| Un puñado de flechas, de María Gainza. | |
| Arte, arte, arte... y los misterios que lo rodean. | |
| ✮✮✮✮✩ | |
| Nos atrapa sin remedio. | |
| Cuadros de una exposición (La Gran Puerta de Kiev), de M.Mussorgski (orq. Ravel) ♪♪♪ |
El título del libro hace referencia a una conversación que María Gainza mantuvo con Francis Ford Coppola: según el cineasta, los artistas disponen de un carcaj de flechas doradas y apenas pueden elegir cuándo y cómo lanzarlas. Solo al final de la vida conocerán el resultado del intento.
Hay robos de cuadros de Vermeer, Rembrandt, Degas... Y un detective con sombrero Derby, parche en el ojo y cara destruida por el cáncer que los busca.
Hay un Kuitka que el mismo pintor desea recuperar. Gainza sigue las pistas hasta Piriápolis.
Hay murales de Bodhi Wind en el desierto. En diez libretas enviadas por mensajero desde una misteriosa clínica, redactadas por una no menos misteriosa mano, se explica su origen y destino.
Alberto Goldenstein no admite que le pregunten por el modelo de cámara con el que hace sus fotos. Se trata de un «electrodoméstico» y lo que importa es bien diferente.
Un Tiziano perdido se adora como un dios en un convento igual de perdido en Tzintzuntzan. Dos norteamericanos llegan al lugar, atraídos por la leyenda.
Todo ello y más, urdido con hilos autobiográficos de la autora que, al cabo de los capítulos, nos atrapan sin remedio.
Parecía hablarle a un fantasma que estaba ahí y que yo no veía.
—Puede lanzar todas sus flechas de joven, o lanzarlas de adulto, o incluso ya de viejo.
Hizo una pausa dramática como en el teatro y prendió su porro. Aspiró como si tragara una bocanada de aire fresco.
—También puede ir lanzándolas de a poco, espaciadas a lo largo de los años. Eso sería lo ideal, pero ya sabés que lo ideal es enemigo de lo bueno.
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