lunes, 31 de agosto de 2026

Pimiango (XXVIII)

Pasacalles de gaitas en Pimiango

Pasacalles de gaita anuncian los eventos: vermú, espicha, paella... Por fin tiene lugar lo que el mundo lleva un año esperando.

Se celebran, en el coliseo-plaza de Pimiango, los inmortales Juegos Mansoleas. Laureles o galeras del césar separados por un simple tropezón.

Diez metros lisos de cuchara con huevo en la boca, veinte metros obstáculos dentro del saco, triple salto que explote globos atados al tobillo.

Y la prueba reina: un maratón de sillas.

Organizados por grupos de edad, los atletas van girando en carrusel. Al corte de la música intentan ocupar asiento; como siempre falta uno, ¡eliminado!

Lenguas de alondra, morros de nutria, bazo de ocelote... Los espectadores degustamos aperitivos imperialistas entre carcajadas de satisfacción.

Hasta que empieza a notarse algo curioso: cuanto más jóvenes quienes compiten, más cumplen las reglas. Es decir, no tocan las sillas, no las desplazan, no obstaculizan el paso ni se demoran en su cercanía.

No dan un golpe de cadera a quien llega antes y ponen cara de incredulidad, palmas al cielo por la «injusticia». ¿Fuera? ¡¿Yo?! La jueza duda, se repite el turno.

Cuanto más jóvenes, más juegan y se divierten. Luego solo se trata de ganar.

Con engaños sutiles o descarados. Como sea y a costa de lo que sea. Ganar. El fullero lo celebra con especial alborozo.

Así es la vida, ¿no? Quedan la entrega del bollu, la verbena y la chocolatada nocturna.


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