Lo que me cuenta la profesora tampoco hace que eleve los brazos en gesto de súplica. Se trata de detalles sobre una historia conocida.
Sus alumnos niegan la existencia de palabras como «colindante» o «alicatado» y se amotinan cuando les exige no obtener la solución a un problema de una inteligencia artificial.
En los exámenes de acceso a la universidad escucha protestas porque ¡no saben calcular porcentajes!
Por otra parte, el planteamiento erróneo de algún ejercicio, así como las respuestas aceptadas como válidas, lleva a que estudiantes de sobresaliente se queden sin él.
Las últimas ruinas peligran. El sistema premia a los que no dan un palo al agua en espera de que la vida les venga cocinada y castiga a los que intentan aprender algo diferente a las consignas de redes sociales.
Aprender implica actividad. Denota deseo de demostrarse a sí mismo que no somos —no únicamente— marionetas. Si tantos hilos nos atan a la ignorancia, lo imperdonable es conformarse o incluso preferirlo.
La profesora me cuenta que, de aquí a poco, estos alumnos ocuparán su lugar en todos los ámbitos del mundo: político, cultural, económico... Sus creencias y carencias definirán qué palabras existen y cuáles no.
Palabras y conceptos a extinguir, ideas que obedecer, retos sobre los que vociferar.
¿Elevo ya los brazos? Quizá debería.
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4 comentarios:
Mi amigo Carlos B. Isanta, que es profesor en una facultad de letras de una Universidad pública de una comunidad autónoma vecina, me hablaba, hace pocos días, del bajísimo nivel de conocimientos de los estudiantes que llegan a las aulas universitarias, entonces, sacó de su bolsa una libretita y me dijo:
“¡No saben el nombre de las cosas, su vocabulario es pésimo!, mira, aquí he anotado algunas palabras que he dicho en clase cuyo significado era desconocido por la mayoría de los estudiantes de primer curso de carrera. No eran palabras raras ni enrevesadas, pero no sabían qué significaban”
Sacó la lista, sólo es un ejemplo de algunas palabras cuyo significado desconocen:
señuelo, esquela, sepia, lupa, dintel, quincalla, empeine, molleja, escabel, letrina, bocio, ciénaga, chamizo, cuesco, doblón, fuste, agasajo, corneja, amanuense, uñero, óbito, tea, almena, horda, muesca, artesa, ménsula, mascarón, sedal, alero, tirabeque, altramuz, bombarda, zarabanda, crisol, berbiquí, baliza, repollo, basalto.
Bajísimo nivel de vocabulario y de conceptos.
Saludos.
Conozco el problema, más o menos, de cerca, creo que los problemas empezaron cuando los alumnos pasaron a ser clientes, porque, claro, un cliente tiene derechos y no obligaciones. Así que la universidad se ha convertido en un lugar en el que, tras algunos años, te tienen que dar un título y, a ser posible, sin mucho sufrimiento.
Aunque, claro, luego miras el mercado laboral en España y te preguntas si de verdad hace falta tanta formación como pedimos...
No sé, suele ser mi conclusión que, sospecho, no te servirá de mucho ;)
Cuando no tengamos palabras suficientes para explicar la realidad... alguien lo hará por nosotros. Ese parece el plan.
Cuando puedes llegar a youtuber, diputado o presidente de comunidad autónoma sin demasiados libros...
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