Los mensajes echan humo como salvas de mosquete. ¡Vamos, chicos, a la final! ¡Y contra Inglaterra! ¡A los franceses los ganamos! ¡Igual que en 1808!
Si al principio presto poca atención, lo de 1808 consigue hacerme gracia. Un partido de fútbol recreando las guerras napoleónicas...
Parece un buen sistema, de hecho. En vez de once privilegiados que miren a ochenta mil de infantería partirse el pecho, se monta al revés: once privilegiados cargan y ochenta mil los animan.
¿Que ganamos? ¡Buah, orgullo por los poros, oe, oe, oe! ¿Que perdemos? Al menos Goya no tiene que dibujar sus desastres.
Dupont, Vedel, Mbappé, frente a Castaños, Reding, Yamal, con pausas de hidratación. Wellington o Belgrano expectantes.
Me reafirmo, gran invento.
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1 comentario:
Y los fabricantes de armas, que ,¿eh?, nadie piensa en ellos, qué harían con sus palitos que hacen pum, pum.. y los fondos de reconstrucción, y el premio Nóbel para el que haya provocado el conflicto.,
De verdad, con esos pensamientos no llegamos a parte alguna.
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