| El falsificador de pasaportes, de Cioma Schönhaus. | |
| La increíble supervivencia de un judío en la Alemania nazi. | |
| ✮✮✮✮✩ | |
| La vida real supera a cualquier novela. | |
| La gran evasión, de Elmer Bernstein ♪♪♪ |
Cioma Schönhaus titula sus memorias
Es 1941 y aún no ha cumplido los veinte. Vive con sus padres en Berlín, donde ve deportaciones cada día.
Los judíos reciben un aviso, acuden a la antigua sinagoga, atienden las instrucciones del funcionario, firman la renuncia a sus bienes y se dirigen al punto de transporte. Nadie sabe qúe ocurre en los campos, pero prevalece el orden.
Cioma prefiere pasar a una clandestinidad «abierta». Tras emplearse en una fábrica de armas, constata sus dotes artísticas para copiar sellos de cartillas de racionamiento, documentación postal, certificados de trabajador imprescindible para la industria de guerra, tarjetas militares...
Aunque su actividad sea detectada, siempre se adelanta un paso a la visita de la Kriminalpolizei o los hombres del abrigo de cuero. Almuerza en restaurantes de prestigio y adquiere un bote para navegar por el lago Stössensee.
Su bien más precioso es la bicicleta con la que piensa atravesar la frontera suiza, cuando delaciones y redadas aconsejen no tentar más a la fortuna.
¿La frontera? ¿No se encuentra vigilada por perros, estacas y alambre de espino? ¿No hay patrullas a cada paso? ¿Es de verdad posible?
Al menos dos aspectos llaman la atención en esta obra, aparte de las puras peripecias. El primero ya lo he mencionado: la obediencia a las normas administrativas tan introducida en la psique, según la cual tal día, a tal hora, alguien ha de acudir a tal lugar para proceder al traslado hacia Auschwitz, Majdanek o Treblinka.
El segundo sería la corriente de resistencia que, sin la admiración alcanzada por movimientos semejantes de Francia o Polonia, no dejó de existir en el corazón del Reich.
Para copiar documentos, el falsificador necesitaba los originales. Y para proporcionárselos, personas con nombres y apellidos arriesgaron sus propios cuellos.
Algunos de ellos aparecen en la última página. Un recuerdo sobre el bien y el mal cuando en el mundo vuelven a resonar botas de clavos.
Walter Heyman y Det Kassriel fueron deportados.
[...]
El doctor Kaufmann fue fusilado en Sachsenhausen.
El doctor Meier fue deportado.
Gerda fue deportada.
Mi padre y mi madre, Abuelita Vieja, tía Sophie y tío Meier: ninguno de ellos regresó de los campos de exterminio del este.
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