lunes, 20 de enero de 2025

Grand Hotel

Portada del libro Grand Hotel, de Vicki Baum

Título y autor/a:Grand Hotel, de Vicki Baum.
Clave de lectura:Berlín, 1929: la gran tragicomedia de la vida.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Entra en mi lista de novelas estupendas.
Música:Moonlight Serenade, de Glenn Miller ♪♪♪

Grand Hotel tuvo un gran éxito cuando se publicó, allá por 1929. Tanto, que al poco rodaron una adaptación al cine: Greta Garbo, Joan Crawford, John y Lionel Barrymore... Óscar a la mejor película.

Su autora, la austriaca Vicki Baum, aprovechó para mudarse desde Berlín a los Estados Unidos. Premonición acertada, dadas las raíces judías de la familia.

Por supuesto, el Reich no tardó en prohibir este libro. Según su concepción del mundo representaba una amenaza, desde el momento en que se trata de una obra de calidad, ingenio y personajes tan heterodoxos como la vida misma.

Personajes que coinciden en los elegantes salones (y a veces no tan elegantes habitaciones) del hotel con más glamour en la ciudad del Spree. Marionetas con hilos dentro de una época cercana a desmembrarlos.

La Grusinskaia, Elisabeta Alexandrovna, diva del ballet, se atormenta ante la decadencia de la edad. ¿De verdad han sido solo siete llamadas de aplausos tras la función de esta noche? ¿Solo siete? Ella cree haber contado ocho.

Su camarera Susita, el director de orquesta Witte, Pimenoff, el maestro de baile, insisten en que sigue siendo maravillosa y no hay motivo para creer que las famosas perlas que la distinguen en el escenario atraigan la mala suerte. ¿Cómo piensa renunciar a lucirlas? ¡Inconcebible!

Susita guarda el collar en un maletín, lo que no pasa desapercibido al atractivo barón Gaigern. Tan atractivo como sin blanca. Si saliera bien el golpe que tiene planeado… Colarse en la alcoba de la Grusinskaia por el balcón, al amparo de los reflectores que ciegan los ojos desde la calle. Encontrar las joyas. Escapar por el mismo camino.

¿Y si ella volviera antes del teatro? ¿Y si una avería apagase los focos y desvelase su silueta? ¿Y si se refugiara tras la cortina y fuese testigo de cómo Elisabeta diluye un número mortal de somníferos en la taza de té, tras contemplarse largo rato desnuda en el espejo? ¿Cuál sería su reacción?

Cercano a ellos, el contable Kringelein desea emular al director general de su empresa, Preysing, huésped habitual del establecimiento. El dinero no importa: tras una existencia de privaciones, los médicos le conceden poco saldo a sus días (geniales los capítulos en los que, con Gaigern como cicerone, acude al sastre para hacerse trajes a medida, se enfrenta a la velocidad en la carretera, vuela desde Tempelhof, asiste al boxeo, bebe, apuesta...).

Preysing puede aún salvar la Algodonera de Sajonia. Si la entrevista para la fusión con la fábrica de géneros de punto de Chemnitz saliera bien, contrarrestaría el fracaso de la negociación con Inglaterra, según el cable que acaban de entregarle. Tiene que disimular, mentir si es preciso antes de que todo desaparezca bajo sus pies.

«Llamita» (el papel de Joan Crawford en el filme) le sirve de taquimecanógrafa. Aunque lo que ella desea es abrirse camino en sociedad, y está dispuesta a lo que sea para conseguirlo. Lo que sea, como demuestra la fotografía en cierta revista ilustrada de la que el director general no puede apartar los ojos mientras le afeitan.

Rhona, un conde de verdad, atiende a propios y extraños desde el mostrador de recepción del hotel. Senf, el portero, sufre porque no sabe cuándo dará a luz su mujer y no puede abandonar su puesto. Los botones, camareras de piso, electricistas, pululan al son de la música que se escucha día y noche allá al fondo, para amenizar a la distinguida clientela.

Y un veterano, el doctor Otternschlag, la mitad de su rostro desaparecida en el frente de Flandes, deja su jeringuilla tras vaciarla de la morfina que le permite contemplarlo todo desde los sillones del hall, donde se sienta cada día. Quizá el ojo de cristal vea algo que...

No me cabe ninguna duda: Grand Hotel entra en mi lista de novelas estupendas.


Y si todavía en esta gran jaula aconteciera algo que valiese la pena... Pero no, no ocurre nada. Se ha marchado. ¡Adiós, señor Kringelein! Iba a darle a usted una receta para sus dolores pero, como se ha despedido a la francesa… ¡Bah! El jubileo de siempre: entran, salen, llegan, se van...

Entradas relacionadas:

viernes, 17 de enero de 2025

El rostro

Anciana en un mercado de Xizhou.

Camina encorvada, llevando alimentos en un capazo sobre la espalda.

Y desde lejos veo algo en su rostro que...

Veo una lucha.

Una lucha con ganadores y perdedores, un juego de dados donde los puños se aprietan hasta hacer sangre, mientras aguardamos el resultado de la siguiente tirada.


Entradas relacionadas:

martes, 14 de enero de 2025

Rastro de un sueño

Portada del libro Rastro de un sueño, de Hermann Hesse

Título y autor/a:Rastro de un sueño, de Hermann Hesse.
Clave de lectura:Relatos con una agudísima percepción del mundo.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Por libros así hay literatura que llaman clásica.
Música:Frühlingsglaube, de Franz Schubert ♪♪♪

Volver a leer a Hermann Hesse es como encontrarme con un amigo después de largo tiempo y tener la impresión de que la última vez fue ayer.

En efecto, puede que llevara mucho sin saludar al padre de Siddhartha o El lobo estepario, pero sigo sintiéndome tan cercano a su obra como siempre.

Rastro de un sueño compila una docena de relatos contemporáneos a estos títulos principales (años 20 y tempranos 30 del pasado siglo) y, pese a su brevedad, la impronta de lo extraordinario se refleja en cada línea.

El protagonista del cuento que nombra al conjunto es un escritor «de amenidades» con aspiraciones poéticas. Aunque no un lírico intrascendente, sino como aquellos (Homero, Shakespeare, Goethe, Uhland, a quien musicó el mismo Schubert) cuyos nombres despiertan ecos en lo alto.

Dado que no encuentra la voz interior sale a caminar y, en estado de ensoñación paulatina, vislumbra un zapato de niña. ¿Quién es ella? ¿Por qué acude durante el lapso de un latido esa imagen a su cabeza? ¿Magda...?

A continuación, en un periódico de la Alemania de Weimar, el veterano cajista Johannes lamenta que hasta la lengua se haya degradado, simbolizando la caída de la sociedad que alguna vez conoció. Todos, empezando por el redactor jefe, utilizan el adjetivo Trágico de forma inadecuada.

Infancia del mago plasma los recuerdos de alguien que también fue joven. Pero el ídolo danzante de la India que antes observaba tras la vitrina del abuelo fue convirtiéndose en una simple estatuilla, en vez de cambiar de rostro y postura cada vez que volvía a verlo.

Y un hombrecillo que se aparecía ante él en las ocasiones más inesperadas, mudo e imperioso, pasó a exigirle otras fechorías, como colarse en la habitación de la jovial señora Anna.

Compendio biográfico, La ciudad, El cuento del sillón de mimbre, El europeo (un ejemplar de este continente sobrevive en el arca cuando Dios envía otro diluvio en plena hecatombe bélica y los pasajeros de culturas «menos desarrolladas», el hindú, el chino, el malayo, el esquimal, el negro, se preguntan qué utilidad tendrá salvar su soberbia)… Todos de gran valor.

No querría dejarme en el tintero Sobre el lobo estepario, donde el famoso Harry Haller es contratado por el dueño de una casa de fieras para exhibirse en una jaula. Si el público quiere visitarla, deberá pagar un centavo adicional. Gran negocio... ¿o no?

En este libro se demuestra cómo la sencillez aparente de unas parábolas puede contener profundas lecciones, a poco que nos demos cuenta. Ocurre si leemos no solo con los ojos, sino haciendo participar sentidos que quizá no sepamos describir.

Por eso hay literatura que llaman clásica. Autores y libros más allá del manto de la guadaña.

Y Hesse forma parte de ellos.


[...] tracé planes para recuperar tesoros fantásticos, para obtener la raíz de mandrágora y para emprender triunfantes expediciones por el mundo necesitado de ayuda, expediciones en las que ejecutaba bandidos, salvaba desgraciados, liberaba prisioneros, quemaba guaridas, hacía crucificar a los traidores, perdonaba vasallos renegados, conquistaba princesas y comprendía el lenguaje de las fieras.

Entradas relacionadas:

viernes, 10 de enero de 2025

Desde la ventana

Ventana azul sobre pared blanca.

Los contemplo a través del vidrio. O de lo que quiera que estén hechas las ventanas modernas que no se dejan abrir. Si fuera escritor, serviría de testigo poco omnisciente.

Ella, sentada sobre el muro que protege la vida de asfalto de la hierba, balancea las piernas como en un columpio. Sonríe.

Él, de pie a su lado, habla sin interrupción. ¿De qué?

A lo mejor acaban de cruzarse en la puerta y una mirada les ha empujado afuera. Si fuera escritor diría que los plátanos de sombra susurran para ellos una canción invernal.

Me gustaría haber sido escritor.


Entradas relacionadas:

martes, 7 de enero de 2025

Movimiento perpetuo

Portada del libro Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso

Título y autor/a:Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso.
Clave de lectura:Textos inclasificables de un relatista de renombre.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:«Solo» bueno.
Música:Perpetuum mobile, de Johann Strauss hijo ♪♪♪

Se ve venir la comparación de esta entrada con otra reciente sobre Cortázar. En efecto, ¿hay algún autor de cuentos que pudiera disputarle lo más alto del cajón de medallas?

Augusto Monterroso se pone en pie (o se acuesta para soñar). Presenta, como defensa de su candidatura, Movimiento perpetuo.

En realidad, dudo si clasificarlo como libro de relatos o si su armazón interna a partir de un concepto surrealista (las moscas), lo convierte en un volumen de memorias, pensamientos, ocurrencias, aforismos o qué sé yo. Tampoco importa.

Quizá el número más amplio de temas lo sumen aquellos que juegan con el mundo metaliterario (De atribuciones, Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges, Fecundidad, Homo scriptor...), describiendo la naturaleza de poetas y novelistas.

Otros sugieren el destino maldito de Hispanoamérica (La exportación de cerebros, Dejar de ser mono...) o las dos cosas al mismo tiempo (El informe Endymion).

Y el humor omnipresente desvela el absurdo en el corazón de tantas situaciones «serias». Siempre las moscas...

¿Debería conceder entonces al guatemalteco laureles similares a los del argentino? Eso parece.

Sin embargo, cualquier obra debe arrostrar una prueba adicional: la subjetividad del lector. Y, guiado o maniatado por ella, confieso que los cuentos, aforismos, etc. de Monterroso no llegan a impresionarme tanto como los de Cortázar.

¿Que la ironía me atrae como la miel a los dípteros? Sí. ¿Que la imaginación agita sus alas desde la primera a la última página? Sí. ¿Que lo he disfrutado? Sí.

Aun con tantas respuestas positivas, no lo encuentro imprescindible. «Solo» bueno.


[...] en Nicaragua, como es lógico, fueron atendidos ruidosamente por unos amigos del poeta Ernesto Cardenal y más en reserva por el director de uno de los varios cuerpos de policía, general Chamorro Lugo, quien después de cuatro horas y media de diálogo y fatigado ya de barajar ágilmente con ellos diversos temas relacionados con su paraíso metapense y casi podía decir que protegido de su padre, Rubén Darío, a quien según probó se sabía de memoria, los envió con suficiente brutalidad y escolta a la frontera de Honduras, no sin antes confesarles que como compatriota de aquél se consideraría siempre amigo de Platón y de la poesía, pero más de su difícil cargo [...].

Entradas relacionadas:

miércoles, 1 de enero de 2025

2025

Deseo para 2025.

Hoy solo voy a colgar una foto en el blog (y las inevitables corcheas marca de la casa, claro).

Sin divagaciones existenciales ni demás zarandajas.

Una foto con mensaje positivo.


Entradas relacionadas:

sábado, 28 de diciembre de 2024

Reunión y otros relatos

Portada del libro Reunión y otros relatos, de Julio Cortázar

Título y autor/a:Reunión y otros relatos, de Julio Cortázar.
Clave de lectura:Introducción a los relatos de un grande de verdad.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:Grande de verdad.
Música:Parker’s Mood, de Charlie Parker ♪♪♪

Cuando agito la mano para despedirme de Julio Cortázar, la alegría galopa por mis venas. ¡Qué nivel! ¡Cuánta calidad atesora Reunión y otros relatos!

Aunque, curiosamente, el cuento que abre el conjunto no llega a tocarme el alma: Las puertas del cielo, acerca de un abogado y su antiguo cliente y ahora amigo que rememoran a la esposa fallecida de este.

Y el segundo, Cartas de mamá, una relación familiar a distancia entre el Sena y el Río de la Plata, no lo entiendo del todo. Mea culpa.

Ah, pero, a partir de El Perseguidor pego un brinco. La historia del jazzman trasunto de Charlie Parker es de lo mejorcito que me he encontrado sobre papel.

Final del juego, el vínculo entre tres hermanas y el chico que las ve cada día desde el tren, permanece en las alturas. Prodigioso.

¿Y qué decir de La autopista del sur, colapsada por un atasco que dura días, donde los personajes crean un mundo regido por nuevas normas de convivencia? No le apeo el tratamiento: prodigioso.

Reunión, sobre guerrilleros que intentan alcanzar la sierra bajo el acoso de los soldados gubernamentales. Lugar llamado Kindberg, en el que un conductor recoge a una autostopista. Ya podéis imaginar: prodigiosos.

Texto en una libreta, cuyo autor investiga a unos «ellos» que parecen no abandonar jamás los túneles del metro, pone el prodigioso colofón.

Quizá resulte una entrada demasiado entusiasta o demasiado poco desarrollada en sus argumentos. ¿Prodigioso? ¿No me da vergüenza agarrarme a un adjetivo que se cae de tópico?

Lejos de mi intención pontificar: hacedme caso o no me lo hagáis, o llevadme incluso la contraria si lo habéis leído.

Lo aquí manifestado, escrito queda.


[...] y por fin preguntarle si podía seguir otro poco con él aunque ya no fuera la misma ruta, qué importaba, seguir un poco más con él porque se sentía tan bien, que durara un poquito más con este sol, dormiremos en un bosque, te mostraré el disco y los dibujos, solamente hasta la noche si quieres, y sentir que sí, que quería, que no había ninguna razón para que no quisiera, y apartar lentamente la mano y decirle que no, mejor no [...].

Entradas relacionadas:

martes, 24 de diciembre de 2024

Feliz Navidad

Luces de Navidad en Madrid.

Desear feliz Navidad sugiere ciertamente connotaciones religiosas. Aunque solo en el fondo, dada la mercantilización de cualquier aspecto espiritual que aún pudiera subsistir entre nosotros.

Espiritual y religioso tampoco significan lo mismo, por cierto, a despecho de quienes consideran que una «verdad» revelada anula el raciocinio.

¿Debemos entonces suprimir el feliz Navidad cuando saludamos o nos despedimos estos días? ¿Resulta ofensivo expresarse así a los oídos de ateos que reniegan de su (falta de) sentido?

¿O hipócrita para unos creyentes que rara vez se comportan de acuerdo con las normas dictadas por su salvador? Ama a tus semejantes, reparte las riquezas, pon la otra mejilla...

¿Se trata de un mero comodín semántico, igual que decir adiós, otra alusión a la divinidad?

Espero que, al leer esto, me perdonéis si os sentís ofendidos de una o de otra manera.

Apenas se trata de un deseo. Algo que suene a paz, a comprensión, a vamos a pararnos un momento para darnos cuenta de dónde venimos, dónde estamos y dónde (y cómo) queremos seguir viviendo.

A todos, feliz Navidad.


Entradas relacionadas:

jueves, 19 de diciembre de 2024

Ética y globalización

Portada del libro Ética y globalización, de Vicente Serrano (Ed.)

Título y autor/a:Ética y globalización, de Vicente Serrano (Ed.).
Clave de lectura:Globalización con valores humanos amenazados.
Valoración:✮✮✮✮✩
Comentario personal:Interesante. Exigente.
Música:Himno de las naciones, de Giuseppe Verdi ♪♪♪

En Ética y globalización, Vicente Serrano invita a varios pensadores a reflexionar sobre cosmopolitismo, responsabilidad y diferencia en un mundo global.

Adela Cortina titula su trabajo Una ética transnacional de la corresponsabilidad. Tal concepto, la ética, ha de construir un entorno basado en principios por encima del interés particular a corto plazo. Principios participativos, evidentemente.

Reducir las distancias no puede significar un mero intercambio de contenedores entre continentes a costa de hacerlos inhabitables para millones de personas.

Por su parte, a través de Responsabilidad en tiempos de globalización, Manuel Cruz defiende la preservación del barco planetario con citas a la obra de Hans Jonas, quien usó ese término, «responsabilidad», como llamada a la supervivencia de las generaciones presentes y futuras.

Ética de las diferencias. La afirmación de las diferencias en un mundo global: Jesús de Garay explora si las reglas del mercado han conseguido homogeneizarse a costa de perder valores en todos los demás ámbitos. Habríamos pagado un alto precio en aras de una falsa «libertad».

Javier Muguerza profundiza en el nexo entre Cosmopolitismo y derechos humanos. ¿Es deseable una ética no universal (dado que su implantación ignoraría el recorrido histórico de las comunidades), pero sí cosmopolita, donde el acuerdo de mínimos se alcanzaría en el respeto a tales derechos?

Para finalizar, Fernando Vallespín firma El problema de la fundamentación de una Ética Global, donde describe características transversales habida cuenta de que las interpretaciones de lo bueno y lo malo pueden no coincidir en cada cultura.

Si queremos empaparnos de lo que estos autores transmiten, no será un esfuerzo baladí. Necesitaremos una lectura calma y atenta.

Y valdrá la pena, añado: los ensayos de mérito no merecen menos.


[...] la noción de reconocimiento recíproco nos remite al descubrimiento que dos seres humanos hacen de que existe entre ellos una ligatio, que genera una ob-ligatio, una Bindung, que genera Ver-bindlichkeit. Y esta ligatio puede entenderse al menos en un doble sentido: 1) como vínculo entre los virtuales participantes de un diálogo, que es a lo que nos conduce la Pragmática Trascendental; 2) como vínculo entre seres humanos, que se reconocen como «carne de la misma carne» y «hueso del mismo hueso».

Entradas relacionadas:

lunes, 16 de diciembre de 2024

La noria

Portada del libro La noria, de Luis Romero

Título y autor/a:La noria, de Luis Romero.
Clave de lectura:Un día en la cadena vital de Barcelona.
Valoración:✮✮✮✮✮
Comentario personal:La rueda nunca se detiene.
Música:Si tú me dices ven, de Los Panchos ♪♪♪

La noria es un relato que contiene muchos relatos. Treinta y siete, por contarlos de forma exhaustiva. Treinta y siete cortometrajes sobre vidas de habitantes de Barcelona que giran, giran, giran...

Luis Romero hace coincidir a sus personajes de dos en dos: el protagonista de cada capítulo se relaciona con el del capítulo siguiente y le pasa el testigo de la acción, tras lo cual desaparece.

El tono se establece desde el principio, cuando Dorita y su acompañante recorren la calle de Pelayo en un taxi, aún de madrugada. Diez horas antes no se conocían, pero Dorita es una profesional y quiere demostrarle cariño.

¿Cuánto habrá en los billetes que deposita en su mano, junto a las flores con gotas de rocío del Prat? ¿Quinientas? No mires aún, no seas impaciente.

El taxista, Manuel, se detiene para tomar una barreja con anís del Mono tras dejar a la pasajera . Entre otros motivos para el malhumor, el Barça va fatal.

Su hija Lola, dependienta en una librería. Don Álvaro, que entra para preguntarle por la nueva edición del Valbuena. Francisco, el estudiante que contesta a las preguntas de este catedrático en el examen de bachiller...

Como nexo, una ciudad que puede haberse visto transformada en infinitos aspectos, pero cuya esencia quizás alguien aún reconozca. El tiempo transcurre en sus calles, barrios altos y bajos (muy altos y muy bajos), hasta la siguiente madrugada.

Incluso la nota autobiográfica en las últimas páginas refleja que la rueda de cangilones jamás se detiene.


En mi profesión se me presenta un porvenir excelente y a corto plazo; puedo compaginar seguros y literatura, vivir con desahogo, enriquecerme y cada dos años, por ejemplo, hacer un viaje a España. También puedo elegir el camino difícil: abandonarlo todo y regresar a España a dedicarme exclusivamente a escribir. El importe del Premio Nadal eran 35.000 pesetas, cifra modesta incluso para entonces. Quien recuerde lo que significaba en los años cincuenta vivir de los ingresos que producía la literatura comprenderá que el riesgo era mucho, muchísimo. Mi mujer estuvo de acuerdo. Regresamos.

Entradas relacionadas: