Existe una ciudad bajo tierra.
De roca horadada, de túneles laberínticos.
Lugar de oscuridad y protección.
He estado allí.
Existe una ciudad bajo tierra.
De roca horadada, de túneles laberínticos.
Lugar de oscuridad y protección.
He estado allí.
| Título y autor/a: | El ejército de la sombra, de Olivier Speltens. |
| Clave de lectura: | La campaña de Rusia a través de las viñetas de un cómic. |
| Valoración: | ✮✮✮✮✩ |
| Comentario personal: | Maestría en su género. |
| Música: | Alexander Nevsky (La batalla sobre el hielo), de S. Prokofiev ♪♪♪ |
El ejército de la sombra es una notable novela gráfica de Olivier Speltens. Autor total, ya que se ocupa tanto del texto como de las imágenes.
Al comienzo del primer tomo, el soldado Kessler y sus amigos dejan un campo de entrenamiento de la Wehrmacht, al mando del feldwebel Hartmann. Son jóvenes y están deseosos de entrar en combate.
La fecha, noviembre de 1942. Su destino, una ciudad llamada Stalingrado.
Al final del segundo tomo, en 1945, los Popov llegan a las puertas de Berlín.
Entre medias asistimos a grandes batallas, como Kursk, y a pequeños golpes de mano que hacen de Kessler una persona totalmente distinta.
Los protagonistas no pensaban que estuvieran al servicio del mal. Les habían enseñado que eran los buenos, los heroicos, los nobles guerreros del Reich.
Y su viaje interior se desarrolla en paralelo a su retirada a través de las estepas. Pierden cualquier atisbo idealista, más allá de la lealtad entre ellos mismos. Llegan a la comprensión de lo que significa la guerra, la gran mentira de la guerra.
El dibujo, por decirlo en palabras llanas, resulta una pasada. ¡Qué elección de colores! ¡Qué detalle en el trazo! ¡Qué realismo! Cuidado hasta lo más mínimo, tanto en máquinas como en rostros. Maestría en su género.
Un último comentario: la traducción opta por conservar numerosas expresiones en alemán y unas cuantas en ruso (con glosario). Lo que podría resultar chocante al principio (¿por qué llamar feldwebel a un sargento?), a la postre contribuye a la inmersión lectora. Así que decisión discutible pero efectiva.
¡Cállese, unterfeldwebel! ¡No quiero oír nada más! ¡Son las órdenes del Führer y no hay nada a discutir! ¡No debe juzgar las acciones de sus superiores!
En estos tiempos en los que todo empuja al «exilio interior», a aislarse de la vida política...
Porque provoca tal reacción de incredulidad, que no se atisba otro remedio para mantener intacta la cordura.
En estos tiempos en que destruir, separar, humillar, deberían ser elegidas palabras del año.
En los que la amoralidad compite con la falsedad, la corrupción y la ineptitud en el reparto del pastel.
En estos tiempos, en fin, en que la sociedad justa parece un imposible y los culpables, quienes hemos martilleado los sillares, somos nosotros mismos...
Solo nos queda un último pilar que las piquetas no han conseguido hundir, a despecho de sus feroces golpes: la Constitución.
Tan imperfecta como cualquier obra humana.
Tan necesaria como cualquier sueño humano.
Como escribo cada año, cada 6 de diciembre…
¡Viva la Constitución Española!
| Título y autor/a: | El dominio mundial, de Pedro Baños. |
| Clave de lectura: | Factores para predominar sobre el resto de naciones. |
| Valoración: | ✮✮✮✩✩ |
| Comentario personal: | Un poco manipulador. |
| Música: | Juego de tronos (Tema principal), de Ramin Djawadi ♪♪♪ |
¿Cómo funciona el mundo?
El mismo que se nos va rápidamente por el desagüe. El único que tenemos.
No es una pregunta que se pueda responder en pocas frases.
No obstante, ese parece ser el propósito de Pedro Baños en El dominio mundial: mostrarnos ciertos Elementos del poder y claves geopolíticas.
Comienza con la situación del poder militar, el más obvio para lanzar el mensaje de que tienes un garrote grande y, si quisieras, podrías zurrar a cualquiera.
Después pasa a la capacidad económica, el verdadero poder. Baños recuerda que, a lo largo de la historia, gran parte de los conflictos se han originado para obtener ventajas de este tipo.
La diplomacia obtiene la calificación de poder no tan blando. ¿No tenemos sentimientos de simpatía o antipatía por otros países, construidos a menudo más por intuiciones que por hechos concretos?
La labor de la diplomacia consiste en eso, en influir para que los demás favorezcan de buena gana nuestros intereses.
Y no muy lejos andan los servicios de inteligencia, que proporcionan el poder de la información.
El análisis también cubre los recursos naturales, el territorio y la población, las potencialidades intangibles —como la cultura o la identidad colectiva, en las que el uso del cine tanto tiene que ver—, la tecnología, la comunicación estratégica…
El aspecto más destacado del libro es que relaciona en una malla numerosas noticias, datos y tendencias de las que probablemente el lector tenía conocimiento por separado. Como si dijese: «Mira esto, esto y esto, ahora ten en cuenta esto otro, acuérdate de aquello, ata cabos…».
No obstante, la sensación es que pretende allanar demasiado el camino, para que las conclusiones de cada uno coincidan inevitablemente, qué casualidad, con la exposición.
Un poco… manipulador.
Como curiosidad, el país más pequeño del mundo, el Vaticano, dispone de una inteligencia que está entre las más respetadas del planeta, particularmente por su extensa red de fuentes humanas; es también la más opaca e ignota. Actuando conjuntamente con la refinada diplomacia vaticana, este servicio convierte a este diminuto país en uno de los mejor informados del mundo.
Entrada puramente musical, de esas parcas en otra cosa que no sea pinchar el botón del enlace y recostarse con curiosidad (el que quiera recostarse, claro).
Porque AC/DC saca un nuevo disco que incluye
¡Temazo, temazo, temazo!, se oye comentar por el mundillo rockero. Vamos a comprobarlo...
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La vida surge a mi alrededor, transcurre frente a mis ojos, se refleja como en una inmensa pared de cristal.
A veces formo parte de ella.
Y a veces la veo pasar de largo.
Esbjörn Svensson se sienta al piano. Magnus Öström a la batería. Las manos de Dan Berglund hacen latir el corazón del bajo.
El Esbjörn Svensson Trio toca para nosotros
Y durante ese tiempo, el yashmak, un velo que oculta parcialmente el rostro, se abre y cae al suelo.
Solo cada uno puede saber lo que existe detrás.
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Broooooooooom…
Levanto los ojos y veo pasar un caza.
Broooooooooom…
Y a los pocos segundos, el compañero.
Dos F-18 vuelan hacia el mar a baja cota, sobre los campos de Pimiango. Esto no me lo esperaba, la verdad.
¿Van a la batalla? ¿Nos invaden?
¿Pero quiénes? ¿Quiénes pueden llegar desde el norte?
Espera... No serán... ¡No! ¿Otra vez ellos?
¿Los noruegos? ¿Los vikingos esos de los cascos raros?
¡A las armas! ¡A mí las mesnadas locales!
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Un errante.
Vaga sin descanso, recorriendo siempre la tierra.
Indómito, lejano, sin ataduras ni gatera.
Ah, Perveval, Perceval, yo sé bien lo que buscas. Conozco el secreto.
Camina hacia aquí y será tuyo.
Grial, Grial, Grial…
Galleta, galleta, biss, biss, bisssss…
Nívea sombra entre rendijas, prisionero en su oscura cueva.
Añorante de otros tiempos, los de carreras tras la leyenda.
(Y también tras algún ratón de campo). Pero ahora...
Si un caballero gato se acerca, él huye a ocultarse.
Arrebatado, quebrado por hechizos su antiguo poder.
Merlín...
Un día de octubre. Un día de fiesta. Hoy.
Quizá extrañe la selección musical para esta entrada, acompañando a los colores de una bandera simbólica. Pero son precisamente las palabras que quiero pronunciar:
Imagina el mundo entero viviendo la vida en paz.
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Cuando abro la puerta de casa me lo encuentro, perfilado contra el sol del amanecer.
Lanzarote cierra los ojos. Lleva una mancha roja en el pecho.
Porque en la noche moran espectros, pesadillas dispuestas a atravesar cualquier muro de piedra.
Los gatos de la Tabla Redonda las conocen bien. Ellos protegen mi sueño.
El rey Arturo es noble y valeroso. Cuando otea a un invasor corre hacia él, listo para la batalla.
Pero también muestra clemencia si rinden pleitesía a su reino. De norte a sur, de este a oeste.
Desde la plaza hasta la cuadra al otro extremo de la calle.
Desde el portón donde monta guardia hasta la antigua escuela.
Sentado en el trono, orejas enhiestas, bigotes como estandartes al viento.
El rey Arturo es marrón y blanco.
Armenia culpa a Azerbayán. Azerbayán culpa a Armenia.
Guerra.
Recuerdo «monumentos» como el de la foto, que vi expuestos en un parque prominente de Ereván: un MIG 21, un misil, cañones, blindados…
«Me llena de fe en el ser humano» que nada haya cambiado. Lanzas de pedernal, flechas, catapultas, mosquetes…
«Me llena de fe en el ser humano» que nada vaya jamás a cambiar.
| Título y autor/a: | Soles negros, de Ignacio del Valle. |
| Clave de lectura: | Cuarta entrega sobre el teniente Andrade. |
| Valoración: | ✮✮✩✩✩ |
| Comentario personal: | La más floja de la serie. |
| Música: | Suite Pandora (I.The Quest), de Roberto Gerhard ♪♪♪ |
Recuerdo con gusto la primera novela que leí sobre el teniente Andrade. En orden cronológico, sería la segunda de la serie: El tiempo de los emperadores extraños.
Su continuación, Los demonios de Berlín, me pareció más inconsistente. Aun así, mantuvo el tipo.
El título que nos ocupa hoy es Soles negros. Y el listón baja de nuevo.
Ignacio del Valle sigue profundizando en la complejidad moral del protagonista, ascendido a finales de los años cuarenta a capitán de la Guardia Civil. Y le hace acompañarse de Manolete, antiguo compañero de batallas, como fiel mastín.
El asesinato a resolver en esta ocasión es el de una niña cuyo cuerpo ha sido descubierto en una finca de Extremadura. Tierra calificada de seca y cruel en las primeras páginas, que se convierte en un personaje más.
En ella, los vencedores de la guerra intentan que su reciente poder no se ponga en duda. Porque algunos vencidos no han firmado aún la rendición.
Los habitantes de Pueblo Adentro, ocultos tras las ventanas, sienten sobre todo hambre y miedo.
También Andrade teme que alguien le reconozca. Aquello que ocurrió en Badajoz en 1936…
En busca de respuestas que le acerquen a lo que se va convirtiendo en una trama criminal con ramificaciones tan lejanas como Madrid y Asturias, los claroscuros de su conciencia no dejan de torturarle.
Quizá la niña hallada no es la única víctima. Ni será la última...
La descripción de la época es convincente. El odio, el resentimiento, la miseria imponiéndose en todos los órdenes de la vida, no solo el material, constituyen un potente trasfondo para el género negro.
No obstante, avanzamos a empellones a través de una trama tan confusa, deslavazada, con tantos personajes pululando no se sabe bien con qué objeto, que el trasfondo se ve eclipsado.
Y cuando el caso debería alcanzar su clímax ocurre… justo lo contrario. Que alguien me explique el final, por favor.
O todo el episodio asturiano, me atrevo a decir que inverosímil.
Nada, sabor agridulce.
El crepúsculo fue alargándose y Arturo se unió a la tribu de bebedores inveterados que guardaban silencio y se refugiaban en los rincones más oscuros de los bares. Cuando salía de uno y entraba en otro, la calidad de la luz había cambiado, pero la gente parecía idéntica. Alcohol y más alcohol; no le hacía sentirse mejor, solo le ayudaba a mantenerse vivo.
Piano, bajo, batería.
Un tiempo con un significado.
Y podemos hacer que se repita, una y otra vez, a lo largo de la noche. Que se haga casi infinito.
Aunque un viejo corazón descanse ya en el silencio.
(En recuerdo de Gary Peacock).
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| Título y autor/a: | La noche de los generales, de Hans Hellmut Kirst. |
| Clave de lectura: | Asesinatos sin resolver en tiempos de guerra. |
| Valoración: | ✮✮✮✩✩ |
| Comentario personal: | De desarrollo algo aséptico. |
| Música: | La noche de los generales, de Maurice Jarre ♪♪♪ |
Todo comienza en la escena de un crimen: año 1942, Varsovia está ocupada por los nazis y una mujer es asesinada en su apartamento.
El comisario local Liesowski debería ocuparse del caso, pero es el comandante Grau, del servicio de contraespionaje de la Wehrmacht, quien toma el mando de las pesquisas.
Porque un testigo ha atisbado algo a través de una rendija: unos pantalones bajando la escalera con las bandas típicas de un general alemán.
Solo tres personas con tal graduación carecen de coartada: el petulante von Seydlitz-Gabler, el manipulador Kahlenberg y Tanz, símbolo del héroe germánico.
Aunque Grau no lo tendrá fácil en su labor detectivesca. Ascendido a teniente coronel cuando quizá ya se acerca demasiado, su traslado a París hace imposible la resolución.
Es en Francia, ya en 1944, donde un nuevo asesinato, con las mismas características, reúne a los antiguos actores. Y a varios más: Prévert, de la Sureté, el cabo Hartmann, Guillermina von Seydlitz-Gabler, su hija Ulrica, Raymonde…
Las tropas aliadas avanzan con rapidez y hay en marcha un complot de oficiales para acabar con Hitler. ¿Saldrá a la luz por fin, en tiempos tan convulsos, el nombre del culpable?
A pesar de lo que pueda sugerir la sinopsis, me parece que la trama de Hans Hellmut Kirst ha envejecido regular. La noche de los generales no termina de engancharme.
La caracterización de los personajes constituye su baza más destacada: cada pieza del puzle que encarnan cumple un papel. Kirst traza las personalidades de forma interesante.
Pero el desarrollo global me resulta demasiado «aséptico», sin verdadero suspense. ¿No se desvela el asesino demasiado pronto? ¿Y resulta la conclusión realista?
No sé, no sé…
Luego se lo explicaré, monsieur Prévert —contestó Grau, y retiró el plato con los restos de langosta; tenía el aspecto de un gladiador que ve acercarse a su enemigo a través de una espesa niebla—. De momento, solo le diré que este caso es sumamente importante. El sujeto que ha cometido ese homicidio ya se me escapó una vez de las manos. Pero de esta sí que no escapa.
| Título y autor/a: | El jardín de los Finzi-Contini, de Giorgio Bassani. |
| Clave de lectura: | La Italia fascista ahoga a una familia judía. |
| Valoración: | ✮✮✮✩✩ |
| Comentario personal: | Demasiado estática para mi gusto. |
| Música: | Serenade (II.Cadenza), de Vittorio Rieti ♪♪♪ |
Parece haber consenso erudito en que El jardín de los Finzi-Contini es una obra maestra. Esta novela de Giorgio Bassani incluso inspiró una película ganadora del Óscar.
En la Italia de los años treinta, la comunidad judía pasa a convertirse en especial objeto de rechazo. De actitudes cada vez más agresivas. El déspota con la mandíbula cuadrada quiere emular así a su amigo con el bigote cuadrado.
El protagonista rememora su vida desde el momento en que se cruzó con los hermanos Alberto y Micòl Finzi-Contini: la niñez, la adolescencia, la juventud...
Las veladas en el gran jardín familiar, jugando al tenis, en la biblioteca, bajo el crescendo ominoso de las «leyes raciales»...
Y, sobre todo, rememora lo que nació dentro de él hacia Micòl. La tan cercana como inaccesible Micòl.
No obstante ese consenso que señalaba al principio, en vez de alabarla yo me quedo a medio camino. En términos estrictamente narrativos, no encuentro mucho de interés.
La atmósfera burguesa e indolente, el mundo fuera del mundo en que los personajes se ven obligados a aislarse, se convierte en un conjunto de imágenes a cámara lenta donde cada página resulta similar a las anteriores. Ni siquiera la historia de desamor consigue levantar el drama.
Demasiado estática para mi gusto.
Había repetido la invitación de su hermano («No sé si te habrá telefoneado Alberto, pero ¿por qué no vienes a casa a echar un partido?»), pero sin insistir y sin referirse en ningún momento, al contrario que él, a la carta del marqués Barbicinti. No se refirió sino al puro placer de volver a vernos después de tanto tiempo y de gozar juntos, pese a todas las prohibiciones, de toda la belleza que aún podía ofrecer la estación.
Lo triste no es que la quieran hacer museo o mezquita.
O catedral o sinagoga, o templo de Buda o de Atenea.
O de la divina razón, como dice su nombre.
Porque el ser humano busca algo. Desde los albores.
Y en su camino ha construido edificios hermosos.
No, lo triste de verdad es que no sepa lo que busca.
Ni cuál es la pregunta ni cuál la respuesta.
Y de su confusión haga nacer dogmas, aspavientos…
Reglas por la espada…
Soberbia, sectarismo, desprecio…
En lugar de compartir esos edificios.
En lugar de compartir la paz que cada uno lleve dentro.
| Título y autor/a: | ¡Escríbelo, Kisch!, de Egon Erwin Kisch. |
| Clave de lectura: | Diario de un soldado al principio de la Primera Guerra Mundial. |
| Valoración: | ✮✮✮✮✩ |
| Comentario personal: | […] la sangre ha salpicado hasta mis pies […]. |
| Música: | Unter dem Doppeladler, de J.F. Wagner ♪♪♪ |
Al principio, muchos se las prometían felices. En una estación berlinesa, a punto de coger un tren para incorporarse a su regimiento en Praga, Egon Erwin Kisch escuchó a miles de personas cantar jubilosas.
Era el 29 de julio de 1914, en medio de la movilización general. Dos días más tarde, el viernes 31, hizo la primera anotación en su diario.
¡Escríbelo, Kisch! Con este título lo publicó años más tarde.
Nos cuenta que fue enviado a conquistar Serbia, tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo.
Igual que él, los reservistas austríacos, checos, húngaros, croatas…
Empujados por políticos grandilocuentes y liderados por oficiales de incompetencia criminal, todos entraron en el infierno.
Avances, retiradas, desastres, sinsentidos, miserias y, sobre todo, muerte, quedaron reflejadas en cada página, sin poder escapar de la espiral.
Hasta que no volvió a haber cantos jubilosos.
Hasta que solo se trató de subsistir.
De pronto, la tierra se levanta como si se hubiera originado un terremoto, el aire silba, la gorra sale volando de mi cabeza, trozos de tierra caen sobre mi rostro. Me vuelvo. El maestro de armamento yace con la cabeza destrozada, la sangre ha salpicado hasta mis pies y, tras él, empotrada muy honda en el suelo, la granada. Una granada que no ha estallado.
Entro en mi antigua habitación.
Me acerco a mi antigua ventana.
Contemplo mi antiguo sol.
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Las palabras de pesar quedan en la boca. Otras formas de decir adiós se adelantan.
Solo escuchando
Grazie, maestro.
(En recuerdo de Ennio Morricone).
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Los gigantes agitan amenazadores sus brazos. Las voces del viento llaman a un hombre derrotado, a un capitán de la nada.
A la luz del amanecer, una sombra cabalga por las llanuras de La Mancha. Junto a él, Sancho. Dentro de él, Dulcinea.
Canta Don Quijote: si ella pronunciara su nombre, aunque fuera solamente una vez...
Desde un espejo donde el caballero vio su imagen, Dulcinea aparece. El sueño se ha hecho realidad.
Pero la realidad no existe, dice Sancho, y también las otras voces, las del viento: nada en el mundo es real.
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A ver si llega el día de ir a escuchar a los Rock Overs como siempre, como tiene que ser, en primera fila.
Conciertos «con buen rollo», como dicen los de mi generación.
De momento, escuchemos cómo tocan a distancia este tema de los Jets:
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Correteo detrás con alegría, como un niño.
Nunca había visto uno antes. Sus orejas, su hocico, su armadura…
Y sí, puede que suene demasiado infantil. Ingenuo en cualquier caso.
Pero si hay algo que precisamente desee es no perder esa ilusión.
La de maravillarme tras los pasos de un armadillo.
Más de once mil años de antigüedad.
Pilares, muros megalíticos, habitaciones, pictogramas, animales cincelados sobre la piedra…
Doy vueltas por las excavaciones arqueológicas, fascinado, absorto, sin saber dónde detenerme, dónde mirar con más atención, dónde fijar el objetivo de la cámara.
Con la cabeza llena de preguntas: ¿cómo, por qué, quiénes?
No existen los recuerdos, solo la piedra. ¡Once mil años!
Göbekli Tepe…
Hay nieve sobre las cumbres que cada día escala el sol.
Camino alrededor de las columnas jónicas de Garni. Los veo acercarse.
Los veo subir los escalones. Los veo entrar en la naos. Alguien hace sonar un diapasón.
Comienzan a cantar. Ecos de luz y tiempo...
Pensaba fotografiar un edificio en Antigua, pero lo que capturo con la cámara es una mirada.
Solo eso, una mirada.
Más valiosa que todas las piedras y la argamasa del mundo.