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jueves, 13 de marzo de 2025

Prosperidad

Monumento con el símbolo del euro.

La noticia dice que se efectuaron intentos de reanimación durante más de media hora, sin éxito.

Había muerto en el contenedor de ropa que utilizaba para refugiarse.

¿Hay un contenedor de ropa? —intento visualizar—. Y no lo consigo.

Veo árboles, el monumento —tan naíf— contra la guerra, cafeterías, el edificio del mercado, la boca de metro… Todo acude dócil a mi memoria.

Pero no consigo situar ese elemento urbano. Un contenedor… donde un hombre «pernoctaba habitualmente».

Alguien que por cincuenta y un años fue uno de nosotros, continúa la noticia.

Alguien de últimos días invisibles (aunque, durante más de media hora, se hizo lo que se pudo).

Alguien en la plaza de «Prosperidad».

viernes, 24 de enero de 2025

Nuestro mundo (XXI)


A cada anuncio del orador, el público se pone en pie extasiado (menos el mandatario cuadragésimo sexto y algunos pocos más, que sonríen desde, imagino, su dolor de entrañas).

La mirada, la pose, las reacciones, me trasladan a congresos en los que se escudriñaba quién silenciaría primero las manos.

(Como relata Solzhenitsyn, el sufrimiento causado por los continuos golpes piel contra piel era menos fuerte que el pánico a ser el primero en dejar de aplaudir).

También, la llamada al «destino manifiesto», a la superioridad en todo sobre todos, me traslada a concentraciones presididas por un antiguo símbolo oriental, budista, hinduista…

Rezo colectivo a la hora de la cena. Supongo que la divinidad es aquella de «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división».

¿Solucionar problemas? Por la espada. ¿Naturaleza? Perforar. ¿Justicia? Indultos. ¿Valores humanísticos? A la basura. ¿Que los votos en democracia no signifiquen arrumbar a los demás en un gueto? ¡Vencer, vencer, vencer!

¿Qué más estará pasando últimamente en nuestro mundo?

viernes, 17 de enero de 2025

El rostro

Anciana en un mercado de Xizhou.

No es joven. Viste mal. Camina encorvada, llevando casi a rastras cuatro o cinco bolsas de plástico en cada mano.

Apenas la contemplo un par de segundos, al cruzarme con ella mientras salgo de la estación.

Y, durante ese par de segundos, veo algo en su rostro que…

Desamparo. Soledad. Angustia.

Tristura.

Cuántas veces habré asistido a la misma «letanía» en los vagones del metro: ayuda, por favor, ayuda, soy padre de familia, nadie me auxilia, pido algo para comer…

Cuántas veces habré desviado los ojos, repitiéndome como un mantra protector: ¡no me lo creo, no me lo creo, no me lo creo!

Aquel hombre arrodillado a la puerta del supermercado, a quien invito a entrar para proveerle y que añade a la cesta, entre extraños productos «básicos», tinte de pelo.

E insiste en que necesita más. Quiere papeles con hermosos arcos y puentes.

Aquel otro que pone mala cara y deja de saludarme los días en que el donativo —cosas del cash en la economía moderna— es de cifras más cortas.

Aquella mujer que me maldice tras ignorarla, una ocasión de —he olvidado el motivo— mal humor por mi parte.

Las madres mostrándome a sus hijos en Myanmar, en Camboya, mientras palabras tan desconocidas como comprensibles salen de sus labios.

El orfanato en la India, hijas condenadas, madres ausentes, donde pugno por impedir las lágrimas.

Aquella abuela en un mercado callejero de Xizhou cuyo sencillísimo gesto, en la foto de arriba que saco por instinto, refleja la lucha diaria de la vida…

Una lucha con ganadores y perdedores, un juego de dados donde los puños se aprietan hasta hacer sangre, mientras aguardamos el resultado de la tirada.

Con los años he aprendido a endurecer el corazón. A seguir mi propio sendero estrecho. No sé si son injustas o quizá merezco las maldiciones.

Lo que sé es que, durante dos segundos, me atormenta un rostro.

Tristura…

viernes, 10 de enero de 2025

Desde la ventana

Ventana azul sobre pared blanca.

Recuerdo aquel verso del poeta: «Mi oficina da al mar».

La mía no.

Los contemplo a través del vidrio. O de lo que quiera que estén hechas las ventanas modernas que no se dejan abrir. Si hubiera sido escritor, serviría de testigo poco omnisciente.

Ella, sentada sobre el muro que protege la civilización de asfalto de la hierba, se balancea igual que una niña en su columpio.

Abrigo de cuadros azules y grises. Zapatos negros, creo desde esta distancia. Vaqueros que se ensanchan a la altura del tobillo. Media melena. Gafas grandes de pasta, otra vez de moda…

Sonríe, eso al menos no tengo que achinar los ojos para adivinarlo.

Él, de pie a su lado, habla sin interrupción. De vez en cuando roza con la mano una pierna de ella, con descuido, como si quisiera ayudarla en su impulso al cielo.

¿Descuido? Ya, ya… Mira que las manos luego van al pan, le advierto, igual que cuando veo fútbol por la tele e insisto al que lleva la pelota que la pase al extremo izquierdo. Y el mismo caso me hace.

¡La ropa, un momento, la ropa! Si hubiera sido escritor, los detalles ya habrían quedado claros: anorak de un tono extraño, cercano al cian (no me gusta, en un libro lo cambiaría a azul tormenta). Vaqueros de corte recto, clásico (eso sí está bien). Pelo corto, ni mucho ni poco. Rostro delgado y anguloso.

Repito, hasta donde me llega la vista en este observatorio improvisado. Que, por mucha operación de rayos láser y la madre de la guerra de las galaxias, los miopes siempre quedaremos miopes.

Me pregunto por qué remolonean a las once y media, mientras el resto de currantes ofrendamos hasta la última gota de sudor a la sacrosanta chorrada a la que quiera que cada uno nos dediquemos.

No fuman. No toman café. No se enseñan gráficos con la estimación de ventas del trimestre.

¿De qué se conocen? ¿Cuál es su relación? ¿Compañeros de trabajo, amigos, amigos-amigos, amigos de los de buenos días, tigre? ¡Aurrrrggg! Ni siquiera calando las gafas les distingo anillos.

A lo mejor acaban de cruzarse en la puerta del edificio y algo les ha empujado afuera. Puertas circulares, ya se sabe. Gira que te gira, que te gira, que te…

¿Y el tema de conversación? ¿Qué milonga le estará intentando colar el tío, que no calla? ¿Una queja, un chiste, ganó ayer el Madrid, algún descubrimiento sobre el álgebra de Boole…?

¿Que qué co… lodrillos es el álgebra de Boole? Bueno, no os preocupéis, yo también tuve que informarme alguna vez. Un objeto booleano es… es… ¡Ay! ¡Se me olvidó!

Ella sigue sonriendo, inclina la cabeza, se impulsa más arriba en el columpio de aire, más.

Ajá, ya lo tengo: agentes secretos. O dos inteligencias artificiales implantadas en cuerpos clonados. O, bajo el abrigo y el anorak, ¿no ocultarán capas templarias?

Si hubiera sido escritor continuaría apuntando ideas, memorizando rasgos, sugiriendo que los plátanos de sombra al otro lado del muro susurran para ellos una canción invernal (platanus hispanica, por supuesto, aunque los ingleses les digan London plane, menudos piratas).

En fin, no he podido ofreceros una historia con sus andamios bien puestos, lo siento. O mejor un poema. Uno sobre el mar…

Tengo que volver a mi sacrosanta chorrada tras la ventana. Cuánto me gustaría haber sido escritor.

viernes, 15 de noviembre de 2024

El camino

Perro sobre la carretera al atardecer.

Los días se hacen cada vez más cortos.

Los caminos son cada vez más largos.

Caminos veteados de penumbras.

Y de cansancio.

jueves, 27 de junio de 2024

Gorriones

Guacamayos en Copán.

Le observo agazapado tras los visillos, con ojos y paciencia gatunos, como si tuviera que decidir entre zampármelo o juguetear antes un rato con él.

O desahuciarlo al fin de su nidito. Ya puede piar milongas, ya, soy un arrendador a la vieja usanza, al estilo del que amenaza a la viuda en la segunda parte de El Padrino, ja, ja, ja… (si tuviera bigotes me los atusaría, satisfecho de mi maleficencia).

El gorrión no cesa en sus llamadas desde el alféizar. Imagino lo que andará anunciando desvergonzadamente: «Chicaaaaas, estoy libre y tengo casaaaaa, ¿quién quiere venirse a vivir la vida conmigooooo?».

Solo que «su» casa es en realidad «mi» casa. Mi aparato de aire acondicionado, por más señas. El muy cuco ha metido cuatro ramas en un hueco ya bastante lleno de cables y lanza el reclamo de amor con desprecio por la propiedad y las leyes del inquilinato.

Así como se aparta de cualquier admonición en pro de la castidad franciscana. Un pisito así hay que aprovecharlo, parece difundir su pío pío al viento.

Varios días más tarde, el constante batir de alas junto a la ventana atrae de nuevo mis sospechas. Gorrión y gorriona, gorriona y gorrión, van y vienen del hogar al Ikea más próximo (el jardincillo de abajo). Las cuatro ramas se han convertido en un sofá Eskilstuna y un somier Lingör por lo menos.

De acuerdo, me confieso vencido. Quería ser el casero malvado, pero me falta carácter. El amor prevalece y el hueco del aire acondicionado verá abrir cascarones a una nueva generación. Voy a ponerles alpiste y una piscina para el verano, ya que estamos.

P. D.: Foto de guacamayos, foto de cuervos, de pigargo, de gaviota, de pollo de corral, de pelícano, de colibrí… ¿Dónde habré guardado yo una foto de gorriones? Bueno, no le demos más vueltas: que sea de guacamayos, nadie lo va a notar. ¡Amor, amor!

miércoles, 22 de diciembre de 2021

Invierno (II)

Invierno de noche en Madrid.

Inviernos de puestas de sol, de fuegos artificiales, de calles iluminadas con mil reflejos…

Pero ya no.

Ahora, una fotografía borrosa. Sombras informes. Siluetas que miran alrededor con sospecha.

Pasos de sonido sordo, perdiéndose en jirones de bruma que se adhieren monótonos a la piel.

martes, 29 de diciembre de 2020

El pozo

Pozo de respiración.

Una ciudad bajo tierra, muy antigua.

Túneles laberínticos, piedra horadada centímetro a centímetro.

Protección. Oscuridad.

Alzo la vista.

El sol...

lunes, 21 de diciembre de 2020

Invierno

Mañana invernal en Madrid.

Luces exhaustas.

Árboles soñando.

Sombras que acaricia la niebla.

Silencio de invierno.

martes, 17 de noviembre de 2020

Vida que pasa de largo

Reflejo de Oslo.

La vida surge a mi alrededor, transcurre frente a mis ojos, se refleja...

Y a veces la veo pasar de largo.

domingo, 24 de mayo de 2020

El asedio (XLIX)

Óleo alegórico de la música.

En los últimos momentos del domingo, antes de que el asedio comience a levantarse, una schubertiada.

Quinteto en do mayor: adagio.

viernes, 15 de mayo de 2020

El asedio (XLVI)

Zona arqueológica de Tap Rum.

Han crecido desde que me fijé por primera vez: los tallos brotan en la linde de la acera, a través de las más mínimas rendijas.

Sus raíces rompen ya intrépidas el asfalto y la piedra.

miércoles, 6 de mayo de 2020

El asedio (XLII)

Elefante asiático.

Intento moverme un poco para desentumecer los músculos. Abdominales, sentadillas, flexiones…

Resulta un poco rollo, la verdad. Hop, hop, hop, arriba, abajo, arriba. Mejor cambiar de movimientos, dar vía libre a la imaginación. Quisiera ser…

Como el pez que nada entre las aguas, como el ave planeando sobre impredecibles corrientes.

Que mi cuerpo se exprese libre, ágil, ingrávido. Quisiera bailar el paso a dos del Cascanueces de Tchaikovsky. Quisiera…

Bueno, tampoco tenía esta foto en la cabeza al empezar, pero, vistos los resultados del intento… La realidad es la que es.

sábado, 2 de mayo de 2020

El asedio (XL)

Teléfono público.

Brindo con mis amigos asediados a muchos kilómetros de distancia. Veo sus rostros traídos y llevados por el viento.

Magia, magia...

lunes, 27 de abril de 2020

El asedio (XXXVIII)

Pintor en la playa.

Ya queda menos para salir a dibujar el mundo.

Ya queda menos…

sábado, 25 de abril de 2020

El asedio (XXXVII)

Ventana medieval enrejada.

Over the hills and far away,
for ten long years he'll count the days,
over the mountains and the seas,
a prisoner's life for him there'll be.

miércoles, 22 de abril de 2020

El asedio (XXXIV)

Mariposa.

Nuestro «buscador amigo» nos avisa de que hoy es el Día de la Tierra. ¿Ah, sí? ¿Hay un Día de la Tierra? ¿Solo uno?

Si pinchamos en su logo, nos informa de que las abejas son aún más amigas nuestras que nuestro buscador amigo, porque polinizan casi todo lo que crece en el planeta. Incluyendo lo que luego nos comemos.

Pues me gustaría subir una foto de abejas para sumarme al homenaje, pero resulta que no tengo ninguna. Me lo apunto cuando pueda salir al campo.

Tendréis que conformaros de momento con una foto de mariposa, que también cumplen su rol de polinizar.

domingo, 19 de abril de 2020

El asedio (XXXI)

Estanque del Retiro al atardecer.

Hoy me he sentido romántico todo el día.

Eh, quiero decir que… No es lo que… En fin, que…

Romántico de Romanticismo.

Si así tampoco se entiende…

En brazos de las sinfonías de Schumann, caramba.

sábado, 18 de abril de 2020

El asedio (XXX)

Acciono el interruptor y comienza a fluir la electricidad en el castillo.

Las instalaciones modernas son una ventaja. Antes tendría que haber enviado a Igor con pararrayos a lo alto de una almena.

Que si espera a que venga la tormenta, que si plus de nocturnidad, que si Walpurgis es fiesta…

Ahora le doy al botoncito y enseguida suena la música de Franz Waxman para La novia de Frankenstein


jueves, 16 de abril de 2020

El asedio (XXVIII)

A la luz de una vela.

Noche avanzada, la luz de una sencilla vela tiembla.

Las notas empiezan a sonar en la pequeña habitación: A Single Man, de Abel Korzeniowski.

Hay una música para cada momento.