Nuestro mundo sabe ser implacable. Si nos alimenta, también quema la espiga. Si nos acoge, también nos expulsa airado. Si presumimos de dueños, nos recuerda qué significa la palabra aflicción.
¿No hacemos igual sus hijos e hijas «racionales»? ¿No creamos casas y laderas de escombros con la misma insultante facilidad?
¡Que los terremotos ocurran lejos, así olvidaremos en poco tiempo! Y las fábricas de drones y misiles hipersónicos nos llevarán de la mano, alegremente, hasta el gran escombro final.
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