lunes, 18 de julio de 2011

Una mente maravillosa


La crítica más habitual sobre la música de James Horner es su «autoinspiración» (aparte de inspiraciones ajenas, como el tema de Willow que recuerda a la Sinfonía Renana de Schumann, por ejemplo).

Sí, aparecen leitmotiv comunes en sus bandas sonoras. El más evidente, una secuencia de cuatro notas que alerta del «peligro» al espectador.

Sus defensores aducen que lo hace aposta, aunque el objetivo pertenezca al reino de la especulación psicológica. ¿Una firma? ¿Más rapidez de escritura para cobrar el cheque?

La polémica se agudiza al comparar El hombre bicentenario y Una mente maravillosa. Tan parecidas melódicamente como madre e hija.

Aun así, tengo que reconocerlo: a mí esta última me gusta. Con los juegos de la voz, esas figuraciones de las maderas, la entrada del piano, de las cuerdas...

Mea culpa

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