A pesar de todo
o gracias a todo,
podemos alzar la mirada
y la voz.
Día. Noche.
Una hora más
dentro y fuera
de nuestras venas.
A pesar de todo
o gracias a todo,
podemos alzar la mirada
y la voz.
Día. Noche.
Una hora más
dentro y fuera
de nuestras venas.
A ver qué os parece esta canción del heterodoxo cantautor sueco Lars Demian:
Y a ver si la traduzco bien...
Vivir la vida es divertido, hay mucho por lo que alegrarse,
no te cobran por respirar y los trenes llegan puntuales.
Y piensa que la publicidad es guay, no sale una sola pena,
en fin, un mundo de colorines aunque no lo sea tanto de verdad. Porque aquí tenemos mal tiempo y mal gusto,
chicas malas en un viejo garito cutre,
malos hábitos y mal humor,
ya podemos dar gracias de no caer redondos y palmarla. Pero qué va, no hay motivos de queja, ninguna razón para refunfuñar,
echamos una mano a los desfavorecidos y el rey es muy majete.
Además tenemos un buen gobierno, derecho al voto y democracia,
aunque, con tanto donde elegir, esté claro lo que va a pasar. Pues eso, mal tiempo y mal gusto,
chicas malas en un viejo garito cutre,
malos hábitos y mal humor,
ya podemos dar gracias de no caer redondos y palmarla. Mala fama, sin estilo, una mala excusa para la mala vida,
mal juicio, un asco de sueldo, los nervios de punta en este mal ambiente,
malas perspectivas y una ayuda del paro de chiste,
podemos dar gracias de no haberla palmado ya.
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Nuestro mundo adora la justicia.
El honor, la nobleza, la hermandad, los poderosos villanos finalmente derrotados…
Todo desde un cómodo sillón, por supuesto.
Nuestro mundo se humilla. Obedece las órdenes de muchos dioses.
Los hay de oro.
Los hay de piedra.
Algunos de papel.
De carne y hueso…
No le importamos a ninguno de ellos.
Velamos la mirada, nos aislamos del mundo, protegiéndonos de otros ojos que se acercan interrogantes.
Protegiéndonos...
En una falsa y opaca burbuja interior.
Este es tu sueño,
desesperanza,
tu sueño invernal
sin caminos,
yermo,
helado albor.
Párpados cerrados,
negras aves agolpándose.
Silenciosas alas batiendo
un aire irrespirable.
Esta es tu mano,
desesperanza,
el roce áspero de tu piel,
promesa de un mundo
sórdido,
amargo sol.
El Ararat es donde Noé varó su yate de recreo. Debían de tener montada una buena juerga para ir a embarrancar en una montaña, pero tampoco es para culpar al timonel. Con tantas parejitas de todas las especies a bordo…
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Por eso los armenios creen a pies juntillas que el néctar de la vida tiene origen en sus pagos y todos los demás son unos copiotas. Pero la inquina la reservan para la falacia esa de que el coñac se inventó en Cognac.
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Si alguna vez os acercáis a visitar una bodega por allí, esta es la historia que os van a intentar colar. Y para demostrároslo (y que luego paséis por la tienda con espíritu jovial en el manejo de la billetera), os abrirán unas cuantas botellas de degustación.
Para qué discutir. Con el frío que hace en aquellas cuevas.
Os voy a contar un secreto.
¿En voz baja? Todo lo contrario.
Tras una piel de bronce también puede latir la vida.
Desde la primera jornada de la Tetralogía de Wagner, Wotan ha visitado con frecuencia a Erda, la diosa de la Tierra. Nueve hijas lo atestiguan: Brünnhilde, Helmwige, Gerhilde, Ortlinde, Waltraute, Siegrune, Rossweisse, Grimgerde y Schwertleite.
(De ahí el título de esta ópera:
Y otro rato que se aburre, cambia su nombre por el de Wälse, se arrima a una humana y ¡zas!, toma gemelos: Siegmund y Sieglinde, fundadores de la estirpe de los welsungos.
Ya mayorcito, Siegmund huye de sus enemigos hasta la morada de uno de ellos, Hunding, que ha desposado por la fuerza a Sieglinde, y esta le da cobijo. Tras haber sido separados de niños no se reconocen, pero descubren que se caen simpáticos.
Dado que Hunding no puede atentar —de momento— contra el fugitivo debido a las leyes de la hospitalidad, se les hace la hora de dormir.
El welsungo no concilia el sueño y se pregunta lo típico: quién soy, de dónde vengo y adónde voy. Momento de impactante brillantez cuando canta Wälse, Wälse, wo ist dein Schwert? ¿Dónde estará la espada que su padre le prometió en herencia?
Sieglinde, que ha dejado KO al marido con un narcótico, le pregunta más cosas de su vida. Concluye que su común progenitor es el tal Wälse y revela que un misterioso anciano tuerto clavó una espada en un roble. Siegmund la extrae.
A continuación deciden huir juntos y comer perdices, pero no va a salirles la jugada así de fácil. Wotan ordena a Brünnhilde que ayude a Siegmund en el combate que se avecina tan pronto como Hunding despierte con dolor de cornamenta.
Aunque Fricka (la diosa consorte principal, recordemos) no se muestra de acuerdo, por lo del matrimonio y la fidelidad. Exige castigo para los adúlteros.
Wotan intenta explicarle el plan: las valquirias llevan al Valhalla las almas de los guerreros para contener la maldición de Alberich, y como él mismo no puede reclamar el oro del Rhin en virtud del contrato firmado con Fafner, prevé que le sustituya su vástago. Por ello forjó la espada Notung.
Nada, Fricka no se deja convencer, así que la contraorden a Brünnhilde consiste en dar la victoria a Hunding. ¿Sabrá descifrar el corazón del dios más que sus palabras?
Los amantes corren hasta que Sieglinde desfallece. Brünnhilde anuncia a Siegmund que se prepare para las delicias del Valhalla.
Si allí falta su chica, a él no le interesa. Hunding los alcanza y la valquiria se pone sentimental. Extiende un escudo que protege al welsungo, parece que este va a prevalecer.
Clinc, clonc, dos trozos de acero caen al suelo. Wotan interpone a su vez la lanza y Notung se parte. Hunding aprovecha para atravesar al duelista, mientras Brünnhilde y Sieglinde se alejan.
Wotan sale en su busca, no sin cargarse a su vez al vencedor para que comunique «personalmente» a Fricka que su nombre ha sido vengado.
Las valquirias cabalgan y se reúnen con la cosecha de almas del día. Temiendo la cólera divina, ninguna se ofrece a ayudar a las fugitivas.
Sieglinde tampoco quiere vivir hasta que su salvadora le revela que va a tener un hijo. Entonces se esconde en las inmediaciones de la cueva donde Fafner sestea con forma de dragón.
La pena sobre Brünnhilde consiste en convertirla en una mujer mortal, sumida en letargo dentro de un círculo de llamas hasta que un tipo valiente quede subyugado por su hermosura y le ponga el despertador junto a la oreja.
La orquesta toca el encantamiento del fuego y...
Final. Se acabó. Telón.
Nos vemos en la próxima.
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