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lunes, 17 de febrero de 2025

El naufragio de la Segunda República

Clave de lectura: Entre todos mataron a la República, especialmente quienes ahora la conmemoran.
Valoración: Demasiado simple ✮✮✮✩✩
Música: Suite Ingenua (II.Balada. Lento y apasionado), de Antonio José ♪♪♪
Portada del libro El naufragio de la Segunda República, de Inger Enkvist.

Antes de abordar El naufragio de la Segunda República, conviene tener un detalle en cuenta.

Inger Enkvist no es historiadora. Se especializa en filología y pedagogía (catedrática de lengua española en la Universidad de Lund, según el currículo). Las tesis que defiende no están basadas en un trabajo de investigación propio.

Es decir, se trata de alguien con interés que plasma sus opiniones, pero cuya autoridad no alcanza a la de aquellos profesionales que de verdad se dedican a desentrañar los puntos oscuros del pasado.

Hecha la advertencia, su libro invita obviamente al debate.

Describe el sistema institucional que, entre 1931 y 1939 (o 1936, ya que el golpe de Estado lo habría liquidado tanto en la zona de su triunfo como en la de su fracaso), enmarcó la vida política de nuestra nación.

Incide en las peculiaridades legales que crearon un lastre de inicio. Así, a propuesta del presidente, unas elecciones podían dar como resultado un ejecutivo no sujeto al estricto número de votos (Lerroux).

Muy pocos, de acuerdo con esta hispanista, apreciaban la República de forma pura. Si no servía a los intereses de turno, había que retorcer su sentido o, incluso, acabar con ella desde dentro.

1934 resulta la prueba palmaria. Expone que la intención del PSOE fue atravesar el pecho de la tricolor y convertirla en «otra cosa», ya que los métodos violentos para obtener el poder y ejercerlo sin contrapesos, alternancias ni limitaciones figuraban en sus discursos (Largo Caballero).

La primera medida tomada por el Frente Popular fue la amnistía de los condenados por la intentona revolucionaria y el tratamiento como héroes, enviando así un mensaje inequívoco.

Al cabo, en las trincheras no se verían banderas de franja morada, sino rojas en su totalidad o rojinegras. Éramos, según sus palabras, «una democracia sin demócratas».

Y, si ninguna figura pública de entonces atesora parabienes, especial censura merecen los políticos que de nuevo fomentan la división. Aquellos con responsabilidades que quieren volver a polarizarnos.

La «memoria histórica», en tal sentido, supondría un ejercicio de adoctrinamiento espurio. Si uno osa cuestionarla, le cuelgan el sambenito de enemigo de la democracia, el progreso, el pueblo, defensor del fascio y «lindezas» por el estilo.

Hasta aquí, la descripción del contenido. ¿Me atrevo a comentar mis impresiones?

Claro que sí. Como he señalado, el texto invita al debate; varios aspectos en particular me generan reservas.

Su imagen de un país con crecimiento económico sólido, élites cultas y una burguesía industriosa acosada por la Komintern o los pistoleros de la FAI pasa por alto un grado de miseria y analfabetismo en amplias capas de desposeídos que no podían sino creer en promesas colectivizadoras como remedio. Los parias de la Tierra.

¿Se encontraba España en peligro de muerte? Hablamos de una época a las puertas del infierno global, qué duda cabe, no un fenómeno exclusivo de nuestro rincón. Pero otras sociedades tampoco podían presumir de bonanza y no por ello optaron por autodestruirse.

Sobre la crítica de que el presidente contase entre sus atribuciones la de nombrar gabinetes no respaldados por mayorías parlamentarias… ¿No vemos similitudes en otra República tan prestigiosa como la francesa?

Asimismo, sugiere que el fraude no fue ajeno a los resultados que auparon a las izquierdas (urnas que solo se podían rellenar en el sentido ordenado por sus custodios, amenazas, cárceles clandestinas, asesinatos, recuento sin transparencia…). Echo a faltar más datos que superen la frontera de la mera sospecha.

En los días previos a las elecciones, una milicia socialista llamada la Motorizada apareció en Cuenca, sembrando el miedo a su alrededor. Había sido organizada por Prieto, circulaba en motocicletas y actuaba como una especie de cuerpo de asalto. El grupo se utilizó para tareas como interrumpir las reuniones de los adversarios y quemar instalaciones. Contribuyó a la victoria del Frente Popular en Cuenca, entre otras cosas, reemplazando documentos electorales. Uno de los métodos utilizados para hacerlo era irrumpir en la casa de un funcionario electoral y obligarlo a firmar un protocolo en blanco.

En conjunto, Enkvist compone un alegato de «si yo soy culpable, tú lo eres más». «Si yo no hubiera dado el golpe, lo habrías hecho tú de nuevo».

Argumento que, en aras de la historia como ciencia social, no arma cargada de emociones para la revancha (me da lo mismo quién exija esa revancha), resulta de validez dudosa.

Las noticias positivas, por ir terminando: esta lectura contrapesa a un oficialismo que quiere imponer su propio e igual de criticable sesgo. Se suma a una visión por necesidad poliédrica para entender (y no repetir) aquellos convulsos años.

Las negativas: le hace el juego al otro relato, el de siempre, reduciéndolo todo a unos «malos» que escondieron la mano tras haber arrojado la piedra y unos «menos malos» a quienes no quedó otro remedio que defenderse atacando.

Demasiado simple, creo yo. Demasiado, demasiado, demasiado…


lunes, 23 de septiembre de 2024

Antes del diluvio

Clave de lectura: El Berlín de entreguerras, espejo del mundo.
Valoración: Muy bueno ✮✮✮✮✮
Música: Pierrot Lunaire (VIII.Die Nacht), de Arnold Schönberg ♪♪♪
Portada del libro Antes del diluvio, de Otto Friedrich.

Cuando intento averiguar algo más sobre el libro que traigo hoy al blog, Antes del diluvio, de Otto Friedrich, encuentro escasas referencias. Lo cual me asombra.

Porque está tan bien escrito, captura tanto el deseo de continuidad lectora al combinar técnicas narrativas propias de la novela, la investigación histórica y el reportaje periodístico, que debo concederle un reconocimiento.

Pongámonos en contexto: Berlín, Alemania, Europa. 1918 a 1939.

Quizá la intención original fuera hacer «una semblanza del Berlín de los años veinte», de acuerdo con el subtítulo: la ciudad que una vez simbolizó el orden prusiano, convertida en la nueva Babilonia. Pero lo que consigue es trasladarnos a un escenario más amplio, a una época como pocas para entender que de la mayor crisis puede levantarse la mayor esperanza… o la mayor disolución del espíritu humano.

O ambas a la vez.

Editor del Saturday Evening Post, así como articulista de la revista Time, Friedrich fue un estadounidense de raíces germanas, como su nombre sugiere (su padre, Carl Joachim, nacido en Leipzig, se convirtió en un influyente estudioso de las amenazas totalitarias a la democracia).

El volumen comienza con un káiser que abdica, un frente roto, columnas de soldados que regresan a casa, oficiales sin escrúpulos, conspiradores que desean mantener sus privilegios y masas populares que, acostumbradas a la obediencia al sistema que han vivido desde los tiempos de Bismarck, se debaten entre la revolución y la angustia.

Todos van a confluir en una capital que pronto verá sus adoquines teñidos de un color terroso. Socialistas, conservadores, espartaquistas, el Freikorps

Hay nombres que enseguida conocemos, destacados en cualquier ámbito de la política, el arte, la literatura, la música, la ciencia…

Rosa Luxemburgo camina por estas páginas. Ebert y Rathenau. Ludendorff y Hindenburg. Y también Planck y Einstein. Y Gropius, Mies van der Rohe, Lubitsch, Dietrich, Brecht, Zweig… Muchos, muchos más.

Piatigorsky arrastra su violonchelo, huyendo de la Rusia bolchevique. Toca el Pierrot Lunaire de Schönberg en un café, donde le descubre Furtwängler. Serkin quiere estudiar piano con Busoni, ya muy enfermo. Schnabel prepara la primera grabación integral de las sonatas de Beethoven. Menuhin da un concierto con la Filarmónica a sus doce años. Apogeo del cabaré.

Los firmantes de la Constitución de Weimar lo intentan, pero sus manos están sujetas con grilletes. El Tratado de Versalles es duro, la hambruna golpea a orgullosos y débiles.

En su frenesí, la gente pagaba millones e incluso miles de millones de marcos por relojes de cuco o zapatos inservibles, es decir, cualquier artículo que se prestara al trueque. El famoso director Bruno Walter tenía que suspender sus ensayos a mitad de una sinfonía para participar en la cotidiana estampida del mediodía.

Un antiguo cabo aglutina almas bajo la maldad de su bandera roja, negra y blanca. Envía a su mano derecha, un hombre que años más tarde preguntará a gritos en el Reichstag si los alemanes quieren la guerra total, a dirigir su movimiento y verter invectivas en el Berliner Arbeiter Zeitung.

Lo amoral se convierte en lo cotidiano.

Y nuestros ojos se adentran en un mundo de donde no pueden despegarse, mesmérico, atrapados por los sombríos resplandores de su fuego fatuo.

Buscad, buscad, hacedme caso. Tras esas llamas, Antes del diluvio merece resurgir de las cenizas.


lunes, 29 de julio de 2024

La Guerra Civil Española (de Pierre Vilar)

Clave de lectura: Visión de nuestra tragedia bélica por parte de un reputado hispanista.
Valoración: Me esperaba más ✮✮✩✩✩
Música: Obertura Dramática, de Evaristo Fernández Blanco ♪♪♪
Portada del libro La Guerra Civil Española, de Pierre Vilar.

Dado el prestigio de Pierre Vilar, habría querido comentar su versión de La Guerra Civil Española con cierto ánimo de hallazgo.

Y no, me da la impresión de que el texto no ha tenido un digno envejecer. Me decepciona.

Vilar opta por un enfoque hiperpolítico, basado en la ortodoxia marxista: el pueblo en armas, inspirado por el noble ideal revolucionario, se enfrenta al odioso círculo opresor de curas, terratenientes y camisas azules. ¿Cómo estructura a partir de esta propuesta su obra?

En el prólogo expone una semblanza sobre la España de los años 30 (él nació en 1906 y pudo vivir los acontecimientos en propia persona).

El primer capítulo intenta abordar una complicada pregunta: ¿Por qué la Guerra Civil? Su militancia le encarrila por la vía de sentido único, sin posibles derivaciones.

A continuación describe las fuerzas en liza, ya que la heterogeneidad —a expensas de cómo se amalgamaron a lo largo del conflicto— era muy acusada en el momento del estallido. Aquí tenemos quizá la aportación más interesante.

Como contrapunto, el plano militar resulta el menos logrado. No va a servir a quienes busquen detalles bajo los grandes movimientos de tropas.

La evolución política, económica, cultural y la ideología impuesta en ambas mitades del país una vez quedaron claros los frentes ocupa los capítulos cuarto y quinto. Vuelve a elevar un tanto el nivel.

Pero en el ambiente de los años treinta convenía a las autoridades sublevadas, para tranquilizar al pueblo y no chocar con el mundo, autodenominarse «sociales» sin pronunciar la palabra «fascismo», y a las autoridades republicanas limitar las conmociones sociales para escapar de la sospecha de «bolchevismo».

Algunos problemas de debate: así se titula el número seis, dedicado a las consecuencias que perviven en la sociedad contemporánea.

Y unas reflexiones finales que tampoco escalan el Himalaya, me temo.

En suma, un exceso de cal y algo de arena.


martes, 19 de marzo de 2024

Acciones de la guerra de los Treinta Años

Clave de lectura: Desarrollo de la guerra de los Treinta Años en escenarios menos conocidos.
Valoración: Muy interesante ✮✮✮✮✩
Música: Marche du Régiment du Roy, de Jean-Baptiste Lully ♪♪♪
Portada del libro Acciones de la guerra de los Treinta Años, de William P. Guthrie.

Echémosle un ojo a las Acciones de la guerra de los Treinta Años, de William P. Guthrie. ¿Otra vez?, diréis los habituales de la casa. ¿Pero no había aparecido ya este libro por aquí?

Bueno, solo en parte. Los volúmenes anteriormente comentados fueron las Batallas de la guerra de los Treinta Años, circunscritos a los escenarios centroeuropeos del conflicto.

Para completar el mapa, el autor estudia ahora las campañas llevadas a cabo en Europa oriental, el Báltico, Italia y Francia.

Empieza por quizá las más interesantes en cuanto a potencial desconocimiento del lector: aquellas que asolan Polonia, Lituania, las ciudades del norte de Alemania y alrededores.

En la primera mitad del siglo XVII, la Confederación Polaco-Lituana ejerce su dominio sobre amplios territorios. Y es por ello objeto de apetencia de vecinos como el Imperio ruso, los turcos o, en especial, la ambiciosa Suecia.

Los reyes polacos se defienden con denuedo, si bien la falta de ejércitos permanentes les impide aprovechar los eventuales éxitos más allá de treguas a corto plazo.

Moscú queda de momento a un lado debido a las crisis dinásticas internas (el falso zar Dimitri, el operístico Boris Godunov...). Y para combatir a la Sublime Puerta cuentan con los aliados cosacos.

Por su parte, los hoy tranquilos escandinavos no lo son por entonces tanto. Ya han tenido choques constantes en la zona de Livonia y un nuevo monarca quiere desequilibrar la balanza.

Gustavo II Adolfo, el León del Norte, anda a malas con su primo Segismundo (quien, sobre el papel, disfruta de igual derecho al trono de Estocolmo que al de Varsovia) y ensaya a su costa las tácticas que habrán de llevarle hasta la exitosa jornada de Lützen, unos años más tarde, frente a los imperiales.

En cuanto a los campos de batalla de Italia y Francia, la partida se disputa entre la Monarquía Hispánica y su mortal enemigo, el maquiavélico Richelieu. Ambos con sus respectivos —y tornadizos, según las circunstancias— aliados locales: Milán, Génova, Saboya…

En la madrugada del 26 al 27 de junio, 10.500 hombres a las órdenes de Leganés y Tomás se abrieron paso inadvertidos a través de los puestos avanzados franceses hasta llegar a las murallas de Turín. Dos columnas de asalto, una de 600 españoles al mando de Caracena y otra de 500 borgoñones liderados por Watteville, entraron por las puertas. La guarnición saboyana depuso las armas y la población se levantó en favor de Tomás. La guarnición francesa, sobre todo los regimientos de infantería de Alincourt y Vaillac, trataron de contraatacar pero, tras sufrir fuertes pérdidas, se vieron obligados a replegarse a la ciudadela.

Al cardenal le interesa cerrar el «Camino Español» que conecta Flandes con el Mediterráneo, y a Madrid le es vital mantenerlo. Gastando lo menos posible, eso sí, que los galeones de Indias no dan abasto en sus bodegas para pagar tantos frentes.

Aunque gastar lo justo implica disponer de menos tercios de los aconsejables, llegado el momento. En la complicada orografía italiana parecen a menudo a punto de prevalecer, pero… Unas veces van hacia adelante, atacando con uñas y dientes, y otras hacia atrás, defendiéndose con dientes y uñas.

La Fronda, el conflicto que golpea las tierras galas tras las muertes de Richelieu y de Luis XIII, constituye quizá la última oportunidad para Felipe IV. Incluso el Gran Condé, el más prestigioso de los generales, vencedor en Rocroi, se pasa al bando peninsular. Victoria brillante en Valenciennes… y derrota final en Las Dunas.

Al igual que en sus tomos previos, Guthrie mantiene un alto nivel para explicarnos el panorama geoestratégico, los intereses y argumentos de cada corona involucrada en la sangría. Y a continuación desmenuza los choques aportando todos los datos disponibles: número de infantes, de caballos, de cañones, moral, orden de batalla, terreno, líderes, movimientos…

El ciclo se cierra de esta manera con nota.


lunes, 19 de junio de 2023

La Italia del año mil

Clave de lectura: Todo lo que siempre quisiste saber sobre la Italia medieval.
Valoración: Apasionante ✮✮✮✮✮
Música: La batalla de Legnano (Obertura), de Giuseppe Verdi ♪♪♪
Portada del libro La Italia del año mil, de Indro Montanelli y Roberto Gervaso.

Atonía escritora. Languidez de poltrona. Blog en tiempos febles. Zzzzzzzzzzzzz.

Hasta que…

¡Sí! ¡Indro Montanelli lo hace de nuevo! ¡Me devuelve las ganas de vocearle algo al mundo!

En esta ocasión, en compañía de Roberto Gervaso, el coautor de La Italia del año mil.

El bueno de Indro, tal como comenté en cierta entrada anterior, tenía un don para exponer la historia de forma amenísima, sin sacrificar a cambio la verosimilitud. Lo demuestra otra vez con este título.

Además, las vicisitudes de la península transalpina durante la transición entre la Alta y la Baja Edad Media diría que no evocan —injustamente— imágenes tan inmediatas como las de los reinos ánglicos, francos, hispánicos o escandinavos. De forma que doble agradecimiento por rellenar la laguna.

Porque resulta que los terremotos de todo tipo, políticos y religiosos, bélicos y culturales, que tuvieron lugar entre el montón de papas y los menos cambiantes emperadores de la época, no dan lugar al respiro.

Contra la idea común de los sucesores de san Pedro como figuras omnímodas, que hacían temblar a las coronas con la excomunión si osaban alzar un dedo sin permiso, parece que a la altura del cambio de milenio señoreaban relativamente poco. Aún no había llegado su momento.

En cambio, el Sacro Imperio Romano Germánico sometía, si era necesario a golpe de cetro, el orbe conocido. Los partidarios de esta o aquella dinastía, güelfos y gibelinos, comenzaban a organizarse con las tierras de la bota como premio mayor.

Al igual que las incipientes repúblicas comerciales, Florencia, Génova, Milán, Venecia, acumulaban cartas para el gran juego.

Surgen figuras como Silvestre II, Urbano del mismo número, Inocencio III, cara a cara por el poder secular contra Federico Barbarroja, Enrique VI y su nieto, también Federico.

Como san Francisco de Asís, santo Domingo de Guzmán, la condesa Matilde de Canossa.

Ricardo de Inglaterra, Felipe Augusto de Francia, Eloisa y Abelardo.

Cruzados, caballeros, trovadores, batallas dignas de una ópera como la de Legnano.

La derrota de Legnano fue, en todo caso, un duro golpe para Federico. En veintitrés años, era aquella la primera vez que el Imperio quedaba vencido por los Municipios, y el emperador se veía obligado a buscar su propia salvación en la fuga. La vergüenza tenía que ser vengada.

En lontananza los normandos, los magiares, bizantinos, sarracenos…

Apasionante, hacedme caso. Si conseguís pillar un ejemplar acabaréis harto contentos.


miércoles, 29 de marzo de 2023

Las edades brillantes

Clave de lectura: Nueva luz para entender la Edad Media.
Valoración: A disfrutar ✮✮✮✮✩
Música: El león en invierno, de John Barry ♪♪♪
Portada del libro Las edades brillantes, de Matthew Gabriele y David M. Perry.

Matthew Gabriele y David M. Perry muestran un entusiasmo desbordante en este estudio. Y además contagioso.

Pretenden combatir la idea, instalada en el imaginario común, de que la Edad Media fuera un pozo de mil años sumergidos en la guerra, la superstición, la peste y las tinieblas.

Para ello, ya desde el título del libro lanzan un golpe de guantelete a las conciencias escolásticas: Las edades brillantes. Una nueva historia de la Europa medieval.

De acuerdo con su tesis, hemos simplificado en exceso un relato donde los siervos de la gleba malvivían bajo el látigo feudal, pontífices y obispos mandaban más que los reyes, los frailes difundían el fanatismo y, en general, bastante suerte se tenía de no acabar en la picota. O en la hoguera.

Antes habíamos disfrutado de épocas esplendorosas (aquellos estupendos griegos, aquellos ordenados romanos) y después volvería a surgir el espíritu del tiempo que las hizo posibles (el Renacimiento, el Siglo de las Luces…). Entre tanto, el caos.

Con tres o cuatro mitos caballerescos romantizados de aderezo, así se explica la visión tradicional.

Por el contrario, hacemos injusticia a la complejidad de gentes y civilizaciones que contribuyeron no poco a moldear las sociedades actuales. Junto a aspectos violentos, innegables, existió una riqueza inusitada de extensión e intercambio, tanto de bienes como de pensamiento, entre los rincones más alejados del mapa.

Los primeros capítulos me parecen personalmente los más atrayentes. ¿De verdad se rompió el mundo en mil pedazos tras la debacle de Roma?

Los autores nos dirigen a Rávena con ánimo de respuesta. En concreto, a un mausoleo con bóveda tachonada de estrellas, bajo las cuales su impulsora, la singular Gala Placidia, aferra las riendas del poder. Alarico ya se ha paseado a caballo por el Capitolio y Odoacro se encuentra cerca de terminar el trabajo.

Si no fuera porque el caudillo godo, tras derrocar a Rómulo Augústulo, no ocupa su puesto: se declara cliente de otra corona, la de Constantinopla, que es Roma con un nombre diferente. Continuidad política y cultural en vez de fractura.

En todo caso, el periplo de Placidia, en el eje de cada acontecimiento reseñable, ejemplifica la permeabilidad entre los bárbaros (o federados, o ciudadanos con origen más allá del Rin) y la ciudad eterna.

En el transcurso de este tiempo dio pruebas de su capacidad para negociar la complicada política imperial, tanto en Oriente como en Occidente. Cayeron reyes, emperadores, generales, hermanos y primos y, sin embargo, Gala Placidia se mantuvo en pie para llegar a ver, al final, a su hijo convertido en el emperador Valentiniano III.

La siguiente parada la efectuamos en el siglo VI, acompañando a las tropas de Justiniano y su famoso general Belisario. Acaban de hacer efectivo el retorno de la urbe y otros amplios territorios bajo el ala del Imperio de Oriente. Santa Sofía, el magnífico templo a orillas del Bósforo, se erige en faro sensorial de la nueva luz.

Adelantamos hasta el 638, cuando el califa Omar ibn al-Jattab acuerda con el patriarca Sofronio la entrada incruenta en Jerusalén. Cierto que la ola del islam no estuvo exenta de destrucción, pero tampoco excesiva si comparamos.

De hecho, este episodio se utiliza para desarrollar la teoría de que las religiones «no existen en un estado constante de cohabitación o conflicto». Se adaptan. La intolerancia mutua entre monoteísmos crecerá por circunstancias ajenas estrictamente a la fe.

Cuarta etapa: los papas. ¿Por qué adquieren una representatividad divina en casi cualquier ámbito? Cismas, concilios y triunfo in extremis de doctrinas que podrían haber sido las perdedoras nos introducen en esta apasionante cuestión.

Mientras, visigodos en el solar hispano, francos al norte y lombardos en la bota itálica consolidan posiciones. Gregorio Magno (el del canto gregoriano) acompaña a figuras tristemente olvidadas como las reinas Teodelinda o Radegunda.

Britania a continuación, una isla pagana. La merovingia Bertha, casada con el monarca Aethelbert de Kent, va introduciendo la semilla que allanará el mensaje de los misioneros.

Carlomagno, por supuesto. Sus ascendientes y descendientes. Y el significado del elefante africano que recibe como regalo de Harun al-Rashid en su palacio de Aquisgrán.

Los indómitos vikingos. Los rus, que comercian con Bizancio y Bagdad. Los mongoles. Los cruzados tempranos. Los que adoptan ese nombre para masacrar a los albigenses. El simbolismo de las catedrales. La Inquisición. La muerte negra… El Medievo no se puede comprender sin ellos.

Y tampoco sin la ciencia, el arte, la medicina, sin Aristóteles rescatado en manuscritos arábigos y latinos. Sin Toledo, ciudad crisol a la que Pedro el Venerable, abad de Cluny, viaja para conseguir una traducción del Corán. Sin los judíos. La «complicada y humana» península ibérica…

Agustín de Hipona, Maimónides, Bernardo de Claraval, Leonor de Aquitania, Hildegarda von Bingen, la escritora Marie de Francia, Dante… La lista de nombres ilustres no cesa en la desmentida oscuridad.

Hasta el epílogo de Valladolid, en fecha tan tardía como 1550: Juan Ginés de Sepúlveda, prototipo de letrado «moderno», debate con el «medieval» en todos los sentidos fray Bartolomé de las Casas sobre el derecho a la conquista de las Indias y la imposición forzosa del cristianismo a sus habitantes. Adivínese la postura de cada uno.

En fin, quizá el término «nueva historia» peque algo de suficiencia, quién sabe, pero yo la he disfrutado un montón.


lunes, 30 de enero de 2023

Extraños sucesos navales

Clave de lectura: Misterios a lo largo y ancho de los mares.
Valoración: Irregular ✮✮✩✩✩
Música: 20.000 leguas de viaje submarino, de Paul J. Smith ♪♪♪
Portada del libro libro Extraños sucesos navales, de Víctor San Juan.

Como pasar del alto bordo a una balandra.

O hallarte cruzado a sotavento mientras un man of war adversario se aproxima erizado de bocas de fuego.

Que no acabas de sentirte a gusto, vaya. Hay algo que te reconcome.

Es el problema de este libro, si lo comparo por su tema náutico con el de la reseña anterior. Y eso que Víctor San Juan tiene una reputación: me vienen a la memoria, por ejemplo, sus trabajos sobre Las Dunas o Trafalgar.

Pero en Extraños sucesos navales tira con más pólvora que bala.

Su objeto, según figura en la portada, es escribir una «crónica de los más sorprendentes misterios marítimos de los siglos XIX, XX y XXI». Así dicho...

Lo que ocurre es que varios de los sucesos zozobran entre lo pasablemente interesante, lo anecdótico, lo regularcillo y hasta lo prescindible sin más. Para que el resto de sus quince capítulos nos despierte un cosquilleo de interés, hay que navegar entre sargazos.

Comienza el texto con el Mary Celeste, avistado intacto y sin tripulantes a la altura de las Azores, y del que volver a hablar resulta cansino por sobreexplotación de teorías.

El abordaje entre los acorazados Victoria y Camperdown, en un ejercicio frente a las costas sirias, tampoco creo que merezca mayor mención. ¿Error de maniobra? ¿Cabezonería del vicealmirante que mandaba la escuadra?

Por el contrario, irrita un pecado que nuestro autor comete en este y otros episodios: el tono. Ay, el tono. Oscilante entre la chanza y el chovinismo.
«Sultanes, jedives, señores de la guerra […] contemplarían ahora a los buques ingleses con la disimulada sorna de ver qué nuevo numerito de circo estarían preparando».
A la flotilla de destructores norteamericana que en 1923 varó en masa en California no le encuentro el anzuelo.

Ni al apartado de monstruos abisales que, representados por el clásico kraken, siguen lanzando los tentáculos aquí y allá.

El gato Oskar, que sobrevivió sucesivamente a los hundimientos del Bismarck, el Cossack y el Ark Royal, resulta… ¿gracioso?

¿La mala educación del Admiral Scheer en la dársena de Ferrol? Bah, a expurgar.

¿Y eso de que quizá la Fuerza Aérea Argentina alcanzó al portaaviones Invincible en las Malvinas, pero el mérito quedó oculto para la posteridad por evitar el desprestigio de la OTAN? Inverosímil.

Etcétera.

Más atrayentes se presentan los avatares del diseño naval en la segunda mitad decimonónica, época de experimentos como los de la flota austriaca acometiendo a las fragatas italianas al espolón en la batalla de Lissa, o el intercambio de cañonazos sin resultado de los blindados Virginia y Monitor.

También se salvan las historias del arma submarina, a veces tan peligrosa para sus tripulantes como para los enemigos, según demuestran el fantasmagórico U31 del káiser en la I Guerra Mundial, el USS Wahoo y el nipón I-52 en el siguiente conflicto, o el sumergible israelí Dakar.

Y el combate y voladura a traición de la Mercedes con su tesoro en 1804, por supuesto, y la aventura contemporánea para recuperarlo tras el expolio de la empresa Odyssey (recuérdese el excelente cómic de Paco Roca al respecto).

En suma, que lo menos bueno lastra demasiado a lo bueno y el conjunto se queda por tanto con nota entre dos aguas. Hala, soltemos amarras.


martes, 24 de enero de 2023

Historia de un triunfo

Clave de lectura: Quiero construir una flota en el siglo XVIII, ¿cómo lo hago?
Valoración: Buenísimo ✮✮✮✮✮
Música: Música para el aniversario del Almirantazgo (Sonata en re major), de G.P. Telemann ♪♪♪
Portada del libro Historia de un triunfo, de Rafael Torres Sánchez.

Los barcos tienen alma.

Lo entienden muy bien en la Navy británica, por ejemplo, donde el pronombre para referirse a un navío es she, «ella», no el neutro e impersonal it de los objetos inanimados.

Cada cuaderna, cada remache, cada estay, portilla, mástil, desde el momento en que se arrancan del árbol, la fragua, la tierra misma, se ensamblan y ofrecen como presente a las olas —a veces como sacrificio— palpitan en busca de su destino.

Por eso, Historia de un triunfo es una obra que enamora. Rafael Torres Sánchez describe La Armada española en el siglo XVIII de forma magistral.

Ofrece la semblanza de una época con un nivel de detalle tan exhaustivo, que los lectores más conspicuos se sentirán transportados en el tiempo.

Qué materiales eran necesarios para botar aquellos alcázares de los mares, en términos galdosianos. Cómo se procuraban, transportaban y gestionaban.

Los pasos adoptados para evolucionar desde la heterogeneidad artesanal de los maestros de ribera a los planos de ingeniería milimétrica.

El objetivo se tradujo en la máxima de aligerar el peso del navío, que se consiguió con un diseño renovado y el empleo de maderas más ligeras, pino en lugar de roble, y la sustitución de la clavazón por cabillas de madera. A favor del mayor empleo del pino en la construcción se le añadía la ventaja de que se astillaba menos que el roble ante el impacto de una bala de cañón.

La organización, la comida, los marinos, las flotas, la sangre, el sudor y la sal invertidos para volver a señorear las rutas transatlánticas y mediterráneas después de la guerra de sucesión y hasta los desastres napoleónicos.

Los tipos de buques y sus misiones, doctrinas, maniobras, tácticas, la suerte, buena o mala, el día a día olvidado de una centuria, oculto tras el estruendo de grandes batallas como Trafalgar.

Ah, y lo que casi más me gusta: la infografía. Cientos de imágenes que enriquecen visualmente los textos enciclopédicos. Los dibujos y esquemas del Montañés, un hermoso dos puentes de 74 cañones, acompañan como vela al cabo las explicaciones del autor.

Complejo y completo volumen, en fin. A quienes sientan su llamada, bienvenidos al rol de a bordo.


lunes, 19 de diciembre de 2022

El último día del viejo mundo

Clave de lectura: ¿Pudo evitarse in extremis la Segunda Guerra Mundial?
Valoración: Interesante ✮✮✮✮✩
Música: El mundo en guerra, de Carl Davis ♪♪♪
Portada del libro El último día del viejo mundo, de Adrian Ball.

Hace ochenta y tres años, un sábado de septiembre como cualquier otro se convirtió en El último día del viejo mundo. Adrian Ball nos lo relata en cuatro sencillas partes:

De medianoche a las 6 de la mañana. De las 6 de la mañana al mediodía. Del mediodía a las 6 de la tarde. De las 6 de la tarde a medianoche.

En ese momento, la oscuridad se asemejó perpetua. Expirado el ultimátum para que Alemania detuviese su ataque sobre Polonia, Gran Bretaña y Francia entraron también en la lucha. Comenzaba la Segunda Guerra Mundial.

Un único día para decidir la suerte de millones, que veinticuatro horas antes vivían sus vidas cotidianas sin aviso. Una inmensa incógnita: ¿pudo ocurrir de forma diferente?

En estas páginas Ball intenta describir la trasera del telón. Todos los esfuerzos, incertidumbres y apuestas que se lanzaron en un juego frenético contra el reloj.

Los hombres de guerra hablaban ansiosa pero evasivamente de la paz. Los hombres de paz se preparaban con repugnancia para la guerra. Sus papeles en el escenario del mundo se habían invertido de una forma extraña en el transcurso de unas breves horas, mientras la humanidad marchaba hacia el mayor cataclismo de su historia.

No solo por mano de los estadistas, sino de figuras en apariencia secundarias cuya participación y testimonios habrían de quedar casi sepultados bajo la «gran historia» y que aquí reciben su parte de voz.

¿Se hallaban los nazis tan envalentonados por el éxito de sus jaques anteriores que no supieron prever las reacciones? ¿Era consciente la Unión Soviética de las consecuencias de su pacto con el régimen germano? ¿Hicieron algo los italianos para disuadir a sus aliados del Eje?

¿Por qué dudó tanto el Gobierno de París en cumplir con sus compromisos ante los polacos? ¿Eran Chamberlain y su gabinete tan ilusos como los trata la memoria colectiva?

¿Son los deseos de paz una debilidad cuando se trata de defender un derecho? ¿Dónde se sitúan las «líneas rojas» que, una vez traspasadas, justifican el uso de la fuerza?

Aún hoy nos lo seguimos preguntando.


martes, 2 de agosto de 2022

Historia de Roma

Clave de lectura: De Rómulo a Rómulo, desde las siete colinas hasta la caída.
Valoración: Montanelli sabía contar la historia ✮✮✮✮✮
Música: La última legión, de Patrick Doyle ♪♪♪
Portada del libro Historia de Roma, de Indro Montanelli.

¿Cómo? ¿Que piensas que la historia es qué? ¿Aburrida?

¿De verdad, de verdad, de verdad?

Pues vaya problema. En caso de síntomas persistentes, deberías buscar la Historia de Roma de Indro Montanelli con urgencia.

Si se ha escrito un libro ameno, con ánimo de desmitificar los mármoles y senadoconsultos de, quizá, la civilización más influyente de todos los tiempos, ese es el comentado hoy.

¿Su secreto? El sentido del humor.

Los romanos eran al final como cualquiera: unos tipos sujetos a todas las fortalezas y debilidades humanas. Ni más tontos ni más listos que astures, várdulos o cartagineses. Si acaso, bajo el colorido penacho del casco, más cabezones.

Cuando se les metía algo entre ceja y ceja… ¡En formación de tortuga! ¡Preparados para arrollar! ¡Marchen!

Aunque la imagen popular se ha forjado a partir del Imperio, en realidad Roma no alcanzó la cúspide en dos días. La de vicisitudes, casualidades, golpes de suerte y pelotazos para conseguir dejar en la cuneta a otros candidatos al olimpo resulta pasmosa.

El pretexto de guerra fue deparado, como de costumbre, por una petición de ayuda que los de Turios, hostigados por los lucanios, dirigieron a Roma que, como siempre, la acogió con presteza y mandó una guarnición para defenderla, pero por vía marítima. Sin duda lo hizo aposta para armar camorra.

Y hay que agradecer a Montanelli que se recree precisamente en las épocas más oscuras ab Urbe condita. Por ejemplo, César no asoma la calva hasta la mitad del volumen. Sin embargo, el proceso de expansión del villorrio original sobre las siete colinas, luego el Lacio, la península italiana, el Mediterráneo y a la postre Europa, nos mantiene con la mirada permanentemente encendida sobre el papel.

Como lo sigue haciendo hasta desembocar en la sociedad corrupta y «blandengue» de Rómulo Augústulo, mientras entrega los laureles del mando al godo Odoacro.

Ah, ¿que ahora te gusta, dices? ¿Que has cambiado de idea? Claro, estás curado, si ya lo sabía yo…


martes, 5 de julio de 2022

La decadencia económica de los imperios

Clave de lectura: Grietas económicas que hicieron caer imperios.
Valoración: ¿Te gusta la historia? ¿Te interesa la economía? Pues ya estás tardando ✮✮✮✮✩
Música: La caída del Imperio romano, de Dimitri Tiomkin ♪♪♪
Portada del libro La decadencia económica de los imperios.

Todo lo que sube, baja.

Pero no todo lo que se alza sobre la superficie terrestre cae luego con la aceleración que postulan las leyes de la física: algunas cosas de este mundo parece que van más lentas. O al contrario, a lo mejor más rápidas.

La decadencia económica de los imperios nos proporciona unos cuantos ejemplos de colapso a diferentes velocidades, en el ámbito de la historia y la ciencia de los dineros.

¿Qué destino tuvo Roma, después de trece siglos de existencia? ¿Por qué un edificio que parecía eterno dejó de sostenerse sobre sus pilares en un tiempo relativamente corto? Bárbaros aparte, ¿tuvo algo que ver el consumo excesivo? ¿El «Estado del bienestar desproporcionado» con respecto a los recursos disponibles?

Los dos ensayos dedicados por Aurelio Bernardi y M. I. Finley a estas cuestiones ocupan buena parte del libro.

¿Y Bizancio, su heredera natural? Mil años después de que vándalos y ostrogodos asentaran sus reales en occidente, el imperio de oriente aún seguía existiendo pero, ¿servían los impuestos para solucionar los problemas reales de la gente? ¿O para dar una pátina dorada a un escenario de puro cartón piedra?

¿Corrupción, quién dijo corrupción? Charles Diehl nos lo explica.

Ah, España. España en la edad del Quijote, que Cervantes era manco pero tenía un ojo muy vivo, como demuestra en su obra. Oro, plata, acero, galeones que arriban hasta China, el sol que no se pone… Y si el mismísimo don Miguel percibió los males detrás de la gloria, ¿por qué nadie hizo nada? Es más, ¿por qué se empeñaron en hacer aposta tantas cosas tan mal?

La ineptitud del régimen de Lerma, su facilidad para disipar los valiosos años de paz en un perpetuo torbellino de insensatez, es una de las tragedias de la historia de España y explica en gran medida el fracaso que acabó por abrumar al país bajo el gobierno de Olivares.

Agricultura, industria, comercio… Los prestigiosos hispanistas Pierre Vilar y J. H. Elliot nos dan luz sobre ello.

De faro del Renacimiento, foco de innovaciones, banca y fábrica de Europa, a la ruina en el siglo XVII. Aumento de costes, cierre de rutas mercantiles, rigidez de los gremios, incapacidad para mantener las exportaciones…

Carlo M. Cipolla, el de las leyes infalibles de la estupidez humana, escribe sobre la decadencia de Italia.

El Imperio otomano llega de la mano de Bernard Lewis.

De nuevo el paradigma: auge, poder, prosperidad y un aparato burocrático para gobernar con eficiencia, que desembocan en una nave con el maderamen carcomido por el retraso técnico y las élites incompetentes.

Holanda, finalmente. C. R. Boxer firma el capítulo dedicado a comparar el estancado «período Periwig» dieciochesco con los éxitos pretéritos.

Y lo relaciona con la pugna surgida con Inglaterra que, de aliada fundamental en la época filipina, pasó a enemiga abierta, hasta conseguir que perdieran el espíritu emprendedor.

Un clásico que los nuevos lectores podemos hoy disfrutar igual que lo hicieran los primeros, hace ya varias décadas. Muy recomendable, leedlo y ya veréis.


jueves, 30 de junio de 2022

Corsarios españoles

Clave de lectura: ¡Al abordaje! ¡Por el rey! (y algún tálero o libra esterlina a la bolsa).
Valoración: Estas cosas de barcos y marinos me encantan ✮✮✮✮✩
Música: El Corsario (Obertura), de Hector Berlioz ♪♪♪
Portada del libro Corsarios españoles, de Agustín R. Rodríguez González.

La roda cortando filosa las olas.

Todo el trapo largado: mayor, gavia, mesana, foque…

Los hombres amolando los sables en el pedernal, cebando cañones y falconetes, preparando los garfios de abordaje en cubierta.

Recortada en el horizonte, una posible presa. Gloria y botín si los vientos les son favorables para la caza. Botín y gloria.

La verdad es que el cine ha hecho daño a la comprensión de lo que debió de ser la vida real en los siglos de la navegación a vela. Errol Flynn o sus émulos asaltando temerariamente galeones entre Tortuga y Jamaica y obteniendo la victoria —y, de añadido, el favor de una dama—. Ya, ya…

No quiere eso decir que debamos renunciar al disfrute de los grandes títulos del género, solo tener en cuenta que, entre la imagen popular de ciertos hechos históricos, y los hechos en sí mismos, puede alzarse una cortina muy gruesa.

Hecho el preámbulo, Corsarios españoles intenta, con éxito a mi parecer, traernos lo mejor de ambos mundos: el de la aventura y el de la historia. Agustín R. Rodríguez González es un autor que siempre ha demostrado erudición sobre la base de su labor investigadora.

Comienza recordándonos que un corsario es algo diferente a un pirata: se trata de «un particular que, por las razones que fuesen, había obtenido una patente o permiso del rey para atacar y apresar embarcaciones de países enemigos, tras haber depositado previamente una fianza y comprometiéndose a cumplir una serie de normas».

A continuación narra las vicisitudes de unos cuantos que actuaron a favor de la Monarquía Hispánica entre el XVI y el XIX. Gran parte de las cuales resultan, sorprendentemente, desconocidas en nuestro acervo.

En el Atlántico, dentro del marco de las disputas con Francia, destacó Pedro Menéndez de Avilés —fundador de la primera ciudad de los actuales Estados Unidos—. Sus numerosas singladuras le valieron el ascenso de grumete a capitán general.

La acción tuvo un epílogo unos años después, cuando el hijo del pirata, Jean Antoine Saintonge, dedicado al mismo oficio, al enterarse de que Menéndez navegaba hacia América con la habitual escala en Canarias, le esperó con sus tres buques frente a Santa Cruz de Tenerife, buscando venganza. Nunca lo hubiera hecho: el asturiano hundió su capitana, el frustrado vengador resultó muerto y Menéndez apresó los otros dos buques.

También Pedro de Zubiaur, mixtura de lobo de mar, diplomático y espía, ocupado contra los enemigos de Felipe II.

Durante la misma época, las del Mediterráneo fueron aguas de grandes peligros. En ellas desplegaron sus esfuerzos personajes como Pedro Fernández de Bobadilla o el mismísimo y más que novelesco capitán Alonso de Contreras.

Al paso de la centuria, en 1621 se redactó una ordenanza de corso con objeto de incentivarlo. Los armadores privados organizarían flotas en su provecho y los costes del monarca se abaratarían. Guerra y negocio.

Las villas guipuzcoanas, por ejemplo, acogieron la oportunidad con entusiasmo, si bien la principal y más exitosa fuerza echó el ancla en Flandes. Sobre todo, en el puerto de Dunquerque.

Había nacido el primer prototipo de fragata, que atemorizó el tráfico militar, mercantil y pesquero desde el Canal de la Mancha hasta Groenlandia durante muchos años.

Ya en el XVIII, los sempiternos conflictos facilitaron, incluso potenciaron, la continuidad de esta figura. La guerra del Asiento sería una «edad dorada» para los corsarios, con cientos y cientos de capturas a los británicos y miles y miles de libras en sus manos.

Durante la rebelión de las trece colonias, la Armada regular se encontraba en mejor forma, por lo que el protagonismo tornó a sus bordas. El apresamiento de un convoy de cincuenta y dos velas de una tacada, cerca de San Vicente, se convirtió en la joya de la campaña.

De nuevo en las costas del Mare Nostrum, los jabeques del mallorquín Antonio Barceló se apuntaron bastantes éxitos frente a los piratas berberiscos. Y el catalán Martín Badía vio sus encuentros a menudo descritos en la Gazeta de Madrid.

El canto del cisne llegó contra el viejo adversario, su graciosa majestad, cuando Napoleón le sacaba brillo al bicornio.

Así que estupendo título para entretenerse a la par que aprender. ¡A la orza! ¡A la orza! ¡Asegurad los juanetes!


miércoles, 15 de junio de 2022

Historia mínima de la Guerra Civil española

Clave de lectura: La Guerra Civil analizada por un estupendo historiador.
Valoración: Bueno ✮✮✮✮✩
Música: Funeral Music, de Witold Lutoslawski ♪♪♪
Portada del libro Historia mínima de la Guerra Civil española, de Enrique Moradiellos.

¿Puede escribirse otro libro de historia sobre nuestra mayor tragedia?

¿Uno que se apoye en la investigación rigurosa de los hechos, en las interpretaciones serias y ponderadas...?

¿Del que no quede otro remedio que alabar, por parte de cualquier lector que huya de vendas en los ojos la calidad de su escritura y la luz que aporta al conocimiento?

Pues sí. Sería el caso, sin ir más lejos, de Enrique Moradiellos en su Historia mínima de la Guerra Civil española.

El nombre y el trabajo de Moradiellos descollan si se pregunta por un historiador de los que sientan cátedra, al tiempo que tiene «gancho» para comunicar. Mis impresiones sobre sus obras han sido siempre la fluidez de expresión y la honestidad intelectual.

En general, salvando obligados matices, cabría decir que las investigaciones históricas publicadas desde entonces sobre la Guerra Civil han ido arrumbando sin remisión las visiones unívocas y simplistas sobre la contienda en favor de esquemas interpretativos más pluralistas y complejos.

El título que recomiendo hoy continúa en esa línea. Aunque, por exponer un lamento nimio, se haga corto. Lo de historia mínima va de veras.

Por ejemplo, resume demasiado panorámicamente la parte militar.

Si bien plantea las visiones estratégicas que motivaron a los responsables de ambos bandos a efectuar sus movimientos en el tablero, no profundiza en el desarrollo, en por qué cada acción tuvo el resultado que tuvo.

A destacar, por su especial perspicacia, el primer capítulo: La Guerra Civil entre el mito y la historia, donde se recuerdan las diferentes posturas dominantes en el relato a lo largo de los años, causa de más daño que bien en la educación de la memoria común.

Aunque no le vayan a la zaga en detalles interesantes los demás apartados sobre el entorno político, la economía, la sociedad o las implicaciones internacionales del conflicto.

Ni el inmenso e irreparable coste humano que fue su consecuencia.

Por todo ello, enhorabuena, don Enrique.


martes, 31 de mayo de 2022

Annual 1921

Clave de lectura: La guerra de Marruecos desde el terreno.
Valoración: Impactante ✮✮✮✮✩
Música: Réquiem (Lacrimosa), de W.A. Mozart ♪♪♪
Portada del libro Annual 1921, de Manuel Leguineche.

Una de las guerras más infames en nuestra prolija historia. Al menos, mientras algo aún peor se preparaba.

El libro cuya lectura propongo para sustentar este riguroso calificativo es Annual 1921, de Manuel Leguineche. El desastre de España en el Rif.

Annual fue la tumba de miles de soldados de reemplazo cuya suerte, al ser llamados a filas, dictó que habían de «civilizar» un erial de piedras y arena, habitado por tribus con la gumía afilada. Hasta que la sustituyeron por fusiles y cañones sobrantes en Europa.

Leguineche plantea un relato que no se parece a un tomo de historia académica. Más bien a un inmenso reportaje periodístico, o una sucesión de ellos, con una fuerza expresiva y una fidelidad a lo ocurrido impresionantes. Su pluma nos hace sentirnos verdaderamente allí.

A lo largo de entrevistas, recuerdos, informes, diarios personales, se tejen hilos para ilustrar una época de corrupción e ineptitud sin límites, del rey abajo. Donde se rapiñaban medicinas, agua o comida hacia bolsillos particulares. Donde las ambiciones de ascensos y medallas primaban sobre toda lógica.

Y donde, como suele convenir, los que al final cargaron con las culpas habían muerto «gloriosamente».

A las diez o diez y media de la mañana se da la orden de retirada. Así empezó el caos de Annual. Sin orden ni concierto ni un plan premeditado, cada uno salió al descubierto como Dios le dio a entender, lleno de pánico, para intentar escapar del asedio y buscar la salida hacia la base de la Legión en Ben Tieb.

No deja de lado, desde luego, la crónica de la batalla en sí, sus prolegómenos, actores y consecuencias. Pero se centra en cómo vivieron los hechos los protagonistas más que en descripciones desde una lejana sala de mapas.

Alfonso XIII, Berenguer, Silvestre, Abdelkrim, el Raisuni, Franco, Indalecio Prieto, Picasso, el general cuyo demoledor informe sobre las causas de la derrota precipitó la dictadura veladora de Primo de Rivera…

Junto al recluta Eulogio de Vega, el recluta José Cañizo, el recluta Julián Sanz, el recluta Mariano Gálbez…

La defensa sin esperanza de los blocaos, el aterrador destino de los prisioneros, la última carga del Regimiento Alcántara…

Una obra impactante.


miércoles, 26 de enero de 2022

La lucha por el poder, Europa 1815 – 1914

Clave de lectura: Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el siglo XIX.
Valoración: Enciclopédico ✮✮✮✮✩
Música: Quinteto con clarinete (I.Allegro), de Johannes Brahms ♪♪♪
Portada del libro La lucha por el poder, Europa 1815-1914, de Richard J. Evans.

En La lucha por el poder, Europa 1815 – 1914, Richard J. Evans hace una descripción de la centuria que, en muchos aspectos, aún sigue influyendo en nuestro tiempo. Para bien y para mal.

La historia del mundo es la historia de las guerras, como escribí en alguna ocasión. Al menos, lo que se recuerda en las crónicas. Un grupo se topa con otro grupo y lucha por el control de lo que se tercie: el territorio, la riqueza, los recursos naturales… El poder.

Con la complejidad alcanzada por las sociedades occidentales en 1815, fin de la era napoleónica, puede que el conflicto estuviera «más delimitado» que bajo las correrías de Gengis Kan, por poner un ejemplo, pero jamás desaparecido. En 1914, la espita de la tensión dejó escapar el vapor.

Entre medias, ocurrió absolutamente de todo. Cualquier aspecto que uno siempre quiso conocer y nunca se atrevió a preguntar sobre el Viejo Continente viene aquí reflejado. Este libro es una pura enciclopedia.

Reinos, repúblicas e imperios que se alzan o desaparecen, figuras conocidas o injustamente postergadas (¡grandes mujeres!), inventores gracias a los que la técnica se desarrolla a velocidad exponencial, urbanistas que rediseñan las ciudades, médicos, exploradores, banqueros, políticos…

Bismarck se aseguró de que los poderes del Reichstag fueran limitados; el Parlamento tenía el derecho de aprobar las leyes, pero no de proponerlas, y no podía nombrar ni sustituir gobiernos ni ministros, facultad que seguía siendo privilegio del presidente de la Confederación, que no era ni más ni menos que el propio Guillermo I de Prusia.

Movimientos capitales como el sufragismo, el liberalismo, el socialismo, el nacionalismo, el colonialismo…

Arte, música, filosofía, literatura, ciencia, economía, naturaleza… Difícil echar algo a faltar en sus cerca de mil páginas, un trabajo de documentación que solo se me ocurre calificar como exhaustivo. Y que, tanto como nos exige en su lectura, así nos recompensa en aprendizaje.

Leed y disfrutad.


lunes, 6 de diciembre de 2021

De la fruta madura a la manzana podrida

Clave de lectura: La transición, entre el mito intocable y la realidad a discutir.
Valoración: Bueno ✮✮✮✮✩
Música: 1492 (Into Enernity), de Vangelis ♪♪♪
Portada del libro De la fruta madura a la manzana podrida, de Tom Burns Marañón.

Cada 6 de diciembre publico unas líneas elogiando el espíritu constitucional, y este año lo voy a hacer a través de un libro: De la fruta madura a la manzana podrida. El laberinto de la Transición española.

Tom Burns Marañón conoció y trató a todos los personajes con algún papel en aquellos tiempos de incertidumbre. Muchos de ellos quizá olvidados para la historia popular, sin cuyos esfuerzos el consenso que desembocó en la aprobación de la Carta Magna hubiera sido imposible.

Hay unos antecedentes que él considera fundamentales, en comparación con las tensiones irresolubles en el advenimiento de la Segunda República. El más importante, la existencia de una clase media consolidada, amplia, con estabilidad económica y deseo de mantenerla.

Es decir, con siglo y medio de diferencia, en España se daba el escenario de las revoluciones burguesas europeas.

A partir de ahí, según se aproximaban los últimos días del dictador, entraron en liza diferentes grupos de presión: los irreductibles del 18 de julio, los monárquicos, los conservadores pragmáticos, los socialistas pragmáticos, los republicanistas, los irreductibles de la revolución de octubre...

Los protagonistas de la Transición no fueron los padres fundadores de la democracia en los Estados Unidos, pero consiguieron construir el mejor edificio constitucional de cuantos fueron levantados por próceres españoles en los últimos doscientos años. Su principal mérito fue haber absorbido las lecciones que imparten los fracasados intentos anteriores de crear una concordia. Solo con eso bastaba y sobraba. La Constitución de 1978 merece respeto, y su arquitectura solo la cuestiona el pensamiento desordenado.

El autor sigue la versión «clásica» de Juan Carlos I como impulsor del cambio. No se habría conformado con los apoyos heredados del régimen para alcanzar la jefatura del Estado, sino que buscó de forma proactiva a la oposición para convencerles de su objetivo rupturista.

Ahora bien, como contrapeso a ese Zeitgeist del gran acuerdo, expone que los detalles, la «letra pequeña», se dejaron muy descuidados. No se terminaron de desarrollar mecanismos institucionales que aseguraran la independencia del sistema frente al partidismo y la corrupción. Así, poco a poco, el «corazón de la manzana» se fue pudriendo.

Hasta llegar a donde hoy nos hallamos: odios, desafecciones, «rojos», «fachas»... ¿De vuelta a la casilla de salida?

Hay que leerlo. Y más importante aún: reaccionar antes de que sea tarde.

¡Viva la Constitución Española!


lunes, 25 de octubre de 2021

Norte contra Sur

Clave de lectura: La Guerra Civil estadounidense, de principio a fin.
Valoración: Bueno ✮✮✮✮✩
Música: When Johnny Comes Marching Home ♪♪♪
Portada del libro Norte contra Sur, de Jesús Hernández.

La Guerra de Secesión Estadounidense ha tenido tantas puestas en escena cinematográficas, que raro es quien no conozca los choques más importantes, sus generales, y unas cuantas canciones del tipo When Johnny Comes Marching Home, Dixie o el Himno de Batalla de la República.

Ahora bien, ¿disponemos de una visión de conjunto? ¿Una donde la carga de Pickett, el combate naval entre el Monitor y el Merrimac o el oro confederado en una tumba sin nombre junto a la de Stanton disfruten de una lógica más compleja, con entorno y efectos definidos?

Es la visión que ofrece precisamente Norte contra Sur, de Jesús Hernández.

Primero, una panorámica en los órdenes social, económico y político justo antes de que sonaran los clarines. ¿Era el estallido inevitable? ¿Estaba Lincoln dispuesto a concesiones? ¿Era la esclavitud el punto de fricción más importante?

Segundo, lo cerca que se encontraron las tropas secesionistas de la victoria. Un éxito al límite en Gettysburg, y quizá las potencias europeas las hubieran reconocido diplomáticamente.

Tercero, por qué se recuperó la Unión a tiempo. Y por qué, a pesar de las increíbles bajas y el sufrimiento, se prolongaron las campañas aún durante años.

Grant está seguro de que el irreductible Lee volverá a intentar una jugada similar, por lo que decide insistir en la estategia de estirar la línea del frente lo más posible, esponjando así las líneas confederadas. La táctica consiste en amenazar el flanco sudista, con la vista puesta en la captura de la South Side Railroad, la única línea de suministros procedentes del oeste. El encargado de esa misión será el mayor general Philip Henry Sheridan.

También, qué queda aún del conflicto en el imaginario colectivo. El juramento a la bandera sigue proclamando, siglo y medio después, que la nación es indivisible.

En pocas palabras, una obra bien escrita, documentada y de amenidad lectora a toda prueba.


lunes, 9 de agosto de 2021

Veintidós derrotas navales de los británicos

Clave de lectura: Britannia rule the waves… pero no tanto.
Valoración: Bueno ✮✮✮✩✩
Música: El Halcón del mar, de E.W. Korngold ♪♪♪
Portada del libro Veintidós derrotas navales de los británicos, de Víctor San Juan.

Veintidós derrotas navales de los británicos es un buen ejemplo de desmontaje de mitos, en este caso la invencibilidad de Albión en los siete mares. Víctor San Juan ofrece un contenido muy atractivo para los amantes de los barquitos.

La sucesión de reveses comienza durante la guerra de los Cien Años, cuando la flota castellana, aliada del reino galo, le da un repaso a la inglesa en La Rochelle. No mucho después, los bajeles de Sánchez de Tovar están remando Támesis arriba hasta Gravesend.

De ahí saltamos a 1568 en Veracruz. También aprendemos sobre la Contraarmada, las Azores, Atacames, Cádiz o Santo Domingo.

La rivalidad angloholandesa del siglo siguiente se plasma en varios estropicios causados a su graciosa majestad por Tromp y de Ruyter.

No podían faltar los fracasos frente a la flota de Indias o ante Blas de Lezo en la Cartagena americana. Ni la retirada de Nelson en Tenerife, con un brazo de menos.

Con los buques invasores a sotavento ya de la elevada costa tinerfeña, el británico celebró consejo a bordo de su buque insignia para planificar el ataque, acompañado de sus ocho capitanes. Decidieron desembarcar, en plena noche, con 200 hombres de cada navío y 100 de cada fragata —unos 1100 en total— en las playas de Valle Seco, apoderándose de las fortificaciones del sector nordeste antes de la llegada del alba, cuando los navíos mayores se aproximarían a tierra intimando la rendición de los cercados.

Francia saborea la miel durante la Guerra de Independencia estadounidense, mientras teutones y japoneses echan su cuarto a espadas en los episodios finales.

Como decía, un libro ameno y desmitificador.


martes, 6 de abril de 2021

La Guerra Civil en el aire

Clave de lectura: Messerschmitt, Heinkel, Stukas… Su comienzo en los cielos de España.
Valoración: Bueno ✮✮✮✩✩
Música: Saludo a España (Marcha fúnebre), de Dimitri Shostakovich ♪♪♪
Portada del libro La Guerra Civil en el aire, de Michael Alpert.

Michael Alpert es el autor de La Guerra Civil Española en el mar, que hace años me gustó bastante. De manera que ahora me he acercado con optimismo a su último título: La Guerra Civil en el aire.

Mi impresión es otra vez positiva, en términos generales. Se trata de una monografía muy interesante sobre la actividad aérea durante la gran desgracia, con énfasis en la participación de alemanes, italianos y soviéticos.

Detalla por qué los aparatos y sus tripulaciones se erigieron a menudo en protagonistas, con influencia directa sobre el resultado del conflicto.

Los Junker permitieron el transporte de tropas para tomar Sevilla, los Chatos y Moscas aseguraron la defensa de Madrid, los Chirris dominaron los cielos de grandes batallas, los Messerschmitt, Heinkel o Stukas se midieron con los Katiuskas y Natachas

Desde los días iniciales de la rebelión, con modelos y tácticas heredados de la Primera Guerra Mundial, el uso de esta arma cambió a pasos gigantescos, anticipando lo que en breve se convertiría en la «guerra moderna». Cada bando sacó sus propias conclusiones al respecto.

La aviación alemana estudió el bombardeo estratégico contra puertos, ciudades y fábricas, y sobre todo la técnica de apoyo de proximidad a la vanguardia durante el avance de las tropas de infantería. Los alemanes aprendieron lo vulnerables que eran las tropas terrestres y sus transportes a los ataques aéreos, y lo importante que era la artillería cuando se combinaba con el dominio del aire.

Su debilidad, y por eso añado la coletilla «en términos generales», es que lo encuentro un poco por debajo de la obra dedicada al mar.

Menos detallado, con repeticiones, obviando ciertos hechos, dejando sin aclarar otros, con un tonillo condescendiente común en algunos hispanistas foráneos… Detalles así.


martes, 28 de abril de 2020

La Segunda Guerra Mundial en el mar.

Clave de lectura: El mar, clave para el resultado de la Segunda Guerra Mundial.
Valoración: Bueno ✮✮✮✮✩
Música: Midway, de John Williams ♪♪♪
Portada del libro La Segunda Guerra Mundial en el mar, de Craig L. Symonds.

La Segunda Guerra Mundial en el mar, de Craig L. Symonds, es un estudio de impecable factura en el sentido de la documentación y de aprovechar el conocimiento historiográfico acumulado desde el final del conflicto.

Tras una introducción sobre las políticas navales de entreguerras, cuya visión estratégica venía heredada en gran medida de la Primera, Symonds entra en harina con los hundimientos del Courageous y del Royal Oak por parte de submarinos alemanes, hasta llegar a la firma de la rendición japonesa a bordo del Missouri.

Entre medias, todos los escenarios del globo y todas las fuerzas involucradas: cargueros, corbetas de escolta, destructores, sumergibles, buques de desembarco, acorazados, portaaviones, los nuevos reyes del océano…

Como señalaba, los avances historiográficos aportan luz a múltiples episodios que, interrelacionados, permiten entender la definitiva victoria aliada. Aunque también resulta casi increíble cuán a menudo un enfrentamiento se decidió por detalles que podrían resumirse en la palabra «suerte».

Los Stringbags volaban tan bajo que por lo menos un piloto llegó a afirmar que su tren de aterrizaje había tocado el agua. Esto creaba un dilema para los artilleros a bordo de los buques italianos, porque si bajaban sus cañones para disparar contra los aviones que volaban a baja altura, corrían el riesgo de disparar unos contra otros. La audacia de los pilotos británicos habría podido resultar inútil si los italianos hubieran tenido colocadas sus redes contra torpedos, pero las habían retirado como preparativo para una misión de combate a la mañana siguiente.

Otra característica de la obra es la preponderancia que otorga al Pacífico, donde se desgranan las operaciones anfibias con minucioso detalle. ¿Quizá el Mediterráneo no disfruta de un nivel de atención similar? Si buscamos una crítica, podría ser esta, efectivamente.

Y, por supuesto, en un proyecto de tal calado, no deja atrás aspectos fundamentales como el esfuerzo tecnológico e industrial, las personalidades de sus protagonistas o el trabajo de inteligencia para intentar adelantarse a los movimientos enemigos —verbigracia, el descifrado del sistema Enigma—.

En suma, una lectura agradecida, que no defraudará a ningún aficionado a la historia.