Levanto mi poncho como puedo, intentando que la cámara no quede a la intemperie más de pocos segundos cada vez. Con inútil resultado: ¡vaya pifia de fotos!
Tikal en temporada húmeda tiene este riesgo: subir a una pirámide, ver las cúspides de sus hermanas surgiendo entre la jungla, inspirar aire emocionado… y que justo entonces al dios Chaac le dé por golpear las nubes.
Se me queda una cara parecida a la que debió poner Chak Tok Ich'aak (Gran Garra de Jaguar), el rey que mandó construir el palacio, cuando Siyah K'ak' (Nace el Fuego) hizo un cambio de escrituras a nombre de su propio hijo, Yax Nuun Ayiin (Primer Cocodrilo). ¡Ahuecando!
Más tarde, una alianza de vecinos le bajó a su vez los humos a la nueva dinastía. Y más tarde aún, Jasaw Chan K'awiil (Cielo Lluvia) y Yik'in Chan K'awiil (Oscurecedor del cielo) recuperaron el trono de sus antepasados.
Cielo lluvia. Oscurecedor del cielo. Claro, llamándose así... Desenfoques constantes, exposiciones al tuntún, gotas que resbalan por la lente... ¡Maldita sea!
Por no extenderme: me rindo. Desciendo los escalones a esperar que Kukulkan me eche un cable de luz.
Aunque al final haya de conformarme con medio cable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario