Si hay una frase que me pueda turbar en Los maestros cantores de Núremberg, la ópera más «amable» de Wagner, es «Honra a los maestros alemanes».
Porque a continuación amplía la idea: «¡Estad prevenidos! ¡El peligro nos amenaza! Si alguna vez el pueblo y el imperio alemán cayeran bajo un falso dominio extranjero…».
Literalmente, deutsches Volk und Reich, eso es lo que canta el protagonista. Luego nos aclara que se refiere al Sacro Imperio Romano Germánico, pero vamos…
¿Por qué alguien puede creer que haber nacido a un lado u otro de un río, en las laderas de un monte o en el valle, en tal o cual continente, bajo el cielo donde alguna vez surgió un heroico general conquistador o un millón de heroicos conquistados le hace, no ya diferente, sino mejor que otros sin su «suerte»?
¿El arte alemán porque fue el hogar de Beethoven, por ejemplo? ¿Ese nieto de inmigrantes? ¿España porque Pelayo salvó a la cristiandad? ¿Era acaso Averroes una amenaza? ¿Cataluña porque el bando borbónico fabricó más pólvora que el austracista?
¿Para cuándo una convicción cosmopolita, que aparte de sí el ombligocentrismo, las lenguas-muro, el odio a la diversidad como cimiento del orgullo nacional…?
¿Para cuándo?

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