Se me ocurre mirar en la consola del blog el número de visitas que suelen tener mis entradas. La respuesta es interesante: siete.
¡Siete! ¡Menuda oportunidad para promover esta banda sonora!
Cuenta Elmer Bernstein que, encontrándose una vez en España, se sentó a tomar café junto a un caballito mecánico, la típica atracción que funciona con monedas. Y entonces…
Del caballito empezó a sonar música. Notas compuestas por él que llamaban a padres y niños. Fue en ese instante, sigue rememorando, no ante el público de los conciertos, cuando comprendió que su vida disfrutaba de sentido.
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