domingo, 9 de marzo de 2014

Los judíos

Para aprender algo más sobre el devenir del "pueblo elegido", que desde sus albores como tribu del desierto tan extraño protagonismo ha tenido a lo largo de la historia, propongo el libro Los judíos, de Luis Suárez.
Con el paso del tiempo, los inquisidores, cuya misión consistía en limpiar la sociedad de todas sus adherencias, fueron recogiendo datos acerca de los judaizantes. Las cifras correctas que manejamos de los procesos incoados por los famosos tribunales, permiten suponer que no eran demasiado numerosos si se compara con el total de la población conversa, pero podían contarse por millares los que habían vuelto a la obediencia del Talmud. Advirtieron entonces a los Reyes que la tarea a ellos encomendada no podía cumplirse mientras la ley amparase las prácticas talmúdicas de los judíos: en las sinagogas y en sus escuelas estaban los verdaderos focos de «herética pravedad». El 1 de enero de 1483, esto es, mucho antes de que Torquemada asumiese la dirección, los dos inquisidores escogidos por los Reyes de acuerdo con la bula de Sixto IV, Miguel de Morillo y Juan de San Martín, actuando de oficio, prohibieron la residencia de judíos en las diócesis de Sevilla, Cádiz y Córdoba. El Consejo Real ratificó luego esta orden, sin duda con conocimiento de los propios monarcas, asignando un plazo de seis meses para la evacuación. Muchos judíos creyeron que se trataba de una medida provisional y que, cuando los inquisidores concluyeran la tarea que, con gran dureza, estaban realizando, serían autorizados a regresar a sus casas.

Nos encontramos ante una obra que podría calificarse de enciclopédica, erudita más que divulgativa. Es decir, que su contenido es denso.

En lugar de narrar hechos a vista de pájaro, el autor analiza de forma minuciosa todos los aspectos sociales, culturales y religiosos entrelazados. Y teniendo en cuenta la amplia distribución geográfica de la diáspora y tantos siglos que tiene que cubrir en su propósito, tales aspectos resultan de lo más prolijo.

Por lo tanto, recomiendo no querer absorber todo el texto de una sentada, como si se tratase de una novela. Mejor una lectura tranquila, con suficiente tiempo por delante y unos cuantos pretzel a mano para ir picando. Bueno, y ya que nos ponemos, un vinito galileo.

Nada más. Shalom.
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1 comentario:

Monique LaMer dijo...

Hace varios años que lo tengo y desde la primera vez que lo leí, lo hice poco a poco porque como dices es algo denso, pero apasionante....