Esta ópera agarrota los músculos. Causa tensiones literalmente físicas al espectador.
Con masas orquestales inmensas y elementos superpuestos —varias escenas tienen lugar al mismo tiempo— la música de Bernd Alois Zimmermann guía nuestras emociones de forma inexorable: angustia, horror, desesperación...
No sé si será clave para el futuro del género, tal como la califican los expertos, pero hay que conocerla.
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