| Título y autor/a: | Barra siniestra, de Vladimir Nabokov. |
| Clave de lectura: | El Sapo ha llegado al poder, bienvenidos al infierno. |
| Valoración: | ✮✮✮✩✩ |
| Comentario personal: | No consigo apreciar su enfoque simbolista. |
| Música: | Concierto para piano nº 1 (II.Lento), de Dimitri Shostakovich ♪♪♪ |
A priori, Barra siniestra es el tipo de historia que me interesa en grado sumo: una ideología toma el poder con aspavientos de renovación social y construye el infierno sobre la Tierra. Su líder se inspira en aquel señor a quien dedicaron odas, llamado Stalin.
Cuenta además con el nivel y las experiencias propias de Vladimir Nabokov para escribirla. No obstante, el enfoque tan onírico, freudiano, absolutamente simbolista, dispersa mi atención en capítulos enteros.
El profesor Krug, respetado filósofo, sale del hospital donde su esposa acaba de morir. Pretende cruzar un puente para reunirse con su hijo, aunque primero deba convencer a los retenes que lo custodian.
Paduk, el Sapo, antiguo compañero de colegio y ahora al frente de los ekwilistas, ocupa el gobierno y cualquiera puede ser detenido.
Otros intelectuales intentan razonar, organizarse, poner a la firma manifiestos… La cultura descansa sobre ellos y no comprenden nada.
Porque nada se explica según las normas a que están acostumbrados. No solo las figuras del antiguo régimen han de desaparecer, sino partidarios del nuevo por miedo, prudencia o sincera convicción.
Paduk desea que el profesor lo ayude, asumiendo el puesto de rector y pronunciando el discurso de apertura académica. ¿Y el niño…? ¿Qué será del niño en caso de negarse?
Lo más destacado de esta novela consiste en su entorno de amenaza psicológica, tan conseguido que el final hiela la sangre. A cambio, las abstracciones del protagonista desenfocan el conjunto. Como digo, hasta el extremo de no apreciar lo que aportan varios capítulos.
Una pequeña contrariedad.
Pero, fuese sopor o desmayo, lo cierto es que perdió la conciencia antes de poder enfrentarse debidamente con su dolor. Lo único que sentía era un lento hundimiento, una concentración de oscuridad y de ternura, un brote gradual de dulce calor.

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