miércoles, 26 de febrero de 2014

Discurso político

Filas de sillas numeradas de un auditorio vacío.

En mi discurso de hoy seré breve y directo. Conciso.

Diré las palabras justas, exactamente lo que pienso.

Sin circunloquios ni rodeos. Lacónico.

Contenido. Circunspecto.

De verbo austero. Al grano.

Ante todo, las cosas claras.

En resumidas cuentas…

Que no pienso enrollarme.

¿Aplausos?


miércoles, 12 de febrero de 2014

El grafitero

Arte urbano: navío sobre una pared blanca.

La pared era tan blanca, tan nueva, que no pudo resistirse.

Al terminar, dejó las pinturas en el suelo y miró alrededor con suspicacia.

Ni un alma, apenas la sombra de la farola. Si lo hacía ahora, nadie podría encontrarlo.

No se lo pensó dos veces. Se ató un pañuelo en la cabeza.

Soltó las escotas, aparejó el trinquete, izó las gavias, se dirigió al castillo de popa.

Y levó el ancla.


martes, 28 de enero de 2014

Catarsis


No puedo imaginarlo, va más allá de cualquier entendimiento metafísico.

¿Puede existir otro placer en la vida mayor que escuchar la Liebestod del Tristán e Isolda de Wagner?

En una palabra: catarsis.

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sábado, 18 de enero de 2014

2013 en remembranza

Partido de baloncesto entre el Real Madrid y el Barcelona. Tapón de Reyes.

¡Vaya, menuda siesta! ¡Me he quedado frito y ya es 2014!

Con los párpados aún rebeldes a abrirse tras su larga hibernación, releo lo último que quedó registrado en esta bitácora, aquellas grandes esperanzas que depositaba en 2013.

¿Se habrán cumplido?

¡Uaaaaaaaaah! ¡El Real Madrid, campeón de liga! ¡Uaaaaaaaaah!


lunes, 7 de enero de 2013

2013 en lontananza

Amanecer púrpura sobre las Torres Blancas de Madrid.

¿El mundo sigue girando?

Supongo que sí. De habernos caído un meteorito encima, el dolor de cabeza sería acusado.

Todo continúa, entonces. ¿Y hay lista de deseos para este año?

Vamos allá: para alcanzar la felicidad en cuerpo y espíritu, me gustaría, me gustaría...

Lo primero, que el Real Madrid de baloncesto quede campeón de liga. O de copa, o de Europa, o... En fin, de algo, lo que sea.

Lo segundo no sé si será más fácil o más difícil, ya lo advierto.

Que siga saliendo el sol cada día.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Últimas horas


A lo mejor mañana se acaba todo, como nos recuerda Boris Kovač. ¿Qué podría hacer en tal caso?

¿Desesperarme, juntar «mis riquezas», rezarle a algún dios, apuntarme a una bacanal?

Si esto fuera la despedida, ha sido un placer. Y si no, un placer mayor. Cuando publique la entrada, a ver si encuentro una bacanal de esas por algún sitio.

Porque ya con tantas prisas, encontrar a my nearest and dearest love, pues...


Just imagine:
There is only one starry night left till the end of this world.
What would we do?
Some would be despairing, hopelessly.
Some would gather their riches and take them with them full of hope.
Some would pray to God in faith.
Some would enter the bacchanalia to pleasure themselves.
Some would spend the last intimate moment with their nearest and dearest love.

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sábado, 15 de diciembre de 2012

La leyenda de Bibi Khanum

Mezquita de Bibi Khanum en Samarcanda.

Estos fueron los avatares de la construcción de la mezquita de Bibi Khanum, tal como me los relataron los sabios en Samarcanda.

Andaba una vez el emperador Tamerlán trabajando en lo suyo fuera de casa: unos pillajes, unos saqueos, unos incendios, unas cabezas cortadas… La rutina.

Mientras tanto, a Bibi Khanum, su mujer, se le ocurrió prepararle una sorpresa para la vuelta. Pensó: «Vamos a construirle una mezquita a lo grande. Pero grande, grande. La entrada la ponemos de treinta y tantos metros de alto, por lo menos. Que venga el arquitecto de la corte».

Así empezaron los trabajos, a mayor gloria y prez del ladrillo. Hasta que un día…

—Arquitecto, ¿esto va un poco lento, no? ¿Te falta argamasa, pintura, esclavos? ¿Qué necesitas?
—Un besito.
—¿Eh?

Ahí lo tenéis, el arquitecto había caído prendado de la sin par Bibi Khanum, y para concluir el encargo exigía darle un beso en la mejilla.

Mira que hay tíos lelos por el mundo. Pudiendo pedir amatistas, rubíes y topacios…

Claro, la emperatriz le contestó que como se enterase su marido del atrevimiento, le iba a hacer pupa.

Y el otro, dale que te pego con su ósculo. O beso, o paraba la obra.

Ella al fin cedió. Si nadie se enteraba…

Él acercó sus labios enfebrecidos.Mua.

Cuando los separó, a su majestad le había entrado un buen sofoco.

Es que Tamerlán no la besaba así. En lo de cortar cabezas sería un hacha, nunca mejor dicho, pero en lo de los cariñitos… El roce del arquitecto, que iba como una moto (o como un camello turbodiésel recalentado), le dejó una marca en la piel.

Entre nosotros, esta parte de la historia la escuché un poco escéptico. ¿No habría estado comiendo dátiles y tenía los labios pringosos?

Sea como sea, los dos quedaron más que contentos de la experiencia. La emperatriz le regaló un anillo a su admirador y este por su parte levantó lo que quedaba del edificio.

Por fin, el rey de reyes regresó de sus correrías.

—Hola, cariño. Te voy a enseñar lo que hemos hecho en tu ausencia.

«Ajá, hum, oooooh». De esta manera iba expresándose según cruzaba las estancias.

—En el centro podemos poner una fuente, aquí y allá plantamos árboles, en aquella esquina unas alfombras…

Fue entonces cuando Tamerlán reparó en la marca sobre la hermosa Bibi Khanum. Y se mosqueó.

—Por cierto, el que te hace la reverencia es el artista que lo ha diseñado. Salúdale.

El terror de las estepas se quedó mirando el anillo que el amigo no había dudado en lucir. Huyyyyyy, gato encerrado. Ese brillo de mala leche en su mirada...

El arquitecto, que lo notó, se puso a trabajar como un poseso en un medio de locomoción para tomar las de Villadiego antes de que la guardia timúrida llamase a la puerta. Toc, toc.

Cuando esta apareció, para tener unas palabritas de parte de su jefe, se fue volando. Literalmente.

Había fabricado unas alas gigantes y, agitándolas mucho, que le echaran un galgo. Dicen que su rastro se perdió en dirección a Isfahán.

¿Y qué ocurrió con Bibi Khanum? Dicen también que, para ponerla a prueba, su marido la ordenó que entrara en el palacio y volviera a salir con aquello que él más apreciase, lo más valioso del reino. Si acertaba, bien; si no…

La emperatriz, más lista que el hambre, se presentó ante él sin nada, monda y lironda. De donde se deducía que ella misma era el mayor tesoro.

Pues nada más. Que la mezquita está ahora un poco estropeada por dentro, pero siendo una maravilla. Colorín, colorado…


domingo, 18 de noviembre de 2012

El terror

Baile en Zhongdian

Bodas. Esponsales. Ceremonias nupciales. Escalofríos desde que recibo los tarjetones de invitación.

Según avanzan las manecillas del reloj, los entrantes, el sorbete, el principal, la tarta, aguzo cada sentido. Apenas levanto la copa de agua.

Necesito buscar el mejor sitio para ocultarme. Detrás de aquella columna, entre las hojas de aquella planta tan frondosa, cerrando el pestillo en el cuarto de baño...

La gota de sudor se instala en mi nuca hasta el momento en que... ¡Oh, no, ya empiezan!

¡La gente sale a la pista!

Presa del pánico, olvido las precauciones con el licor. ¡Rápido, camarero, tráigame cualquier cosa! En vaso largo, que pueda excusarme por estar ocupado sosteniéndolo. Ah, y con hielo: on the rocks, muchos, muchos rocks, que tarden en derretirse.

Porque existe el riesgo de que alguien se acerque, atisbe mi presencia en el escondrijo e insista en que abandone mi bucólica paz: «¿Pero qué haces ahí? ¡Venga, a bailar!».

Y yo, el color de la faz ascendiendo a los tonos más cálidos, niego con la cabeza. Los nudillos se aferran al cristal del vaso.

Los servidores del terror me agarran, me empujan, pretenden arrastrarme sobre el entarimado, hacerme perder el sentido del equilibrio, de la dignidad y quién sabe qué otras maldades.

El pánico hace bombear mi sangre. Escapo perseguido por sus rítmicos pies, por la voracidad de los altavoces que retumban alrededor, enloqueciéndome.

No, no, no... ¡No me atraparéis!

¿Bailar? ¿Yo? El terror...


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lunes, 1 de octubre de 2012

El oro del Rhin


El oro del Rhin es el prólogo de la famosa Tetralogía de Richard Wagner. Comienza cuando Alberich, un nibelungo con mala baba, sale de la cueva e intenta hacerse amigo de alguna de las Hijas del Rhin. Pero Woglinde, Wellgunde y Flosshilde, que tienen el listón bastante alto, le toman el pelo.

(Nota: por alguna razón, la gente suele asociar la palabra «nibelungo» con cachas nórdicos de firmes pectorales y cabellera rubia. Por el contrario, se trata de señores de escasa estatura que viven bajo tierra, se lavan poco y no se espulgan la barba. Espero haber contribuido a aclarar el error popular).

Resulta que en el Rhin hay un tesoro y su resplandor se vislumbra desde la superficie. Las ninfas guapetonas le cuentan al canijo que quien lo consiga será poderoso, el amo, el jefe, pero tiene un precio: deberá renunciar antes al amor.

Alberich contesta que el amor es algo sobrevalorado y escapa al Nibelheim con el oro. Allí mandará forjar un anillo mágico.

En el cuadro segundo los dioses van a recibir las llaves de su nueva villa, el Valhalla. Al frente tenemos a Wotan, que enarbola una lanza, y a su esposa Fricka. El astuto Loge se ocupa del fuego, Donner de los truenos y relámpagos, Froh maneja el sol y la dulce y delicada Freia cuida el jardín donde crecen las manzanas que los mantienen.

Wotan es tuerto porque de joven cedió uno de sus ojos para arrancar una rama del fresno del mundo, con la que talló la lanza, y beber del manantial de la sabiduría. En tenaz lucha venció a la raza de los gigantes y sólo dos sobreviven, Fafner y Fasolt. Los ha contratado de albañiles, y si terminan la obra en plazo les concederá a Freia como recompensa.

(Otra nota: la sabiduría de Wotan es cuestionable. Los gigantes lo que quieren es echarse novia y perpetuar la especie, y Freia les viene al pelo. Son brutos, pero no tontos).

Ambos aparecen a cobrar. Donner y Froh se oponen con vehemencia y piden a Wotan que rompa el pacto. Pero la estabilidad del universo depende de que un dios cumpla con sus compromisos.

Hasta que Loge propone un trueque: les habla de Alberich y el oro arrebatado. ¿Les interesaría quizás a los forzudos mejorar sus finanzas?

Mmmm, novia, cuenta bancaria... Novia, cuenta bancaria... Novia, cuenta bancaria... Vale, eligen cuenta bancaria, pero mientras tanto se llevan a Freia en prenda. Sin sus manzanas, los dioses se quedan mustios.

Llegamos al cuadro tercero. Wotan y Loge descienden al Nibelheim, donde Alberich, además del anillo, ha ordenado a su hermano Mime que le fabrique un yelmo con el que puede convertirse en cualquier otro ser, así como volverse invisible: el Tarnhelm.

Wotan se pone chulo. Que tú no sabes con quién estás hablando, que soy la autoridad, que trae para acá el anillo, que se va a montar una gorda, que bla, bla, bla… Sin resultado.

Loge, por su parte, se lo trabaja mejor: reta a Alberich a demostrar sus habilidades transformistas. La enorme serpiente que este elige es todo un logro, está conseguida, da mucho miedo, pero… ¿podría volverse algún bicho pequeño? Seguro que es más difícil.

El nibelungo (otro que anda ágil de entendederas) se convierte en sapo. Y Loge lo captura.

Para ganar su libertad no le queda más remedio que donar el anillo a Wotan, junto con el yelmo y demás bienes. No sin antes proferir una maldición: quien no lo posea lo deseará con ansia, y su dueño vivirá siempre con la angustia de que le sea arrebatado.

A la deidad suprema la baratija le gusta. Su color dorado hace juego con sus trenzas y quiere conservarlo. Consulta a Erda, espíritu primordial de la naturaleza, pero esta le obliga a cumplir su palabra a los gigantes.

No tiene más remedio que acceder, Freia vuelve a casa y el anillo se suma al pago del rescate. Fafner y Fasolt pelean por lucirlo. Fafner mata al otro gigante y se apodera de todo.

La escena final (hace un rato que habíamos puesto el pie en el cuadro cuarto) hace hervir la sangre.

Donner blande su martillo, convocando a los elementos, y Froh abre un arco iris. Loge murmura amargado que nadie le quiere y esa se la guarda. Las Hijas del Rhin lloran su pérdida y Wotan toma de la mano a Fricka para entrar en el Valhalla. Trompas, trompetas, trombones y demás parafernalia los acompañan a todo decibelio.

Y de esta manera hemos pasado la jornada entretenidos. Ya vendrán luego las trotonas valquirias, Siegfried tocando el cuerno, y se desmoronará el tinglado en el ocaso. Pero esas son otras historias.

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sábado, 1 de septiembre de 2012

El retorno

Dragones de fantasía una tarde de lluvia en Kwan Phayao.

Montañas, cielos, lagos... A veces elegimos un camino diferente.

Donde nos esperan fantásticas criaturas, que se asoman curiosas a nuestro paso.

¿O sólo lo soñamos?

Y, tras alzar los ojos hacia el último segundo de luz, quizá vivamos también el último segundo de ese sueño.

Es el momento del retorno.