| Roma eterna, de Robert Silverberg. | |
| Ucronía de una Roma sin fin. | |
| ✮✮✮✩✩ | |
| A veces flojea un poco, pero entretiene. | |
| Quo Vadis (Marcha triunfal), de Miklós Rózsa ♪♪♪ |
Una ucronía, según la Academia, es una reconstrucción lógica aplicada a la historia, dando por supuesto acontecimientos no sucedidos pero que habrían podido suceder.
Hoy el tema va de ucronías: con vosotros, Robert Silverberg y su
Moisés fracasa en sacar a los israelitas de Egipto y este pueblo desaparece. Por lo tanto, su religión nunca se desarrollará... y tampoco habrá cristianismo.
Bajo tal premisa, la novela consta de diez capítulos independientes que corresponden a momentos cruciales en el devenir del imperio.
Uno, por ejemplo, relata el peligro de que cierto Mahmut continúe ganando adeptos en Arabia y cómo un ciudadano exiliado decide solucionarlo para recuperar el favor del césar.
En otro se narran los intentos de conquista de un lugar llamado México.
También aparecen los problemas con los bizantinos cuando el inmenso Estado se parte en dos. O el periodo de terror durante la revolución que debía acabar con el antiguo régimen.
No menos importante resulta, ya avanzados los siglos, la construcción de la nave espacial Éxodo.
Aunque quizá un pelín más floja para lo habitual en otros títulos que he leído del autor, diría que entre aprobado y notable, no cabe duda de que en lo fundamental entretiene.
El emperador pidió a Druso, de una manera distante y un tanto vaga, que le contara la suerte que había corrido la segunda expedición. Druso respondió con un tono ponderado, desprovisto de emoción. Describió primero la tierra, el clima, el esplendor de la única ciudad maya que habían visto. Después continuó con el relato del desastre: se habían encontrado con graves problemas, dijo él, el calor, las serpientes, los escorpiones y las hormigas mordedoras, las enfermedades, la hostilidad de los indígenas y, sobre todo, una terrible tormenta.
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