El rey es una faraona, se llama Hatshepsut. Algo usurpadora, ya que sándalo y mirra le tocaban a su hijastro Tutmosis, pero el caso es que tiene el mundo a sus pies. ¡Eh, tú, gran visir, no te escaquees! ¡Ponte mirando a Luxor y hazme de cojín!
Y va la tía y se pega barba (no estamos en Tenerife ni es carnaval).
En el Alto y en el Bajo Egipto, el tema funciona así: el rey (la reina) se pega barba, convoca a los canteros y a picar piedra. Una fila, dos, tres, hasta que finiquiten el templo de turno.
Este les sale especialmente... Pilonos, terrazas, salas hipóstilas, estatuas osiriacas... La joya de la doble corona.
Estoy impresionado, majestad, a ver qué puede hacer Tutmosis para igualarlo.
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