Durante años fui feliz: no tuve que ocupar ese maldito asiento.
¡Cacharro del inframundo, capaz de hacer a san Cristóbal convertirse al budismo! Brooooooom, broooooom, ¡nada de coches entre mis posesiones materiales!
¿Por qué sufrir en autopistas y rotondas, asediado por seres que alguna vez se llamaron humanos, a derecha, a izquierda, por arriba, por abajo, desde dimensiones donde la palabra «intermitente» se usa en conjuros de carácter atroz?
¡Si el tren o el metro van rectos! ¡No se cruza nadie! ¡Puedo hasta leer con una bolsa de pipas!
En fin, como digo, durante años no tuve que poner las manos en un volante. Fui feliz. Pero ¡ay!, las circunstancias de la vida... No me queda otro remedio.
Veamos, esto era el pedal de acelerar, esta la palanca de marchas, este botón, ¿para qué sirve? Que alguien le dé un tiento a la manivela de arranque, por favor... ¿Cómo, que ya no se usan? ¿Qué pensaría de ello el káiser?
De vuelta a la carretera, que san Cristóbal me acompañe con una tila.
Entradas relacionadas:




2 comentarios:
Me has recordado al señor Burns, el de los Simpson, cuando empezó a conducir :) Yo me saqué la licencia de conducir tarde, muy tarde, por ese mismo motivo, no quedaba más remedio, pero siempre que puedo prefiero ir leyendo, sí.. o de copiloto ;)
¡Averigüé lo del botón! Dos escobillas comienzan a moverse todo el rato, diciendo "que no, que no, que no, que no...".
Publicar un comentario