Tord Gustavsen acude a nuestro lado de nuevo. Toma una melodía tradicional noruega, del valle de Hallingdal, y la convierte en...
Una cordillera de emociones.
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Escribo para mí mismo: oye, si dentro de un año vuelves a leer esto, acuérdate de estar preparado.
Pásate con tiempo por el pantano y recolecta... pues no sé, lo típico: lombrices, arañas, colmillo de aligátor, lengua de salamandra, una pizca de pelo de rata almizclera…
O, por si acaso les gusta más a las brujas modernas, pilla en el súper regalices, nubes, gominolas y chuches pica-pica.
Lo que sea, pero no te quedes como este año con cara de pasmado en la puerta, cuando media docena de hechiceras canijas llamen buscando ingredientes para sus conjuros.
Mira que no tener en casa ni bichos quitinosos ni un mísero sugus…
¿Era la persona de quien más libros he podido leer? Un vistazo a mi biblioteca parece confirmar la suposición.
El título de la imagen sirve como epitafio para este polifacético y querido escritor: Moriré, pero mi memoria sobrevivirá.
Lo acompaño de
(En recuerdo de Henning Mankell).
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La precocidad de Amy Beach como intérprete fue a la par de su labor compositiva, como demuestra la Sinfonía Gaélica, una de las primeras obras de calado orquestal nacidas en los Estados Unidos.
No obstante, que alguien de su sexo y posición se dedicara profesionalmente a la música atentaba contra las «buenas costumbres» bostonianas. Tras contraer matrimonio, su marido le concedió permiso para actuar en un único recital al año.
Escuchemos, si queréis, el tercer movimiento del
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Camino por la orilla en dirección a la luz.
Camino despacio, las olas hunden mis pasos.
La luz se aleja de Beruwala.
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Sí, se puede leer con mucho gusto en un sillón.
O tirados en el sofá, en la chaise longue, en una otomana….
Incluso en la bañera, si alguna vez nos da por ahí.
Pero nada se parece a recostarse con el libro sobre una cama de arena.
Nada.
La ventana está abierta. Entra la brisa.
Pongo música. Miro hacia arriba.
Oceanus Procellarum, Cráter Tycho, Montes Apenninus.
Mare Tranquilitatis...
A la hora de postrarse ante tenores o sopranos, dioses históricos de la escena, cada cual tiene sus devociones. Yo, por ejemplo, junto las manos con este señor.
Si Jussi Björling no nos hace arder, buscando celada para unirnos a la salida del
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Comprendo esta mirada mejor que muchas que se dicen humanas.
Todos vivimos tras alguna clase de barrotes.
A mí, los líos de Grecia me llevan a discusiones bastante sofistas:
—Es que si esto, esto y esto...
—Ya, pero eso, eso y eso...
—Bueno, también tal, cual y pascual.
—¿Y entonces aquello y lo otro y lo de más allá?
Y, como no termino de ponerme de acuerdo, al final dejo de hablarme.