jueves, 5 de marzo de 2026

Magacín radiofónico

Portada del libro Magacín radiofónico, de Sławomir Mrożek

Título y autor/a:Magacín radiofónico, de Sławomir Mrożek.
Clave de lectura:Todo funciona como funciona. Todo tiene un porqué.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Para no dejar de reír. O de llorar. O de ambos.
Música:Calling All Workers, de Eric Coates ♪♪♪

Sin duda, Sławomir Mrożek es uno de mis escritores favoritos. Sagaz, imaginativo, con una mirada irónica que permite al lector identificar vida propia y papel.

Mirada irónica, no malvada: ahí reside gran parte de su genio. Un Kafka del humor inteligente.

Magacín radiofónico reúne historias breves para la radio polaca durante los años 60 del pasado siglo, cuya puesta en el aire debió de suponer un mérito comparable al de La Codorniz en la España franquista.

Porque en ellas se describe cómo funcionaba un país, una sociedad, unas personas, de forma «exacta», apartándose de manifiestos proletarios o unidades de destino en lo universal.

Los personajes suelen coincidir: hay un director, un jefe de departamento, un contable, un cajero, un ordenanza, una compañera secretaria, un becario…

Y una taberna donde pasan más cosas que en fábricas, oficinas y sedes institucionales. Las órdenes emitidas desde arriba necesitan encauzarse burocráticamente.

No puedo elegir solo uno, ni siquiera dos docenas de estos relatos. De principio a fin, el conjunto imprime una especie de epifanía. Desde la carrera del inútil sobrino del director, hasta el perro que husmea en la plaza; desde la compra de níscalos con fondos de acción social, hasta el kamikaze en el Archivo de Asuntos Pendientes; desde las sesiones espiritistas para averiguar dónde fue el dinero de la caja, hasta…

Para no dejar de reír. O de llorar. O de ambos.


Señores, me ha llegado la orden de designar a alguno de ustedes para hacer un viaje de trabajo a Hawai a bordo del trasatlántico Batory. Se trata de analizar la situación de la mujer hawaiana desde la perspectiva de futuras relaciones entre cooperativas y la posible exportación de nuestros peines. ¿Algún voluntario?

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