martes, 24 de septiembre de 2019

Brevísima y perpleja nota sobre… (VII)

Hace meses escribí un apunte sobre otro título de Byung-Chul Han, Psicopolítica, y ya entonces manifesté ciertas reservas sobre la experiencia de lectura.

Al final lo clasifiqué como elogiable y me hice el propósito de seguir explorando la obra del autor. Quería formarme una idea más cabal de su pensamiento.

Pues me temo que La expulsión de lo distinto me ha dejado perplejo. No consigo cogerle el tranquillo a este hombre.

El mensaje de fondo vendría a ser la paradoja de que, en la era de la hiperconectividad, donde el intercambio de ideas es más factible que nunca, nos estamos volviendo todos más iguales. En el sentido negativo.

El concepto del "otro", un ser "misterioso" al que podemos desear o rechazar, con quien coincidir o ser divergentes, pero en fin, prestar interés como alguien diferente a nosotros mismos, va desapareciendo.

En su lugar, nos volvemos parte de una masa amorfa, la personalidad diluida en una corriente de dirección única. Nos autodestruimos como entes irrepetibles en un mundo donde la regla de oro es consumir, consumir, consumir…

Lo que los demás hagan o piensen, yo también. Triunfan las redes sociales donde la información resulta hueca, usadas para el monólogo en lugar del diálogo. La sociedad del "me gusta" irreflexivo asoma en todo su esplendor.

Hasta ahí, tal mensaje tiene un calado hondísimo. Invita a poner lo mejor de tu atención en cada párrafo, en cada línea del libro. Las expectativas sobre el desarrollo del tema suben como el magma.

Hasta que se enfrían, porque Han se pone a divagar de una manera que es cosa mala. Se va por las ramas.

O no sabe explicarse, o yo no le sé entender, o una mezcla de ambas causas. Debe de ser muy inteligente, pero como comunicador, la verdad…

El caso es el que mencionaba al principio: que me quedo con las ganas. Ojalá en el futuro pueda cambiar mi valoración a elogiosa, pero hasta entonces… Brevísima y perpleja nota, lo siento.



lunes, 16 de septiembre de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XLVI)

Podría decirse –yo lo digo− que nuestra época supone la mayor oportunidad perdida para el ser humano desde que empezó a registrarse la historia.

Al menos, en un sentido social. De las cosas que le hemos hecho al planeta, ya hablaré algún día.

Con increíbles avances que hace pocas generaciones parecían utópicos en bienestar relativo, en educación, en ciencia, en comprensión de nuestro entorno…

Y sin embargo, no somos capaces de que dejen de regirnos la envidia, el sectarismo, la injusticia, el apetito no por la vida buena, sino por la satisfacción de instintos en el momento.

Vamos, que parecemos una panda de borregos que conoce el precio de todo y el valor de nada. Sin conciencia autocrítica por delante. Fácilmente manipulables.

Me he desahogado a gusto.

Por otro lado, desde que aquellos griegos con túnica empezaron a plantearse las verdades de la existencia, tenemos voces a las que nos convendría prestar atención. Filósofos, los llaman.

Voces, por ejemplo, como la recogida en el comentario de hoy: El valor de elegir, de Fernando Savater.

Reconozco que Savater me inspira mucho. Un autor que, lejos de perderse en circunvoluciones abstractas, expone temas trascendentales de forma muy clara.

En este título se pregunta por la libertad. Esa que damos por sentado como una especie de derecho natural –nadie es nuestro dueño−, sin cuestionarnos quizá su contenido.

Como punto de partida, ¿qué es de hecho la libertad? Porque está lejos de una respuesta tan simplista como que consiste en hacer lo que nos dé la gana.

¿Supone un absoluto? ¿Qué conexión sine qua non existe entre la libertad y la esencia de la persona? ¿Cuáles son las consecuencias de su ejercicio en nuestros actos hacia los demás?

¿Por qué, entre diversas opciones, seleccionamos una, la defendemos y nos sentimos estupefactos cuando no necesariamente es la misma que han preferido otros?

Y esa que elegimos, ¿se nos ha ocurrido solos o nos la "han colado"? ¿En qué sentido es o no la mejor en los ámbitos moral, cívico, político…?

Preguntas que, de la mano de figuras como Aristóteles, Arendt, Habermas, Hayek, Bauman y bastantes más, nos exigen poner a girar las ruedecitas que llevamos dentro.

En resumidas cuentas, que ya me voy alargando: puestos a tomar decisiones, no dejéis de leer El valor de elegir.

Es la acertada.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

Brevísima y elogiosa nota sobre… (XLV)

Aviso: puede que la opinión de esta brevísima y elogiosa nota no sea compartida por todos los lectores.

Solo por quienes se humillen ante el poder de bajíos y tempestades, mientras el océano irrumpe incontenible en los pañoles.

Que aprieten los dientes al saber que la Elena aún se cañoneó embarrancada con el Irresistible y la Emerald, sus baterías de a doce contra las de treinta y dos.

O mascullen sobre la desventura de la Santa Marta, sus fondos destrozados navegando en descubierta para la escuadra que planeaba atacar Pensacola.

Y rememoren que el San Miguel empezó a garrar pese a echar abajo las vergas de juanete, arriar cable y dar segunda ancla.

¿El San Pedro Alcántara? ¿Se logró salvar su tesoro? ¿Qué ocurrió con los cien hombres de la Vencejo cuando acudía en su auxilio?

Al mítico San Telmo se lo vio por última vez en el cabo de Hornos, con averías en el timón, la tajamar y la verga mayor.

El Poderoso, el Magnánimo, el Triunfante, el Rayo, el Monarca

Uno por uno, el destino de cada buque, desde la sencilla cañonera hasta los tres puentes, que durante siglos dejaron sus cuadernas en tributo a las profundidades.

A aquellos que las noches de niebla sientan la llamada de una campana bajo su piel, sin duda les encantarán los Naufragios de la Armada Española de Cesáreo Fernández Duro.

A los demás… pues no.