lunes, 31 de enero de 2022

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXXIX)

Dicen los sabios que se ocupan de tales cosas, que en la ciencia ficción ha habido varias eras: la Edad Antigua, la Edad de Oro, la Edad de Plata…

En la de Plata se englobarían obras y autores aún considerados la columna vertebral del género: Asimov, Dick, Heinlein, Anderson, Lem, Bradbury y colegas de ese calibre.

Del calibre de Arthur C. Clarke.

Aunque se le recuerde principalmente por 2001: Una odisea espacial y sus secuelas, lo cierto es que nos legó otras novelas y relatos que, con bases científicas avanzadas, espíritu descubridor y sagacidad en el estilo narrativo, siguen desafiando el paso del tiempo.

Una muestra bien podría ser la colección de Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco.

Se compone de quince historias, publicadas en 1957, con un par de denominadores comunes. El primero es que alguien las saca a la luz en el local de dicho nombre, sito en una calleja londinense nada fácil de encontrar. «Para las primeras doce visitas es imprescindible la ayuda de un guía; después todo consiste en cerrar los ojos y confiar en el propio instinto, y a lo mejor se tiene suerte».

El segundo es que ese alguien es Harry Purvis, personaje que lo sabe todo sobre todo, conocedor de los experimentos más asombrosos y de sus consecuencias (cuando no protagonista de primera mano), y con aplomo infinito para que cualquiera que ose poner en duda su autoridad multidisciplinar quede humillado ipso facto.

Así, los parroquianos le escucharán embelesados acerca del Silenciador Fenton, los rifles de rayos empleados en una malhadada producción hollywoodiense, aquella vez en que evitó la evacuación del sur de Inglaterra, los peligros de la melodía ideal, tan pegadiza en la mente…

El Proyecto Clausewitz para desarrollar una computadora militar, la colonia inteligente de termitas del profesor Takato, las aventuras del submarino de recreo Pompano, una orquídea con gustos culinarios "especiales", el verdadero origen del iceberg hallado a la altura de Florida, el descubrimiento accidental de la antigravedad…

Hasta que, ejem, el caso de Ermintrude Inch proporciona ciertos indicios de la situación conyugal de Harry. Y la rubia impresionante que aparece a continuación en El Ciervo Blanco, en busca de un marido que no está dando clases de mecánica cuántica los miércoles por la noche, como le había hecho creer, tiene efectos indeseados en la continuidad de su tradición oratoria.

Y en las cervezas que la acompañan.

Siempre grande, Clarke.




miércoles, 26 de enero de 2022

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXXVIII)

Mientras empiezo a redactar esta nota, me viene a la memoria una frase del libro anterior que comenté: «Obedeciendo a una rey irrevocable, la historia niega a los contemporáneos la posibilidad de conocer en sus inicios los grandes movimientos que determinan su época».

Es decir, que no nos damos cuenta de la importancia de las cosas que pasan hasta mucho más tarde. El día a día nos vuelve ciegos a la profundidad de las decisiones y acontecimientos bajo los que vivimos.

De esta manera, el mundo que Zweig echaba de menos era "el suyo", el entorno personal en el que había nacido y se había formado. Pero tomado en perspectiva, el siglo XIX no necesariamente fue como él lo recordaba, ni estuvo dominado por los valores cuyo derrumbe sumió las siguientes décadas en las tinieblas.

En La lucha por el poder, Europa 1815 – 1914, Richard J. Evans hace una descripción no tan nostálgica de la centuria que, en muchos aspectos, aún sigue influyendo en nuestro tiempo. Para bien y para mal.

La historia del mundo es la historia de las guerras, como escribí en otra entrada. Al menos, la que se recuerda en las crónicas. Un grupo se topa con otro grupo y lucha por el control de lo que se tercie: el territorio, la riqueza, los recursos naturales… El poder.

Con la complejidad a la que habían llegado las sociedades occidentales en 1815, fin de la era napoleónica, puede que el conflicto estuviera "más delimitado" que bajo las correrías de Gengis Kan, por poner un ejemplo, pero jamás desaparecido. En 1914, la espita de la tensión dejó escapar el vapor.

Pero entre medias, ocurrió absolutamente de todo. Cualquier aspecto que uno siempre quiso conocer y nunca se atrevió a preguntar sobre el viejo continente viene aquí reflejado. Este libro es una pura enciclopedia.

Reinos, repúblicas e imperios que se alzan o desaparecen, figuras conocidas o injustamente postergadas (¡grandes mujeres!), inventores gracias a los que la técnica se desarrolla a velocidad exponencial, urbanistas que rediseñan las ciudades, médicos, exploradores, banqueros, políticos…

Movimientos capitales como el sufragismo, el liberalismo, el socialismo, el nacionalismo, el colonialismo…

Arte, música, filosofía, literatura, ciencia, economía, naturaleza… Difícil echar algo a faltar en sus cerca de mil páginas, un trabajo de documentación que solo se me ocurre calificar como exhaustivo. Y que, tanto como nos exige en su lectura, así nos recompensa en aprendizaje.

Leed y disfrutad.




martes, 18 de enero de 2022

Brevísima y elogiosa nota sobre… (LXXXVII)

A veces se abusa del tópico, como incluir algún libro en la lista de los que nos llevaríamos a una isla desierta o reclamar que debería estudiarse en los colegios.

Pero es que así nos entienden todos. Es la manera de ensalzar una obra, en la apreciación colectiva, desde lo bueno hasta lo extraordinario.

Esa es precisamente la propuesta que quisiera hacer: que millones de personas conocieran El mundo de ayer, de Stefan Zweig, aprendiesen por qué lo escribió, y se comprometieran con el legado humanista que nos regala generosamente en sus páginas.

El mundo de ayer es el viaje existencial de su autor, sus memorias, una mirada tan abierta como sensible y apasionada. El retrato de una época que "pudo ser" y que, por el contrario, le condujo a la desesperación del suicidio.

Los recuerdos íntimos, la infancia, la juventud, el aprendizaje sobre sí mismo y lo que le rodea… "Los mejores años de la vida".

Hasta que, llegado un momento, el aire mismo parece detenerse.

Y lo que creía eterno se corrompe. Y las formas de relacionarse se estrechan. Y se crean bandos. Y es más importante el lugar donde uno ha nacido que su mensaje. Y los pensamientos se convierten en delirios y las palabras en armas vociferantes.

Zweig pasa del "mundo de la seguridad", la vieja Europa donde escritores, músicos, artistas, habían construido una comunidad de pensamiento internacional ilustrado, al ansia por la destrucción mutua.

De caminar por las calles de cualquier gran ciudad del continente con la misma sensación de confianza, a arrastrarse por las trincheras de la Gran Guerra.

Y quizá habría sido posible la recuperación moral, pero los tiempos venideros aún derribaron los pilares de su pensamiento hasta el polvo. Mejor dicho, el fango.

Un cabo austriaco se hizo con el poder, paso a paso, peldaño a peldaño. Fue aclamado como salvador.

Fue el fin.

Ahora, en nuestra isla desierta, leamos a un hombre hace mucho desaparecido. Mirémosle a los ojos.

Y lloremos con él.



martes, 11 de enero de 2022

Invasión

Cuaderno de bitácora, fecha estelar de…

Han atravesado las últimas defensas. Están dentro.

Las tropas de Ómicron avanzan, destruyéndolo todo a su paso.

Primero se hundió la cúpula de vigilancia en el borde exterior, no fue suficiente para aislarnos de sus enjambres.

A velocidad de curvatura, esquivaron los campos de asteroides. Ocultas tras dispositivos de camuflaje mutantes, cayeron sobre las células de la Federación.

Sus proteinas infectaron sin piedad los tejidos, viciaron las atmósferas, elevaron las temperaturas… La tos se adueñó de nuestra arrasada garganta.

Golpeados, postrados, agotados. Pero no vencidos.

Porque no estamos solos. Anticuerpos, linfocitos, macrófagos, torpedos fotónicos… Junto con nuestros aliados del sistema binario Pfizer, anhelamos contraatacar.

Es por ello que la batalla continúa. Y lo hará sin descanso, hasta la definitiva expulsión del invasor.

Fin de la entrada.

Larga vida y prosperidad.