martes, 29 de diciembre de 2020

2021

Estaba bajo tierra.

En una caverna, una ciudad subterránea, construida en tiempos antiguos.

Túneles laberínticos, piedra horadada centímetro a centímetro.

Alguien había vivido ahí, buscando protección.

Y lo entendí. Tenían agua, alimentos, refugio…

Sus enemigos no podían alcanzarlos.

Hasta que alcé la vista.

Por aquel pozo entraba aire limpio.

Y el sol. Entraba la luz del sol.

Un sencillo agujero, nada más.

Pero hoy, no sé por qué, me acuerdo de él.

Quizá recuerde lo que significa la esperanza.




lunes, 21 de diciembre de 2020

Invierno

Amanecer.

Luces exhaustas.

Árboles soñando.

Siluetas que acaricia la niebla.

Tras la ventana, silencio.

Silencio de invierno.



lunes, 14 de diciembre de 2020

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXIX)

Todo esto te daré si te postras y me adoras.

Yo vi lo que el algoritmo me ofrecía por mi historial de navegación, y…

Bueno, un poco sí que me sentí tentado.

Olía a azufre, pero también a lubricante de motores, a pólvora, a sudor, a miedo...

Al frío más extremo dejando una mueca sobre centinelas sorprendidos por los lobos.

A Tiger contra T-34.

A Messerschmitt, Stuka, Yak, Sturmovik

Olía al frente ruso.

Y con apreciaciones muy positivas en el mundillo de los aficionados al cómic.

En suma, que me postré ante el algoritmo. Lo compré y lo leí.

El ejército de la sombra es una notable novela gráfica de Olivier Speltens. Autor total, ya que se ocupa tanto del texto como de las imágenes.

Al comienzo del primer tomo, el soldado Kessler y sus amigos dejan un campo de entrenamiento de la Wehrmacht, al mando del Feldwebel Hartmann. Son jóvenes y están deseosos de entrar en combate.

La fecha, noviembre de 1942. Su destino, una ciudad llamada Stalingrado.

Al final del segundo tomo, en 1945, los Popov llegan a las puertas de Berlín.

Entre medias asistimos a grandes batallas, como Kursk, y a pequeños golpes de mano que hacen de Kessler una persona totalmente distinta.

Los protagonistas, los soldados alemanes, no pensaban que estuvieran al servicio del mal. Les habían enseñado que eran los buenos, los heroicos, los nobles guerreros del Reich.

Y todo lo que experimentan en ambos tomos los convierten en seres con un único objetivo. No hay bondad, heroicidad ni nobleza en sus actos. Solo ansia de supervivencia.

A un precio horrible.

La historia, aun no demasiado original, está perfectamente planteada: el viaje interior de los personajes, paralelo a su retirada a través de las estepas del este. La pérdida de cualquier atisbo idealista, más allá de la lealtad entre ellos mismos. La comprensión de lo que significa la guerra, la gran mentira de la guerra.

Y el dibujo, por decirlo en palabras llanas, resulta una pasada. ¡Qué elección de colores! ¡Qué detalle en el trazo! ¡Qué realismo! Cuidado hasta lo más mínimo, tanto en máquinas como en rostros. Maestría en su género.

Un último comentario, para no alargar esta no tan brevísima nota: la traducción opta por conservar numerosas expresiones en alemán y unas cuantas en ruso (con glosario). Lo que podría resultar chocante al principio (¿por qué llamar Feldwebel a un sargento?), creo que a la postre contribuye a la inmersión lectora. Así que decisión discutible pero efectiva.

Sigamos...



domingo, 6 de diciembre de 2020

Manifiesto cívico (XIV)

La Constitución…

En estos tiempos en los que todo empuja al "exilio interior", a aislarse de la vida política.

Porque provoca tal reacción de incredulidad, que no se atisba otro remedio para mantener intacta la cordura.

En estos tiempos en que destruir, odiar, separar, humillar, deberían ser elegidas palabras del año.

En los que la amoralidad compite con la falsedad, la corrupción y la ineptitud en el reparto del pastel.

En estos tiempos, en fin, en que la sociedad justa y cohesionada parece un imposible, y los culpables, quienes hemos cuarteado los sillares, somos nosotros mismos…

Solo nos queda un último pilar que las piquetas no han conseguido hundir, a despecho de su ferocidad.

La Constitución.

Tan imperfecta como cualquier obra humana.

Tan necesaria como cualquier sueño humano.

Como escribo cada año, cada 6 de diciembre…

¡Viva la Constitución Española!