lunes, 20 de abril de 2020

El asedio (XXXII)

Enciendo la tele, a ver qué echan.

En el primer canal al azar, un actor conocido que debe de ser del FBI y su acompañante que no sé quién es se meten en una casa buscando no sé qué.

Pero oyen un ruido y se esconden. Otros dos tipos entran en escena y parece que también buscan lo que quiera que busquen.

El agente federal se hace visible, amartillando su arma, y dice algo como: «Qué sorpresa, inspector».

El segundo intruso se da la vuelta, se quita una capucha que da suspense a la situación (en la fantasía del guionista) y la mujer exclama: «¡Miles!».

Él responde: «Hola, cariño».

Como si de un resorte mental se tratara, mi mano vuela rauda hacia el mando a distancia. Apagar, apagar, apagar…

A continuación escojo un CD, voy hasta el equipo de música y lo introduzco. Me aporta todo lo que necesito justo aquí y ahora.

Miles Davis.

¡Miles!



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