Aguzadas lanzas. Broncíneos escudos. Reflejos de amanecer que quieren atravesar las murallas.
Áyax, Odiseo, Diomedes... ¿Han pasado nueve años? Gotas de sudor y sangre recorren cada surco. ¡Allí, en lo alto de la torre!
Ella, la hija de Zeus. Ella, por quien cruzaron las aguas. Ella, cuyo nombre significa «hermosa como el sol».
Los aqueos no apartan los ojos. El destino es frágil sin el Pélida Aquiles, airado tras las afrentas de Agamenón. Calcas, el augur, murmura algo ininteligible.
Las puertas se abren al fin. Aparece erguido Héctor, domador de caballos. Y Paris, y Eneas, y muchos otros. Forman en la llanura los defensores de Ilión.
El silencio se rompe con el grito de miles de gargantas. Los ejércitos avanzan.
Por el honor, por la gloria, por los dioses.
Por ella...
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6 comentarios:
Por ella no, monsieur, por él: por el Helesponto.
Pero quedaba mas bonito lo otro, si.
Buenas noches, monsieur
Bisous
Cada una de tus entradas me sorprende. Hay en este espacio una enorme originalidad y un magnífico fuego.
Un aplauso para esta entrada en particular y para el blog en general.
Saludos y un abrazo grande,
Kutxi.
Uffffffffff, este me lo imprimo......
Por Helena, que valió toda una guerra que duró 20 años. Por quienes defendieron que una mujer no es una mercancía.
Un besito ;)
Dan ganas, Mannelig, de leer la Ilíada entera reescrita por ti. Se adivinan noches enteras en vela sin despegarse del libro, no como el original, que me perdone Homero, que precisa de un acto de fe para leerlo hasta el final.
¡Que tiemble Homero,que ha llegado Mannelig!
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