Me acerco al banco a hacer una gestión. Ningún otro cliente, sólo la señorita que me atiende y la directora de la sucursal, hablando por teléfono en su despacho.
La señorita sonríe, varios fajos de billetes alineados sobre su escritorio indican que se fía de mí. Es como si me enviara un mensaje: Venga, agarra el dinero, ráptame, huyamos en un deportivo rojo descapotable y hagamos locuras. Yo seré tu Bonnie y tú serás mi Clyde...
Pero siéntate, por favor —la directora sale del despacho y rompe el momento—. Has venido a invertir, ¿verdad? Déjame que te explique: bonos, fondos, planes de pensiones, bla, bla, bla...
No, no, no... Prefiero la imagen anterior. ¿Cuántos habrán sucumbido a ese perverso plan de los agentes del capital? ¿Cuántos habrán llegado aquí para recoger un papel y han sido convencidos de entregar sus ahorros a la voraz maquinaria del sistema?
Ah, pero no podréis conmigo. Vámonos, Bonnie...
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3 comentarios:
Qué maquinaria la financiera...
Excelente tema de estos alemanes. Justo alemanes hoy don Mannelig... en fin, se lo perdono porque es ud. :)
No te fies de los bancos.
Y menos si te ponen delante señoritas de buen ver que te omnubilan.
Feliz semana.
jajajajaaaaaa
excelente relato,
bancario?
juego de seducción?
genial
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