martes, 29 de septiembre de 2026

Pimiango (XXIX)

Gatos abrazados

¡Sigo a Galván! ¡Gloria y honor!

Aunque no sea un trabajo a tiempo completo, más bien por temporadas. Le sigo, me voy, vuelvo, retorno a la escudería andante...

En fin, echo mano a las llaves del castillo y Galván aparece enroscado entre las calzas. Ya tardabas, villano, ¿qué me has traído? ¡Tributo, tributo!

Su tamaño dobla el que recordaba. La magnificencia de la capa negra y blanca mueve a renovar el voto de fidelidad.

Obviaré las hazañas protagonizadas por tan audaz caballero gato, con la tacha de cierto ratón de campo que vi pasar impune frente a su hocico (efecto de la buena mesa). Hasta que, una soleada mañana de vermú...

Miauuuuu.

¿Miau? ¿Cómo que miau? Miro hacia abajo.

Miauuuuu.

¿Qué os parece? Ahora sigo también a un príncipe, ¡honor y gloria!

Valiant (el príncipe Valiente) se presenta chiquinajo y hambriento, pero no tarda en recuperarse. Menuda manera de tragar.

Tiene la costumbre de interrumpir mientras escribo, agujereando el pantalón en insistentes escaladas de parapetos. Acero templado, doy dolorosa fe.

Por lo demás, le gustan los masajes y colarse en cada rincón. No teme ni al miedo mismo, a pesar de mis advertencias sobre Morgana, raposa que dicen ronda la noche. Y lo gracioso es que Galván lo adopta enseguida: justas, celadas, abrazos, indómitas carreras...

Galván y Valiant, Valiant y Galván. Miauuuuu. Perdonad, oigo la llamada de su alteza para servir la cena.


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