Oh tú, gran ciudad, cornucopia de dones, trono del alto y del bajo mundo, quien haya probado tus birras no será ya capaz de saciar la sed en ninguna otra fuente.
Dicen que el estrés ha huido de tus calles, que el betún reluce, que hasta los jabalíes vienen a maravillarse.
Dicen que tus torres de acero y vidrio se yerguen poderosas, mostrando el cenit de tu gloria.
Yo entono por ello tus alabanzas en modo dórico, frigio y mixolidio.

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