| Eres una bestia, Viskovitz, de Alessandro Boffa. | |
| Viskovitz intenta resolver sus problemas multiespecie. | |
| ✮✮✮✮✩ | |
| Ingenioso y divertido. | |
| La poule, de Jean-Philippe Rameau ♪♪♪ |
Un libro ingenioso y divertido, con enseñanzas que golpean el cristal esmerilado tras el humor:
Viskovitz es un pinzón, alerta frente a los cucos. Y un cerdo. Y un loro caribeño. Y un escualo. Y una mantis religiosa. Su amada se llama Ljuba.
Otros amores incluyen a Lara o a Jana. O a sí mismo, ¿no tienen los caracoles ambos sexos por naturaleza?
Incluso, en el caso de las esponjas marinas, el tema se complica. Unas veces sueltan semilla, otras la reciben, y las corrientes... Quién sabe si uno acabará convertido en suegra a la par que padre.
Zucotic, Petrovic y López suelen acompañarle en sus aventuras. Porque, en cada cuento de la veintena que componen el volumen, aunque la voz del narrador sea la misma, el animal que nos habla es de lo más variado. Cada cual con problemones existenciales propios.
Los trabajos exigibles a un macho alfa alce para reinar sobre su harén, sin ir más lejos, agotarían al mismo Hércules. O disponer del aguijón más rápido de Sonora podría alejarlo de cualquier disfrute.
También, haber nacido el zángano más hermoso de la colmena, con rasgos físicos que harían perder el sentido desde a una reina hasta la última de las obreras, ¿supondrá una ventaja o lo contrario?
Aunque todos rayan a buena altura, añado a mis episodios favoritos el escarabajo pelotero que construye un imperio de m..., el león vegetariano que suspira por la gacela de andar incitante y el lirón que sueña con una Ljuba imaginaria que sueña con un Viskovitz que la sueña.
Me reafirmo en la escala: ingenioso y divertido.
Mi pareja, Jana, era una especie de talpa desmañada y de cháchara abstrusa; en cambio, la de Zucotic, Ljuba, era, desde la superficie roedora de los molares superiores hasta las últimas escamitas de la cola, la forma más perfecta que la mente más caprichosa y singular, es decir, la mía, pudiese concebir. Así, mientras yo tenía que escuchar las pedantes disquisiciones de Jana sobre ratología, topología y otros tediosos tópicos ratoniles, en la jaula de al lado la beldad era pasto de la idiotez.
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