Despachar, no cabe duda de que el rey despacha (después de pasar un rato con la Montespan): Colbert, Le Tellier, Vauban, Turena, el gran Condé… Todos hacen cola a la puerta de casa.
¡Ah, Luis de Borbón, príncipe de Condé, duque de Enghien, par de Francia!
Un tipo nervioso: ha vencido a los tercios en Rocroi y a los imperiales en la segunda de Nördlingen. Luego apoya la Fronda y se rebela contra su primo coronado.
Pierde París y acude al enemigo hispánico, participando entre sus filas en el canto del cisne de Valenciennes. No es normal que a Turena le zurren así.
Aunque en Las Dunas (la terrestre, no la naval), el adversario se toma la revancha. Le toca a Condé, junto con Juan José de Austria, ir esta vez a la lona.
El rey olvida los malos rollos y vuelve a casa. De hecho, conquista para él el Franco Condado. Y a continuación empata en Seneffe: holandeses, imperiales y españoles, extraños compañeros de vivac, aguantan sus embestidas (dicen que el hijo lo tiene que rescatar de debajo del caballo).
Cenas, bailes, jardines, oui, sire, qué alto os hacen los tacones, sire, qué bonitas las estatuas… Versalles está bien montado, pero tiene un picorcillo en la coraza…

2 comentarios:
algunos no pierden nunca, ¿verdad? se levantan sobre millones de muertos, y lo hacen estupendos, listos para el besamanos y la fiesta en el palacio.
El Estado soy yo. Y la historia. Y el minué. Soy alto hasta sin tacones, claro que sí.
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