Es curioso.

Todo cambia con el tiempo, igual que los rayos de luz capturados en una pintura. Por la mañana, el mundo que reflejan es uno, y por la tarde…

Según iba leyendo este libro, me decía a mí mismo: sí, todo está en su sitio. Todo resulta agradable, los personajes, la ambientación, las palabras elegidas por Tracy Chevalier

Además, la preciosa banda sonora de Alexandre Desplat para la película homónima danzaba suavemente en mi cabeza.

Y sin embargo, no era mi historia. La observaba desde fuera, desde el umbral de las páginas, con displicencia, pero no conseguía entrar en ella.

Griet comienza a servir en casa de Vermeer. Lava, cose, friega, va al mercado. Tanneke, Catharina, Maria Thins, Cornelia y su hermano y hermanas, Pieter, van Ruijven, van Leeuwenhoek, se mueven junto a ella en la gran escena.

Lo más importante es que no debe alterar el lugar exacto de los objetos mientras limpia el estudio del señor. Un lugar casi prohibido para los demás miembros de la familia.

Cada elemento de la historia en su sitio, pero sin aparente fuerza. Sin aparente pasión. Naturaleza muerta.

Es curioso. ¿Qué me hizo cambiar de percepción? ¿Cuándo empecé a recorrer las líneas de La joven de la perla bajo una luz diferente? Lo que fuera que antes le faltaba se asomaba ahora, adueñándose poco a poco de la pintura escrita.

Haciendo que el conjunto de emociones ocultas cobrasen sentido.

Llenando el lienzo de vida.

Como la joya del retrato.




martes, 22 de junio de 2021

22 de junio

Hay fechas en que, tras contemplar con nuestros propios ojos cómo la ética y la justicia quedan escupidas de la vida democrática, esos ojos no vuelven a mirar igual.

Donde hubo color, se desvanece.

Donde hubo ilusiones, deseos de saludar, de dar con sencillez los buenos días… No, imposible. Solo quedan ganas para el silencio.

Amargo, amargo silencio.




jueves, 10 de junio de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXIV)

Qué difícil debe de ser la existencia de un visionario.

Mientras las medianías −sin ánimo de ofender− contemplamos apenas la siguiente casilla en nuestro tablero de ajedrez vital, trasladándonos a ella de forma predecible, como peones...

El visionario pone sus ojos más allá. Anticipa los movimientos, los entrelaza, advierte cómo las oportunidades de una idea sin importancia aparente se convierten en infinitas.

Sueña.

Y los demás nos sonreímos, sacudiendo la cabeza con incomprensión o burla.

Hasta que, mucho después, acaba llegando el día. Ese en el que declaramos: era un genio. Y le hacemos homenajes, leemos sus libros, rodamos películas…

Philip K. Dick. ¿Quién si no?

El mundo que Jones creó es una novela primeriza. Si la comparamos con títulos posteriores, se nota que las hechuras están aún lejos de lo maravilloso.

Pero tiene una imaginación tan desbordante que resulta difícil no admirarla.

En un planeta de posguerra, que gobierna el Fedgov sobre principios relativistas, un grupo de personas habita en un refugio construido especialmente para ellos: limo, géiseres, atmósfera saturada de amoníaco, temperatura ambiente entre 37 y 38 grados… Resulta que apenas sobrevivirían fuera de sus paredes, pese a que son "libres" de salir si así lo desean.

En el exterior han empezado a aterrizar unas criaturas con aspecto de ameba, los derivos. Dicen que son organismos alienígenas que vagan sin rumbo por el espacio. ¿Inofensivos?

Y, por supuesto, está Jones. Personaje salido literalmente de una feria, con la capacidad de conocer el futuro con un año de antelación. Que ha organizado su propia iglesia y cuyos adeptos se multiplican. Un dolor de muelas para las autoridades, encarnadas por el agente del servicio secreto Cussick.

Vehículos sin conductor. Videoteléfonos. Cantantes famosos ya fallecidos y sustituidos en los escenarios por réplicas robóticas exactas. Todo ello escrito en… 1954.

Elogiosa nota, claro.




sábado, 5 de junio de 2021

Día Mundial del Medio Ambiente

Fue un castigo del planeta. Nunca debí meterme tan rápido en el agua.

Y es que seguramente puse en peligro de extinción a dos o tres especies marinas, por lo del incremento de temperatura.

¿Tú eres español, verdad? Me encantan los chicos españoles.

Mandíbula abierta para un récord Guinness. Pulsaciones a ciento sesenta. Sensación de fiebre volcánica.

Más o menos Miss Mundo, con seria candidatura a Miss Universo y alguna que otra dimensión paralela.

¿Quedamos esta noche? ¿Sí? ¿Al final del paseo marítimo a las nueve?

Ya digo, nunca debí meterme tan rápido en el agua.

Porque justo estaba volviendo a la orilla cuando ¡chas! ¿Pero qué he pisado?

Trozos de una botella rota, y un hilo bermellón que prometía atraer a cualquier marrajo en millas a la redonda.

A la pata coja, acordándome del hijo de la gran hetaira que había tirado ahí los cristales, conseguí llegar al hotel.

Gasas, vendas y esparadrapo, mucho esparadrapo, mientras las agujas del reloj se movían ominosas hacia las nueve.

Hasta que, al llegar la hora…

¡Auh, auh, uf!

Que no.

Que no había manera de poner el pie en el suelo.

¿Consecuencia de que alguien pasara del medio ambiente? Plantón.

Plantón a Miss Ser Supremo de la creación.

Ay…

Ay…

Así que recordad, por vuestro propio bien, si no queréis que al planeta se le hinchen del todo los vapores y vaya también a por vosotros.

El papel en el contenedor azul, residuos orgánicos en el marrón, plásticos y envases en el amarillo, y sobre todo, SOBRE TODO, ¡el vidrio en el contenedor verde!


martes, 18 de mayo de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXIII)

¡Por fin!

Por fin un libro de este ramo que me gustaría recomendar calurosamente.

Aunque, más que de un ramo, deberíamos aplicar la metáfora de todo un bosque. Una selva. Umbría, pantanosa, donde la luz se queda en las copas más altas y los senderos seguros son difíciles de encontrar.

La Economía.

Si bajamos los impuestos ocurrirán tales cosas, si subimos el salario mínimo tales otras. Si ponemos o quitamos aranceles…

Aquí tenemos una ciencia que parece moverse entre meandros especulativos.

Según quien cuente la historia, la misma medida tendrá unos efectos o no los tendrá. O estos serán positivos o negativos sobre el bienestar general. O lo ocurrido en el pasado podría no repetirse en las circunstancias del presente.

Hay que tener en cuenta que el homo oeconomicus no es un robot que siga un programa unívoco. La diversidad de los factores que modelan las decisiones ya resulta elevada para cada individuo, de manera que multipliquémosla para una sociedad entera.

Pues bien, el libro que tanto me ha gustado es Buena economía para tiempos difíciles, de Abhijit V. Banerjee y Esther Duflo.

Pareja de Premios Nobel y Premio Princesa de Asturias para Esther de propina.

En esta obra intentan explicar las diferencias entre el pensamiento polarizado, cerradamente ideológico, y el abierto a la experimentación.

Tampoco olvidan la autocrítica, la tendencia de los economistas mediáticos a la arrogancia, a hacer afirmaciones y −malas− predicciones con autoridad, entrando en el juego de los mensajes simplificados que quiere escuchar mucha gente.

Comienzan describiendo el mundo contemporáneo como un lugar en el que «el debate público entre la izquierda y la derecha se ha vuelto cada vez más un ruidoso intercambio de insultos».

Donde la labor de los científicos sociales consiste en «proporcionar hechos e interpretaciones de hechos con la esperanza de que puedan ayudar a mediar en esas divisiones, a que cada bando entienda lo que dice el otro, y de este modo llegar a un desacuerdo razonado, si no a un consenso».

Con tal objetivo, a lo largo de cada capítulo analizan temas del más alto interés: la inmigración, el comercio global, creencias versus preferencias, el significado del crecimiento, el cambio climático, el empleo en la edad de la tecnología, la distribución de la riqueza, el Gobierno, la renta básica universal…

Y lo hacen con numerosísimos e imaginativos ejemplos que incentivan a dejar atrás prejuicios, a «resistir la seducción de lo "obvio", ser escépticos con los milagros prometidos, cuestionar las evidencias, ser pacientes con la complejidad y honestos acerca de lo que sabemos y de lo que podemos saber».

Ojalá lo disfrutéis tanto como yo.



lunes, 3 de mayo de 2021

Jornada de reflexión

Una calle del centro.

Casetas con estandartes a derecha e izquierda.

Azul claro y azul oscuro.

Rojo, amarillo y verde.

Estrellas, corazones, hojas, manzanas… Uno detrás de otro.

Hay gente que se para y comenta. No se oyen gritos.

Un momento, a lo mejor he hablado demasiado pronto. ¿Qué suena un poco más adelante? ¿Qué es, qué es? ¿Bronca?

Ah, no, son los trombones de una big band que ha empezado a tocar.

Vale, vale…

Pues parece agradable celebrar elecciones en Trondheim.




martes, 27 de abril de 2021

El documental

La leoparda se agazapa en la oscuridad.

Primero ha escrutado la orilla del río, pero no.

En los bancales reptan monstruos. Un solo descuido por su parte, un crujir aterrador de mandíbulas, y sería ella quien se convirtiera en cena.

Ah, gacelas entre el follaje.

Centímetro a centímetro, paciente, implacable. Cada vez más cerca…

¡Alarma! Las presas brincan en todas direcciones, ¡huir, huir!

En un momento, todo ha terminado.

La leoparda obtiene su recompensa y el olor a sangre se esparce por la sabana.

La hiena surge de repente, a la carrera, y es el doble de grande. El doble de fuerte. Imposible defenderse.

La hiena reclama para sí el trofeo.

Otro grupo de gacelas, ágiles y nerviosas. Un nuevo intento. El hambre aviva sus instintos.

Lentamente, lentamente…

La acometida tiene éxito. Ahora no hay un minuto que perder, las hienas rara vez merodean solas. La leoparda trepa a lo alto de un árbol, arrastrando el peso, donde estará más segura.

El aire se estremece cuando la atalaya es invadida por el leopardo macho. Los rugidos de ira atraviesan como garras la noche.

Sin remedio. No es rival para los de su misma especie.

Humillada, la leoparda vuelve de vacío a su cubil.

El cachorro, escondido durante horas, sale a recibirla. Unos lametones y a dormir.

A la mañana siguiente, madre e hija se aventuran juntas. Quizá quiera enseñarle cómo es el territorio en el que algun día cazará. El mundo de los depredadores, de los carroñeros, de las víctimas…

O quizá quiera darle un par de consejos sobre elecciones y política moderna.



martes, 20 de abril de 2021

A la escucha (XXIV)

Hay películas que son como una droga. Alucinógenas, con un poder inmenso para agarrarte del hipotálamo y dejarte repantigado en el sofá.

Te encuentras sin querer con un canal que la pone y es más fuerte que tu voluntad.

No importa que la puedas grabar, que la tengas en tu videoteca, que la hayas visto cien veces, que puedas hacer cualquier otra cosa de provecho en ese tiempo, en vez de marcar tu huella sobre el cojín.

Empieza a sonar una melodía y…

Como la imaginada por Gabriel Yared para El paciente inglés.


lunes, 12 de abril de 2021

Nuestro mundo (XXI)

No me es fácil decir en qué lugar de nuestro mundo he sentido la mayor felicidad del viajero. ¿Cómo se miden esas sensaciones?

Pero quizá, solo quizá, si apenas pudiera pronunciar un nombre, creo que elegiría el de Birmania.

Crucé el puente de U Bein, con sus pilares de teca desapareciendo en la distancia. En Bagan, la de las mil pagodas, el crepúsculo turbó mis sentidos. Me adentré bajo la lluvia en Inpawkhon…

Por ello, cuando leo las noticias sobre el golpe de Estado y los cientos de vidas segadas por las balas, me pregunto si alguna de las víctimas estuvo a unos metros de mí, si me sonrió o me miró con los ojos llenos de asombro cuando alcé mi vieja cámara.

Los porteadores en los muelles de Rangún, las vendedoras de los mercados a la ribera del lago Inle, los monjes mendicantes de Amarapura, las niñas de elaboradas tanakas en sus mejillas, junto al palacio de Mandalay…

Nuestro inmenso, nuestro maravilloso, nuestro desolador mundo.





martes, 6 de abril de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXII)

Yo iba por el barrio, de vuelta a casa con la bolsa de la compra al hombro. Y al pasar junto al escaparate vi…

Pues no vi nada, la verdad, no de manera consciente. Cuadernos escolares, carpetas, rotuladores, algún que otro libro de texto…

Pero al poco me detuve. Giré pensativo la cabeza y volví hacia atrás.

El tiempo necesario para que un sexto sentido empezara a picarme la memoria: ¿no era Michael Alpert ese nombre de refilón, oculto en una esquina, entre cuadernos, carpetas, etc.?

Pues efectivamente, el mismo autor de La Guerra Civil Española en el mar, que hace años me había gustado bastante. Allí estaba. De manera que entré para adquirir también su último título: La Guerra Civil en el aire.

Mi impresión, nada más terminarlo, es otra vez positiva. Se trata de una monografía muy interesante sobre la actividad aérea en la gran desgracia, con énfasis en la participación de alemanes, italianos y soviéticos.

Detalla por qué los aparatos y sus tripulaciones se erigieron a menudo en protagonistas, con influencia directa sobre el resultado del conflicto. Los Junkers permitieron el transporte de tropas para tomar Sevilla, los Chatos y Moscas aseguraron la defensa de Madrid, los Chirris dominaron los cielos de grandes batallas, los Messerschmitt, Heinkel o Stukas se midieron con los Katiuskas y Natachas

Desde los días iniciales de la rebelión, con modelos y tácticas heredados de la Primera Guerra Mundial, el uso de esta arma cambió a pasos gigantescos, anticipando lo que en breve se convertiría en la "guerra moderna". Cada bando sacó sus propias conclusiones al respecto.

No obstante, sin discutirle la calificación elogiosa, me parece que está un punto por debajo de la obra sobre el mar.

Quizá menos detallado, con repeticiones en el planteamiento, obviando ciertas acciones, dejando sin aclarar aspectos del bombardeo de Guernica, un tono condescendiente común en algunos hispanistas foráneos... Cosas así.

Peccata minuta. Adelante con él.




martes, 23 de marzo de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXI)

Entre las virtudes que aprecio en la producción de David Pérez Vega −novela, poesía, cuentos, blog−, hay una que me resulta particularmente interesante.

Su escritura "inmersiva".

Consigue que el lector se introduzca en sus historias. Que comparta las vivencias de los personajes, sus diálogos, sus pensamientos, sus dudas, sus sueños no alcanzados…

Como si pudiéramos romper la cuarta pared del papel.

En este libro, al trasluz del tono irónico, hay mucho precisamente de sueños que quedan en el camino.

El protagonista, lo que quería en la vida era convertirse en poeta. Que el mundo conociera sus versos, surgidos desde el corazón de Móstoles.

Y acaba como inspector de Hacienda.

Con menos pelo del aconsejable, más dioptrías y escasa capacidad de atraer a las musas de carne y hueso que se van cruzando con él. Ni con metáforas ni con anáforas.

Así que no aguanta más. Necesita desahogarse, confiar a alguien los sinsabores que le han atormentado en el intento de publicar su obra.

Cuando un estudiante de español le contacta en la red, recabando su opinión sobre un poemario propio, por fin cree haber encontrado a la persona adecuada.

Aquel que le entenderá como un amigo.

Con la curiosidad de que el confidente se llama Kim Jong-un y reside en Corea del Norte. Es el autor de Mi padre, el amado Líder Supremo.

Premios, becas, suplementos del periódico… Para conocer cómo se ganan los laureles las nuevas promesas y de paso el funcionamiento en la sombra del mundillo cultural patrio, léase Los insignes.



jueves, 18 de marzo de 2021

A la escucha (XXIII)

Qué pena. Qué pérdida.

Repaso algunos discos tras conocer su partida: El hombre y la tierra…

El concierto para piano, los conciertos para guitarra, el Alba de soledades, la música instrumental, las canciones, la preciosa banda sonora de Monsignor Quixote…

No sé elegir. No sé cuál de sus músicas serviría mejor a este sencillo recuerdo.

Hasta que el Cuarteto para el nuevo milenio acude en mi ayuda.

Adiós, Antón García Abril.


lunes, 15 de marzo de 2021

A la escucha (XXII)

Era la belle époque, mucho antes de estas jornadas de fango y trincheras.

Cuando se podía haraganear en las tiendas, sin prisas, buscando algún libro o algún disco nuevo.

Recuerdo lo que sonaba por los altavoces de ambiente aquel día. 

No seguí buscando. Escuché.

Joan Chamorro al contrabajo.

Andrea Motis, trompeta y voz.

Escuché, allí parado.

Y ya nunca dejé de escuchar.

En estas jornadas de…


lunes, 8 de marzo de 2021

Nuestro mundo (XX)

Surgió de repente por la bocacalle en cuesta. Piedras.

Una correa de cuerda sobre su cabeza. Piedras.

Sobre su espalda una inmensa cesta. Piedras.

Una inmensa cesta llena hasta el borde de piedras.




miércoles, 3 de marzo de 2021

La nueva normalidad (V)

Un año.

Un año metido en casa, teletrabajando, escuchando voces por el altavoz del ordenador, contemplando rostros por la pantalla del móvil…

Los amigos, por wasap. Las compras, online. La familia, más en vídeos que otra cosa.

¿Salir a la calle? Poco. ¿Al pub? Nada. ¿De restaurantes? Ja, ja, ja. El vietnamita del barrio aguanta, pero me parece a mí que los demás…

Sin conciertos, sin museos, sin garitos. ¡Si hasta me he perdido el Sigfrido en el Real! ¡Ay! ¡El Sigfridoooooooooooo!

Un año sin sacar a mis amadas a ver mundo. La réflex, la evil, la compacta…

Y cuando toque la vacuna, a lo mejor ya hay alguien paseándose por Marte. Como no soy concejal ni obispo…

En fin, que me debato ahora mismo entre recorrer el pasillo, derecha, izquierda, derecha, izquierda, medio neurótico, o colgar alguna foto de añoranza, de cuando los pies se usaban para caminar de verdad.

Ah, y un enlace a Sigfrido.

Ahí, ahí, vuelve a forjar los pedazos de la espada, chaval, que aún tenemos para largo.




miércoles, 17 de febrero de 2021

Nuestro mundo (XIX)

Unos despreciables neonazis, que no son nadie, consiguen su minuto de atención mediática haciendo proclamas antisemitas en Madrid.

Yo soy judío.

Y aunque no lo fuera, lo soy.

Porque siempre va a haber odiadores en nuestro mundo.

Odiadores.

De las vidas de los demás.

De sus propias vidas.

De la vida.

Odiadores. Odiadores. Odiadores…

Que la vida haga pudrirse sus palabras.




viernes, 12 de febrero de 2021

A la escucha (XXI)

Chick Corea

De nuevo esa sensación mientras leo la noticia.

Pesar.

Pesar por alguien a quien nunca conocí, con quien no pude compartir palabras ni pensamientos, cuyo paso por el mundo jamás se acercó al mío.

Y sin embargo…

Alguien de quien recibí, todos recibimos, en algún momento una mano en el hombro.

Su música.

El antídoto para el odio, y también para la amargura.


jueves, 4 de febrero de 2021

A la escucha (XX)

En el principio fue el papel de estaño.

A continuación, el universo se expandió: cera, goma laca, vinilo, cinta, cedé, transmisión en directo…

Grandes estrellas, cuerpos celestes, nos envían así su luz. Como Ara Malikian en Royal Garage, por ejemplo.

No hace mucho, en un documental sobre su vida, le escuché decir cosas muy interesantes. Entre ellas, las clasificaciones tan estancas que existen en el mundo de la música:

«¿Qué eres? ¿Un músico clásico, un músico de jazz o… o…? Siempre quieren saber de qué corte eres, no se pueden imaginar que uno es de todo… o de nada. Siempre te quieren etiquetar, ese es el prejuicio».

Y efectivamente, resulta difícil delimitar qué tipo de música contiene este álbum. E innecesario.

Porque se expande como el universo.


martes, 26 de enero de 2021

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXX)

Manifiesto abiertamente mi fervor monárquico.

Y mi inquebrantable creencia en las artes místicas.

Porque si los Reyes Magos me han dejado Las ciudades blancas junto a los zapatos, es que saben leer el corazón de sus acólitos.

En el conjunto de la obra de Joseph Roth, este libro es pequeño tanto por su brevedad como por su importancia relativa. Habría de tardar muchas décadas, casi ya en el cambio de siglo, en ser publicado tras su gestación.

Después de la Gran Guerra, el autor viaja a la Provenza. Huye de un mundo gris y devastado. Quiere conocer Lyon, Vienne, Tournon, Aviñón, Les Baux, Nimes…

Entra en ellas y recorre sus calles, sus plazas, sus monumentos. Observa a quienes las habitan. Camina por el tiempo, por el presente y el pasado.

Y escribe. Escribe…

Lo que ve y lo que siente.

Las voces de los antiguos romanos, las canciones de los trovadores medievales, la poesía de Mistral…

Ecos que aún resuenan en lugares donde el sol y el amor son fuentes de vida.

Donde «cada persona, joven o vieja, lleva cinco razas en su sangre, y cada individuo es un mundo de cinco continentes». Donde «todos entienden a todos, y la comunidad es libre, no obliga a nadie a adoptar una postura determinada».

Y gracias a un libro tan pequeño, nuestra ilusión se hace un poco más grande.




jueves, 21 de enero de 2021

A la escucha (XIX)

De repente empiezan a llegarme recordatorios.

Matemáticos.

Astronómicos.

Cabalísticos.

Que si hoy es el día 21…

Del año 21…

Del siglo 21…

Ah, pues muy bien.

Me han convencido. Sé lo que tengo que hacer al respecto.

A las 21 horas con 21 minutos le doy al botón para que suene el Concierto 21 de Mozart.

Lo pide el mismo tiempo.


jueves, 14 de enero de 2021

A la escucha (XVIII)

Esas notas, esa música que viene tan fácilmente a nosotros como si el sentido de su creación no fuese otro que describir lo que sentimos en ese preciso momento…

Por ejemplo, está uno alucinado en casa, mirando por la ventana la cantidad de nieve que esperaría encontrar quizá en el Ártico, y ¿qué escucha inevitablemente en su interior?

El King Arthur de Purcell, claro.

En concreto, lo que se conoce como "Cold Song".

¿No me diréis que no?

viernes, 8 de enero de 2021

Democracia

Charlando en cierta ocasión con alguien de planteamientos políticos muy alejados de los míos, me hizo una curiosa pregunta.

«¿Qué entiendes por democracia?».

Me quedé chocado. ¿Acaso podía ser democracia una palabra polisémica, como cubo, hoja o pico?

¿Podíamos defender ambos lo mismo y tratarse sin embargo de algo totalmente distinto?

En aquel momento contesté con una retahíla de características: reglas de participación, derechos, instituciones, responsabilidades… Todo lo que tendría cabida en un manual de teoría del Estado.

Pero creo que no di en el clavo.

Porque una cosa son las cualidades y otra la esencia.

La democracia es, ante todo, una convicción espiritual.

Una fe.

Un "algo" que surge de dentro, casi tan inclasificable como la amistad o el amor.

Un deseo por el bien común, con sacrificio voluntario de parte del bien personal.

Diferente a la dictadura de la mayoría, dicho sea de paso.

De manera que, cuando el bien común se convierte en una frase de boquilla, un eslogan, cuando nos aprovechamos del sistema para favorecer intereses espurios, cuando hacemos aspavientos en nombre del progreso, la libertad, la patria o cualquier otro valor para camuflar un simple y llano "ahora mando yo"…

Un "trágala"…

Se acaba asaltando el Capitolio y lo que haga falta.

Y no hay mayor peligro que ese "lo que haga falta".




martes, 5 de enero de 2021

2021 (II)

Estaba pensando…

¿Qué mensaje me gustaría escribir hoy, en la primera entrada del año?

¿Y qué foto lo acompañaría?

¿Qué imagen, capturada en algún momento menos grisáceo, podría simbolizar la idea de un nuevo comienzo?

De repente, algo me ha venido a la memoria.

Aquella cafetería frente a la que pasé una vez…

Sobre el cristal de la puerta, una frase: "un espíritu negativo nunca te dará una vida positiva".

Tan simple como suena. Seguramente demasiado.

Sí, es verdad, una tontería.

Pero, en ocasiones, de las cosas simples surgen anhelos poderosos.

Los pequeños actos se convierten en mareas.

Y las vidas reencuentran el rumbo.

2021 ante nosotros…